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lunes, 30 de diciembre de 2019

Maldeojos. La voz rota


La voz rota
(Artículo publicado el sábado, 21 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ni entiendo ni entenderé esa moda absurda, además de faltona con nuestras reglas de gramática, de poner mayúsculas donde en español no se ponen. Es de nuevo la moda del cateto que trata de adaptar al español lo que en inglés puede ser regla. Veamos.  En inglés es común poner un chorro de mayúsculas a casi todas las letras de una frase, eso sí, se pasan, porque no siempre son correctas esas mayúsculas. Pero de lo que sí estoy seguro es de que en español es una falta. No podemos escribir, por ejemplo, La Silla que Mece la Cuna, como no pueden escribir La Voz Kids. ¿Qué es eso? Una de paletos. Ni La Voz ni La Voz Kids ni puñetas. En todo caso La voz y La voz kids. Vale, hasta aquí mi estúpido desahogo que no va a parte alguna. Digo en el titular que la voz está rota porque el formato de talentos infantiles que presenta Eva González ha sufrido, como es lógico en la guerra entre cadenas, las embestidas de la competencia desde el primer día.  

     Era una cabeza a cortar desde que dicho formato abandonó Telecinco y recaló en la otra. Telecinco lo enfrentó a su Got talent, y venció por goleada. Y ahora, cuando llega con agónico fracaso a su final, creo yo que por el agotamiento de las majaderías del jurado, la hartura de la audiencia, y la acumulación de nenes talentosos por encima de nuestras posibilidades de asimilación, anoche va Telecinco y contraprograma con una película de las de audiencia millonaria, una del clásico Jumanji, con Dwayne Johnson. Ahora las finales no son finales sino que se estiran en antes de la semifinal, la semifinal, la final, y lo que viene después de la final. Da igual. Telecinco tratará de nuevo de poner piedras en el camino y romper la voz de Antena 3, a ver si aprende y se deja de tonterías.

martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. La cara de los coches


La cara de los coches
(Artículo publicado el domingo, 29 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Perdonen mi tozuda insistencia, mi pertinaz soplapollez, mi estúpida rebelión, perdonen que vuelva a lo mismo, pido disculpas por dejarme llevar por mis prejuicios, pero ciego de rabia y más tonto que un maíz, no puedo, no quiero hacer otra cosa. Me resisto a usar la palabreja, no me sale, no quiero acostumbrarme a escribir “coaches” y pronunciar con mucho bombo, solemnidad, y burricie “couch” como si fuera normal, y no, no lo es, no es normal llamar “couches” al jurado de un concurso de talentos canoros. Me da igual el tipo de concurso, de grandes, de pequeños, o de todos en la misma cama. Así que los “coaches” no pueden ser otra cosa que coches, dónde va a parar. De golpe, en apenas un par de elecciones, en apenas otra visita al monarca –papá, se ve en una foto manipulada a Felipe VI, me dijiste que cada cuatro años, pero cada dos por tres se me llena la casa con esta peña-, en apenas dos semanas la tele se ha llenado de coches diciendo sandeces de mucho calibre y haciendo unos gestos más repetidos que la letanía de Pedro Sánchez para no decir que en el fondo, con el inestimable apoyo de Pablo Iglesias, ha trabajado duro para hacer presidente a Pablo Casado, ayuda de escoba en Moncloa al guiñol  Albert Rivera, y bruja para noches de tormenta a los vaqueros de Abascal. Puestos a votar todos los años, se comenta también en redes, prefiero Eurovisión. Mientras sí es sí o no es no, Antena 3 se ha puesto hasta arriba de farsantes que se lo llevan crudo en ese tinglado comercial que lleva por nombre La voz kid. Menuda broma. No valoro a los que salen porque son niños, y no me da la gana entrar en el juego de esa loca oca, allá papá y mamá con su responsabilidad. Me quedo con los adultos y sus pantomimas, tan falsas como los nervios de David Bisbal con la mano detenida en el puto botón para elegir a los niños de su equipo, tan alucinantes como los “mi vida” de Rosarillo, la más petarda de las Flores, la más jipi de pacotilla, la de los piños encalados, en fin, que el huevón Melendi me deja hielo en la pantalla de la tele. ¿Es que alguien se cree a Eva González, que no es coche sino presentadora, en la escena detrás del cristal, con el papá y la mamá, y la abuela y quizá el hermano mayor del nene que canta por Lola Flores? Es, como dicen los políticos de los otros, un teatrillo.

Frío rencor
     La otra cadena puso el reló de la caza del distinto a la velocidad de la luz para conseguir que Got talent se estrenara el mismo día que La voz kid y hacer pupa, claro. Dice quien lo conoce que Paolo Vasile es un tipo sin piedad, un tipo frío y rencoroso, ese tipo de personas que si no te la dan a la entrada te la dan a la salida. No le va mal a Telecinco con él. Es más, le va de perlas. No hace ascos a nada, si ve que hay negocio. Como tiene que ser en una sociedad de capitalismo radical. A lo que voy. En Got talent no existe la figura del coche, en el sentido que se le da al coche en La voz kid, pero sí hay jurado tal como uno entiende que es un jurado, es decir, quien dictamina, quien decide si sigues o no sigues sobre la pista. Y también hay primeros planos con la cara de Risto Mejide, el candidato Mejide –ya se lo contaré otro día, pero así, resumida, la cosa consiste en que, tal como estoy diciendo, en Telecinco, y en La fábrica de la tele, cualquier cosa sirve para hacer caja, negocio, meter bulla, y rebajar la solemnidad de algunas cuestiones sin que les tiemble el pulso ridiculizando, parodiando, o descojonándose de las mismas sin complejos, y es cuando surgen ideas chocantes, como la de Todo es mentira, programa que  ha creado su propio partido político con intención de presentarse a las elecciones con un nombre que no deja lugar a la duda, Peor no lo haremos, o sea, el PNLH-, pues eso, que en Got talent también hay primeros planos con las cejas hirvientes de Risto, con su gesto de indiferencia o asco, con la dulce sosería de Edurne, con la cara de sardesca de Paz Padilla, con la de “pasmao” del nuevo, Dani Martínez, que no sé por qué se le relaciona con el humor cuando lo suyo siempre ha sido eso, ser “un tontaco” de libro, un sin gracia, un pesado.

El niño Errejón
     Seguro que lo saben, pero el niño del tambor ya no es el niño del tambor de hojalata de Günter Grass sino Hugo, Hugo Molina, nacido en las ascuas sin piedad de Mediaset y paseado como trofeo por la cadena después de hacer que Santi Millán, otro que pone unas caras muy estudiadas detrás de las cortinas de Got talent en planos como robados, dijera al tamborilear la criatura una pieza con olor a semana santa, “me cago en diez”, es decir, joder con el nene, no me lo puedo creer, vaya talento, o vaya “talent”, siguiendo con la nomenclatura de estos concursos, que arrinconan el español porque en inglés parece que el talento de los “kid” es menos rotundo que si dices “talent”, que es la releche. Total, que nació una estrella, otra para usar y tirar. De hecho, el chiquillo, con papá y mamá de su mano, ya se sentó junto a Emma García –aún no como hormonado de esa peste llamada Mujeres y hombres y viceversa- en Vida la vida, cita en Telecinco que recoge residuos que ella genera. Hablando de críos, y de talentos y habilidades, ha irrumpido en las últimas horas uno que lo está petando más que el Huguito del tambor en Telecinco, o que el otro chiquillo de la semana, Hugo Sánchez, esta vez en Antena 3 con una saeta. Mediaset y Atresmedia, en guerra con la pasión de Cristo. Una pone el tambor, la otra la saeta. Y Bisbal, de nuevo, el ridículo. ¿Qué virgen llevas colgada?, pregunta la Flores. Es mi Jesús Nazareno, dice el niño, ole, dice Rosario. El niño saca una estampa, la besa, mira al cielo, y empieza a hacer pucheros. Ay, corazón, mi vida, qué bonito, dice la que tiene un gato que hace ay, ay, ay. Todos corren a abrazar al chiquillo. Bisbal, inspirado, suelta un “qué bonito que te emociones con Jesús”. Es el momento en que mi cabeza explota. Del niño Íñigo Errejón, que irrumpió como un tornado, si eso, hablamos otro día y vemos a qué concurso va.

La chispa

Está viva
La tercera temporada de Estoy vivo –jueves, La 1- ha vuelto tan viva y adictiva como la primera. Una vuelta de tuerca, un apocalipsis en la trama, se llevó por delante a tres de los personajes más emblemáticos. Pero seguro que no es lo que parece. Javier Gutiérrez y el maravilloso Alejo Sauras como el Enlace entre la tierra y la realidad paralela de La Pasarela se han quedado como caras visibles de una serie emocionante y valiente.  

miércoles, 15 de junio de 2016

Maldeojos. Atención, niños



Atención, niños
(Artículo publicado el martes, 14 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      No es casual. Me niego a pensar que lo sea. Han abierto la jaula, y han dejado salir a los niños a golpe de látigo en connivencia entre cadenas y papás. Todo por la pasta. Que no me vengan, ni me vendan, historias edulcoradas, monsergas sobre la ayuda a los otros, que no nos tomen por cretinos, que detrás de la ola de nenes en la pantalla hay adultos que no tienen escrúpulos. Los hemos visto bailar, cantar, mostrar sus habilidades, ahora los sacan como monos de feria entre políticos de diente retorcido que salen a por todas, que son capaces de ponerse las ropas de corderito y abrazar a los peques con la mejor de sus sonrisas como abrazan a pensionistas con una mano mientras la otra le recorta por la noche, sin focos, la prestación. Subida a esta marejada de niños en acción, la productora Magnolia TV –Supervivientes, o Gandía Shore, ejemplos de televisión bajuna, zafia, de entretenimiento grosero que vende valores que abochornan y degradan- prepara un GH para críos con la excusa de que así los padres verán qué hacen sus nenes de 4 o 5 años.

      No hay encierro, no hay nominaciones, no es un Gran Hermano al uso, faltaría más, es un “programa documental”, dice la productora, tócate la mazorca. Qué barbaridad. Ya han empezado las audiencias para elegir a los niños. Ellos no tienen poder de decisión. Detrás, los padres. Es que la niña quiere ser cantante, y por eso se presenta a La Voz Kids. Es que el niño es un artista bailando, y por eso lo llevamos a Pequeños gigantes. Es que mi crío quiere ser tertuliano, o político, y por eso sale en 26J. Quiero gobernar. Con la jaula abierta, todo es posible. Todo por la pasta. Lo que me descoloca de los nenes espiados es que no es para Telecinco sino para el canal #0 de Movistar.



viernes, 18 de marzo de 2016

Maldeojos. La autoestima



La autoestima
(Artículo publicado el jueves, 10 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Qué daño está haciendo a este país la autoestima. Lo dice Joaquín Sabina. Yo también lo creo. Los concursos que pueblan las pantallas, de toda clase y condición, de los que aspiran a cantar, o de los que se encierran para exhibirse porque sí en casas que hieden a perro muerto, a idea frita y achicharrada. Cuántas veces hemos oído a un cretino decir que en su puta vida, por ejemplo, ha leído un libro, que él es así, que no piensa cambiar, y ha recibido un montón de mensajes de apoyo en los que le animaban a eso, a “sigue así, no cambies nunca”. ¿Que no cambie nunca un penco que sólo tiene la barriga hecha tabletas pero la cabeza le funciona con el culo? Cuando veo a esos chiquillos que apenas tienen 12 o 13 años cantando en Got talent, o en La voz kids, o en cualquier otra infamia repetir como papagayos que el premio es estar ahí, y que van a darlo todo, y que ellos son así, se me eriza el pelo, y pienso, otra vez, en lo mal que lo estamos haciendo.

   Qué daño está haciendo a este país la autoestima. Como eres así, pues nada, te quieres como a nadie, y está bien, pero esa ceguera impide que veamos nuestras carencias. A las redes salta de vez en cuando una frase-idea que no deja de ser un retrato feroz de nuestra sociedad. En una pizarra, de las que hay a la puerta de los bares y restaurantes de menú, se lee esta frase, “no olvides nunca que sabes leer y escribir gracias a los maestros, no a los futbolistas”, dice la sentencia. Cambiemos futbolistas por figuras de la canción ligera, o peor, por referentes salidos de concursos como Gran Hermano o de encharcados platós como el de Mujeres y hombres y otros berzas, donde todos, pero todos, tienen la autoestima cerca de Plutón. Un Nobel de Medicina no la tiene así.

martes, 15 de septiembre de 2015

Maldeojos. Insufribles



Insufribles
(Artículo publicado el sábado, 12 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Digo como dice Matías Prats anunciando seguros tan afectado y tieso, permíteme que insista. Pues eso, permítanme que insista en la capa exterior de La Voz Kids. Me quedo con la envoltura porque si ésta me encocora, el meollo me espanta y provoca palabras y pensamientos poco nobles. El estreno del programa hizo un escandaloso 28%, es decir, más de 4 millones de personas viendo la llamativa barraca que exhibe a críos con el apoyo tóxico de sus papás. Dejo a un lado a los críos, y sobre todo a los papás, porque de ellos no es el reino de los buenos. Me quedo con los llamados –cuánto cateto suelto- coaches. Resumo sus caras teatrales y sus intervenciones sin fuste aprovechando la actuación del gitanillo saleroso que cantó con la mano en el bolsillo, más chulo que un ocho. 

      Te llamas Antonio, eres gitano, eres que no se te puede aguantar –literal, ella es así-, que yo te voy a hacer cantar a ti con ese arte que tienes que nos vas a hacer llorar a todos, con ese cuerpo tuyo y esa cara tuya, así que vente conmigo, Antonio, gritaba Rosariyo con sus piños recién encalados, su cortedad, y su hatillo de tópicos verbales con los que sale al paso, la pobre. Antonio, gorrión, tú tienes que volar conmigo, que me ha encantado el punto de cantar con la manita en el bolsillo, mira, nos has emocionado, y merece la pena venir a este programa por escuchar a gente como tú, decía Manuel Carrasco, el más creíble y natural. Totalmente, soltaba desde la esquina el enervante David Bisbal. ¿Totalmente? ¿Totalmente qué, tarugo? Mira, Antoñico, yo te voy a decir una cosa, empezó el hueco simplón. ¿Antoñico? Suficiente. Vamos, yo cojo al niño y me largo. 

Vaya par. A cuál más simple y falso. Lo del cantante de las piruetas supera todo lo imaginable. Esas caras en trance y esa verborrea de paja ponen al programa en su sitio, pero a la gente, y sobre todo a los padres, no le importa. Pues que lo disfruten. Pobres críos.

sábado, 3 de enero de 2015

Maldeojos. El muerto al hoyo



El muerto al hoyo
(Artículo publicado el viernes, 2 de enero, en diarios de EPI PRESS)


      Si yo fuera familia directa, de la que decide sobre alguien cuando ese alguien ya no está, quizá hubiera hecho lo mismo que ha hecho la familia de Tomás San Bartolomé, que falleció después de grabar el especial para el día de Nochevieja que Pasapalabra, lo de Telecinco, pensaba emitir esa tarde. El concursante ha muerto unos días antes de esa emisión, y la cadena estaba dispuesta a no emitir el programa, pero la familia ha dicho que sí, que puede servirle a Tomás como un homenaje. ¿Recuerdan que pasó lo mismo con la niña valenciana Iralia Latorre, con cáncer, y concursante de La Voz Kids? Murió antes de la última emisión en la que la niña aparecía, y también la familia dio su permiso. ¿Usted qué haría? ¿Daría permiso?

      Yo creo que sí. Está claro que como padre jamás llevaría a un hijo a un concurso de la tele, pero si consiento dar ese primer paso, y lo llevo a que pelee por ser contador de chistes o aspirante a David Bisbal, vería en esa emisión póstuma un homenaje a su carrera, truncada tan de repente. El 2014, por tanto, se cerró en este aspecto con mal fario para Telecinco. Pero el negocio sigue, y esa desgracia hay que aprovecharla. Cosa legítima. La misma cadena fue la encargada de avisar de lo que había ocurrido para rentabilizar en audiencia la desgracia. Pero para uso torticero de la muerte el que hizo Raquel Sánchez Silva semanas después de la muerte de su marido, el cámara Mario Biondo, que coló como primera entrevista como viuda en el programa de Ana Rosa lo sólo era un patrocinio de Sony, cuyo móvil exhibió con descaro. 
Una de las últimas imágenes del concursante Tomás San Bartolomé con el rosco de Pasapalabra, uno de los pocos programas dignos de Telecinco, concurso que puedes ver sin que se te caiga la dignidad al suelo hecha pedazos. Tomás murió antes de la emisión de su última aparición en el especial de Nochevieja. Pasapalabra lo presenta con gracia y soltura Christián Gálvez.