Mostrando entradas con la etiqueta Gran Hermano VIP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gran Hermano VIP. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de febrero de 2017

Maldeojos. La mentira no es verdad



La mentira no es verdad
(Artículo publicado el domingo, 12 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

     Hasta aquí hemos llegado, le dijo con evidente enfado el candidato Mariano Rajoy hace dos campañas electorales al candidato del PSOE Pedro Sánchez cuando éste le dijo que no era una persona decente. Fue el momento culminante del cara a cara en la Academia de Televisión moderado por un desencajado Manuel Campo Vidal, que actuó como un robot sin alma ni reflejos ni instinto periodístico,  dejándose atar por compromisos ante los partidos a los que el periodismo no sólo se la deja laxa como una ordinariez de Aída Nídar –de hija de puta para Mierdaset ha pasado a ser la salvadora del mortecino chiringuito de Gran Hermano VIP- sino que les fastidia porque si es serio, el único que se puede llamar así, siempre estará enfrente. Pues hasta aquí hemos llegado, dijo hace unas semanas nada menos que la CNN. Y se lo dijo nada menos que al presidente de EEUU. Dicho así suena enorme. Pero hay que recordar que el presidente de los EEUU es un sabueso sin escrúpulos llamado Donald Trump. La cadena más importante del mundo dando noticias sin parar 24 horas al día hizo algo insólito en su historia el día que el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, daba su primera conferencia de prensa. No emitió la cita en directo. Grabó la intervención e hizo un resumen de la misma. Nada que objetar. Pero la lectura no es tan simple. Detrás hay un posicionamiento, un golpe de estado, un manotazo en la mesa, un hasta aquí hemos llegado, señor Trump. El lío, el vinagre, la contienda, la emprendió el propio cara naranja, que dijo en su visita a la CIA,  “estoy embarcado en una guerra con los medios, (los periodistas) son los seres humanos más deshonestos de la tierra”. La gotita de la independencia periodística que colmó el vaso de la arrogancia y el matonismo del macarra presidencial fue la comparación de las fotos aéreas entre las investiduras de Barack Obama y Trump, dejando claro que la de Obama fue una investidura con más asistencia de público. Eso es incontestable porque hay imágenes. Son hechos, no interpretaciones.

La “posverdad”
      Pero no para el nuevo equipo de comunicación de la Casa Blanca ni, por supuesto, para el empresario depredador, que si no se rodea de la parafernalia del hortera, incluidas las cortinas del despacho oval, doradas como sus cuatro pelos almidonados con cemento de laca, no está en su hábitat. Quisieron hacer ver al mundo, que es estúpido y fácil de liar, que había más gente en la investidura de Trump. En las pantallas de los televisores del orbe se pusieron las dos fotografías. No había que hacer comentarios. Pero este tipo de periodismo encocora a la nueva dirección del imperio. Y el peligroso majara no soporta semejante desfachatez. Es tanta la soltura con la que manejan la realidad que Kellyanne Konway, ayudante del portavoz de la White House, puso nombre a lo que la mayoría de políticos, banqueros, religiosos, y gente de poder sueña, es decir, construir la realidad, y difundirla, no con datos objetivos sino con “hechos alternativos”, o sea, con filigrana de cocinero, elaborando con primor el mensaje, avasallando lo comprobable si no es de tu agrado para conseguir el efecto deseado. Lo de siempre, pero más descarado. Estanos en los tiempos pijos de la “posverdad”, neologismo que seleccionó el diccionario Oxford como la palabra del año 2016 y que habla de crear y modelar la opinión pública no basándose en hechos objetivos –la tierra es redonda, existe la gravedad, la Biblia o el Corán  no son ley, somos fruto de la evolución- sino en creencias –Dios creó el mundo en siete días, como pregonaba otra candidata republicana, la estulta pero no ignorante Sara Palin- y emociones individuales para influir en la opinión pública. Hasta aquí hemos llegado, han dicho los grandes medios norteamericanos. Se acabó. Ya está bien. Viendo lo que se les viene encima -retorcer los hechos con un desparpajo que va más allá de la indecencia y el atrevimiento que habla de desprecio por la inteligencia ajena, dando a entender que “da igual lo que digáis porque sólo nosotros interpretaremos la realidad”-, han decidido publicar las declaraciones de Trump y sus esbirros junto a despieces informativos para verificar lo que es verdad o mentira del “showman” que ha hecho de la política un programa televisivo a golpe de “tuit” matutino donde el presidente es el concursante de un Gran Hermano broncas e imprevisible.

San Kapùscinski
     En España tenemos decenas de ejemplos de intentos de pisotear los hechos sin adornos para escupirnos los hechos alternativos como verdad objetiva. Esperanza Aguirre o Mariano Rajoy son adalides de este sucio uso de la realidad. La verdad no es prioritaria ni perseguida como objetivo. La verdad puede y debe ser enmascarada por la apariencia de verdad, y no por la verdad en sí. O sea, la puta mentira de toda la vida. Mentira y estafa que Aznar el insufrible, sin saber que no existía más “posverdad” que la trola echó a girar el tiovivo del lobo de las armas de destrucción masiva que tenía escondidas en el bigote el malo de Hassan Hussein para atacar Irak. Rajoy volvió a echar mano de su cara dura cuando el periodista Carlos Alsina le preguntó su opinión por la decisión del abogado del PP de pedir la nulidad del caso Gürtel, opinión que no dio porque dijo desconocer la estrategia de su partido con un “me ha sorprendido usted”. Es una nimiedad, cierto, pero suficiente para que luego llegue el compadre Francisco Marhuenda o los palmeros de 13tv y líen lo dicho hasta hacer que no parezca lo dicho sino lo que tenía que haber dicho. El caso de Eduardo Inda es el otro caso doloroso que se asocia a un periodismo que no puede llamarse así, salvo que se enmarque en este “nuevo periodismo” que adapta los datos al mensaje que se pretende dar, es decir, que miente como respira. En España deberíamos por sistema hacer lo que ahora dicen que harán los grandes medios en EEUU, chequear las declaraciones. De todos los políticos. Sin excepción. Y de los periodistas, que entran en el juego de la farsa a sabiendas, o sea, dando como verdad lo que sólo es mentira. Ya lo dijo Ryszard Kapùscinsky, las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Ni buenos políticos.

La guinda
Arruinadita
No es raro ver de vez en cuando a un famosito sentado en un plató, poner el cazo en una revista, y contar que está arruinado, que no puede llegar a fin de mes, que pasa por un momento la mar de delicado. Algunas de esas caras con mucha jeta, hasta lloran. Hace unos días la mismísima Belén Esteban dijo que tenía problemas porque Hacienda, digo yo, pensaba que éramos todos menos ella. Y ahora le toca pagar. La madre que la parió. 

viernes, 3 de febrero de 2017

Maldeojos. Ni así



Ni así
(Artículo publicado el martes, 31 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Telecinco le ha visto las orejas a la loba Antena 3. Vale que diciembre, después de 27 meses imbatible, le ganara el mes por unas décimas la de Atresmedia, pero ojo, se acabó la broma. Durante enero Antena 3 ha seguido chulita, unos pasos por delante de la otra. Pero todo tiene un límite. En la última semana Telecinco se ha vuelto loca y ha decidido plantar cara. Fíjense si se ha tomado en serio lo de ganar el mes, que sin pudor ni arrobo, sin vergüenza ni recato ha echado mano de una señora a la que había echado de su reino sin contemplaciones por si al entrar a Gran Hermano VIP la audiencia hacía palmas con las orejas y llevaba el programa a audiencias históricas. Y sí, lo consiguió. Pero al revés. La señora Aída Nízar consiguió bajar la audiencia del programa. Hala. Pero los cañonazos de esta guerra para llegar a fin de mes se han diversificado.

     El fin de semana se lo suele llevar Antena 3 con sus películas de saldo y mocos. Así que Telecinco ha decidido emitir un Pasapalabra sin descanso, de lunes a domingo, aunque suponga cortarle una horita a la madre Teresa Campos, que tendrá más tiempo para irse a casa y disfrutar del amor junto a Bigote Arrocet y de camino dar a la audiencia un respiro. ¿Terminan aquí las novedades, la reacción loca de Telecinco, que sabe que la visita de Isabel Pantoja a El hormiguero no es cosa menor? Qué va. Y por eso, de nuevo con el clan de las malagueñas, decidió estrenar el domingo ¡Mamá, qué bien te conservas!, otra entrega de ese horror llamado Las Campos. Y además volvió a emitir Ocho apellidos vascos. Conclusión. Telecinco ha ido tirando con cuatro gilipolleces. Ahora tiene que afinar la basura que echa al ganado. Pues bien, ni por esas.

miércoles, 11 de enero de 2017

Maldeojos. En barrena



En barrena
(Artículo publicado el martes, 10 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Es verdad que me sienta como una patada en el hígado, que el tipo no me hace tilín, que no soy devoto de sus payasadas, que no me lo creo, que ni chispa de gracia, que el señor Santiago Segura no es artista que me conmueva, que no pagaré un euro por verlo en el teatro, que dejé de pagar por ver sus “torrentadas” en el cine, y que aunque sea gratis, si sale en la tele lo evito porque me sigue pasando lo mismo, que no me lo creo, que es un tipo listo que se ha construido un personaje que a mí, de verdad de la buena, no sólo no me llega sino que me resulta artificial, corto, con esa sonrisa lela y esos dedos en uve en cuanto ve una cámara, y esa jeta adusta en cuanto el foco se apaga. Que no. Creo que la cosa está clara. Es verdad que don Segura me sienta como una patada en el hígado, ojo, siempre quiero aclararlo. Hablo del personaje que sale en la tele. El ciudadano Segura me es tan indiferente como las pulgas del perro de mi vecino.

     Pero es que lo pone a huevo para seguir hablando, mal, de él. Decía el otro día la señora Irma Soriano, sentada en Sálvame, moqueando por la emoción, que a sus hijos les dice que “mamá está donde hay trabajo”. Se lo decía –según leo en una web de televisión- yo creo que para justificarse ante ella misma, ante sus hijos, y ante sus amistades, por haber dicho sí a la infame llamada de Gran Hermano VIP y aceptar –el domingo echó a andar la nueva edición, sin apenas tiempo de haber fumigado la casa para hacer respirable el aire tras el paso de los anteriores inquilinos-. Cada cual tiene sus razones para entrar en ese corral tan poco higiénico para la mente. Pero Irma sabe, por eso se justifica, que no es un orgullo. ¿Qué hacía Segura en Sálvame contestando al polígrafo? Vamos, vamos.

lunes, 15 de febrero de 2016

Maldeojos. Bibiana



Bibiana
(Artículo publicado el sábado, 13 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Lo ha dicho ella, Bibiana Fernández, vía exclusiva en revista de chismes que saltó enseguida a los corros de chismosos televisivos, tan decadentes. Tengo que vender mi casa para pagar a Hacienda. Ese es el titular, se supone que para desahogarse, para que la gente se compadezca, para que la revista le pague algo o, como hizo Lola Flores, la inventora del “crowdfounding” patrio, para que “si cada español me da una peseta, yo puedo pagar a Hacienda”. La tía. Mala racha la de Loles León, Rossy de Palma, y ahora Bibiana, y otras chicas del montón… de Almodóvar. Todas lloraron su ruina en las pantallas. Pero la gente distingue estos lamentos glamurosos de la tragedia de quien cuenta su drama sin un poco de rímel que llevarse a la pestaña. Estos rotundos titulares, esta exhibición impúdica de tus cuitas con Hacienda, son el anuncio de una disposición. Estoy dispuesta, por ejemplo, a entrar en Gran Hermano VIP. O lo que sea.

      Cotilleo en las redes sociales, que me hacen la columna. La mayoría de opinantes no tiene piedad. Si son sinvergüenzas para prostituirse en televisión, son sinvergüenzas para defraudar. Bah, tiene casa para pagar, no es el españolito que no tiene donde caer muerto. Que alguien que trabaja a diario en televisión diga que tiene muchas deudas, pena ninguna, ella sabrá en qué se ha gastado el dinero, y si no puede vivir en un ático, que viva en un pisito en el sur de Madrid. La pena es la gente que agotó el paro y no puede poner comida a sus hijos, venga ya. ¿Tiene que dar pena esta gente que gana lo que jamás verá un trabajador en su puta vida? Pagas a Hacienda y punto, lo hacemos todos cada año, guapa. Ya lo decía El Fary, si ganas 16, ahorra 4. Pues nada, a pagar. 
Me da mucha cosa ver el trato que esta mujer se ha dado a sí misma. En general.

martes, 12 de enero de 2016

Maldeojos. Demetrio y el aquelarre



Demetrio y el aquelarre
(Artículo publicado el domingo, 3 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     El lector, la lectora más puesta en demonios y alimañas seguro que conoce a Demetrio Fernández. El resto no. Me uno a la masa. Tampoco sé quién es. Y hasta ahora vivía feliz, sin saberlo. Tal vez, en los concursos del futuro, salga su nombre como sinónimo de mala pécora, de bruja, de alma sucia. Tal vez, si se dan prisa, pueden poner alguna pregunta sobre Demetrio en ¿Y tú qué sabes?, que estrenó La Sexta el domingo pasado y presenta Óscar Terol. Es un concurso rancio de cultura general del que han grabado sólo tres entregas, y se emite sustituyendo a Salvados hasta que el consumo amaine. Terol es uno de los guionistas de Allí abajo, una de las series de éxito de Antena 3. Tres famosos –en el estreno, Santiago Segura, qué pesadilla- y 200 estudiantes compiten. Y ahí podría entrar la figura de Demetrio. Por 1000 euros, que levante la mano quien sepa quién es Demetrio Fernández. Un futbolista, podría decir el estudiante de medicina. Noooo, grita el presentador vasco llevándose las manos a la cabeza. El peluquero de “Palmeras en la nieve”, dice uno de los famosos alardeando de conocer hasta el último de la lista en su profesión. Oh, nooooo, dramatizaría de nuevo Terol al tiempo que el estruendo de la fanfarria del programa haría vibrar los altavoces de la tele. Este menda, el tal Demetrio, no es conocido por su nombre pero sí por su cargo, que pagamos todos. El obispo de Córdoba es el último que se incorporó en 2015 a la lista de tontos del año. Dijo hace unos días en una carta a su rebaño, difundida en Youtube, una especie de discurso del rey pero cambiando el dorado del palacio real por un morado podemita, muy mariquita, todo hay que decirlo, que la familia auténtica es la que él defiende, una familia loquísima compuesta por padre, hijo y espíritu, que por muy santo que sea no deja de ser espíritu, por dios, Demetrio, que se te va la pinza. Búsquenlo y disfruten de su tono de melosa arenga, de su ritmo y dicción, de su manera lenta de mover las manos como un padre dulce en las formas pero terrible, amenazador e iracundo en el fondo. 
Este es Demetrio, obispo de Córdoba. Ni los sayos, ni su aparente sonrisa humana, ni el saludo al populacho, enmascaran el olor a azufre que gastan los demonios.

Rappel y el tanga

     Pero les aconsejo que no tengan nada punzante al lado, nada que pueda dañar su tele, su ordenador, su teléfono caro. El que avisa no es traidor, muy traidor, y mucho traidor. Dice Demetrio, obispo de la misma iglesia que el papa Francisco, el que decía que no era nadie para juzgar a nadie por sus gustos amorosos y sexuales, que para traer hijos al mundo el abrazo amoroso entre hombre y mujer no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio, fruto de un aquelarre químico. Deme, tío, campeón, eres más malo y tienes más veneno que Kiko Hernández imitando a Rosa Benito que, junto a la estrella  del mercadillo del jueves Raquel Boyo, se confirma para Gran Hermano VIP. Aún no han desinfectado la casa de Guadalix y Telecinco ya anuncia la apertura de la zahúrda, que también contará con Rappel –cada vez que lo nombro no puedo quitarme de la cabeza la imagen atroz de verlo en carne mortal, puro aquelarre contra el deseo, en una playa de Málaga donde todos íbamos en bolas y él con un tanga que ni el espíritu de  la familia del Demetrio sería capaz de ponerse, que serán espíritus pero tienen su pudor-Yo creo que el obispo de Córdoba dijo lo que dijo sin pensar lo que dijo. Yo creo que un hombre con un crucifijo colgado al cuello, pero crucifijo ostentoso, tipo badajo, tipo macarra maquinero, que profesa el cristianismo, todo amor, no puede ser tan malo, no puede ser tan mala gente, no puede decirle al hijo del matrimonio tal o cual que su hijo es fruto de un aquelarre químico. Dice Demetrio que hay muchos que piensan en el derecho a tener un hijo como si un hijo fuera un objeto. ¿En serio? ¿La gente busca un hijo por fecundación in vitro por capricho, como se busca un collar para el perro o el mismo perro, como si fuera un consolador, un rosario, o un piso? Con el despiporre de la programación navideña las palabras del obispo saltaron a algún informativo, quizá recogidas por algún programa, pero entre los especiales, el lío postelectoral, y los nenes en casa, el escupitajo de este jerarca católico se diluyó. Pero hay cosas que no pueden quedar impunes. 

Detalle del cartel de la manifestación por la muerte de Alan.
Es un detalle del cartel de la manifestación por la muerte de Alan, un chaval que consiguió tener un carné de identidad que recogía su verdadera identidad de género. Pero no pudo aguantar la presión y se quitó la vida. Esto sí que es un aquelarre social, una vergüenza. Y los Demetrios patrios con sus soflamas incendiarias que reparten odio al diferente deberían de lavarse la boca y apagar sus cerebros enfermos. Imagen de Chrisallys.


Chrisallys y Alan

 Si para este alto funcionario del negocio de la fe el hijo nacido por fecundación in vitro es un “producto”, “un aquelarre”, ¿qué pensará del niño que nace atrapado en un cuerpo de niña, se opera para conseguir ser lo que siente que es, las leyes lo reconocen con su auténtica identidad, y adquiere su DNI que lo avala? ¿Cabezas y corazones como el de Demetrio le harían la vida imposible? Hace apenas unos días la familia de Alan, uno de los primeros transexuales que logró ese aval ciudadano que lo confirmaba como niño y no como la niña en la que nació, a través de la asociación Chrisallys, grupo de familias de menores transexuales, dijo que Alan se quitó la vida “porque no pudo con la presión de la sociedad”, incluyendo el ámbito escolar. Esto sí que es un aquelarre insoportable, Demetrio. Tampoco puede quedar en el olvido, por mucho cava barato, confeti postizo, uvas y campanadas, y galas ajadas enlatadas de Fin de Año que nos abran, la acción anti sistema, el aquelarre repugnante de ver a más de 200 personas sin hogar, pobres de solemnidad, comiendo en el ayuntamiento de Madrid gracias al padre Ángel, el cura loco de Mensajeros de la Paz que se dedica a esa chuminada de los necesitados en vez de clamar contra el pecado y la disolución de la moral católica y a Manuela Carmena. La peligrosa alcaldesa está rebajando la deuda municipal, atiende a los sin techo, y los trata con dignidad, por dios, qué asco, Ana, no mires, olvídate, le dice Aznar a Botella sin perder la cuenta de sus quince mil flexiones de la mañana, que esta gente es capaz de todo con tal de humillar a los verdaderos patriotas. Y quita esa cadena, que ahí sólo cuentan historias que a nadie interesan. De confianza, o La 1, o 13 tv, la de Demetrio.
Manuela Carmena no tiene límites. La tía no sólo reduce la deuda municipal que dejaron los gobiernos del PP sino que deja el Ayuntamiento para dar una cena a 200 personas, que no son VIP ni nada. Esto es un sindiós, coño.

La guinda
TVE modernísima
Es emocionante terminar el año con TVE. La más moderna, la más vanguardista, la tele pública que el ciudadano necesita. Por eso La 1 echa mano de Ramón García, el tío de la capa, Anne Igartiburu, y ambos, junto a telepasiones y mucho Raphael, Bertín, que salió de su casa para quedarse –como humorista, anunciante, cantante, presentador, lo que le echen- en la nuestra. Viva TVE. Si es que hay que quererla. Muá, y muá.