domingo, 30 de junio de 2013

Maldeojos. Trono gay



Trono gay

      Telecinco, como sabemos, está en todo. No se le escapa una. Si hay cacho, pilla, como todo el mundo. Creo que por estas fechas un programa de los suyos, con sello propio, es decir, marca inconfundible de la casa, cumplió 1.000 programas. Mujeres y hombres y viceversa es el mentado. Sé que lleva en emisión mucho tiempo, que se emite después del baño de narcótica realidad que le da a la audiencia Ana Rosa Quintana, que Emma García lo presenta agarrándose al micrófono como quien se agarra a una estaca sentada, y abierta de patas, desde las gradas, entre el gallinero, y que en el plató unos cuantos chonis de plexiglás y unas cuantas chonis de idéntico material actúan como buscando el amor, y que otros cuantos maduritos tienen el papel de “expertos del amor”, y que de vez en cuando hay alguien al que nombran tronista. 
 
     Jamás he visto un programa entero, ni siquiera cuando empezó. Ignoro la mecánica, no sé si buscan a los hombres y a las mujeres en el mercado de bestias, en los gimnasios de barrio, y tampoco sé si el premio, si es que hay premio, es en metálico o en especie, si se tiran al cámara o si luego cenan y retozan con la peluquera del programa. Cuando he tratado de corregir esta imperdonable laguna de comentarista irresponsable, siempre he sentido lo mismo, un aburrimiento del carajo. Y lo he dejado. Me pasa lo mismo con el programa que le sigue, De buena ley, que supongo seguirá con el mamarracho de jugar a abogados, jueces, y jurados. Tampoco le pillo la gracia. Bien, ahora, y a requerimiento de la presentadora, ayudada por el sueño de un tal Valerio Pino, concursante de alguna infamia, es posible que la mierda logre la igualdad de poner a un maricón como tronista. 

Mira, Emma, te digo una cosa, no me importaría ser tronista gay, dijo Valerio Pino después de escuchar el deseo de la presentadora. Pido un trono gay, exclamó al aire percudido del plató. Oh, qué bien, viva la igualdad. Si los heteros se embadurnan en cutre caca catódica, es injusto que los homos no puedan hacerlo. Paolo Vasile corregirá el error, seguro.

viernes, 28 de junio de 2013

Maldeojos. Vinagre



Vinagre

      Me estoy avinagrando. Lo noto. Llevo tiempo avinagrado, pero ahora me sale por las orejas el vinagre y la malafollá. Ni que decir he que la culpa de todo la tiene Mariano Rajoy, del mismo modo que la culpa de todo la tenía Zapatero. ¿Tenía? No lo sé, pero creo haber entendido a Cristóbal Ricardo decir que los “errores” de Hacienda son cosa de otros, de la época de ZP. Es decir, que volvemos al principio de los tiempos. Verán. Les voy a contar por qué sé, con idéntica certeza que el fiscal no cree que Aznar tenga nada que aportar para aclarar el fastidio de los sobresueldos en el PP, aunque tuvo el cargo de presidente del tinglado, que estoy bilioso y agrio. La otra noche, la del lunes, Pablo Motos se lo pasó genial en Londres con su amigo Will Smith en una edición especial de El hormiguero grabada allí, donde la Reina Madre. Pero resulta que Will es ya de la casa, una hormiga más. Quizá la hormiga negra. Ay, que me troncho. 

      Pues uno, nada. Como un palo. Es que uno cree que el Príncipe de Bel-Air ya lo ha dado todo, igual que los chicos de El número uno lo dan todo, y cuanto más dan, más hunden el programa. ¿O será Pitingo? Otro ejemplo. Supone uno que Un príncipe para Corina es un programa de humor, uno de entretenimiento para echar un rato y olvidarse de que cada día se le echa un nuevo nudo al cuello a la sanidad, a la educación, a la justicia, a esas pamplinas que cuatro desocupados se empeñan en desprestigiar, con lo malo que es eso para la marca España. Y entonces uno se pone a ver un poquito el programa, y es cuando advierte que nada de lo que le pasa a Corina Randazzo ni a sus estrafalarios príncipes le divierte. Es más, le aburre. Mariano, haz algo, que uno quiere ser normal. 

 
Mira que hago esfuerzos -¿los hago?- tratando de ponerme en situación y reírme con estos tarugos, o con otros, pero no hay manera. La imagen recoge un momento estelar de Un príncipe para Corina, cuando los sementales se van a la playa a cazar suecas.

jueves, 27 de junio de 2013

Maldeojos. Un mundo feliz



Un mundo feliz

      Son trabajadores ejemplares. Ellos son… el alma de las empresas. Son profesionales con los que cualquier empresa del mundo desearía contar. Estaremos con ellos una jornada completa en la que llevarán un pulsómetro para saber qué hace que su corazón se acelere, les veremos desempeñar su labor, tomar decisiones, sabremos por qué son ejemplares, y cómo definen a su empresa. Los escuchamos. Ágil, muy profesional, dice un señor –de su empresa-. Ágil, joven, y familiar, dice una señora –de su empresa-. Un buen lugar para trabajar y aprender –dice por último otro señor sobre la misma empresa-. Todos trabajan en una Agencia de Medios que gestiona millones en publicidad. El año pasado facturó 150 millones, y prevé seguir creciendo apoyada, dice la narradora, en un concepto independiente, y cien por cien española. 

      Son Jaime, Mónica y Eduardo. Además de lo anterior, responden a un test, el típico test. Tu actor, tu héroe, tu personaje histórico, tu cantante, tu deportista favorito. Luego se ven en la intimidad de sus hogares. Jaime López desayuna muy temprano, pero con la familia, y ante una mesa donde no falta de nada, bollería, mantequilla, pan, zumo natural. Mónica Mayoral tampoco se puede quejar. Eduardo Basail desayuna en el salón, frente a la tele encendida. Jaime es el director general de la empresa. Mónica es directora financiera. Eduardo es jefe de departamento. Vamos, la crema. La 1 los llama El alma de las empresas. Anoche se emitió la última entrega. Hemos visto a empresas de lavadoras, refrescos, lavavajillas, conservas. Al Gobierno le tiene que encantar. Es el mundo feliz. Nadie protesta. Todos encantados. Esto funciona. La luz es verdadera.

Altos directivos de la empresa, Jaime, Mónica y Eduardo, en un momento del programa.

martes, 25 de junio de 2013

El origen del mundo (ilustrado). La vecina



La vecina

(Artista invitado, Marcos Salvador Romera)


      En pompa. Así me gustaba tenerla. Todo el rato. Ella lo sabía. Se volvía loca. No sé cómo lo hacía, pero jamás dejó de estar abierta como una granada cuando entraba en la casa. Me volvía loco. Subía las escaleras jadeando. El olor de su coño ya no era agrio ni dulce ni salado ni azul ni blanco. Quizá no oliera a nada, y era yo el que imaginaba aquellos aromas que parecían escaparse por la rendija de la puerta hasta acelerarme el corazón y ponerme la polla encabritada. Aún quedaban dos pisos, pero nunca entendí por qué me faltaba el aire y resollaba para subir los escalones de dos en dos y jamás la sangre para enderezar un rabo que tenía la insolencia de una juventud hace tiempo olvidada. Jamás me importó que en el rellano de la casa la vecina me pillara con la bragueta abierta y con el cigüeñal encabritado asomando por el pantalón. 

       Estoy convencido de que se hacía la encontradiza porque conocía mis horarios y porque mis zancadas de potrillo retumbaban en aquel edificio desvencijado donde todos nos conocíamos. Un día me la encontré sacándole brillo al pomo de su puerta como si fuera normal hacerlo en bragas para que se viera el gato peludo que maullaba en sus ingles. Y quizá lo fuera. Pero yo iba a lo mío. Meneándomela con una mano mientras metía la llave y abría la puerta con la otra, dando un portazo con el pie para poder vaciarme en aquel pozo que seguía latiendo con sus labios abiertos y jugosos como el primer día. Ella jugaba a perderse. Un día estaba en el salón. Otro en la cocina. Otro en el baño. Una vez debajo de la cama. Aquel día estaba arrodillada delante del sofá, con la cabeza apoyada en sus brazos cruzados, esperándome con la raja abierta. Pero yo sabía que algo pasaba. Leí la nota que me había dejado. Fóllame por última vez. Quizá aún no se note el frío de la muerte. Te engañé. Estaba embarazada. Y tú me querías sólo para ti. No he podido soportarlo. La vecina lo sabe todo. Ella te esperará como a ti te gusta.

La vecina, de Marcos Salvador Romera


MARCOS SALVADOR ROMERA 
 

Puerto Lumbreras. 1953.

Pintor, diseñador, ilustrador, escenógrafo y gestor cultural.
Fue Comisario en la Exposición Universal de Sevilla en 1992.
Como pintor cuenta con una larga trayectoria de exposiciones individuales y colectivas, y como escritor y poeta con múltiples colaboraciones y publicaciones.