lunes, 21 de mayo de 2018

Maldeojos. Valencia y TVE


Valencia y TVE
(Artículo publicado el jueves, 17 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)
     No es conocida, es decir, famosa. Arantxa Torres era, hasta que la humillación del que se cree impune rebosó el vaso de la dignidad, una perfecta desconocida que se dijo que ya estaba bien, que hasta aquí he llegado, que esta televisión pública está enferma, que hay que extirpar el mal, que conmigo no cuenten, que dimito, que dejo de editar informaciones que no son veraces porque no son completas porque alguien, el servil de turno, decide que el ciudadano no debe de saber aquello que pueda hacer pupa a quien, confundido como un trompo en un colegio, cree que la tele pública está para eso, para servirle. Seguro que saben de qué hablo, pero también yo quiero unirme al valiente destacado que merece Arantxa. Y el jefe de informativos del mismo centro, Enrique Pallás, que hace unas horas ha sumado su dimisión por la misma, dolorosa causa.
     A raíz de la visita del marciano Mariano Rajoy a Alicante, Carmen Martínez Castro,  secretaria de Estado de Comunicación, soltó el ya famoso “qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones –a los pensionistas- y decirles, os jodéis”. Como es lógico ese exabrupto de alguien tan cercano al Gobierno es más que noticia, y como tal el centro de TVE en Valencia, en donde Arantxa y Enrique trabajan, lo debería de haber emitido. Pero ni la dirección valenciana ni la madrileña consintieron lo que sí se escuchó en otros canales, cosa obvia. La editora y el jefe de informativos han dimitido. Por dignidad. Quien no ha dimitido es la secretaria de Comunicación ni nadie de la dirección de RTVE, ni en Valencia ni en Madrid, que siguen en sus puestos viendo cómo el castillo se les hunde. Cada día un poco más.



Maldeojos. Sucia Israel


Sucia Israel
(Artículo publicado el martes, 15 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)
     Mientras en Lisboa una tal Netta Barzilai, nacida del azufre de un concurso de talentos cacareaba Toy, y se hacía con el triunfo en el festival más friqui del mundo, el gobierno de su país, Israel, maquinaba una nueva maldad para que la gasolina siga fluyendo en la zona y el fuego jamás se apague, siempre a punto de estallido, al límite, programado al milímetro, diseñado desde los despachos canallas, criminales. Lo que faltaba es un tonto en la Casa Blanca, un lerdo sin alma, un provocador y asesino a sueldo de sí mismo que sabe que cualquier gilipollez que sale de su perturbada chola puede provocar auténticos desastres, muertes innecesarias. Lo que le faltaba al impune Benjamin Netanyahu es ese cretino tan poderoso en el despacho oval. Hace unas horas tuvo lugar el teatrillo del cambio de embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, con asistencia de Ivanka Trump, hija del anaranjado terrorista político.
     Las reacciones no se han hecho esperar. De eso se trataba. El gobierno de Netanyahu no da puntada sin hilo, y todo vale para hacer ver que Jerusalén es de Israel, sólo de Israel, y que Palestina allí no pinta nada. Un altavoz como Eurovisión es una perita muy dulce que se hace tragar como un juego, pero que también sirve a la causa. El Estado de Israel contrató publicidad en Grindr, una app de contactos gais –el festival es muy seguido por este colectivo-, para promocionar a su chica. La canción es una tontuna que algunos han calificado como feminista –el infantilismo es enfermizo-. Pero el lobo Netanyahu se relamía la sangre y dijo, “aquellos que no querían que Israel estuviera en Eurovisión van a tener Eurovisión en Jerusalén el próximo año”. Todo vale. ¿Alfred y Amaia? Pobres.  

Maldeojos. La otra mirada


La otra mirada
(Artículo publicado el domingo, 13 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     No sé si la conocen, pero La 1 emite programas que pasan ante nuestras narices sin hacer siquiera un poquito de aire. ¿Saben que la primera cadena emite una serie donde sale Paz Vega y que se llama Fugitiva? Es tan fugitiva que apenas hace cosquillas. Fugitiva arranca contando que en Méjico las víctimas de los secuestros son empresarios, políticos, artistas, o los familiares de estos, y que algunos no se denuncian por miedo. De hecho, la señora Paz Vega, que interpreta a Magda, casada con un empresario de allá que ahora anda acá, en Madrid, cerrando un negocio, es secuestrada junto a sus hijos, dos ellas y un él. Los secuestradores hablan con el marido para que pague el rescate, pero le advierten de que no llame a la policía. Así empieza todo, con una advertencia en la página web de la serie en la que se recuerda que “no todo es lo que parece”. Vaya si es así. Parece una serie dramática, de sucesos y eso. Pero si se descuidan sus creadores –y cuenta con gente de peso como Joaquín Oristrell- les sale un churro cómico. Iré por partes. La cabecera, pasada por la última moda de echar mano de imágenes viradas en colores dorados, temblorosas, imágenes de una ciudad moderna, va adornada con una música que a los pocos segundos, ¿cómo diría?, escuece, es insufrible. La perpetra una tal Ana Guerra, a la que escucho en otra cumbre del mal gusto para ampliar sabiduría sobre la mentada y me da sarpullido. No es que desentone en Operación Triunfo, de cuya caldera sulfurosa nació, es que las ovejas de mi vecino salmodian mejor. Qué gran desatino. Luego está la propia Paz Vega. Lleva unos pelos mal tintados de un rubio muy desganado, y su rostro está siempre así, como intenso, y cuando habla con ese deje sevillano que quiere ser de Valladolid, no sabes si habla ella o la chica de las cuatro de la tarde ofreciéndote un televisor como una catedral para que te cambies de compañía. Paz Vega parece que habla apretando el culo. No sé si me explico.

Castrati sin harén
     En el reparto también está el mejicano Julio Bracho, su marido ricachón, los españoles Mercedes Sampietro, Roberto Álamo, o Charo López, y un desinterés que embarga al espectador, a este espectador, del que ya es muy difícil salir. Si en los momentos de máxima tensión –secuestro, interior del coche con los hijos, ella contando sus batallitas en ese tono entre ursulina y altiva manola, cambio de tornas pasando del secuestro a una fuga orquestada por la propia madre, Benidorm como jungla y final de trayecto-, si en los momentos más duros no te crees nada, y el desbarajuste parece que se apoderó del producto, lanzado al precipicio de unos diálogos descacharrantes, poco se puede hacer.   Si en el primer capítulo has claudicado, no hay otra mirada futura más benévola. Los datos de audiencia de Fugitiva parecen confirmar que la sensación es general. Por si faltara alguna guindita al pastel de este fracaso, Fugitiva, su protagonista, juega a los mensajes feministas de la mujer fuerte frente al varón cabrón, pero por dios, es todo muy lelo, muy de parvulario. Y esa Paz Vega que se perdió la clase en la escuela el día que dieron los apuntes de cómo ser dramática sin parecer que estás sentada en el trono que todos tenemos en el cuarto de baño. José Mota, de cuyo regreso tampoco se habla mucho aunque la audiencia está hablando dejándolo en la cuneta de forma injusta, pone caras más creíbles haciendo el chorra. Pasemos a otra cosa. No, sigamos con las caras. ¿Han visto la de la señorita Amaia y el señorito Alfred en ese despropósito llamado Tu canción que pretendió conquistar Portugal con muecas de arrobo por fascículos y voces en falsete de castrati sin harén a la vista? Ay, qué mal se está portando España con el mundo Eurovisión. Los jovenzuelos ni siquiera soportan otra mirada.

Gemio y el alma
     No es el caso de La otra mirada, que da título a esta pieza. Al fin algo bueno en TVE –déjenme que exagere un poco, ya sé que hay más cosas buenas en esa casa, la que debiera ser la de todos, y no, lleva tiempo que no lo es-. De La otra mirada, lo digo así de rápido, lo único que me echa para atrás es el propio título. La otra mirada tiene nombre de reportajes de actualidad, de periodismo de investigación que no se conforma con un primer análisis. Pero no, La otra mirada es una serie que cuenta, y muy bien narrada, la vida en Sevilla de un colegio de señoritas, así llamados a principios del siglo pasado, donde el mundo y las nuevas maneras de la recién llegada profesora –que oculta un plan secreto, además de otros secretos de su pasado, y que interpreta Patricia López Arnáiz- chocan con estrépito y perplejidad con las maneras de toda la vida que encarna la siempre grande, magnífica, adusta y severa cuando se lo pide el guión Ana Wagener, profesora de la vieja escuela. Apoyando a la primera, la directora, papel que recae en Macarena García, y a la segunda, la madre de la directora. En mitad, las señoritas, mujeres con toda la vida por delante y de cuya educación va a depender su futuro, o sea, lo de siempre, como ahora. Y si todavía ser es importante pero parecer aún más, antes, en la España de entreguerras, la cosa se multiplicaba. De todo eso, de lo que propone el capítulo del día, se habla en el programa que viene después, Retratos con alma, otra mirada al mismo tema, y de nuevo un nombre fallido, cursi. ¿A quién se le ocurrió semejante pastel? La única explicación es que lo presenta, al modo de presentar que tiene Gloria Sierra en Equipo de investigación, es decir, haciendo entradillas a cámara, la gran, la maestra de la afectación y la pedantería remilgada, la paleta ilustrada, doña Isabel Gemio, oh, que me desmayo. Sé que soy injusto, lo sé, y que volveré a ver este epílogo a La otra mirada con más atención y cariño, sin hacer comentarios que tienen más que ver con su trayectoria –Lo que necesitas es amor, Sorpresa, sorpresa, o Tengo una carta para ti, tele ochentera cuya reina era ella- que con Retratos con alma, pero… Soy como el escorpión, o como Paz Vega hablando, que aprieto el culo y me ciego.

La guinda
¿Rosarillo es así?
Vamos a ver, La voz kids es un pastelazo, como casi todos los programas que trafican con niños. Han leído bien. He dicho traficar, es decir, comerciar, según la RAE, y en La voz kids comercian con chiquillos. Pero si el programa es un biberón de miel, lo de la señora Rosarillo Flores es el colmo. ¿Esta mujer es así o se lo hace? ¿Cómo se puede ser más cursi, más simple, más empalagosa, más repetitiva, ay, más hueca?

Maldeojos. Radio Gaga


Radio Gaga
(Artículo publicado el sábado, 12 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El nombre ya apunta maneras, da pistas. Radio Gaga es un programa de televisión en manos de dos zumbados, Quique Peinado y Manuel Burque, cuyo resultado, en contra de lo que se podría imaginar, es muy sensato. Viajan en una furgoneta amarilla con la que arrastran el estudio de radio que da nombre al programa. Los dos barbudos, como se dice en la cabecera de Radio Gaga, viajan por todo el país plantando su quiosco para hablar con las gentes del lugar interesándose por sus cosas, como cuando visitan ITA, un centro en Barcelona donde se trata a niños y jóvenes con trastornos alimentarios de manera muy vanguardista, o cuando visitan Órgiva, en las Alpujarras granadinas, un pueblo de 6.000 habitantes en el que conviven más de 70 nacionalidades. Y tan a gusto entre budistas, sufíes, cristianos, jipis, ateos, y parroquianos de toda la vida.

     De entre todas las historias que se cuentan, que cuenta la gente de los sitios que visitan, escojo en la visita a Órgiva, por cierto, bello pueblo que bien vale una visita, la que nos cuenta Fernando, un tipo que vivió durante 25 años en el tobogán de la vida enlazada a las drogas, al trapicheo, al consumo y al exceso, según sus palabras. Y llegó a Órgiva, y se quedó. Allí lleva 4 años. Ha encontrado la paz, se ha encontrado a sí mismo. Y ha encontrado a Ana, su amor, su pareja, su equilibrio. Radio Gaga consigue el milagro de la emoción, de la frescura que salta la pantalla y te toca porque sientes que nada de lo que pasa es impostado, fingido, y que Quique y Manuel son unos tipos que manejan los sentimientos con delicadeza, sin venderte burras que tienen los dientes gastados.  Ésta es la segunda temporada de Radio Gaga, y se puede pillar en #0, la tele de Movistar.

Nota: Se ha confirmado que habrá tercera temporada. 


lunes, 14 de mayo de 2018

Maldeojos. Puchi y Rajoy


Puchi y Rajoy
(Artículo publicado el jueves, 10 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Lo decía la otra mañana Ana Rosa Quintana, experta en diversos asuntos de capital importancia. Es una eminencia en el submundo de los Supervivientes, incluso entrando en matices que podrían elevarla a la categoría de sabia sin rival, capaz de matizar si es verdad que Francisco “es un mentiroso compulsivo” tal como dijo de él su hermano, o es sólo una guerra familiar, y de advertir en una de las grotescas muecas de la sardesca Sofía Suescun si la pájara acaba de echar un quiqui o sólo se rasca la lenteja. Y es una eminencia en otros submundos como el de la política, y si hablamos de Carles Pugdemont a ese submundo estamos abocados. Digo que el otro día decía la catedrática en mundos contrapuestos que a Puchi habría que hacerle presidente, pero ya, aunque sólo fuera por aburrimiento. Yo también lo creo.
  
     En paralelo, porque la realidad es más maravillosa que la realidad escrita y dirigida de los llamados “realities”, hace unos días vimos la bonita y estrambótica imagen de don Marianico el Corto  Rajoy, al que sus asesores, con mala leche como demostró su jefa de comunicación, Carmen Martínez –os jodéis, les dijo a los pensionistas, escupitajo que TVE censuró- lo soltaron en un mercado de abastos de Logroño, en La Rioja. Sólo a un tragaldabas como al presidente español se le ocurre preguntar si los aguacates de la frutería de Pepe son de allí, de la tierra. La madre que lo parió. Sólo un jeta como Puchi es capaz de tener, en connivencia con aborregados de la sopa boba que cobran de nuestros dineros, a un país en jaque. Y sólo un melón como Rajoy es capaz de preguntar por los aguacates de Logroño. Madre mía, qué habremos hecho. ¿Quizá votarlos?


domingo, 13 de mayo de 2018

Maldeojos. Íñigo


Íñigo
(Artículo publicado el martes, 8 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     La cucharilla de Uri Geller, el bigote, su voz, su reconocida, familiar voz, su talante, su magisterio, su nobleza, su magnetismo, su soltura haciendo una televisión que hoy en blanco y negro parece arcaica pero sentó las bases de un entretenimiento que aunó lo que jamás debería haberse dilapidado por el camino, el sentido del espectáculo sin dejar de lado la calidad, el respeto por la audiencia, tratada siempre desde una premisa, que la audiencia es inteligente, el periodismo al servicio de un medio que no es cualquiera, que es el medio de las masas, Directísimo, Estudio abierto, Último grito, gigantes de nuestro pasado, de nuestra memoria colectiva, riesgo y vanguardia cuando no había necesidad ya que la tele era la tele, al margen de audiencias, haciéndose cada día, dando pasos por un hilo colgado a un precipicio cuyo fondo no era conocido.

     Qué grande José María Íñigo,  qué grande, y ya no está. El maestro de maestros tenía la grandeza de los grandes, claro, de hacer grande hasta lo más insignificante porque él no lo consideraba insignificante sino de primera magnitud. Por eso, además de ser la voz de Eurovisión, como muchos jóvenes lo van a recordar, se iba a las mañanas del fin de semana con Pepa Fernández y hacían de Un día cualquiera en RNE un día especial –el sábado, la audiencia, como la propia Pepa, entró en shock cuando ésta dio la noticia-, o se iba de restaurantes y daba a conocer recetas golosas en su sección de Aquí la tierra, el gran programa de La 1 o, como algo que sólo pueden hacer los genios, formar parte de la infamia que cada día perpetra Javier Cárdenas en Hora punta y salir airoso, sin mácula. Qué grande, qué grande el gran José María Íñigo.


sábado, 12 de mayo de 2018

Maldeojos. La reina gitana


La reina gitana
(Artículo publicado el domingo, 6 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Ni Ana Rosa Quintana ni Susanna Griso ni leches como reinas de la mañana, ni Sofía ni Letizia como reinas de corona o diademas diamantinas, sobre todo ni Letizia, la reina más estirada del firmamento, leñe, qué mujer, que parece que anda con una vara metida por abajo y anda así, como las garzas cuando se ponen estupendas y estiran el pescuezo, como las muñecas cuando las maquillan como fantoches, como las operadas en exceso cuando les dejan una expresión de ojos abiertos y un gesto que parece el de alguien que lo escruta todo con mucho interés pero sólo es el gesto de alguien espantado que causa espanto al mismo tiempo. Ninguna de ellas es tan reina como él, Cristo Contreras, la reina gitana. O te fascina o te repele. O las dos cosas. Vayamos por partes. En Cuatro, que ya saben que ha comprado todas las papeletas que en el mundo hay y se ha hecho con la exclusiva del mundo friqui hay una cosa que se llama Los gypsy king, los reyes gitanos. Es un programa de exhibición. Podría estar dedicado al mundo canino, a la exhibición de gatos de angora o de camaleones que hablan idiomas, al de las mariposas de alas gigantes, al mundo de los enterradores, al de los fareros repartidos por las esquinas marítimas de la patria, incluso al mundo de los políticos del PP que aún no están imputados, investigados, cesados, corrompidos, que no han mangoneado, que son bichos raros, friquis del Partido Popular que mantienen su decencia, su honradez, pero no, Cuatro ha montado Los gypsy kings como una barraca de feria para exhibir no el mundo gitano sino a unas cuantas familias gitanas dispuestas a darlo todo, a demostrar que por la audiencia y el espectáculo no se puede ser remilgado, y que si dices sí, dices sí con todas las consecuencias. Hace nada empezó la cuarta temporada siguiendo el mismo esquema de las anteriores. Es decir, elegidas cuatro familias –Las Salazar, los Jiménez, con La Rebe como estrella catatónica, Los Fernández, y el mentado Cristo- se les somete a un durísimo guión que han de interpretar como si no fuese un guión. Y sí, hay auténticos artistas de la extravagancia cómico dramática.

Sádicos interioristas
     Cada familia, cada protagonista, tiene una meta que cumplir. Las Salazar, madre e hija, sobre todo Noemí Salazar, son las reinas del brillo, brillo por aquí, brillo por allí, tanto que hasta se quedan prendadas con el “brilli váter”, una antihigiénica horterada que consiste en tapar la tapa del retrete con tela cuajadita de lentejuelas o hilos brillantes, fulgores de glamur macarra que fascina a estas divertidas y patéticas damas que van soltando astracanadas de muncha enjundia para alcanzar su sueño, abrir tienda con sus creaciones “brilli chonis”. Los Fernández Navarro, de Palma, han descubierto que por su sangre también corre el arte, y para que no queda duda ya corre el dicho, “Joaquín el prestamista quiere ser artista”. Y los guionistas someten a la conca, zangolotinos de barrigas prominentes y aspecto atocinado,  a un aprendizaje atrabiliario de trucos de una magia hilarante, suficiente para que el cabeza de la manada diga que se va a Japón a lanzarse a la fama. Luego están Los Jiménez, es decir, la familia de la Rebe de Plasencia y su amor prohibido, palabra que se alza como cebo en esta farsa absurda donde la chica de ego desmadrado, Rebeca Jiménez, pone caras, hace muecas, suelta sus caprichos y su enciclopédica ignorancia, y todo porque la nena ha conocido a un gitano que le hace tilín a espaldas del calzonazos de su papa, que le dice que jamás lo volverá a ver, un teatrillo lamentable que huele a sobreactuación bufa. Los reyes del lujo, los reyes del mercadillo, los reyes del brillo gitano, y Cristo Contreras, la reina gitana, la reina del glamur, la auténtica estrella, un espantajo juncal que suelta frases que podrían derribar las murallas de cualquier Jericó actual. Antes de hacer un resumen de las perlas que esta peña excreta como mejor puede para pasar la exigencia del director del programa he de hacer mención a las viviendas de estas familias. Doradas, doradas y brillantes, un sofoco que a mí me produciría ahogo, urticaria, malestar general, decoraciones no recargadas sino irrespirables, rococó, vamos, una provocación de interioristas gamberros desatados con su puntito de sadismo.

Preysler, el producto
     Ya sé que la audiencia de Los gypsy king busca justo lo que le da el programa, y que la mayoría sabe que todo es una farsa con algo de realidad, que son gitanos pero no son gitanos reales, que son monos de feria, que hablan con el culo, que demuestran una incultura sebosa, paleta, que son de un machismo asfixiante, cavernícolas satisfechos, un producto para consumir sin marearse mucho, sin darle tanto bombo a la parte oscura como hago yo aquí en vez de destacar la parte divertida, que la tiene, objetivo de este producto extravagante y radical. Así que hala, tiremos los prejuicios por la ventana, me pongo en modo “venga, haz conmigo lo que quieras” y me dejo llevar. Nadie mejor que Cristo Contreras, el joven que parece una aguja, que mueve las manos como si tuviera aspas, que cruza los pies cuando habla, que no para de tocarse el pelo, que tiene cejas de muñeca, y que reúne a sus fieles –un sobrino con más pluma que él, otro pelanas que aúlla por todo y se llama Pipi, y Enri, tía de la estrella gitana- para decirles que quiere ser, sacando una foto de ella, como Isabel Preysler. A la de Porcelanosa es de esperar que no le llegue esta vaharada barriobajera descacharrante porque se le cae el bótox a los tobillos. Cristo quiere ser como Preysler, como Victoria Beckham, y como tantas otras que lo inspiran, un producto. Palmas y grititos de la concurrencia.  Pero de los momentos estelares de Cristo, la reina gitana, me quedo con la fiesta de su cumple, con tiazos marcando paquete en la enorme limusina rosa. Cuando yo lo vi desnudo dije tierra, trágame y escúpeme en Cancún, dijo Cristo en un revoloteo de manos y palmadas en los muslos para jolgorio de los amigos que, pagado por la producción del programa e inventado por los guionistas, siguieron las directrices del teatrillo.

La guinda
Leti y el PP
El huevón Mariano Rajoy no levanta cabeza. A lo de Cifuentes –Olay adiós, ardían las redes- se le ha sumado ahora una noticia que seguro que le quita el sueño. Como el planeta sabe, Leticia Sabater aseguró hace tiempo que era la artista del PP. Pues bien, en el programa basura Socialité –Telecinco- ha dicho que ya no es del PP sino cada vez “más socialista”. Válgame. Lo que le faltaba a Pedro Sánchez.


Maldeojos. Ciencia forense


Ciencia forense
(Artículo publicado el sábado, 5 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Ni idea, no tenía ni idea de que La 2 emitía un programa que se llama Ciencia forense, o sí, sí me sonaba, pero mi cabeza, a veces demasiado chula, demasiado sobrada, como si alojar en sus rincones a un comentarista de televisión le otorgara cierto privilegio y en vez de ver el programa descartarlo porque sin verlo ya sabía de qué iba, descubro que no, que no tiene que ver nada con lo que había imaginado. Pensaba que era una serie, o uno de esos programas yanquis en los que, al estilo de Crímenes imperfectos –mañanas de La Sexta-, se hablaba de asesinatos resueltos por la policía especializada en Boston, Tejas, o New Jersey. Total, que empieza Ciencia forense en La 2 -domingo noche-, y me dejo llevar. Resumo. Va de lo que imaginaba, de crímenes ocurridos hace décadas, resueltos de forma satisfactoria, pero en España y con especialistas de nuestro país.

     El que veo se llama “El asesino del círculo”. Los hechos ocurrieron en Castellón en la década de los 90 del pasado siglo. La chica se llamaba Sonia Rubio, cuyo cadáver fue encontrado por un cazador. Al poco tiempo desaparecieron otras tres. Y así hasta cinco. Las culpas recayeron sobre Claudio Alba, cuyo camión solía encontrarse cerca de los sucesos. Pero no. Pasó por la cárcel siendo inocente. El criminal, que luego confesó sus fechorías, era un tipo inteligente, formado, bien vestido, integrado, un sicópata de 35 años llamado Joaquín Ferrándiz. Del caso hablan Josep Lluis Albinyana, juez, el forense José Cabrera, inspectores de la UCO, o el criminólogo Vicente Garrido. El formato combina análisis científico, declaraciones de especialistas, y recreación de los hechos con actores. Está logrado. Ciencia forense es una nueva reemisión del programa.


lunes, 7 de mayo de 2018

Maldeojos. Revilla y Monegal


Revilla y Monegal
(Artículo publicado el jueves, 3 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Perro no come perro. Ya conocen el refrán, ahora les contaré lo que pienso. Al señor Ferrán Monegal, respetable analista de la tele, que escribe cargado de interjecciones, de ¡ah!, ¡oh!, y habla cargado de ¡ah!, ¡oh!, y allegados, tuvo a bien La Sexta Noche de darle un huequecito rozando la medianoche para que analizara con su a veces fino sentido del humor las cosas de la pantalla. Como sección me parece irregular, y eso que el bregado comentarista le echa pimienta al trabajo tratando de dar espectáculo, que es de lo que se trata en el medio que comenta y comento. Y es así por una razón casi de parvulario. Por muy Ferrán Monegal que se sea, el pobre ha de andar con pies de plomo. Perro no come perro. O quizá eso me lo quedo para mí –comentarista no se mete con comentarista-, yéndole mejor este otro refrán, no muerdas la mano que te da de comer.

     Está claro que el señor Monegal está atado de lengua. Por mucho que se ponga fino, Atresmedia es una barrera infranqueable. Por mucha caña que le dé, Antena 3 y La Sexta son fronteras que no ha de pasar, él lo sabe, y él se para. Sus análisis se notan cortitos, cojitos, demasiado ji ji, ja ja. Le queda Telecinco y Cuatro, pero al no poder usar imágenes, el comentario no luce. Y las televisiones públicas, sobre todo TV3, a la que le saca la pringue semana sí y semana también. La sección se ha reconducido de otra manera. No se analizan programas sino momentos en televisión del invitado de turno, sea Pablo Iglesias, sea Revilla, el presidente de las anchoas, un auténtico talismán para las audiencias –llevó a máximos La Sexta noche en su visita del sábado-. ¿Y? Pues que si uno resulta excesivo e histriónico, dos es demasiado.  Y me como al perro.


viernes, 4 de mayo de 2018

Maldeojos. Un rato en la isla


Un rato en la isla
(Artículo publicado el 29 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     He decidido echarle coraje y mirar a la cara a mi enemigo, algo así como lo que dicen del miedo, que para quitárselo es mejor enfrentarse a él. Pues lo mismo. Hablo aquí de Supervivientes casi de oídas, por vídeos sueltos, guiado por un prejuicio incontrolable, y nombro a los concursantes sin saber quiénes son más allá de las caras que me dicen algo por tener un pasado que reconozco, sea el del cantante Francisco en horas bajísimas de su carrera, sea el de Mayte Zaldívar, representante de la televisión basura que pasó por los platós de Telecinco para contar sus hazañas como cornuda, ladrona, presa, expresa, y un sinfín de atributos tan apetitosos para la cadena que tanto hace por el bien de los que rozan o violan la ley a ojos vista. Los que pasan por la trena son bocado irresistible para Paolo Vasile. Aclarada mi relación con el personal aislado, quitando a los dos nombrados, junto a la peluquera Raquel Mosquera, otra reina de los programas carroña que no se caía de la pantalla desde que se quedó viuda del boxeador Pedro Carrasco, el resto de concursantes, digo, es un agujero negro, una masa informe, nombres que me pueden sonar a príncipes marcianos, a cerdos de otra galaxia con orejas de plástico, a reyes extintos o a boñigas del Caribe, pero sobre todo a nada, a rutilantes criaturas de un submundo televisivo que, a pesar de llevar décadas escribiendo de esto, no me dicen nada, no me suenan a nada, no me interesan nada. Pero lo prometido sigue en pie. Le echaré valor, me acercaré a la isla y al plató, me taparé la napia, y me tragaré la basura para luego regurgitarla y ustedes, si lo desean, leerla una vez desparramada en esta hoja.  Lo sé, esto no está pagado ni con una cena íntima con el cadáver político de Cifuentes para que cuente quién trató su cleptomanía o con Rafael Hernando para saber la clase de serrín que nutre el cerebro de un provocador que dice que los pensionistas tendrían que dar las gracias al Gobierno del PP.

Sofía y el sexo
     Creo haber contado en estas piezas que entre los etcétera que dormitan, discuten, hacen fuego, defecan, y orinan, hay una lagarta llamada Sofía Suescun que además, por lo que dicen en los platós, fornica. Esta chica es una ordinaria de libro. Cada vez que la sacan, y la sacan mucho, está discutiendo, haciendo peinetas, enseñando los dientes porque su gesto natural es como de desprecio, como de asco permanente. Según un tipo llamado maestro Joao, con una boca a lo Homer Simpson, no sé si de forma natural o gracias a siliconas en acción, alentado por Zaldívar, soltó lo que en plató se vio como una bomba. Que Sofía, la reina de la cloaca y el polígono, y un pollo llamado Hugo, habían folgado bajo las sábanas cuando el equipo del programa los rescató de la tormenta una noche en que el Caribe estuvo a punto de alfombrarse con los cadáveres de los concursantes, ay, qué mal lo pasaron, y qué bien lo pasó la cadena haciendo caja gracias a un aliado tan enfurecido, con lo bonita que queda en pantalla la lluvia, el viento, la cara desencajada y sin maquillar de los concursantes, que de repente supieron lo que significa sobrevivir en un mundo incontrolable. ¿Hubo sexo entre Sofía y Hugo, a pesar de que andan todo el rato a la gresca? Esa es la pregunta que incendia el plató del programa. Me descojono cuando escucho a una grave Sandra Barneda pedir calma, educación, que se maticen las respuestas y no se acuse a lo tonto, me quedo fascinado viéndola en el plató hablar en serio para averiguar si la barracuda del “cara de pueblo y pánfilo, es que no lo puedo soportar” –ha dicho Francisco de Hugo, un pelanas nacido en la cochinera hormonada de Mujeres y hombres y otros berzas- visitó el mejillón de la Suescun. De verdad, lo siento, perdonen la grosería. Pero este es el nivel. Mientras la Zalvívar contaba el cuento la cadena hacía caja la noche del domingo cebando lo que nadie se creyó para combatir con Masterchef, que estrenaba su sexta edición en La 1. Supervivientes es pura ficción, puro montaje, pura mentira, y la chica esta, Sofía, la estrella, oro puro, polvo de dioses, capaz de todo, chabacana, sucia, estridente y vulgar, perfecta.

Mi feliz fracaso
     Para explicarme mejor. Sofía Suescun alimenta lo de Ana Rosa. Sofía alimenta Sálvame. Sofía es Tierra de nadie. Sofía es Conexión Honduras. Sofía es Socialité. Sofía es Viva la vida. Sofía es Telecinco. El resto de concursantes son comparsa, no dan el mismo juego. Por ahora, según deduzco. Lo que sí está claro es que el nombre de Cayos Cochinos –los piratas británicos dejaron cerdos en aquellas islas para criarlos y poder alimentarse en sus idas y venidas por el Caribe- va como un guante de látex a lo que veo de Supervivientes. De hecho, una de las pruebas que pillo, en la que participa uno que se llama Logan, es comerse una tarta con nata hocicando en ella. ¿Casualidad?, preguntaría con su media lengua Javier Cárdenas. Pero no mezclemos piaras, que con una es suficiente. El mismo Logan, abundando en la misma mierda, asegura que se encontró un calcetín suyo lleno de caca humana. ¿De Melissa, de Raquel, de la propia Sofía, que no quiere perderse ninguna salsa, perdonen de nuevo la asquerosidad? Pero según mis cortas luces y mi escaso control de Supervivientes veo que en el plató que regenta una vez a la semana Jorge Javier Vázquez –junto a Barneda y Lara Álvarez, cuyo uniforme es riguroso bikini, forma el triduo de presentadores al servicio de este montaje incesante en manos de unos guionistas excelentes-, digo que veo que en plató es donde en realidad se corta el bacalao y se monta el cirio. Con decirles que entre las tertulianas, o expertas, se encuentra Carmen Gaona, todo está dicho. Esta Gaona es lo que será Sofía Suescun de mayor. Más chabacana, imposible. Más zafia, tampoco. En fin. Llego al final. Reconozco mi fracaso. He terminado mi sacrificio sin saber lo que es el Lado Salvaje o el Civilizado. ¿Quiénes defienden a quién en el plató? ¿Qué ganan los que ganan las pruebas que creo que se hacen para seguir con la farsa? ¿De qué se ríe Jorge Javier? Bueno, esto sí lo sé. De mí desde luego que no. Lo siento. Supervivientes no tiene nada que ver conmigo. ¿Y con usted?

La guinda
À punt, bienvenida
Ya se ha puesto en marcha, ahora en pruebas, la tele pública valenciana. Desde el minuto uno À Punt ha de demostrar que el cortijo que era Canal 9, al servicio del PP, no tiene cabida en la nueva televisión autonómica, y el desastre financiero, tampoco. Hay esperanza –fíjense en la nueva Telemadrid- . Empar Marco, como jefa de la casa, ha de trabajar sirviendo a los gobernados, no a los gobernantes. No hay más secreto.



jueves, 3 de mayo de 2018

Maldeojos. La felicidad


La felicidad
(Artículo publicado el sábado, 28 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Si se tiene todo, o casi todo, ¿por qué no se es feliz? Este es el planteamiento del que partió Crónicas, La 2, que tituló “La felicidad que tú deseas” y dedicó al budismo. ¿Por qué se enferma de estrés, por qué la angustia, la desdicha y la frustración parecen formar parte de nuestra vida como algo consustancial? ¿Cómo es posible que no haya solución, que la vida no tenga sentido? Crónicas, que sigue su labor medio callada, y por ahora mantenida por la cúpula de la televisión pública, haciendo un periodismo de altos vuelos, sin alharacas, como firma de la casa, lleva 18 años mirando alrededor para analizar realidades que escuecen, se ignoran, interesan, emocionan, o se olvidan. Reyes Ramos firma el guión y Carlos Gómez realiza el Crónicas dedicado al budismo.

     La vida es un diez por ciento lo que te pasa y un noventa por ciento cómo reaccionas a lo que te pasa. La frase la dice así, como si saliera de una fuente fresca, el que fuera ciclista profesional Manuel Quinziato, que vio cómo el vaso de sus problemas había llegado a un límite que le hizo preguntarse algunas cosas. Y se paró. Y se preguntó qué le estaba pasando de verdad. Y miró en su interior. Unida a esta idea el maestro del centro budista Nagarjuna, en Madrid, GuesheThubten apunta que la insatisfacción no es más que el aferramiento extremo a cosas que no necesitamos. Diferentes personas cuentan su caso, que concluye del mismo modo, frustración por no conseguir el tipo de felicidad diseñada para sus vidas –relacionada con la fama, poder, dinero, amor, trabajo-. Sin dogmas de fe y sin dios, la meditación budista es la herramienta para el cambio desde el interior. Magnífica entrega de Crónicas, una vez más.