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martes, 17 de diciembre de 2019

Maldeojos. Merlí, arrebatadora


Merlí, arrebatadora
(Artículo publicado el martes, 10 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Yo de hombres no te puedo ayudar mucho, le dice el padre de Pol Rubio, el personaje central de Merlí, sapere aude, que interpreta con dulce aplomo Carlos Cuevas, en una emotiva conversación en la ventana después de que el hijo acepte hablar de “esas cosas” con el papa, así, sin tilde. No seguí la primera Merlí, una producción de Tv3 que causó furor en la audiencia. Merlí es un profesor de instituto de filosofía, que muere cerrando la historia. Ahora, como Merlí, sapere aude, ya sin el profesor, saltó a Movistar, Pol Rubio va a la universidad, y se engancha como un drogadicto a las clases de filosofía que da la catedrática María Bolaño, excéntrica, alcohólica, luminosa, patética y maestra, un personaje que la suerte ha regalado a una magistral María Pujalte. Merlí, sapere aude, algo así como atrévete a saber, se estrenó en la plataforma el jueves 5. En un par de sentadas me bebí los 8 capítulos.

     Desde la cabecera, con música de Händel como sintonía, te quedas pillado, música que convive con Mozart en un alarde estético y emocional para potenciar con su Réquiem la escena de una felación o una bellísima aria de La boheme de Puccini en otra escena en Vespa de dos chicos que tanto recuerda a los clásicos, de Fellini a Almodóvar. El creador de esta maravilla es Héctor Lozano, un tipo que se atreve a montar una historia con materiales de difícil ensamblaje. La defensa de la enseñanza pública, la diatriba, la identidad sexual, las clases sociales, el miedo, el deseo, la derrota, la pérdida, el amor y el fracaso, un friso contado con el arma de una puesta en escena soberbia, una dirección matemática, bella, y unos actores en estado de gracia. Volveré a verla de nuevo.

martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. Diosas de ida y vuelta


Diosas de ida y vuelta
(Artículo publicado el domingo, 22 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Sin pedos, la vida no tiene sentido. Es una frase redonda, potente, definitoria de quien la dice y definitiva para quien la escucha en la tele, que a veces se pone fina y ciertas cosas no tienen cabida. ¿Quién hay detrás la frase? La misma mujer que dijo cuando hacía uno de los programas más sucios de la tele que a ella le gustaba mear en la ducha mientras se bañaba. Así es, Mercedes Milá. Cuando presentaba Gran Hermano era una leona que defendía su trabajo y defendía a las criaturas que iban criando como alimento de los programas de la casa. Me superaba. Se me cayó una grande. Para mí, Mercedes Milá simbolizaba el periodismo sin matices, la mujer que preguntaba y preguntaba antes de que Ana Pastor, con el tiempo, pareciera que inventaba la pólvora, dicho desde la  admiración por otra periodista que desde la televisión pública –Los desayunos de TVE- demostró que se podía y debía hacer un periodismo vibrante, independiente de partidos, y sin ataduras, aunque también es cierto que esta diosa –es una forma de hablar, que el que escribe apenas tiene santones en las hornacinas de la casa- empezó a desmoronarse con su llegada a La Sexta. No me pregunten por qué con exactitud. Son sensaciones. Empezó a resultarme cargante, repipi, marisabidilla, retorciendo hasta la inutilidad su empeño en repreguntar sin dejar responder, dando a entender –insisto, sensaciones muy particulares- que lo importante no es la respuesta sino sus preguntas, su indomable espíritu, su periodismo de trinchera. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que me parece, como los pedos de la Milá, definitorio y definitivo. En una entrevista que Ana Pastor le hizo a Manuela Carmena, y ante la absurda batería de preguntas a la entonces alcaldesa de Madrid, absurda porque no podía ser respondida por la edil, Carmena le soltó el obvio reproche de quien no entiende qué cojones pinta allí. Una cosa te digo, Ana, vino a decir, “para que sean realmente útiles tus preguntas, hay que esperar a que te las pueda responder”. Impecable razonamiento.

Scott y Milá
     A diosa muerta, diosa repuesta. Pero no nos precipitemos. Vuelvo a Mercedes Milá. De la periodista correosa que era, de repente, y para alucine general, al menos yo aluciné al modo de Alberto Chicote, o sea, pepinillos, una noche me la encontré en las pocilgas de Gran Hermano. Y no entendí nada. Y mucho menos su vehemente defensa de algo que para ella era, nada menos, quizá para darle el empaque que ocultaba su abyección, “un experimento sociológico”. Hala, a darle leñazos. Hasta que me aburrí y me olvidé de Gran Hermano y de La Merche y sus tonterías. Luego, hace apenas unos años, la propia se cayó del burro, entró en una depresión de caballo, y dijo que lo de GH había sido demasiado. Sicólogos, expertos del alma, tratamiento farmacológico, pautas para sacar de nuevo la cabeza, entrevistas personales valientes reconociendo la situación y que, con esfuerzo y ayuda, se puede salir, llegada a su vida de Scott, su perro, y nueva Mercedes Milá, como una crisálida que poco a poco se desprende de su cárcel y mueve las alas para volver a volar. Lo ha hecho en su regreso a la tele con Scott y Milá –ya lo hizo aún en plena lucha consigo misma con Convénzeme, un programa de libros en la órbita de Mediaset, o sea, un sindiós-. Scott y Milá, cuya segunda temporada se estrenó en Movistar el jueves pasado, es un programa intimista, bien estructurado, educativo, de emociones, de ayuda, como destaca Milá . Vi su Renacer, nunca mejor dicho, la primera entrega, y me cautivó. He dicho que Scott y Milá es un programa intimista donde Mercedes es el hilo conductor, la protagonista de la historia, la que habla en primera persona con el científico que analiza su caca para ver carencias de otro tipo, o con Xevi Verdaguer, siconeuroimnunólogo –juro sobre un barril de petróleo saudí antes de ser volado que existe una especialidad que se llama así-, y juro que la Mercedes Milá de Scott y Milá no es, mucho menos, la estrambótica y ridícula Samanta Villar, que de diosa en 21 días pasó a la ególatra muñeca inflable del periodismo más prostibulario.

Abajo Sobera
     Si Scott y Milá para mí ha sido, como digo, la restitución de Mercedes Milá al lugar que le corresponde en el pedestal poco concurrido de mis preferencias televisivas, hay otros nombres que están haciendo el mismo viaje, del pedestal al suelo, como aquella imagen del sátrapa Sadam Husseim cayendo con estrépito al asfalto. ¿Qué decir de Carlos Sobera, el que dinamiza concursos con su natural simpatía o se pone amoroso como alcahuete de First dates o sensible en cada lamentable entrega de Volverte a ver? Es el mismo tipo que ha prestado su imagen, por dinero, claro, para fomentar la ludopatía en este país con un anuncio agresivo de juegos online. Hala, abajo el dios Sobera. Eh, me dirá alguien, echa del pedestal a Jorge Javier Vázquez por la misma razón. Tirado, y no repuesto quede el tal desde este momento. Al revés me ocurrió con Pilar García Muñiz, que hizo el camino contrario, del suelo al cielo. Presentaba España directo, y no la podía tragar, de nuevo por nada, por sinrazones de espectador retorcido. Hasta que la llamaron para presentar, sin salir de La 1, el Telediario. Después de 20 años en la tele pública se ha ido a la radio, con Herrera y los curas de la empresa. No puedo quitarle los atributos de diosa porque no tengo la tentación de pecar escuchando al vacuo y solemne cantamañanas. Por cierto, ¿son dioses Sánchez, Casado, Iglesias, o Rivera? No me toque los bemoles, como dice Rufián, el ex hooligan del Congreso, que inició su carrera como dios de los prudentes. Termino. Lo peor de Scott y Milá es el trato que Mercedes da al puto chucho. ¿Compartir con él una hamburguesa como si fuera tu hijo, dejar que te lama el morro, besarle la boca? Que no, que no, eso no hay dios que lo entienda, ni Scott ni pollinas.

La chispa
Letizia
Después de dos días de intenso trabajo recibiendo a políticos en discordia Felipe VI y su esposa, Letizia Ortiz, se fueron a la ópera atraídos por el “Don Carlo” de Verdi.  A ver si, como Pablo Ruiz, responsable de Emergencias en Murcia que se fue al teatro en plena gota fría, cesado ya, se pide que dimita el matrimonio. Qué va. En Espejo público, lo de Susanna Griso, destacaron que la reina pidió un imperdible para taparse el canalillo.

lunes, 24 de junio de 2019

Maldeojos. Lecciones doy


Lecciones doy
(Artículo publicado el sábado, 20 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     A veces nos pasa. A veces me pasa. Uno, sobre los otros, sobre lo que deberían de hacer los otros, sobre lo que no hacen bien los otros, y las otras, siempre tiene una receta, una mueca, un reproche, un tenías que hacer esto, un tenías que no hacer lo otro, un cómo se te ocurre preguntar por aquello, un me dejas de piedra porque me he enterado de… Pero uno no sale en la tele –menos mal- aunque la ve, y mucho, para luego hablar de ella y de paso llevar a casa algo de dinero a fin de mes. Cuento esta perorata para ponerles en la pista. ¿Se puede mezclar Sálvame –Telecinco- con La resistencia –Cero, Movistar-? ¿Se puede mezclar Kiko Hernández, estrella del gran circo de las tardes de Mediaset con el presentador David Broncano, humorista hasta la médula del programa de #0? Visto así, a primera vista, no, son mundos distintos, cabezas distintas, esferas distintas, programas muy, muy distintos, o sea, no, nada que ver. El uno es vacuo y solemne. El otro, irónico.

     Pues resulta que la otra tarde, quizá después de la hora que se tiraron estirando el chicle de la nada, siendo la nada si alguien de las señoras del insufrible entretenimiento está o no preñada, la presentadora de Sálvame, Carlota Corredera, y después de escuchar que Kiko decía que Lidia Lozano tenía mucho dinero pero no se lo gastaba por rácana, les dijo que David Broncano siempre hacía dos preguntas bandera en La resistencia. Una sobre el dinero que tenían en el banco sus invitados. Otra, las veces que hacían el amor. Pues me parece una indecencia, luego dicen de Sálvame… saltó como una liebre que huye el tal Hernández, escandalizado y pudoroso. Y a usted qué le importa, le hizo saber a Broncano. Está claro, no se entera de nada. Hay mundos que no se pueden mezclar.


lunes, 17 de junio de 2019

Maldeojos. La muerta de Alcalá


La muerta de Alcalá
(Artículo publicado el domingo, 16 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Son un amor. Es la tele que me gustaría ver a todas horas en la pantalla, sobre todo en la pantalla de todos –y todas-, en La 1, en La 2. Son un amor los cabeza pensante, secante, pasante, proyectante y ¿se dice decidiente? de Cero, o #0, vamos, los de Movistar. Les hierven las ideas, y paren cosas maravillosas, atrevidas, chispeantes, modernas, llenas de dinamita, cosas, programas y formatos que además suponen la recogida de una serie de humoristas que andaban como vaca sin cencerro –digo humoristas por mencionar un colectivo que, ojo, no sería raro que terminara en la Casa de Campo, en el extrarradio, extramuros, expulsados, ninguneados, señalados, para que niños y niñas, vulnerables, sean protegidos por sus familias como los de la ultraderecha instalada en Madrid dicen que harán con esas locas del mundo LGTBI-. En Movistar está David Broncano, está Javier Coronas, Javier Cansado, Pepe Colubi, Ricardo Castella, Joaquín Reyes, Andrèu Buenafuente, o Raúl Pérez, pero también un puñado de cómicas que se lo pasan pipa en Las que faltaban –los viernes-, con Thais Villas, Eva Soriano, Victoria Martín, Anabel Mua, o Adriana Torrebejano. Bien. Sólo en un canal como el de Movistar se puede emitir El cielo puede esperar -¿de verdad que sólo ahí es posible emitir formatos con este nivel de ironía, finura estética, atrevimiento conceptual, y exquisita puesta en escena?-. La cosa es fácil. Se trata de darle el último homenaje a un/una finado. Es decir, amigos y amigas y familiares se reúnen para despedir a su muerta, a su muerto, en el funeral ad hoc. Sentados y enlutados en bancos como de iglesia, o como de tanatorio fin de ciclo, como de tanatorio aquí no ha pasado nada, como de ceremonia civil viva el muerto y no lloremos que no le gustaría, como de fiesta lúgubre pero sin perder la sonrisa, El cielo puede esperar es un programa tan sencillo que resulta una sorpresa, un cachondeo de concepto, lo que a veces uno siempre ha imaginado y jamás podrá comprobar, es decir, lo que dicen de ti cuando tú ya no estés –paréntesis merece otro formato de la cadena, Cuando ya no esté, con Iñaki Gabilondo, que analiza el mundo y sus avances científicos, tecnológicos, sociales, o médicos que nos esperan a la vuelta de una esquina que tal vez ni usted ni yo veamos pero que el programa empieza a vislumbrar hablando con expertos de primer nivel en las diferentes materias-.

¿De qué color, loca?
     Mírala, mírala, mírala, la muerta de Alcalá, le cantaban a Ana Belén en su falso funeral, cuyo segundo programa se le dedicó a ella, “a la novia de la Transición, a la novia de España”. Su marido, un enlutado Víctor Manuel, le decía cositas al oído de Wyoming –nada, ya he hablado con Rosalía, provocando que la boca ancha donde habita la inmensa alfombra dental de la esposa se abriera como para tragarse al marido si pudiera-, que a su vez soltaba algunas maldades sobre esto y lo otro. Amigos y amigas, ante un micrófono, en una sala inmaculada de tanatorio despojado de símbolos religiosos, salen a recordar hechos, anécdotas, momentos vividos en común ante la audiencia de gentes cercanas a la finada para destacar la nobleza, bondad, picardía, profesionalidad o mala uva de la muerta. O sea, el lujo soñado por más de tres, el morbo hecho realidad ya que a ver quién no ha pensado alguna vez, aunque sólo sea una, qué pasará, qué dirán, cómo será nuestro último adiós para amigos y familia. Y tú, vivo como el muerto Franco, más tieso que un ajo pero de eterna actualidad, escuchando detrás de la puerta. Al día siguiente de ver El cielo puede esperar –la semana pasada, con idéntico esquema, el muerto vivo fue Arturo Valls, Javier Sardá el de esta- la estúpida María Patiño, lerda, tratando de mantener una superioridad moral por encima de la media que la rodea en el plató que le da de comer, y con ese aire estirado que la caracteriza, debería lavarse la boca antes de decir imbecilidades racistas en Socialité como que a la fiesta de despedida de soltera de Belén Esteban irá “un chico de color muy alto”. ¿Un chico de color, tonta? ¿De qué color? ¿Te refieres a que irá un chicarrón negro? Pues di que irá un chico negro. Te aseguro que a un negro no le molesta que le digan que su piel es negra. ¿Te molesta a ti que te digan que tu piel es blanca, quitadas las capas de chapa y pintura que llevas encima? Mírala, mírala, mírala, la ignorante que confunde racismo verbal con corrección social.

Bah, 18 centímetros
     Loca me quedo, pero loca como un cigarrón en un desierto de arena, cuando el otro día, escuchaba en Arusity el comentario del Sevilla, que me cae como una patada en el ijar derecho, sobre el último vídeo de Leticia Sabater. Uno creía que lo había visto todo de esta pobre mujer. Que había llegado al límite conocido en el campo de la vulgaridad, el mal gusto y la provocación, que su triste negocio era hacer de su machacado cuerpo y de su carcomido cerebro un cachondeo nacional, que La salchipapa, El polvorrón, o Toma pepinazo era lo que es, una marranada simpaticona para hacer cuatro bolos en las discotecas más seminales, pero qué va, la zombi ha resucitado, pero la gracia que podía tener antes se ha convertido en asco, en vergüenza, en, como dice su último vídeo, una catástrofe musical llamada 18 centímetros, papi. Ni sus horripilantes operaciones, ni su estrambótica tabla de chocolate en la panza ni esa asquerosa sensualidad de mayonesa restregada en sus labios de chochona consiguen que la veamos como algo más que una muerta a lo Frankenstein que da miedito. Por cierto, como decían en lo de Alfonso Arús en las mañanas de La Sexta, 18 centímetros los tiene cualquier cubano al nacer, bonita. Y a coro, para olvidarse del mal trago de la Leti y sus miserias, se oye un mírala, mírala, la muerta del PP que no hay manera de matar. A la corrupción de esta banda no hay quien le corte las alas, y siempre vuela alto, vivita y coleando. Tratando de rebanarle el pescuezo, y ante el juicio que empezó el 14 para ver qué hay detrás del borrado de los ordenadores de Luis Bárcenas, el PP del Centrado Mayor del Reino se niega a que ese proceso se vea en directo por televisión. Hay muertos muy, pero que muy vivos. Hasta Patricia Conde y Ángel Martín, fiambres a tiempo completo, han regresado del hoyo, y a Movistar, con un resucitado Sé lo que hicisteis llamado ahora Dar cera, pulir #0. Como Ana Belén, han visto su funeral y su resurrección varias veces. Míralos, míralos.

La guinda
Dani y Cuatro
El leonés Dani Martínez va pegado a Cuatro como Ciudadanos a Vox, los ultras que son bendecidos en las instituciones por el partido del naranjito Alberto Carlos Rivera. Cada mañana presenta El concurso del año antes del mediodía. Una pareja de amigos, de lo que sea, trata de adivinar la edad de alguien y se puede llevar 50.000 euros. Eso es todo. Se puede ver, sobre todo porque no se habla de Supervivientes. Qué alivio. 

Maldeojos. Hierro


Hierro
(Artículo publicado el sábado, 15 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     He vuelto a emborrarme, a dejarme llevar, a ser consciente de mi adicción disfrutándola como merecen estas cosas, sin complejos, y alardeando de ella. He visto, me he tragado, he consumido como un poseso una de las últimas producciones de Movistar para Cero, o #0. Hablo de Hierro, una joyita maravillosa de la ficción nacional que se cuenta en 8 apasionantes capítulos. La historia es la siguiente. A la isla del Hierro llega una jueza, Candela Peña, con un destino que sabe a castigo, y donde nada más aterrizar se topa con un asesinato cuya autoría apunta al empresario, capo de la droga bajo el manto de los plátanos canarios, Antonio Díaz, un enorme Darío Grandinetti. El desenlace, cierto que previsible, se va desvelando de manera magistral. El trabajo de Candela Peña es el de una gran maestra que sabe tallar al milímetro lo que le exige su personaje.

     Los personajes, desde los protagonistas a los laterales de la historia, están trazados con mano de hierro en Hierro, y la isla, de una belleza fascinante, se convierte en otro gran, imprescindible protagonista para encajar la trama. Tan pedregosa y de apariencia hostil como atractiva y arrebatadora, la isla es sofocante, pero a la vez un sueño que te mece y te atrapa. Se agradece, además, que la mayoría de actores y actrices sean canarios, pero no hagan parodia de su dulce forma de hablar español, y que quienes no son de allí no hagan el ridículo, como así ocurre en la mayoría de ficciones que tienen como friso Andalucía. No conocía otros trabajos del director de Hierro, Jorge Coira, que con Pepe, su hermano, han levantado una arquitectura de esquema clásico pero contado como narradores que conocen el lenguaje y la sintaxis moderna. Enhorabuena.

viernes, 8 de febrero de 2019

Maldeojos. Embarquémonos


Embarquémonos
(Artículo publicado el jueves, 24 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo que propone El embarcadero –en Movistar, completa la primera temporada-, no es frecuente, es más, te pilla a trasmano, porque quizá como ejercicio de reflexión, como producto creativo, te guste y lo disfrutes, pero si lo vives en tus carnes, sobre todo en tu corazón, quizá la cosa cambie. El embarcadero es la historia de un hombre enamorado a pares. Ya lo dijo cantando Antonio Machín. Yo no puedo comprender, decía la letra, cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Pues eso, el primer capítulo de El embarcadero te pone frente a la tesitura que vive Óscar, Álvaro Morte, un tipo que parece que no finge, que no dice un guión, que no interpreta, queriendo al mismo tiempo a Alejandra, su esposa, la siempre creíble Verónica Sánchez, y Verónica, Irene Arcos. Y queriéndolas mucho, como si cada una fuese única y no existiera la otra.

     La muerte de Óscar, que sucede en el minuto 20, deja caer la cortina de la realidad que, sobre todo su mujer, desconocía porque jamás podía sospechar la otra cara del corazón de Óscar. A partir de ese momento se inicia una reconstrucción sentimental de los ocho últimos años de relación apasionada que vivía el protagonista con la amante. ¿Amante? Ahí está el quid de la serie. Volvamos al principio. ¿Se puede amar a dos personas a la vez y no sólo no estar loco sino no ser un sinvergüenza? No estamos preparados para eso. Creo que no, mucho menos si te toca llevar “los cuernos”. Sonia Martínez parió la idea que desarrolló Álex Pina y Esther Martínez, y dirigió Jesús Colmenar y Álex Rodrigo. La Albufera valenciana pone el contrapunto lírico y dramático de la historia, un lugar hermoso para embarcarse en una aventura parecida. O no.  

lunes, 3 de diciembre de 2018

Maldeojos. David el loco


David el loco
(Artículo publicado el sábado, 1 de diciembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Digámoslo rápido y así me lo quito de la cabeza y paso a otra cosa, mariposa. David Broncano tiene cara de chiflado, tiene mirada de loco, de zumbado, uno de esos tipos cuya inteligencia no descansa. El cómico, dicho así, con grandes palabras iluminadas por neones fulgurantes de calle, ha colaborado en multitud de programas de televisión y radio, ha brillado con su especial toque que mezcla la pachorra, la dejadez, y la ironía como disparos de metralla, en monólogos de antología, ha mantenido conversaciones hilarantes con Andréu Buenafuente en Late motiv, y ahora, y desde hace un par de años, como presentador de su propio formato en #0, primero en aquella maravillosa chifladura llamada Loco mundo y ahora en La resistencia. Me voy a detener aquí. En La resistencia.
     A pesar de ser un programa de humor, o justo por eso, y de su tendencia al análisis más loco de la actualidad, pero también por eso, La resistencia entra con el bisturí entre los dientes y te hace una disección de lo que nos rodea que nos deja finos, como hace unos programas, con la visita de Iñaki Gabilondo, bromeando sobre el destino deseado de sus cuerpos una vez muertos. Gabilondo lo tenía claro, que le da igual lo que hagan con sus despojos. Broncano dijo que lo podían echar al campo como abono hasta convertirse en humus, en hongo. Hombre, respondió el vasco, si se queda libre la tumba de Franco. El público y ellos soltaron una carcajada de las buenas. Es el tono del programa que, al lado, viéndose en algunos planos, dirige Ricardo Castella. De nuevo, La resistencia es una prueba más de que Movistar+ tiene una de las mejores parrillas de la tele española. 

viernes, 30 de noviembre de 2018

Maldeojos. Qué vergüenza


Qué vergüenza
(Artículo publicado el martes, 27 de noviembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Estoy acabando de ver la primera temporada de Vergüenza, la serie producida por el gigante Movistar y emitida bajo demanda para sus clientes. Está protagonizada por Javier GutiérrezÁguila roja, Estoy vivo, o Campeones, la película de Javier Fesser que irá a los Oscar- y por Malena AlterioAquí no hay quien viva, La que se avecina-, y de verdad que es una de las pocas veces que he sentido vergüenza como espectador, pero vergüenza no por ser una mala serie o porque sus interpretaciones son penosas, no, vergüenza porque los guiones de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero te llevan, de la mano de los protagonistas, a unas situaciones de verdad límite, eso que más de uno conocemos como vergüenza ajena. Es terrible. Te quedas pillado ante la pantalla con los momentos de analfabetismo social de este matrimonio que no conoce el pudor.
     Cada capítulo aborda diferentes situaciones –dar la enhorabuena a la vecina por un embarazo cuando sólo es tener un poquito de barriga, dejar los calzoncillos tirados en el bidé con su manchita de caca, y todo, en el día de la visita de los suegros, confundir la amabilidad de la novia a la que Jesús, fotógrafo de bodas, le hace un reportaje, con su pretensión de ligar, o mirar con deseo las tetas de la suegra en una comida familiar-. Los dos grandes artistas, un enorme Javier Gutiérrez y una fantástica Melena Alterio, son el dedo que buscaba el anillo de sus personajes. Sin estridencias, con matices que sólo un actor de alta comedia es capaz de sacar, tanto él como ella parecen ser el Julio y la Nuria, auténticos maestros en cagarla y extrañarse de que los demás se extrañen. Vergüenza es adictiva –ya se graba la segunda tanda- por ver qué será lo siguiente.

lunes, 21 de mayo de 2018

Maldeojos. Radio Gaga


Radio Gaga
(Artículo publicado el sábado, 12 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El nombre ya apunta maneras, da pistas. Radio Gaga es un programa de televisión en manos de dos zumbados, Quique Peinado y Manuel Burque, cuyo resultado, en contra de lo que se podría imaginar, es muy sensato. Viajan en una furgoneta amarilla con la que arrastran el estudio de radio que da nombre al programa. Los dos barbudos, como se dice en la cabecera de Radio Gaga, viajan por todo el país plantando su quiosco para hablar con las gentes del lugar interesándose por sus cosas, como cuando visitan ITA, un centro en Barcelona donde se trata a niños y jóvenes con trastornos alimentarios de manera muy vanguardista, o cuando visitan Órgiva, en las Alpujarras granadinas, un pueblo de 6.000 habitantes en el que conviven más de 70 nacionalidades. Y tan a gusto entre budistas, sufíes, cristianos, jipis, ateos, y parroquianos de toda la vida.

     De entre todas las historias que se cuentan, que cuenta la gente de los sitios que visitan, escojo en la visita a Órgiva, por cierto, bello pueblo que bien vale una visita, la que nos cuenta Fernando, un tipo que vivió durante 25 años en el tobogán de la vida enlazada a las drogas, al trapicheo, al consumo y al exceso, según sus palabras. Y llegó a Órgiva, y se quedó. Allí lleva 4 años. Ha encontrado la paz, se ha encontrado a sí mismo. Y ha encontrado a Ana, su amor, su pareja, su equilibrio. Radio Gaga consigue el milagro de la emoción, de la frescura que salta la pantalla y te toca porque sientes que nada de lo que pasa es impostado, fingido, y que Quique y Manuel son unos tipos que manejan los sentimientos con delicadeza, sin venderte burras que tienen los dientes gastados.  Ésta es la segunda temporada de Radio Gaga, y se puede pillar en #0, la tele de Movistar.

Nota: Se ha confirmado que habrá tercera temporada. 


martes, 3 de abril de 2018

Maldeojos. Papá Berto


Papá Berto
(Artículo publlicado el sábado, 24 de marzo en diarios del grupo EPI PRESS)

     Conocíamos a Berto Romero por ser la casi sombra, la sombra lista, como el segundo cerebro, de Andréu Buenafuente, que también es listo, no nos liemos. Donde iba, y va uno, va el otro. Vamos, pareja sin derecho a roce unidos por El terrat, la productora de Andréu. El último hijo donde los podemos ver juntos, Late Motiv, programa de Cero, o #0, que nunca falla para echar un rato por la noche ante la pantalla si huyes de la tele más convencional. Está claro, y aquí se ha dicho más de una vez, que la tele de Movistar es la oferta que quisiera ver en otras televisiones. Ya me gustaría encontrarme en la tele pública alguno de los productos que veo en #0. Como la maravilla que ha salido de la cabecita de Berto, Mira lo que has hecho, una serie de 6 capítulos de unos 20 minutos de duración que te la bebes como se bebe un zumo de naranja fresca por la mañana.

     No soy padre, pero es fácil entender las fatiguitas de papás y mamás viendo en Mira lo que has hecho cuando tu bebé llega a casa sin libro de instrucciones, cambiándote la vida, y sin vuelta atrás. En tono de comedia, el disparate no llega a la extravagancia, y las situaciones –llantos interminables, descanso cero, pediatras que pasan a ser de la familia, relaciones familiares alteradas, el tema guardería- son tan reales que te da la impresión de estar allí dentro, viviendo en la historia. El propio Berto hace de Berto –un humorista conocido que va y viene haciendo bolos y virguerías para ejercer también de padre- junto a una deslumbrante Eva Ugarte. Además de papás primerizos, echan un vistazo al mundo –grupos absurdos de Whatsapp, el ignorante pero engreído “youtuber” del matrimonio amigo-, retratado con afinado costumbrismo. Si pueden, véanla.



miércoles, 24 de enero de 2018

Maldeojos. La peste



La peste
(Artículo publicado el jueves, 18 de enero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     La peste plaga y la peste hedor. Y La peste, serie que se puede ver en #0 de Movistar. Qué gran serie, qué peste más buena la de La peste. Recomiendo a quien lea este pieza que vea La peste de noche, porque de día habría exceso de luz ambiente, y ese derroche acabaría comiéndose la luz que sale de la pantalla porque el equipo de La peste se planta en el siglo XVI, y allí, hay que recordarlo, no había luz eléctrica. Sofoca ese tenebrismo, esa luz de Caravaggio, sofocan esos rostros dorados por las velas, sofoca una Sevilla que parece bella en los planos generales, con su río y sus naves varadas, con la línea del cielo donde resalta la torre de la Giralda, pero que cuando el plano se acorta y baja al suelo, retrata el pozo inmundo donde se desarrolla la vida, dura si eres pobre. Barro, ratas, bubones, cadáveres, harapos, hambre, miseria, putas, corrupción, la religión como tormento y terror, la opulencia de los ricos, las sedas y carruajes, la buena comida, contrastes que se beben en la pantalla a sorbitos –¿sólo yo he tenido problemas para entender bien los diálogos?-.

     La historia se articula en torno a Mateo –brillante Pablo Molinero- que para escapar de las garras del Santo Oficio, lo persigue por ateo, ha de resolver una serie de crímenes en una Sevilla que es el centro del mundo pero ya advierte su patética decadencia. Paco León, Paco Tous, el joven Sergio Castellanos, o Manolo Solo completan un reparto que parece haber crecido en aquella ciudad tan terrible como hermosa, todos dirigidos por Alberto Rodríguez. ¿No hay mujeres aquí? La peste retrata el lugar que ocupaba la mujer en aquellos siglos, puta, calladita, invisible, o dócil esposa. Muy aconsejable.


lunes, 18 de septiembre de 2017

Maldeojos. Qué delicia



Qué delicia
(Artículo publicado el sábado, 16 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Qué delicia escuchar, y ver, la conversación que mantenían la otra noche en la vuelta de Late Motiv, en #0, Andréu Buenafuente y Gemma Nierga. Lo decía el presentador para recibir a la periodista catalana expulsada de la cadena Ser como se tira un plato de agua por la ventana –La ventana, programa que presentó durante 10 años con gusto, dulzura, corazón y cabeza-, decía que era un gusto recibir a Gemma para hablar un rato sin ataduras, sin prisas, con la complicidad de lo vivido juntos. Y se notaba. Fue un encuentro dulce que atravesó la pantalla y llegó a casa con el aroma de la conversación que huele a años de trabajo y conocimiento en común. Ya no se da en la tele ese tipo de encuentros, de entrevistas sosegadas, de charlas que no buscan la confrontación sino el disfrute de entrevistado, entrevistador y, sobre todo, espectador.
     Habló Gemma Nierga en un tono amable, aunque podría haber sido hiriente, agrio y mal encarado con su antigua empresa, pero qué va, fue una señora que demostró un talente y educación exquisitos. Ni asomo de cabreo y reproche en público. Y cuando dijo que sí, que escuchaba la radio, pero no la Ser, lo dijo dejando claro que era por cuestión de pura emoción, por no escuchar a sus antiguos colegas, que tanto quería. También dijo que ha aprendido a disfrutar de este nuevo tiempo y que sí, que le llegan propuestas de vuelta al trabajo aunque “algunas son surrealistas”.  Dice que es una superviviente emocional que ha aprendido a acercarse a lo que la anima y a descartar lo que la pone triste. Se habló de periodismo, de sus escasos medios, de los miedos del periodista, y de cómo un programa como Late Motiv hereda el espíritu de la mejor radio, una delicia.

domingo, 6 de agosto de 2017

Maldeojos. 75 euros



75 euros
(Artículo publicado el sábado, 5 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     Disfruté mucho hace unas noches viendo la quinta entrega de la tercera temporada de Maraton man, es decir, el simpático y jovial Raúl Gómez, programa entre el deporte, la aventura, el viaje y el respeto por otras costumbres y culturas que emite los martes en abierto –bueno, luego aclaro-, la cadena de Movistar, o sea, Cero, o sea, #0. El capítulo estuvo dedicado a una de mis debilidades, Marruecos, en concreto a la zona sur del país, la que más me apasiona, la bella por dura y emocionante del desierto, las dunas, los ríos y los valles que atraviesan, las ciudades de barro y las kasbash más hermosas, unas en ruinas, otras, en perfecto estado de revista para el turista, como la de Ait Ben Hadu, muy cerquita de Ouarzazate, la ciudad que se va convirtiendo, de forma pomposa pero cierta, en “el Hollywood africano”, o algo parecido.

     Raúl Gómez quiso saber los secretos del corredor en ambientes hostiles, y las dunas o los pedregales del desierto lo son en carne viva. Nadie mejor que el atleta marroquí Lahcen Ahansal, ganador 10 veces de la Maratón de las Arenas, para recibir esa clase magistral, y por eso corrieron por el desierto de Erg Chebaba. Lo malo, lo peor, lo que no sé si podré mantener –y tampoco cuántos lectores- es lo que me pide Movistar este mes por el servicio llamado Fusión –internet, llamadas de fijo y móvil, y #0, con los mejores programas de la tele, sin duda-. Empecé pagando 60 euros, luego 70, y ahora, sin consultarme, sin firmar nuevo contrato, de forma unilateral, por mucho que vendan la moto de que me han mejorado los megas, los gigas, los bíceps o los tríceps, sin yo pedirlo, me cuelan 75 euros. ¿Me lo explican? ¿O habrá que ir dándose de baja?