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miércoles, 15 de junio de 2016

Maldeojos. Atención, niños



Atención, niños
(Artículo publicado el martes, 14 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      No es casual. Me niego a pensar que lo sea. Han abierto la jaula, y han dejado salir a los niños a golpe de látigo en connivencia entre cadenas y papás. Todo por la pasta. Que no me vengan, ni me vendan, historias edulcoradas, monsergas sobre la ayuda a los otros, que no nos tomen por cretinos, que detrás de la ola de nenes en la pantalla hay adultos que no tienen escrúpulos. Los hemos visto bailar, cantar, mostrar sus habilidades, ahora los sacan como monos de feria entre políticos de diente retorcido que salen a por todas, que son capaces de ponerse las ropas de corderito y abrazar a los peques con la mejor de sus sonrisas como abrazan a pensionistas con una mano mientras la otra le recorta por la noche, sin focos, la prestación. Subida a esta marejada de niños en acción, la productora Magnolia TV –Supervivientes, o Gandía Shore, ejemplos de televisión bajuna, zafia, de entretenimiento grosero que vende valores que abochornan y degradan- prepara un GH para críos con la excusa de que así los padres verán qué hacen sus nenes de 4 o 5 años.

      No hay encierro, no hay nominaciones, no es un Gran Hermano al uso, faltaría más, es un “programa documental”, dice la productora, tócate la mazorca. Qué barbaridad. Ya han empezado las audiencias para elegir a los niños. Ellos no tienen poder de decisión. Detrás, los padres. Es que la niña quiere ser cantante, y por eso se presenta a La Voz Kids. Es que el niño es un artista bailando, y por eso lo llevamos a Pequeños gigantes. Es que mi crío quiere ser tertuliano, o político, y por eso sale en 26J. Quiero gobernar. Con la jaula abierta, todo es posible. Todo por la pasta. Lo que me descoloca de los nenes espiados es que no es para Telecinco sino para el canal #0 de Movistar.



lunes, 17 de noviembre de 2014

Maldeojos. Íñigo Errejón



Íñigo Errejón
(Artículo publicado el sábado, 15 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

      Niño Íñigo, coño, de dónde has salido. Uno te ve en casa, con el volumen quitado, y sin saber qué haces, qué representas, de dónde vienes, discutiendo por la noche con una hiena como Eduardo Inda, y enseguida piensa en la dejadez de tus padres, que te dejan estar fuera de casa a esas horas, en concreto en La Sexta Noche, jolín, en vez de estar con ellos apoyándote desde la grada mientras tú, querubín, cantas en Pequeños gigantes y mamá, llorando, murmura la letra. Pero no, Íñigo Errejón no es así, te veo y escucho con el volumen normal, te veo en La Sexta Noche, frente a una hiena como Eduardo Inda, y sobre todo te escucho embelesado porque te comes a la hiena sin levantar la voz, y la dejas en ridículo por ser tan pesado preguntando otra vez sobre ETA y Podemos.

      Tiene cara de crío, es verdad, de muchacho imberbe, como poco cocido, pero esa cara y su cuerpecillo de aguja se desvanecen como la bruma de la mañana en cuanto habla. Lo hace con seguridad, pero sin altivez ni arrogancia, y eso se agradece en un tiempo de platós viciados por el escupitajo verbal lanzado no para convencer desde la reflexión sino para anular con el improperio gritón. Forma parte del trío La la la, es decir, Juan Carlos Monedero, Íñigo, y la estrella Pablo Iglesias, la santísima trinidad política que, según MariCospe es el diablo que acabará con la democracia. Estas tonterías logran, según vemos en los sondeos, el efecto contrario. El padre, el hijo, y el espíritu santo se reparten las televisiones, menos La 1, donde están vetados. A ver si vemos a Íñigo por allí antes de que le salga barba. O la dirija alguien del trío. 




El Niño pudo con la hiena, que sólo atinaba a preguntar una y otra vez sobre los vínculos de Podemos con ETA, una soplapollez por la que La Hiena se verá en los tribunales con el líder del partido. Pero Íñigo Errejón, tranquilo, con un coco privilegiado, se lo fue comiendo por patas. Qué nene. Qué coco tiene este señor.


lunes, 22 de septiembre de 2014

Maldeojos. Broadchurch



Broadchurch
(Artículo publicado el sábado, 20 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

      Desde el principio. La serie que el miércoles estrenó Antena 3, Broadchurch, es de las que se enganchan al espectador, a este espectador, y no le dejan porque tú no quieres que te dejen. La cadena, para luchar contra el Pequeños gigantes de Telecinco, emitió dos capítulos, pero por Jesús Vázquez y sus pequeñines –no, gracias- que me hubiera tragado otros tantos. Broadchurch viene avalada por varios premios Bafta, los premios que da la academia de televisión británica, y por una oleada de espectadores en todo el mundo. Viendo esos soberbios capítulos no sólo comprendí esa adicción sino que yo mismo me convertí en adicto, y a los pocos minutos. Justo desde que sabes que el niño, Danny Latimer, Oskar McNamara, no ha muerto por voluntad propia. ¿Quién lo ha matado del pueblo si al parecer muchos pueden ser los asesinos?

      La factura de la serie, su cuidada imagen, el extraordinario rédito que se saca a una producción que suple su modesto presupuesto con una desbordante eficacia y talento, la convierten en un producto de primera. Yo no conocía a sus actores principales, a David Tennant, el inspector Alec Hardy y, sobre todo a Olivia Colman, la inspectora Ellie Miller, que está un paso más allá de la grandeza. Y no son ni jóvenes ni guapos. Ni se quedan en bolas antes de saber de qué va la historia, ni se escribe el guión en bloques pensando en los diferentes espectadores según edades. Es decir, Broadchurch es una envidia comparada con algunas series nacionales. Y eso que aquí he defendido, y lo seguiré haciendo, los buenos productos patrios. Pero si hasta se atreven con virguerías narrativas y atrevidos encuadres. No se la pierdan. Los miércoles, Antena 3. 

Imagen promocional de la serie. Con Olivia Colman, como la inspectora Ellie Miller, y David Tennat, como el inspector Alec Hardy. Con pocos recursos, gran serie. En esa playa ocurre la tragedia que, seguro, se ha ido cociendo en Broadchurch, el pueblo.