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lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Andreíta



Andreíta
(Artículo publicado el domingo, 23 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Aquí me tienen, hablando de lo que me importa un escupitajo de borracho seminal en un puticlub de carretera, hablando de una joven de la que medio país lleva hablando sin haberla visto entera, aunque su madre, que ahora pide prudencia para su nena, lleva 18 años dándole al pico. Hablo, como saben porque estarán hasta las amígdalas, de Andrea Janeiro Esteban, que el jueves cumplió 18. Ya tenemos a otra choni absurda dando pingos por los mercados más pestilentes de la casquería barata. A partir de ahora los píxeles que ocultaban su cara para cumplir la legalidad no hay que ponerlos, es decir, que ya podemos ver la verdadera dimensión de lo que fue el polvo entre la cajera de barrio Belén Esteban y el torero Jesús Janeiro, un gañán picha loca que las preñaba a pijo bravo entre corrida y corrida.

     Tiene cojones que Sálvame, uno de los estercoleros más brillantes de la tele, que se nutre de material de desecho, que fomenta los peores valores para convivir con respeto y educación, que hace del ataque y derribo del otro su razón de ser, que convierte el dolor ajeno en espectáculo, que se ceba como un perro de presa en el más débil, se ponga un ratito estupendo, fino, exquisito y equidistante, y abra el micro a la madre de la criatura para pedir prudencia con Andreíta y se “la deje ser una niña”. Por si el esperpento fuera escaso y el cinismo un valor en alza, ahí está el director de la zahúrda, Raúl Prieto, asegurando no sólo que no sentarán a la chavala en el plató sino que no sacarán imágenes de ella en el programa, “y eso que Belén no nos ha pedido nada”. Oh, por favor, casi lloro. Emocionante, casi tanto como “Andrea, cómete el pollo, coño”.

miércoles, 1 de junio de 2016

Maldeojos. Sagas y retoños



Sagas y retoños
(Artículo publicado el domingo, 29 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A ver, ¿no les da vergüenza cobrar sin trabajar? La pregunta la hizo Paco Landaluce, vendedor de pescado, la semana pasada en el estreno de La familia pregunta, sección de La Sexta noche de cara al 26J. Yo estoy en el plató, me hacen esa pregunta, soy Albert Rivera, y rompo aguas encharcando los mocasines de Iñaki López y estropeándole la siguiente trola a Eduardo Inda. Pero el tipo no parió. Se movió tenso, miró con sus ojillos de ratón al plasma grande desde el que la familia vizcaína, sentada en el salón de casa, esperaba la respuesta, y apretándose una mano con otra, en ese tic que lo lleva a ajustarse los puños de la camisa mil veces por segundo, respondió que los suyos y el PSOE lo habían intentado y que, aunque entendía su enfado, algo habían hecho. Esta peña lleva ya mismo 6 meses tocándose la berenjena, pero ni un mes falló su nómina, ni siquiera la de Rajoy, al que ahora sacan mucho sin corbata, es decir, un tipo de la calle, un currante, un perroflauta del IBEX 35 como buen monigote de esa familia que nadie ha visto pero notamos su aliento en el cogote. Esta familia sabe lo que hace, y a quién mantener en la cúspide, cuanto más necio, mejor. Querido Jean-Claude, le escribía hace unos días nuestro presidente al presidente de la Comisión Europea recordándole que después del 26J el Gobierno que salga, si sale él, que ya sabe que sí, será fiable, de la familia, es decir, el mamporrero que sujetará con ardor la verga que volverá a follarse a España con nuevos recortes. El pardillo, calla. Olisqueando el vendaval provocado por el cabeza de familia, la naricilla de muñeca articulada de Soraya Sáez de Santamaría se enfrentó a los periodistas con aplomo de cínica experta capaz de negar la evidencia asegurando que Rajoy no quiso decir lo que dijo sino que, pandilla de gilipollas, lo que ha dicho es que está dispuesto a seguir trabajando para “fortalecer el crecimiento” y “crear empleo, gracias”. Ningún periodista se dio la vuelta y la dejó hablando sola como las locas defendiendo al cabecilla del clan, útil hasta que va por libre. Lo alucinante es que una mayoría de votantes no reprueba estas conductas de fulleros. Y los votará.

Que viene Las Campos
Ya sabemos que la familia unida jamás será vencida. Es la idea que, seguro, movió a la aventurera Samanta Villar cuando decidió hacernos partícipes de su embarazo en ese impúdico 9 semanas con Samanta que emitió Cuatro hasta que, la semana pasada, la señora parió doble. Fue conmovedor ver en el parto al maromo de la paya con su gorrito puesto, sus miradas de ternura catódica, y a ella, que fue puta, pobre, pornostart, minera, o bailarina de barra 21 días, en su papel estelar, el de madre, “el más difícil de mi vida”, decía mientras hacía caja sin decoro. Los gemelos nacidos en la tele seguro que tienen un futuro prometedor. Habrá que seguirles los pasos, y para eso nadie mejor que sus papis, aliados de excepción para que no perdamos ripio de sus logros y miserias, de sus triunfos y recaídas, tal vez en la droga, como esquineros, o como cantantes de polígono. Tipo Paquirrín o Andreíta, la de cómete el pollo, coño, ¿mentiendes? Si las sagas políticas ofenden, las de la tele son una pesadilla. Ahí está la de las Campos, Maritere y Terelu, las Martes y Trece del dolor, unas pupas que hacen caja con sus miserias. Creo que Telecinco, con el avispado Paolo Vasile a la cabeza, capaz de advertir la mierda como la naricilla de Soraya se adelanta a las tormentas –la penúltima es la guerra contra los jueces, a los que el PP acusa de ir en tromba contra el partido, que ha de pagar 1’2 millones de fianza por pagar la obra de su sede con dinero de la caja b-, pues eso, que Telecinco ha dado luz verde a La Fábrica de la Tele, productora de eminentes gargajos como Sálvame o Cazamariposas, para grabar el piloto de Las Campos, un Alaska y Mario, pero más mari -¿más?-. Estoy nerviosito perdido, no vivo desde que me enteré. Es lo que anhelo como espectador. No tengo bastante con ver a la mamá y a la hija en el plató de ¡Qué tiempo tan feliz!, con ese derroche de naturalidad que provocan, sino que necesito saber cuándo se levantan, qué desayunan, si eructan o se tiran cuescos, si dicen palabrotas o Bigote Arrocet está todo el rato contando chistes, que yo, con él, me pasa como con otra cumbre del humor, Arévalo, que me mondo, que me retuerzo, que me voy de vareta. Quiero saber si hay risas después del amor, que tiene que ser un número ver a la Campos madre tirada en la cheslón abierta de zancas mientas el bigardo se la trajina, eso, todo eso, quiero verlo en el programa de Las Campos.

Televisivos y élite
Y luego que hagan otros para otras sagas. La de los Matamoros estaría genial. Sería imprescindible la de Belén Esteban, y obligatoria la de Ana Blanco. La señora Anne Igartiburu se retira unos meses para parir. Pero no lo hará al estilo Samanta. No abrirá las piernas ni resoplará ante una cámara, ni le cogerá a su hombre la mano mientras la matrona le dice, así, empuja, empuja, así, lo estás haciendo muy bien, y ella, sudorosa, consigue expulsar al hijo ante la audiencia. ¿Traerá Igartiburillos para seguir otros 30 años con los líos de corazón, eso sí, ajenos, que ella no se expone, salvo cuando va a Canal Sur y habla en “andalú” por su marido granaíno? Lo que yo creo de las sagas es que cuanto más conocidas son, menos importancia tienen. Los clanes televisivos son rancho popular, adormidera de las masas, distracción. Mientras, la élite, las familias que parten el bacalao, se ocultan, nada sabemos de ellas, no se prestan al juego de exponerse en sus casas como una Preyler cualquiera con su Mario Vargas Llosa ocasional. Lo sabemos casi todo de la empresa Alaska & Mario, pero desconocemos casi todo de los Pujol, Botín, Koplowitz, Aznar, Ortega. Mientras la prole de los televisivos entretiene con vulgaridades y simplezas, y trabajan para ocupar su puesto en los platós, los hijos de la élite se preparan, off shore de miradas indiscretas, en colegios de alto rendimiento. Y piensan seguir ahí, en la cúspide, pero en la sombra. 

La guinda
Que renueve
Se despidió el lunes con un capítulo memorable, Cambio de tiempo, El ministerio del Tiempo que ha emitido La 1 en su segunda temporada. En el último capítulo, irónico como todos, atrevido, moderno y peleón, Felipe II, tras la derrota de la Armada en las costas inglesas, decide viajar al pasado para corregir los errores y hacer que sea, de verdad, invencible. TVE no debería dudarlo. Que renueve por una tercera temporada.

martes, 12 de mayo de 2015

Maldeojos. Qué duro es ser Belén Esteban



Qué duro es ser Belén Esteban
                         (Artículo publicado el domingo, 10 de mayo, en diarios de EPI PRESS)


      Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy. Tiene mérito. Tiene mérito luchar por la vida para conseguir no tenerla. Es tan admirable como risible su cazurra tenacidad. Belén Esteban ha peleado mucho para poder decirle con solvencia a su Andreíta que se como el pollo, coño. Los que tenemos memoria catódica la recordamos desde el comienzo de los días. Siempre ha estado ahí. Pero no, sólo lleva 16 años en activo, condenada por ella misma a ese cadalso de mugre y pus. Qué duro es ser Belén Esteban. Ha de ser duro, supongo, codearte por los pasillos de tu cadena con siliconadas mama pollas, siliconadas rasas, analfabetos cocainómanos, analfabetos a secas, cocainómanos sin atributos, putas, chulos, delincuentes, hormonados, espantajos, histéricos, zorrones, mariquitas ególatras, mentirosas, buscavidas, decenas de buscavidas, sabiendo que tú misma eres una pieza de ese puzle atroz, condenada a ser en público durante 24 horas como la ordinaria y vulgar señora que eres en privado, condenada a llorar porque al salir de tu encierro como gran hermana te enteras de que tu Migue te ha puesto los cuernos, condenada a poner esas caras de asco y hacer esos aspavientos ante tus compinches de salón, condenada a ser tu propio verdugo, a irte y a volver, a echar mano de Jesulín, tu mentor, para alimentar tu pobre vida de bufona del pueblo, a contar tus miserias sí o sí, lo único que tienes, a venderte ante el espejo como un mal paño, qué duro es ser Belén Esteban, coño, has ganado Supervivientes pero has tenido que oler los pedos de Kiko Rivera, un Paquirrín al que le tiene que oler el alma, qué tragedia, te organizaron tu vida como una diva chusca y perdiste la ocasión de ser una feliz ama de casa que veranea con los críos en Benidorm. Lo has perdido todo, Belén, por ganar tanto. 
Toda una vida para llegar a ser el adefesio que es hoy


La condesa pija
      
    Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que abrazar a negras señoras inmigrantes un día y al siguiente acostarte con mala conciencia de “pija pata negra” y poner los sentimientos en su sitio colocando a los inmigrantes en el suyo, fuera de los parques y las calles, coño, que afean y asustan al personal, decía la pájara en una alocución de católica mala, de perra ultraconservadora en celo, de vende biblias a legos e ignorantes sin alma con nucas altivas perfumadas de Channel. Qué duro es ser Espe y tener que acudir a lo de Maritere Campos y echarte un chotis en mitad de la pista para divertir al populacho como una chabacana Esteban, el mundo al revés, una condesa arrastrada al lodo de ser una cualquiera para levantar la audiencia, convertida en viagra política para no ser menos que esos jovenzuelos que conectan con otros perroflautas sin tener que compartir plató con la pandilla amojamada de la Campos. Qué duro es ser Aguirre y decir hoy que no acudirá a La Sexta jamás de los jamases por manipuladora y sesgada y mañana, con la campaña electoral al cuello, agachar la estola y acudir a La Sexta Noche a someterse, ELLA, a las preguntas de una periodista avispa, Cristina Pardo, una pamplonica irónica, que no pierde la sonrisa ni deja escapar a su presa con facilidad, que no levanta la voz pero tampoco agacha la cabeza –no voy a hacer las preguntas que le gusten a usted, le decía Cristina a una Aguirre rabiosa, que se tragó los datos que desenmascaran sus mentiras, su cínica amnesia, su falta de escrúpulos, su populismo de mercadillo-. Qué duro es ser Esperanza Aguirre y tener que acudir a vender su moto entre hormigas, a reírle las gracias a Trancas y Barrancas, y empezar tu semana con Pablo Motos sabiendo que en ese río tal vez no haya peces que llevarse a la cesta. Qué duro es saberse la mejor y tener que vérselas con aprendices de chichinabo o con jefes de sección de grandes áreas como Antonio Miguel Carmona, que también bailó con la Campos como socialista en lucha por la alcaldía de Madrid. 
El polémico abrazo de Esperanza Aguirre a  una inmigrante negra
Un día se abraza a negras inmigrantes y al siguiente se recolocan los sentimientos poniendo a cada cual en su sitio, y desde luego los mendigos, inmigrantes y demás ralea no tienen sitio en las calles, en los parques porque, a todas luces, los afean y asustan a la gente de bien.



 Rus, el contador
      
     Qué duro es ser candidato a la alcaldía de Xàtiva y presidente de la diputación de Valencia y tener que agazaparte en un coche para contar dinero como un mafioso, con lo lindo que hubiera sido hacerlo en la barra del bar, joder, con tu puro entre los dientes, altivo y chuleta, con ese desparpajo del que se sabe impune porque así es el microclima político en el que se mueve, qué duro es ser Alfonso Rus y verte rodeado de cámaras cuando vas a ver a tu equipo en vaqueros, descamisado, con tu señora al lado, rubia como los trigos de Pantene, sonriente como princesa feliz en su ignorancia, y tener que soportar la impertinencia de una periodista que te pregunta sin rodeos, “¿usted ha metido la mano en algún momento”? y tú, rápido, al estilo ordinario de Sonia Castedo, también del PP, contestarle, “sí, en el bolsillo”. Qué duro es ser Alfonso Rus y tener que tener siempre un “como no votéis a Cañete os doy una paliza”, qué duro es tener siempre en la recámara la bala de una salida fallera para enmascarar al fullero que llevas dentro. Qué duro es tener que advertirle al jefe del PP que ojito, que se vaya preparando Alberto Fabra, que hoy no hablará de él y que, como dice José Mota, lo hará mañana, o sea, después de las elecciones. Qué duro, en fin, es ser Pablo Iglesias y no poder reírte como se ríen los mortales sino esbozar sonrisas con mensaje, nada de risa gratuita mientras esperas una pregunta que has de solventar en milésimas de segundo, momento en que la incipiente sonrisilla desaparece dejando en el rostro ese peso, esa gravedad, esa amenaza, ese plomo de verte ya dirigiendo un país en llamas, un pueblo necesitado de un salvadorcito que no puede dudar jamás, y Pablo jamás duda, qué canguelo. Quizá no vaya a echarse en brazos de Maritere, pero ha de acudir a La Sexta noche para levantarle el share a Iñaki López, que es joven y seguro que lo tiene siempre dispuesto. Es mucha responsabilidad, es muy duro actuar como presidente in pectore. Es durísimo ser Belén, Esperanza, Antonio, Alfonso, Pablo, tirarte al ruedo de la tele y que el dios catódico reparta suertes, o para salvarte o para condenarte. Qué dura es la vida de estos muñequitos.
Alfonso Rus, un alto representante de la política valenciana, simboliza en esta imagen la forma de dedicarse a ella, mero espectáculo, bochornoso y zafio, para ocultar sus trapacerías. Ah, ha dimitido como presidente de la Diputación -por motivos personales, dice el menda-, pero seguro que arrasa en las elecciones del 24 como alcalde de Xàtiva. Este país premia la corrupción. Duro, pero así es.




La guinda
Don Jesús
Todos lo han imitado, ninguno lo ha superado. Es Jesús Hermida, el hombre cuyo nombre, obra, palabra y omisión, va unido a la tele. Es la tele. Y se nos ha ido. Trajo a este país con telarañas en los platós la luz, el ritmo, lo malo y lo bueno de lo que hoy vemos. Qué pena que su última entrevista a un personaje de relumbrón, el rey Juan Carlos, fuera una pantomima, una burla al periodismo. Pero gracias, descanse en paz.