miércoles, 26 de marzo de 2014

Maldeojos. Se nos fue



Se nos fue
(Artículo publicado el martes, 25 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      Me gustó mucho el cariño, respeto, consideración, y emoción con que Antonio García Ferreras, director de La Sexta y de la tertulia matinal Al rojo vivo, despedía el viernes el programa, horas después de saberse que Adolfo Suárez “se nos va”, dijo el periodista dando a entender con esa frase que es algo de todos, que no se va cualquiera, que quien se va forma parte de este país, de nuestra memoria. Cómo me fascina el lenguaje, esa capacidad suya para  enmarcar, embellecer, centrar, y matizar los mensajes. Podía haber dicho, Adolfo Suárez se muere, Adolfo Suárez está en su fase final, pero no, mirando a cámara, con su mano izquierda abierta, moviéndola a golpe de palabra, dijo, Suárez “se nos va”. Aunque seguro que él también le atizó en su día –como lo hicimos tantos en la otra punta de sus ideas-, esa frase resume el reconocimiento, con todas las sombras que se quieran, como gobernante a favor de la democracia en este país. 

      El hijo del ex presidente, Suárez Illana llamó a los medios de comunicación como se convoca a la familia, y como ante ella no hay casi nada que ocultar, al final se vino abajo y se le encendieron los ojos. Pero los medios son canallas, y un difunto en vida es una atracción irresistible. Y ahí, en ese punto, es donde me pregunto cosas. La imagen de los reporteros a la puerta del hospital me recordaba la de las aves carroñeras a la espera del “inminente desenlace”. Esa cuenta atrás elevó la agonía a categoría de espectáculo. Ninguna cadena se quedó atrás. El último servicio de Suárez a España fue morir en el tiempo previsto. Me sigo preguntando lo mismo. ¿Por qué se anunció 48 horas antes la muerte del aún vivo? ¿Otro servicio a la Corona?

Funeral de Estado de Adolfo Suárez, que por unas horas consiguió algo parecido a una ilusión, la de hacernos creer que la política sirve para algo más que para salvar los muebles de cada partido, como si el ciudadano fuera una presencia inevitable, pero que estroba al interés de esas grasientas maquinarias de poder.


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