sábado, 6 de abril de 2013

Teatro. Pura Envida. Sábado, 6 de abril de 2013




Pura envidia

      A la gente del grupo, a los que no fueron de Pura envidia pero lo vivieron de cerca. A la gente que nos vio sobre el escenario, a la gente que se habrá preguntado alguna vez -¿lo habrán hecho?- qué fue de aquel grupo de teatro que surgió, creció un poquito, hasta le dieron un premio –el Murcia Joven-, y desapareció. A la gente que sin ser del grupo lo vivieron desde dentro y nos vieron crear, avanzar, retroceder, imaginar, disfrutar, y tomarnos muy en serio lo que hacíamos. Pura envida fue algo más que un grupo de teatro nacido en 1991-92. Pura envidia resultó ser con el tiempo la excusa para vernos y comer juntos en Aljucer, para entendernos y disfrutarnos, para no dejar de vernos, para alegrarnos como chiquillos cuando nos llamaban para actuar en Cartagena, en Mula, en Loja, en Murcia…

      Pura envidia era ensayar en el sótano de la casa, abrir la puerta del garaje y montar coreografías deteniéndonos con solvencia profesional si algún vecino entraba con su coche a su casa -y como apunta el coreógrafo y bailarín Mario G. Sáez, que con Ángeles Angulo son el alma de Erre que Erre, que hoy dan la vuelta al mundo con sus espectáculos de danza, quizá aquélla fuera su primera coreografía-, era investigar nuevas maneras de decir los siempre nuevos versos de Lorca, era creer en lo que hacíamos y crecer sin darnos cuenta. Bueno, hay que decir que uno –yo- ya estaba más crecido que otros –ellos-, que eran unos bebés.
¿Qué salió de todo aquello? Dos montajes. Uno, La condena del hereje. Dos, Federico, tópico atípico. El primero, La condena del hereje, un disparate, quizá una ingenua provocación, un divertimento visual, un desparrame. Fue empezar desde cero. Haciendo ejercicios de voz, improvisando, ejercicios para perdernos el pudor, para gritar, para controlar los registros de voz, tomando y descartando ideas, fijando imágenes, caminar cada tarde por el filo de la investigación aunque en aquellos momentos sólo era un juego. Nunca supimos a dónde queríamos llegar, pero jamás estuvimos quietos. Nos daban las tantas ensayando, y el tiempo volaba como sólo vuela cuando el disfrute es mucho. Sólo cuando creímos que el grupo era un grupo iniciamos el ensayo en firme del primer montaje. Y estrenamos en el Teatro Romea. Era el 16 de diciembre de 1992, a las 22´30 de la noche. Tengo entendido que en las primeras escenas, una especie última cena, con una mesa larga vestida de blanco y cuencos de colores, algunos espectadores se salieron. Quizá para la época era excesivo empezar la función con un deseo imperativo.

-Chúpamela, decía el personaje.
-No, ahora no, contestaba otro.
-¿Por qué no?
-Porque no me apetece.

      Y así hasta un desvarío de imágenes, situaciones, paralelismo entre la realidad y la ficción, parodia de programas de televisión, de las religiones.
El segundo montaje, Federico, tópico atípico fue más serio, una máquina perfecta que en su hora y pico de duración repasaba al Federico García Lorca más tópico, que el grupo hizo atípico por su forma de exponerlo, de presentarlo sin folclores, descarnado, haciendo de los poemas un cuerpo dramático que conformaba un mundo que nosotros quisimos que fuera su mundo. Con el tiempo descubrimos que algunos recursos visuales –sobre todo jugando con la iluminación de linternas que usaban los actores para enfatizar situaciones, versos, poemas enteros- fue un recurso que también vimos en grupos de vanguardia de primera fila en el país.

      Hoy, cuando han pasado 20 años, esta entrada quiere revivir aquel tiempo, aquella gente –algunos dedicados a lo que siempre quisieron ser, creadores, bailarines, coreógrafos-, aquella ingenuidad arrolladora y creativa. No, no hay melancolía paralizante. Todos seguimos en contacto, sabiendo qué es de nuestra vida, dónde estamos. Y por qué. Hace unas semanas quisimos volver a juntarnos. No pudo ser. Pero será. Valgan estas palabras, estas fotos, para paliar ese primer intento fallido. 


Yo me lo sigo, yo me lo como. Todos hacíamos de todo. Tomando medidas para La condena del hereje. Virginia Arróniz toma medidas a Juan Ramón Prieto.

 
Saludo final de Federico, tópico atípico. De izquiera a derecha, Abraham Hurtado, Melisa García, Vanessa Fernández, Antonio Ángel Iniesta, Susana Baño, Virginia Arróniz, y Juan Ramon Prieto.



 
Escena de La condena del hereje, en el Teatro Romea de Murcia. 16 de diciembre de 2013



 
Sofía Verástegui en un momento de su estelar personaje


 
Foto para el afiche de la función Federico, tópico atípico. La hizo el pintor Antonio Martínez Mengual


Esta fotografía se hizo en el sótano de la casa de Aljucer, también para el montaje de Federico
 
Resultado final. Cartel para una de las actuaciones del grupo, en este caso en Cehegín. Fue el 10 de marzo de 1994


Cartel para La condena del hereje. Lo hizo Antonio Martínez Mengual, muy implicado con el grupo

Uno de los guiñoles que usamos para un poema de Lorca.

Cena en una venta después de una actuación en algún pueblo

Memorable viaje a Dílar después de una actuación en Loja con el Federico más tópìco y más atípico gracias a Manolo Pelayo, que asesoraba la concejalía de Cultura de la ciudad granadina.

Otro momento de aquellos días en Dílar, con un grupo desmadrado y feliz.


Carlos Zuñel, otro Pura Envidia de pura cepa, y Julia López, durante una cena del grupo después de una actuación -¿en Cehegín, en Mula?-.

2 comentarios:

  1. Una experiencia única. Me gusta esta frase "Sólo cuando creímos que el grupo era un grupo iniciamos el ensayo en firme del primer montaje".
    Besos Cipri

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  2. Besos, amigo, que la vida te sea favorable. Sí, fue una experiencia maravillosa.

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