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viernes, 30 de noviembre de 2018

Maldeojos. Qué vergüenza


Qué vergüenza
(Artículo publicado el martes, 27 de noviembre, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Estoy acabando de ver la primera temporada de Vergüenza, la serie producida por el gigante Movistar y emitida bajo demanda para sus clientes. Está protagonizada por Javier GutiérrezÁguila roja, Estoy vivo, o Campeones, la película de Javier Fesser que irá a los Oscar- y por Malena AlterioAquí no hay quien viva, La que se avecina-, y de verdad que es una de las pocas veces que he sentido vergüenza como espectador, pero vergüenza no por ser una mala serie o porque sus interpretaciones son penosas, no, vergüenza porque los guiones de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero te llevan, de la mano de los protagonistas, a unas situaciones de verdad límite, eso que más de uno conocemos como vergüenza ajena. Es terrible. Te quedas pillado ante la pantalla con los momentos de analfabetismo social de este matrimonio que no conoce el pudor.
     Cada capítulo aborda diferentes situaciones –dar la enhorabuena a la vecina por un embarazo cuando sólo es tener un poquito de barriga, dejar los calzoncillos tirados en el bidé con su manchita de caca, y todo, en el día de la visita de los suegros, confundir la amabilidad de la novia a la que Jesús, fotógrafo de bodas, le hace un reportaje, con su pretensión de ligar, o mirar con deseo las tetas de la suegra en una comida familiar-. Los dos grandes artistas, un enorme Javier Gutiérrez y una fantástica Melena Alterio, son el dedo que buscaba el anillo de sus personajes. Sin estridencias, con matices que sólo un actor de alta comedia es capaz de sacar, tanto él como ella parecen ser el Julio y la Nuria, auténticos maestros en cagarla y extrañarse de que los demás se extrañen. Vergüenza es adictiva –ya se graba la segunda tanda- por ver qué será lo siguiente.

martes, 20 de diciembre de 2016

Maldeojos. Sinvergüenza



Sinvergüenza
(Artículo publicado el sábado, 17 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     No es la primera vez que Esperanza Aguirre, portavoz del PP en el ayuntamiento de Madrid, se queja de que los políticos no cobran tanto como la gente cree. Esta pájara, y pido de antemano perdón por si alguien cree que son calificativos gruesos, no tiene ni una pizca de vergüenza. Los políticos no ganan tanto como piensa la gente, dijo hace unas horas tratando de defender a Soraya Sáez de Santamaría, la vicepresidenta, que dejó el coche oficial en el carril bus para hacer unas compras en Primark, al parecer un negocio con precios populares, es decir, al alcance de bolsillos que no pueden permitirse el lujo de ir a tiendas exclusivas. Dijo la sinvergüenza Aguirre que “los sueldos de los políticos no dan para mucho y donde podemos ir es a tiendas ‘low cost’ como Primark”. Esta señora gana al año cerca de 95.000 euros del ala. Al mes, unos 7.900 euros.

     Quiso la casualidad que en el sumario de Más vale tarde, La Sexta, donde vi la noticia, detrás de esta provocación de la señora que sabe de todo menos de la corrupción que la rodeó cuando era presidenta de Madrid, iba una crónica sobre la reivindicación de afectados, asociaciones, y algunos partidos políticos, de la Ley de dependencia, que Míster Rajoy se encargó de gangrenar hasta dejarla cojita, desmejorada, y con fiebre, a punto de fenecer. Habla para el programa una luchadora valenciana que lleva años en la batalla, Elvira Murcia, que padece la enfermedad de huesos de cristal, guerrera por una causa admirable y colectiva. Esta mujer cobra unos trescientos y pico euros. Si Aguirre tuviera un mínimo de decencia, de vergüenza, de empatía, no sólo cerraría el pico sino que dejaría la política por la puerta de atrás, como las ratas.