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lunes, 4 de diciembre de 2017

Maldeojos. Miedo



Miedo
(Artículo publicado el martes, 28 de noviembre, en diarios de EPI press)

     No sé si me dio más miedo ver a Risto Mejide en el estreno de lo nuevo de Chester hablando de miedos, o ver a la primera invitada, Mari Tere Campos. No sé qué les pasa a estas señoras, las Campos, digo, pero pones la tele y siempre hay alguna con lágrimas en los ojos por una cosa o por otra. Tampoco estuvo mal el mismo domingo ver, sobre todo ver, al mismo Mejide hablando del estreno de la segunda temporada de Chester con la inquietante Toñi Moreno en Viva la vida tratando de descubrir quién es Risto Mejide, pero sin chuminadas, tratando de llegar al fondo del meollo. Ves eso y te dices ya puedo morir. Pero no, la ficción de la tele es más dura que la realidad. Aún no había pasado por Viva la vida ¡el resumen del paso de Terelu por Sálvame!

     Aterrador. Conchita le hizo un polígrafo a la señora, que para la ocasión se vistió con brillos verdes y azulados de vecina que va de boda y quiere ir más llamativa que la madrina, o al mismo nivel. Habló de sexo, otra vez. Con eso lo digo todo. Yo no la vi, por supuesto. Lo sé porque su paso por el De Luxe lo resumió mi prima Toñi con un corro de lenguaraces que analizaron los pormenores de la vida de la eminente hija, que ocupó el lugar que había dejado la madre como la pringue se derrama por la olla en cuanto hierve. Todos ven comedia en esta saga, pero yo sólo veo drama. A mí me dan miedo, qué quieren que les diga. Con la ración de Campos de la tarde no tuve que ver la entrega de Chester. Suficiente. La cotización del canguelo se puso el domingo tan por las nubes que hasta Joan Manuel Serrat dijo en Salvados que le da miedo “la mentira de una Cataluña low cost”. Cuando llegaron Zapatero y Mas estaba anestesiado.

viernes, 3 de febrero de 2017

Maldeojos. Ni así



Ni así
(Artículo publicado el martes, 31 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Telecinco le ha visto las orejas a la loba Antena 3. Vale que diciembre, después de 27 meses imbatible, le ganara el mes por unas décimas la de Atresmedia, pero ojo, se acabó la broma. Durante enero Antena 3 ha seguido chulita, unos pasos por delante de la otra. Pero todo tiene un límite. En la última semana Telecinco se ha vuelto loca y ha decidido plantar cara. Fíjense si se ha tomado en serio lo de ganar el mes, que sin pudor ni arrobo, sin vergüenza ni recato ha echado mano de una señora a la que había echado de su reino sin contemplaciones por si al entrar a Gran Hermano VIP la audiencia hacía palmas con las orejas y llevaba el programa a audiencias históricas. Y sí, lo consiguió. Pero al revés. La señora Aída Nízar consiguió bajar la audiencia del programa. Hala. Pero los cañonazos de esta guerra para llegar a fin de mes se han diversificado.

     El fin de semana se lo suele llevar Antena 3 con sus películas de saldo y mocos. Así que Telecinco ha decidido emitir un Pasapalabra sin descanso, de lunes a domingo, aunque suponga cortarle una horita a la madre Teresa Campos, que tendrá más tiempo para irse a casa y disfrutar del amor junto a Bigote Arrocet y de camino dar a la audiencia un respiro. ¿Terminan aquí las novedades, la reacción loca de Telecinco, que sabe que la visita de Isabel Pantoja a El hormiguero no es cosa menor? Qué va. Y por eso, de nuevo con el clan de las malagueñas, decidió estrenar el domingo ¡Mamá, qué bien te conservas!, otra entrega de ese horror llamado Las Campos. Y además volvió a emitir Ocho apellidos vascos. Conclusión. Telecinco ha ido tirando con cuatro gilipolleces. Ahora tiene que afinar la basura que echa al ganado. Pues bien, ni por esas.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Maldeojos. No pasa nada



No pasa nada
(Artículo publicado el sábado, 19 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     A ver, ¿recuerdan que les hablé aquí un día del estreno de una cosa llamada Algo pasa con Ana en Dkiss, una de los últimos regalos del Gobierno a empresas de televisión que han montado chiringuitos con programas que dan vergüenza, sarpullido, comprados en el mercadillo de los jueves a las cadenas yanquis, que los venden a saldo, y cuando se ponen a hacer producción propia les sale este Algo pasa con Ana para descubrir que con Ana no pasa nada porque el gran truño sólo interesa a una audiencia residual? Uno no es un lince, pero tiene olfato. Lo que haga o no Ana Obregón hoy ya no es negocio en televisión. La misa del domingo o la prédica de un imán en los programas religiosos de La 2 los ve más público que este engendro donde la señora Obregón flipa.

     Está claro que estos productos, donde celebridades, aspirantes, ególatras, y gentes de variado pelaje juegan a enseñar su día a día, bajo guión y estandarte de los productores, no tienen nada que ver con su día a día, pero igual que el insufrible y aburridísimo Las Campos, mamá Teresa, e hija Terelu, tenía algún punto de conexión con la realidad, lo de Ana Obregón es tan falso -¿ha terminado ya?- que no sólo aburre sino que insulta. Dkiss, que apostó por esta tontería, de la mano, atención, de Globomedia, se estará tirando de los pelos. Si Globomedia, la productora de trabajos como El intermedio, o Águila roja, quería abrirse a otro tipo de productos, está claro que eligió no mal sino peor. Dijo la bióloga que “tengo derecho a que me conozcan de verdad”. Y la audiencia, querida, a dejarte con tus delirios. Nada pasa con Ana.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Maldeojos. Ana y los otros



Ana y los otros
(Artículo publicado el domingo, 18 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Llevo unos días, desde que llegué a casa después de haber estado casi una semana en el FesTVal de Vitoria, preguntándome la misma cosa de forma obsesiva. ¿Hay algo peor que ver a Ana Obregón así, sin esperarlo, cuando tú tratas de salir del ascensor y ella de entrar? Les aseguro que lo hay. ¿Hay algo peor que ver dos veces a Ana Obregón en el mismo día, tenerla a cuatro palmos, casi oler los litros de silicona, y advertir que el desastre es del tipo catástrofe sin vuelta atrás porque no tuviste ovarios de darle un manotazo al cirujano o al que te echó tanto botox en las mejillas que te dejó la naricilla atrás, entre los pómulos, como una gorrina que da entre escalofrío y carcajadas? Lo hay. Hay algo peor. Verla en el ascensor, y verla entrar al restaurante donde estás comiendo y quedarte con la merluza en el aire porque ha llegado ella buscando mesa, paseándose por el salón diciendo hola, hola a todo el mundo, y acercarse a la camarera para que, ay, a ver si pueden quitar el aire, que tengo mucho frío. ¿Dicho en susurros? No, ella es Ana Obregón. Que se oiga bien. Pues va a ser que no, guapa. Lo que puede hacer es ponerse allí, donde apenas se nota, le dice la camarera. ¿Hay algo peor que ver a la Obregón dos veces en el mismo día? Sí, verla en el ascensor, en el restaurante, y grabando Algo pasa con Ana, que emitirá DKISS, una de las últimas concesiones en la TDT que rellenan su programación con infames subproductos yanquis –El rey de las tartas, Enterrado en mi basura, o Los peores tatuajes, basura catódica sin paliativos- . Algo pasa con Ana es otro incomestible producto en la línea de Alaska y Mario o Las Campos. El problema de esta señora es no saber parar. No saber dónde termina su vida real y empieza la fingida, creyendo que lo que hace para la tele se lo tomará la gente como si fuera la real. Y sale falsa, sobreactuada, y vacía. Así que qué importa lo que le pase a Ana.

La fatuidad con tetas

     Hablo tanto de un producto que ni siquiera veré porque he tenido la suerte de ver sus tripas antes de que se emita, y porque frente a ese concepto de entretenimiento huero, sin pulso, por Vitoria, como es lógico, ha pasado otra forma de entretener, otros nombres y productos que hacen de la televisión un medio noble que no avergüenza. La última noche de mi estancia en la capital alavesa, cenando en el comedor del hotel Lakua, y en apenas unos metros, se consiguió un retrato casi fiel de la oferta televisiva. Como no hay cosa peor que ver a la Fantástica tres veces en un día sino verla cuatro, pues eso, en una mesa comía Ana Obregón, la fatuidad con tetas, con el equipo de Globomedia -¿qué hará Globomedia, la de Zapeando, El intermedio, El club de la comedia, El objetivo, apostando por este tipo de caquitas de perra emperifollada?-, y en otras algunos premiados de la noche como Iñaki Gabilondo, Andréu Buenafuente, o María Casado, además de José Sacristán. El contraste entre la inanidad de una y el peso humano, intelectual, o de mera dignidad de los otros era abismal. Iñaki Gabilondo firma hoy, para #0, la cadena de Movistar, tal vez la más atrevida y dinámica del panorama, uno de esos programas que nacen con el sello de clásicos y que algún día servirán para entender mejor, como lo hacen hoy, la sociedad que nos tocó vivir. Es Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años, que va conformando una galería de eminentes físicos, biólogos, matemáticos, astrónomos, en fin, gente como el científico venezolano José Luis Cordeiro, que decía en la segunda entrega de la serie que dentro de 20 ó 30 años veremos la muerte de la muerte, que la muerte será opcional. Cuando el periodista Jon Sistiaga, sobre el escenario del teatro Principal de Vitoria, en la gala de clausura, que un año más elevó Luis Larrodera a los cielos de la emoción, entregó el premio Joan Ramón Mainat a Iñaki, le dijo en tono de admirado reproche que con este programa Gabilondo se lo comía todo porque hasta las preguntas del futuro ya las está haciendo en el presente. Frente a tanto talento, la fatua y vana actriz se paseaba por el comedor con las tetas en punta hablando por el móvil.

Fantasmas

    Lo llamativo es que nadie le hacía caso, nadie la saludó. Es como si no existiera, algo así como esos fantasmas pesados que se aburren de hacer aspavientos debajo de la sábana y ni el nene más ingenuo lo mira. Emoción y verdad. Ni una cosa ni la otra tiene la bióloga, que no pasará por Cuando yo no esté así descubra que Rita Barberá está hecha de una pasta única, exclusiva. Hay que tener jeta, y caquita, para apoltronarse en el Senado, y dejar el PP sin dignidad, cuando los del PP se acercaban a ella para darle una patada en el culo y tirarla al vacío, también ellos acorralados. Y desaparecidos. La imagen patética de Mariano Rajoy esquivando a los periodistas y las explicaciones delirantes de María Dolores de Cospedal justificando que la senadora valenciana ha hecho lo mejor “para los intereses generales” nos han devuelto de nuevo a la casilla de partida, esa en la que el PP se burla de todo el mundo. Y hace bien. Sus votantes no lo castigan. Puede pasar otra cosa aún más tremenda, y es, como en La mañana de La 1, que la audiencia, como el fantasma de la Obregón en el comedor del restaurante, ni siquiera se dé cuenta de que ha habido cambios. Han resucitado a Jesús Mariñas y han doblado el tiempo dedicado al chismorreo. Y por supuesto, como unas tablas de la ley, carcomidas pero inamovibles, no hay dios que se cargue Saber vivir, esa pesadez donde se sigue hablando de urea, tensión, sobrepeso, o colesterol. Da igual. La audiencia es la que es. Testimonial. No se lo merece María Casado. En el trayecto desde el teatro a la cena coincidimos en el bus, y hablamos del programa. Ella también tiene algunas ideas sobre el asunto, que por ahora me guardo. Por cierto, ¿saben que una decisión milagrosa evitó que este servidor acabara sentado, en el bus anterior, junto a Anita Obregón? De verdad, creo que, como se ha empeñado DKiss en hacernos ver, algo me pasa con Ana.

La guinda
Poliamor
Los de First Dates, género de ligues catódicos que presenta Carlos Sobera con discreta soltura en Cuatro, está que lo tira. La noche del jueves llegó al paroxismo. Pero viendo la evolución del programa de citas, seguro que se superan. Llevaron a Yami, Magnus, y Apuesta Princesa, una exhibición festiva de que en el amor no todo es macho, hembra. Puedes sentirte de género neutro, como Yami. ¿Lo malo? Que la tele lo frivoliza todo.

miércoles, 1 de junio de 2016

Maldeojos. Sagas y retoños



Sagas y retoños
(Artículo publicado el domingo, 29 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A ver, ¿no les da vergüenza cobrar sin trabajar? La pregunta la hizo Paco Landaluce, vendedor de pescado, la semana pasada en el estreno de La familia pregunta, sección de La Sexta noche de cara al 26J. Yo estoy en el plató, me hacen esa pregunta, soy Albert Rivera, y rompo aguas encharcando los mocasines de Iñaki López y estropeándole la siguiente trola a Eduardo Inda. Pero el tipo no parió. Se movió tenso, miró con sus ojillos de ratón al plasma grande desde el que la familia vizcaína, sentada en el salón de casa, esperaba la respuesta, y apretándose una mano con otra, en ese tic que lo lleva a ajustarse los puños de la camisa mil veces por segundo, respondió que los suyos y el PSOE lo habían intentado y que, aunque entendía su enfado, algo habían hecho. Esta peña lleva ya mismo 6 meses tocándose la berenjena, pero ni un mes falló su nómina, ni siquiera la de Rajoy, al que ahora sacan mucho sin corbata, es decir, un tipo de la calle, un currante, un perroflauta del IBEX 35 como buen monigote de esa familia que nadie ha visto pero notamos su aliento en el cogote. Esta familia sabe lo que hace, y a quién mantener en la cúspide, cuanto más necio, mejor. Querido Jean-Claude, le escribía hace unos días nuestro presidente al presidente de la Comisión Europea recordándole que después del 26J el Gobierno que salga, si sale él, que ya sabe que sí, será fiable, de la familia, es decir, el mamporrero que sujetará con ardor la verga que volverá a follarse a España con nuevos recortes. El pardillo, calla. Olisqueando el vendaval provocado por el cabeza de familia, la naricilla de muñeca articulada de Soraya Sáez de Santamaría se enfrentó a los periodistas con aplomo de cínica experta capaz de negar la evidencia asegurando que Rajoy no quiso decir lo que dijo sino que, pandilla de gilipollas, lo que ha dicho es que está dispuesto a seguir trabajando para “fortalecer el crecimiento” y “crear empleo, gracias”. Ningún periodista se dio la vuelta y la dejó hablando sola como las locas defendiendo al cabecilla del clan, útil hasta que va por libre. Lo alucinante es que una mayoría de votantes no reprueba estas conductas de fulleros. Y los votará.

Que viene Las Campos
Ya sabemos que la familia unida jamás será vencida. Es la idea que, seguro, movió a la aventurera Samanta Villar cuando decidió hacernos partícipes de su embarazo en ese impúdico 9 semanas con Samanta que emitió Cuatro hasta que, la semana pasada, la señora parió doble. Fue conmovedor ver en el parto al maromo de la paya con su gorrito puesto, sus miradas de ternura catódica, y a ella, que fue puta, pobre, pornostart, minera, o bailarina de barra 21 días, en su papel estelar, el de madre, “el más difícil de mi vida”, decía mientras hacía caja sin decoro. Los gemelos nacidos en la tele seguro que tienen un futuro prometedor. Habrá que seguirles los pasos, y para eso nadie mejor que sus papis, aliados de excepción para que no perdamos ripio de sus logros y miserias, de sus triunfos y recaídas, tal vez en la droga, como esquineros, o como cantantes de polígono. Tipo Paquirrín o Andreíta, la de cómete el pollo, coño, ¿mentiendes? Si las sagas políticas ofenden, las de la tele son una pesadilla. Ahí está la de las Campos, Maritere y Terelu, las Martes y Trece del dolor, unas pupas que hacen caja con sus miserias. Creo que Telecinco, con el avispado Paolo Vasile a la cabeza, capaz de advertir la mierda como la naricilla de Soraya se adelanta a las tormentas –la penúltima es la guerra contra los jueces, a los que el PP acusa de ir en tromba contra el partido, que ha de pagar 1’2 millones de fianza por pagar la obra de su sede con dinero de la caja b-, pues eso, que Telecinco ha dado luz verde a La Fábrica de la Tele, productora de eminentes gargajos como Sálvame o Cazamariposas, para grabar el piloto de Las Campos, un Alaska y Mario, pero más mari -¿más?-. Estoy nerviosito perdido, no vivo desde que me enteré. Es lo que anhelo como espectador. No tengo bastante con ver a la mamá y a la hija en el plató de ¡Qué tiempo tan feliz!, con ese derroche de naturalidad que provocan, sino que necesito saber cuándo se levantan, qué desayunan, si eructan o se tiran cuescos, si dicen palabrotas o Bigote Arrocet está todo el rato contando chistes, que yo, con él, me pasa como con otra cumbre del humor, Arévalo, que me mondo, que me retuerzo, que me voy de vareta. Quiero saber si hay risas después del amor, que tiene que ser un número ver a la Campos madre tirada en la cheslón abierta de zancas mientas el bigardo se la trajina, eso, todo eso, quiero verlo en el programa de Las Campos.

Televisivos y élite
Y luego que hagan otros para otras sagas. La de los Matamoros estaría genial. Sería imprescindible la de Belén Esteban, y obligatoria la de Ana Blanco. La señora Anne Igartiburu se retira unos meses para parir. Pero no lo hará al estilo Samanta. No abrirá las piernas ni resoplará ante una cámara, ni le cogerá a su hombre la mano mientras la matrona le dice, así, empuja, empuja, así, lo estás haciendo muy bien, y ella, sudorosa, consigue expulsar al hijo ante la audiencia. ¿Traerá Igartiburillos para seguir otros 30 años con los líos de corazón, eso sí, ajenos, que ella no se expone, salvo cuando va a Canal Sur y habla en “andalú” por su marido granaíno? Lo que yo creo de las sagas es que cuanto más conocidas son, menos importancia tienen. Los clanes televisivos son rancho popular, adormidera de las masas, distracción. Mientras, la élite, las familias que parten el bacalao, se ocultan, nada sabemos de ellas, no se prestan al juego de exponerse en sus casas como una Preyler cualquiera con su Mario Vargas Llosa ocasional. Lo sabemos casi todo de la empresa Alaska & Mario, pero desconocemos casi todo de los Pujol, Botín, Koplowitz, Aznar, Ortega. Mientras la prole de los televisivos entretiene con vulgaridades y simplezas, y trabajan para ocupar su puesto en los platós, los hijos de la élite se preparan, off shore de miradas indiscretas, en colegios de alto rendimiento. Y piensan seguir ahí, en la cúspide, pero en la sombra. 

La guinda
Que renueve
Se despidió el lunes con un capítulo memorable, Cambio de tiempo, El ministerio del Tiempo que ha emitido La 1 en su segunda temporada. En el último capítulo, irónico como todos, atrevido, moderno y peleón, Felipe II, tras la derrota de la Armada en las costas inglesas, decide viajar al pasado para corregir los errores y hacer que sea, de verdad, invencible. TVE no debería dudarlo. Que renueve por una tercera temporada.