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domingo, 20 de noviembre de 2016

Maldeojos. No pasa nada



No pasa nada
(Artículo publicado el sábado, 19 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     A ver, ¿recuerdan que les hablé aquí un día del estreno de una cosa llamada Algo pasa con Ana en Dkiss, una de los últimos regalos del Gobierno a empresas de televisión que han montado chiringuitos con programas que dan vergüenza, sarpullido, comprados en el mercadillo de los jueves a las cadenas yanquis, que los venden a saldo, y cuando se ponen a hacer producción propia les sale este Algo pasa con Ana para descubrir que con Ana no pasa nada porque el gran truño sólo interesa a una audiencia residual? Uno no es un lince, pero tiene olfato. Lo que haga o no Ana Obregón hoy ya no es negocio en televisión. La misa del domingo o la prédica de un imán en los programas religiosos de La 2 los ve más público que este engendro donde la señora Obregón flipa.

     Está claro que estos productos, donde celebridades, aspirantes, ególatras, y gentes de variado pelaje juegan a enseñar su día a día, bajo guión y estandarte de los productores, no tienen nada que ver con su día a día, pero igual que el insufrible y aburridísimo Las Campos, mamá Teresa, e hija Terelu, tenía algún punto de conexión con la realidad, lo de Ana Obregón es tan falso -¿ha terminado ya?- que no sólo aburre sino que insulta. Dkiss, que apostó por esta tontería, de la mano, atención, de Globomedia, se estará tirando de los pelos. Si Globomedia, la productora de trabajos como El intermedio, o Águila roja, quería abrirse a otro tipo de productos, está claro que eligió no mal sino peor. Dijo la bióloga que “tengo derecho a que me conozcan de verdad”. Y la audiencia, querida, a dejarte con tus delirios. Nada pasa con Ana.

martes, 28 de junio de 2016

Maldeojos. Guarrillas en verano



Guarrillas en verano
(Artículo publicado el domingo, 26 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Leí hace unos días, quizá unas semanas, que Ana Obregón volvía del olvido. Se cargó  nuestro descanso con su regreso. En carne mortal y en versión catódica. El jueves, si la fecha de tan memorable acontecimiento no ha variado, se puso al borde del mar para que las olas, deseosas, ansiosas, desmedidas, nerviosas, maleducadas por ver quién es la primera, pudieran lamer sus ubres como lo hacen desde que el mundo se volvió majara. Es el rito de su posado veraniego. Esta señora siempre me dio un poco de grima. Ahora me resulta inquietante. No sabe uno en qué parte de su ser hay más silicona, si en el cerebro, en las mejillas, o en las tetas. Total, que empieza el verano y ella, la bióloga, lo ha inaugurado para que este país tenga la creencia de que, salga lo que salga en las urnas –me temo lo peor- funciona, no se viene abajo. ¿Hay más? Hay más. Anuncia –hay que estar pendiente, que las trolas las carga el diablo- que empieza a grabar un programa como el de las hermanas Kardashians, vamos, otro puto Alaska y Mario. Ah, no, sonríe muy ofendida Ana la de los 7, no es como lo de las Kardashians porque “lo mío es más profundo, yo soy actriz y ellas no”. Acabáramos. Dice que hace el programa –en Dkiss, responsable de hitos como Mi secreto al desnudo, 90 días para casarte, o Enterrado en mi basura - para que la conozcamos mejor. Esta tía flipa. Y la cadena también. Creo que una de las promociones decía que emitía programas protagonizados por “gente real para mujeres sin prejuicios”. Alto ahí. Ana Obregón y gente real no casan. Aunque es verdad que no hay que tener ni un resto de prejuicio para tragarte lo que quiera que haga esta señora cada día. Lo mío es más profundo, yo soy actriz y ellas no. No me canso de repetirlo. Lo mío es más… en fin. Estas pájaras son la caraba.

Leti y la salchipapa
      El verano acaba de empezar y ya tenemos exceso de candidatos a panolis del mes. Los que fabrica la productora Lime Pictures como concursantes de Gordie Shore para la cadena británica MTV son espuma de choni, gemelos de nuestros compi yogui Mujeres y hombres y otros berzas. Serán “british”, pero son tan huecos como los que exhibieron su vulgaridad en nuestro Gandía Shore. Tanto, y tan mala imagen dan allende nuestras fronteras que en las Baleares, desde el Govern a los ayuntamientos, -Calvià, Magaluf-, o a los empresarios del ramo, han dicho no a la productora, negando permisos para grabar semejante bochorno de guarrillos en acción. No quieren dar la única imagen de que por sus costas y sus pueblos  corren el semen, el alcohol, y el desenfreno más gañán. Según Diario de Ibiza están grabando sin permiso en San Antoni. Digo guarrillas y enseguida sale en mi buscador la Leti. Tras el éxito sideral de “Mr. Polisman” y “Yo quiero fiesta” llega la “Salchipapa”, un eructo de cutres marranas que mueven sus lorzas en clubes para ganaderos y campesinos. Qué pena que la cincuentona, Leticia Sabater, no enseñe su himen zurcido mientras, con esos labios de comer muchas salchipapas, canta su último rebuzno. Tiki tiki, tiki taka, lo bailan en la playa, lo bailan en las discos, lo bailan en las fiestas, salchipapa, lo bailan en los bares, tiki tiki tiki, tika tika taka. Portentoso. Se me salían los ojos. ¿Esto va en serio?, me decía. Y me puse a reír, la madre que la parió. ¿Dignidad? Por favor, ¿es que la tiene alguien que se jala una salchicha bien gorda que chorrea lo que tiene que chorrear? Seguro que para Carles Simarro, concejal del PP y ex alcalde de Sóller, esa joyita de pueblo mallorquín, el vídeo sería apto para verse cuando España celebre “el día del machote” o, mejor, “el día de la señorita de toda la vida”, esa que se traga la salchipapa del machote sin rechistar, por decreto divino, joder, que una guarrilla es una guarrilla y un tío es un tío, no eso de LGTB ni cojones.

Juego de conejitos
     Cómo terminar la columna, hablando de cerdas, sin meter a Silvio Berlusconi, yonqui del bisturí, poseído por la atracción del implante. Salió de su última operación no para inyectarse silicona en las mejillas o en los labios, ni para ponerse más pelo en la tupida cabellera de Il Cavaliere, sino a corazón abierto, a vida o muerte, y lo hizo como un chaval de 15, comiéndose todo lo que hubiera delante. Y delante estaba Cristina, una enfermera española que atendió al capo en perpetuo estado de viagra. El articulado donjuán, pasando por encima de su empleado Paolo  Vasile, vaciló un poquito a la paisana ofreciéndole, si quería, un puesto en Telecinco. ¿De enfermera, para atender los vahídos vespertinos de la peña de Sálvame, de Mama Chicho, de barrendera del plató de Ana Rosa Quintana, esa dama acostumbrada a hollar la basura como si no fuera con ella? No queda claro. Berlusconi ha hecho un Maritere Campos. Es decir, confunde su vida privada con la pública, convirtiéndose en una titiritera 24 horas al día en nombre del espectáculo. La malagueña lo hizo de nuevo en la última edición de ¡Qué tiempo tan feliz! Convaleciente de una operación de vesícula, como su jefe Berlusconi para que le reemplacen la válvula aorta, celebró su 75 cumpleaños soplando velas en su casa, con parte del equipo, plantando un set en su comedor, al estilo Bertín –¿se ha puesto más fondón en Telecinco, se sube el pantalón al sobaco, ha dado rienda suelta, ahora sin el corsé de la tele pública, a su lado más pedestre, si cupiera la posibilidad?-, junto a su amor, Bigote Arrocet, esa dentadura, esa melena. Pero aquí hemos venido a hablar de guarrillas, hombre, se oye a Paco Umbral tronar desde su tumba. Un empresario de Nevada, EEUU, ha tenido una idea. Alrededor de El rancho del conejo, un burdel para los amantes de Juego de tronos, ha creado su particular “camino de la vergüenza”, y en vez de Cersei Lannister, la bella Lena Headey, pasean por la calle los clientes en bolas. Las chicas se forman viendo escenas de sexo de la serie para luego estar a la altura del cliente. Aquí hemos venido a hablar de guarrillas, gritan desde la isla, donde defecan detrás de los cocoteros, Steisy, Mila, y Yola. No sé si me explico. Fin de la cita.

La guinda
TVE, otra vez
Lo han vuelto a hacer. La dirección de Informativos, amparada por la de TVE, no se rinde. Fiel a su amo sigue hasta los límites de la indecencia periodística y las reglas del juego político protegiendo los asuntos del PP. La última, la charla entre el ministro Jorge Fernández y el jefe de la Oficina Antifraude de Cataluña tratando de buscar escándalos contra ERC y CDC. Pues bien, para el Telediario, la víctima es el ministro.

sábado, 14 de mayo de 2016

Maldeojos. DKiss, basura



DKiss, basura
(Artículo publicado el jueves, 12 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      Lo siento, pero éramos pocos y parió la abuela. El otro día hablaba del nacimiento de una nueva cadena, y decía que el mundo no se paró, que los corruptos siguen a lo suyo, que los ladrones van a la oficina, y que el mar sigue estando salado. Nacía Ten. ¿Ten? Ahora les hablo de DKiss. Lo juro que hay una tele que se llama DKiss. Pura basura. No se puede matizar. Háganse una idea conociendo sólo el nombre de los programas que conforman su parrilla. Maestros de la restauración, Vivir bailando, Una médium en mi casa, Entre pasteles, El rey de las tartas, Enterrado en mi basura. ¿A que les apetece? A mí también. Vomitar. No me entra en la cabeza que se ponga en marcha algo tan complejo como un canal de televisión para ver que lo que emite se compró de saldo en el mercadillo de los jueves de las grandes cadenas yanquis.

     Son subproductos que allí degluten entre sermones de predicadores desbocados que pronuncian aleluyas intercalados con las variantes del nombre que le dan a su dios, en mañanas, tardes y noches tediosas de consumidores de televisión obesos y enfermos que desparraman su grasa tirados en el sofá, ante una mesita nauseabunda de pizzas en mal estado, latas de cerveza, y bolsas de guarrerías que te ponen el colesterol a mil. Ese es el concepto. Mierda. DKiss ocupará un lugar muy alejado en la galaxia de mi mando, y pasaré por su estulta presencia con la nariz tapada. Eso sí, ojo. Este tipo de productos te pillan, te atraen como atrae la comida más cochina. Cuidado, que crean adicción. Contra la tentación, la dignidad. Es bueno imaginar un espejo para verte mirando esa sarta de sandeces, de programas de aluvión para consumir con la mente en blanco. Qué miedo.