viernes, 13 de junio de 2014

Maldeojos. Despedidas



Despedidas
(Artículo publicado el jueves, 12 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      Comienza la desbandada. No hablo de la espantá del rey, ni de la de Rubalcaba –no sé si ustedes alucinan, pero yo me quedo pillado cuando escucho de Rajoy abajo, incluida la arpía Cospedal, alabar la labor del socialista y conmoverse con el PSOE por lo bien que tienen clavado el Estado en los colindrones, término de Pelayo, el del Asturiano, el de Amar es para siempre a la que, por cierto, ha vuelto Jaime Pujol, es decir, el fiscal Martín Angulo, perverso entre perversos que el valenciano de adopción borda con su magisterio-. Hablo de otras despedidas. Hablo de una que va de la pena al alivio. Hablo de Aída, que sí, es la comedia más longeva, la que nos ha hecho reír muchas noches, la que dio grandes momentos con grandes artistas como Carmen Machi o Paco León, pero es también la que llevó esa comedia a unas cotas de vulgaridad que, qué quieren que les diga, sin ser un relamido, me tiraban para atrás. Aún así, gran serie, sin duda.

       También se fue, y deja la tele hasta su vuelta en una orfandad casi peligrosa, Salvados. A estas alturas, Salvados es más que un programa de televisión. Es un servicio público al hacer del periodismo aquello que tanto se olvida, es decir, lo que el poder no quiere que se sepa. Sin agresividad, superada la etapa de bufón provocador –como creo que hace un tipo contratado en Telemadrid y conocido como el Follonero de la derecha, lo que quiere decir que cuando Jordi Évole vuelve, otros aún no han salido-, cada entrega escalaba la ladera más oscura de ese poder, desenmascarando su escombrera. También se ha ido El Objetivo, que Ana Pastor y su equipo han redondeado. Y Ciento y la madre, el fiasco en Cuatro de Patricia Conde. Pero nadie la echará de menos.

Aparición estelar de Carmen Machi en el último capítulo de Aída. Claro que ha sido una serie memorable, pero también -esa sensación tenía como espectador- que en los últimos tiempos su vulgaridad, zafiedad y humor grueso parecían no tener hartura. Y a mí sí, me cansaba. Junto a Aída se ha ido el rey, Rubalcaba, y de vacaciones Jordi Évole, con la faltica que hace.

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