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lunes, 21 de mayo de 2018

Maldeojos. Radio Gaga


Radio Gaga
(Artículo publicado el sábado, 12 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     El nombre ya apunta maneras, da pistas. Radio Gaga es un programa de televisión en manos de dos zumbados, Quique Peinado y Manuel Burque, cuyo resultado, en contra de lo que se podría imaginar, es muy sensato. Viajan en una furgoneta amarilla con la que arrastran el estudio de radio que da nombre al programa. Los dos barbudos, como se dice en la cabecera de Radio Gaga, viajan por todo el país plantando su quiosco para hablar con las gentes del lugar interesándose por sus cosas, como cuando visitan ITA, un centro en Barcelona donde se trata a niños y jóvenes con trastornos alimentarios de manera muy vanguardista, o cuando visitan Órgiva, en las Alpujarras granadinas, un pueblo de 6.000 habitantes en el que conviven más de 70 nacionalidades. Y tan a gusto entre budistas, sufíes, cristianos, jipis, ateos, y parroquianos de toda la vida.

     De entre todas las historias que se cuentan, que cuenta la gente de los sitios que visitan, escojo en la visita a Órgiva, por cierto, bello pueblo que bien vale una visita, la que nos cuenta Fernando, un tipo que vivió durante 25 años en el tobogán de la vida enlazada a las drogas, al trapicheo, al consumo y al exceso, según sus palabras. Y llegó a Órgiva, y se quedó. Allí lleva 4 años. Ha encontrado la paz, se ha encontrado a sí mismo. Y ha encontrado a Ana, su amor, su pareja, su equilibrio. Radio Gaga consigue el milagro de la emoción, de la frescura que salta la pantalla y te toca porque sientes que nada de lo que pasa es impostado, fingido, y que Quique y Manuel son unos tipos que manejan los sentimientos con delicadeza, sin venderte burras que tienen los dientes gastados.  Ésta es la segunda temporada de Radio Gaga, y se puede pillar en #0, la tele de Movistar.

Nota: Se ha confirmado que habrá tercera temporada. 


miércoles, 5 de octubre de 2016

Maldeojos. La pota que te parió



La pota que te parió
(Artículo publicado el domingo, 2 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     Una pota de Chicote es un punto de audiencia, de share, dijo Quique Peinado. O lo que es lo mismo, cuanto peor lo pasa Chicote mejor lo pasa el espectador de Pesadilla en la cocina. Así es la ley. Así son las tablas normativas de este negocio. Cuanto más grita y más aspavientos hace Mila Jiménez, que los hace a mogollón, que no para de hacerlos como una poseída, ya se retira el pelo de la cara, ya se ahueca el gabán que le ponen, ya mira con el ojo torcido, más sube la crema inmunda de esa taberna de parroquianas que se tragan la bola. Alberto Chicote pasó por Zapeando la semana pasada promocionando el estreno de la quinta temporada –regresó fuerte, el jueves, con cerca de dos millones- y pasaron imágenes de momentos estelares de esta nueva tanda. Y allí estaba Chicote con los ojos como platos, echado en la pared de una cocina inmunda, aguantando la vomitera al ver lo que un tipo sacaba de la nevera, una cosa grisácea, pastosa, podrida, con un olor nauseabundo que traspasaba la pantalla, y que pretendía servirlo al cliente que esperaba sentado en su mesa. Por favor, tíralo, tíralo, decía Chicote a punto de potar tapándose la boca. Una pota de Chicote es un punto de audiencia. Una lágrima de la Esteban… Bueno, hoy, en el mercado del barrio, las lágrimas de Belén Esteban están por los suelos. Cualquier sardesca de las que fabrica Gran Hermano hace más puntos que esta tiparraca. Una transparencia de Cristina Pedroche le marca un gol a los de enfrente. Cuanto peor lo pasa Chicote mejor lo pasa el espectador de Pesadilla en la cocina. Está escrito en las tablas de la ley televisiva. Esa es la partida del reto al que cada semana Pablo Motos somete a Pilar Rubio, que al final, después de su errático paso por Mediaset, en su rincón de El Hormiguero, parece haber encajado. Nada menos que dos minutos y medio aguantó la mujer bajo el agua para superar su propio récord, que estaba en dos minutos trece segundos. Cuanto peor para ella, mejor para Pablo.

A la calle, hombre
Por cierto, volvamos a la órbita ¿Laika? No, a la órbita Sálvame. La dirección de ese grupo de caníbales está que se relame. Cuanto peor le va a alguno de los suyos, pero no en la rifa del día para ir a por este o la otra, sino peor en la vida real, mejor le va a la dirección y a la audiencia, hambrienta de sangre y lágrimas, fingidas o no. Creo que el deformado del bisturí, con su consentimiento, Kiko Matamoros, y su mujer, que se hace llamar Makoke –no me pregunten por qué ni cómo- se casaron ante dos revistas del himen para luego pasar por taquilla con la exclusiva de la tontería esa del vestido de la novia. Pero un tal Jesús Manuel, místico del cotilleo, un segunda fila, una de esas mosquitas muertas que las matan con el rabo, filtró el tesoro del negocio a otras revistas, que publicaron un momento de la boda donde se veía, como mi barriga cuando me miro al espejo, “el secreto mejor guardado”. La que llevan en Sálvame hace dos semanas a cuento del cuento es como el maná bíblico. Cuanto peor le vaya a Kiko, al Jesús Manuel este, y a la Makoke esa, mejor les va a ellos. Hay otro caso reciente en el que cuanto peor le vaya a un tipo, mejor nos va al resto, sí, un resto genérico, es decir, cuanto peor le vaya a Alfonso Rojo, mejor le va a este país, a la decencia, al periodismo y a esa cosa vaga llamada dignidad. El director de un panfleto digital llamó “mangante, chorizo, y sinvergüenza” en La Sexta Noche a Pablo Iglesias. El de Podemos lo denunció en 2014, y la Audiencia Provincial de Madrid condenó al bocazas a pagarle 20.000 euros. Cuanto peor a Rojo, mejor al resto. Viva la pota que nos parió. Por cierto, ¿ha enviado TVE a Rojo al desierto de la baja, le ha quitado el título de tertuliano de la pública? ¿No? ¿Sí, pero…? Que sea sin vuelta atrás el veto. TVE no puede contar con un señor condenado en firme por mala praxis, por no ejercer la profesión con la honestidad debida. Antena 3, tampoco. Susana Griso debe de poner a este señor en la puta calle para no manchar el buen nombre de Espejo público ni abochornar a la audiencia. Sus potas son nuestros agravios.

¿Existe ya el PSOE?
O sus berridos son nuestro descojone. Como cuando Leticia Sabater dice que “somos muchos los artistas orgullosos de apoyar al PP”. Arte y PP es un sindiós. Igual que Leti y artista es un estrambote. Pero como no hay dos sin tres, aparece por el horizonte el que se retrataba con media España y que saltó al mundo del fango como el Pequeño Nicolás, al que han contratado en Telecinco para visitar las casas de personajes en evidente descomposición e interés entre morboso, lastimero y de perdidos al río. Y ahí aparece la autora de la “Salchipapa”, señora a la que, por segundos, dice admirar la estrella descarrilada de Gran Hermano, Jorge Javier Vázquez, que al parecer es una estatua de sal que, en palabras como cañonazos del primer ganador del concurso, Ismael Beiro, “lee muy bien”, es decir, que Jorgeja lo hace fatal porque sólo está pendiente de seguir el guión mirando a la pantallita. La verdad es que me da igual. Sigo en mis trece y me niego a verme sentado ante la pantalla viendo semejante tontería. El avispado Nicolás llegó a casa de la artista orgullosa de apoyar al PP y ésta en vez de la salchicha le lamió el cogote. Chicote pota viendo lo que esconden las neveras de sus restaurantes. Uno pota viendo imágenes como la mentada. O la convertida en reto nacional a ver quién tiene la santa serenidad de no escupirle a la pantalla con bolas de comida fermentada al ver a una ristra de chorizos encabezados por Rodrigo Rato, Miguel Blesa, o Gerardo Díez Ferrán, el que fuera zorro en el corral de gallinas de la patronal que dijo que había que trabajar más y ganar menos, la pota que lo parió, en el juicio sobre las tarjetas opacas de Caja Madrid. Cuanto peor les vaya, mejor nos irá. Al revés también funciona la idea. Cuanto mejor le vaya al PP, peor nos irá al resto. Y así hasta la pota final. ¿Por cierto, el PSOE existe ya? Ay, Pedro Sánchez, pota un poquito más y vete. Cielo.

La guinda
Al futuro
El martes regaló La Sexta uno de esos programas que ennoblecen a muchas partes, a la cadena que lo emite, al equipo que lo firma, y al espectador que lo ve. Enviado especial quedó en la última entrega como Enviado al futuro, y Jalís de la Serna fue mostrando lo que, cociéndose hoy, en arquitectura, medicina, u otros campos, conformará el futuro. Asombra lo que veremos gracias a impresoras gigantes con capacidad 3D.

miércoles, 8 de junio de 2016

Maldeojos. Webseries



Webseries
(Artículo publicado el martes, 7 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      La cosa ha dado el salto. Empieza a ser una industria. Puede ser negocio. Si empresas gordas como Atresmedia apuestan por las series pensadas para ser vistas en Internet es que ahí huele a dinero. Si no, de qué. De hecho el emporio presentó el viernes pasado en el cine Callao de Madrid su plataforma Flooxer dedicada a este tipo de creaciones y a ese tipo de creadores. En la sala del céntrico cine no se cabía, abarrotada  por un público juvenil, con algún que otro maromo con canas, como servidor. Quique Peinado fue el maestro de ceremonias que presentó el evento con su desparpajo e ironía y desapego habituales –colabora y es guionista de Zapeando, La Sexta-. Los equipos de las series, de las webseries presentadas –El partido, Entertaiment, Temporada baja o la  sorpresa de la noche, Paquita Salas- fueron explicando sus trabajos antes de la proyección.

      Por casualidad, o no tanto, en Soto del Real –a un par de kilómetros de la cárcel donde habita el quinqui Francisco Granados, ranita de la anfibia anura Esperanza Aguirre-, y organizado por el Hotel Prado Real, se celebra el fin de semana la segunda edición del Prado Real Web Fest. Entre las webseries nominadas, algunas de las que se verán en la plataforma Flooxer. En esta segunda edición, también dirigida por el director de cine valenciano Josevi García Herrero, y de cuyo jurado formo parte junto a los actores Jaime Pujol y Álvaro Morte, la directora Eva Lesmes, la productora Piluca Vaquero, y el compositor Josué Vergara, se han incorporado actividades de formación y algo parecido a un incipiente mercado de ideas, con ojeadores que las buscan y creadores que las tienen. Total, el mundo friqui lo es cada vez menos como definición de webserie.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Maldeojos. 500



500
(Artículo publicado el martes, 24 de noviembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Televisión dentro de la televisión, o al menos la televisión que habla de la televisión sin ser una crítica de televisión. Es Zapeando, que ayer lunes celebró sus 500 emisiones. Un éxito rotundo al que este impaciente le dio pocas semanas porque los primeras tardes, y ahí están en la videoteca, eran un lío del copón. El programa chirriaba por todas partes. Recuerdo la grima que me daba Santi Villas, sí, el hermano de la brillante Thais, quizá porque no entendió el formato o porque el formato se andaba buscando. La audiencia le dio la espalda porque Zapeando no era ni una cosa ni la otra, como Albert Rivera, y así me explico bien. Los colaboradores ejercían de críticos de televisión de los vídeos de los programas emitidos el día anterior. Pero recuerdo aquellas primeras tardes como un lío de gallinas donde cada cual cacareaba como podía.

      Pero el equipo, y la cadena, reaccionaron rápido y, sobre todo, confiaban en el programa y no se rindieron –otro caso de tozuda apuesta, pero patética, es el de Un tiempo nuevo, que en Cuatro se desangra cada semana desde hace muchas-. Ajustaron colaboradores, remozaron el decorado, y atinaron en la exposición de contenidos. Miki Nadal, Quique Peinado, Cristina Pedroche, Ana Morgade, o Anna Simón forman un conjunto muy bien avenido. Se divierten allí, y nos divierten en casa. Zapeando es hoy una de las citas más frescas de la tele, y encaja como un guante en el espíritu de La Sexta. Para celebrar los 500 programas, Frank Blanco, que ha sabido pastorear al ganado de colaboradores adoptando el rol de anti presentador, se tatuó ayer algo en su cuerpo. La audiencia se ha convertido hoy en otro cómplice de Zapeando, y ahí reside otro puntal de su fortaleza. 

Equipo visible de Zapeando, que celebra sus 500 programas de emisión.


miércoles, 26 de agosto de 2015



Rotando
(Artículo publicado el domingo, 23 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      Se fue una semana de vacaciones, pero el programa rodaba con la misma soltura. Frank Blanco es el presentador oficial de Zapeando, el que maneja al equipo de colaboradores pero en ningún momento da a entender que es el dueño del cortijo en el sentido en que sí lo hace Jorge Javier Vázquez, que a la misma hora pastorea otro tipo de ganado. En la cloaca de Sálvame suelen tirar de Paz Padilla, una estricta gobernanta con mascarilla de simpática, para que el gran señor descanse un poquito de su agotadora condena. Hay quien ve Sálvame como un programa de humor. No lo vivo así. Hace mucho tiempo que no veo ese picadero, pero es imposible no mancharse con los lamparones de sangre y veneno que escupen sus reptiles, amaestrados, e insensibles ya, para sus despiadados ataques, por muy circenses que sean, y lo son.


      Frente al cansino Sálvame, los de Zapeando tienen ingenio hasta para irse de vacaciones los canallas. En la semana de descanso de Frank fueron los colaboradores, todos, los que se sentaron en la silla principal. Y todos lo hicieron bien. Desde Ana Morgade a la última incorporación, Irene Junquera, colaboradora a su vez de Jugones, esa barra de bar con serrín en el suelo donde a voces se enfrascan en guerras de fútbol. Durante la semana la audiencia ha fluctuado según el presentador fuese Quique Peinado, Miki Nadal o Sara Escudero. Parece que Sara hizo los datos de audiencia más bajos, unas décimas menos que sus colegas, siempre en torno a la media del programa. Es baladí ese dato. Escudero tiene un sentido del humor finísimo, una ironía que da mucho juego. Le queda mucho por demostrarnos. Ánimo, equipo. 

Sara Escudero, del equipo de Zapeando, maneja una ironía muy especial. Y sabe decir sus textos son la soltura de quien les aporta naturalidad y fuerza.