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martes, 23 de julio de 2019

Maldeojos. ¡Boom! histórico


¡Boom¡ histórico
(Artículo publicado el domingo, 14 de julio, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Voy a utilizar la palabra histórico con la alegría con que en los últimos tiempos se usa la palabra histórico. Se casa una famosa ama de casa, presentadora, modelo, empresaria o actriz con un guaperas del balón, y es una boda histórica, o boda del año. Se monta a la carroza del Orgullo un patoso Antonio García Ferreras –es un orangután bailando, se le oye decir a una tiesa Carmen Lomana en la mesa de Todo es mentira, presencia para alucinar y no echar gota en el programa de Risto- y se anota como hecho histórico. Los de Ciudadanos aman, se reúnen, y gobiernan con los de Koz desde que el mundo es un vertedero, pero se quitan la careta un poco, se hacen una estúpida foto, tergiversan lo que todos vemos, se creen más listos que nadie porque creen que somos gilipollas, y salta la liebre de que es un momento histórico.

     Así que si estas zarandajas son históricas, ¿qué no será el triunfo de Los lobos, que esta semana salieron del plató donde se graba ¡Boom¡ con cerca de 7 millones de euros, el bote más grande de cualquier concurso conocido en cualquier televisión del planeta tras haber estado 505 días y haber superado a más de 2.000 contrincantes? Digámoslo. Es histórico. Valentín, Manu, Alberto y Erundino, con un recuerdo emocionado a José Pinto, colega lobezno que murió hace poco, han escrito una página en la historia de la tele, que a su vez ha hecho que las audiencias de la final, emitida en la noche del lunes en vez de hacerlo en su horario habitual de tarde, también fuese histórica tratándose de un concurso. Hacienda hace también historia con lo que se lleva de la juerga, casi la mitad. Y otra cosa, Manu, millonario, vuelve al paro. No me dirán que no es histórico.


lunes, 17 de junio de 2019

Maldeojos. Cloaquillas


Cloaquillas
(Artículo publicado el jueves, 13 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     De aquí no salimos con vida. Ya veremos si podemos seguir con el programa. Lo que se nos viene encima es muy fuerte. Pero la libertad y la denuncia de los malos se alza por encima de cualquier consideración. Vaya, me dije, Todo es mentira va a por todas con el asunto este de Las cloacas del periodismo. El programa vespertino de Cuatro parece que se está asentando haciendo de la política su foco de atención, y los colaboradores, de la mano de Risto Mejide, funcionan, con Marta Flich, Elsa Ruiz, Antonio Castelo, y Miguel Lago. Perfecto. Perfectos. Buen ritmo, buen pellizco. La semana pasada, al más puro estilo Sálvame –recordemos que la productora, La fábrica de la tele, es la misma de ambos formatos- empezó a promocionar el programa sobre el fango periodístico cada tarde, y cada tarde usaba la técnica del cebo –como en Sálvame- para llamar la atención.

     El no va más de la investigación, trabajo que al fin se emitió, con la muletilla de Todo es mentira especial, el domingo por la noche, frente a lo de Ana Pastor en La Sexta –no sé qué me pasa, doctor, pero mi fascinación por la periodista se hace añicos, ¿es grave?-. Bien. De nuevo, La fábrica de la tele hizo de las suyas. Creó unas expectativas que no se correspondieron con lo emitido. De investigación sobre las cloacas del periodismo, nada. El esqueleto del programa fue la entrevista con David Jiménez, ex director de El Mundo, hablando de su libro sobre las presiones, chanchullos, amenazas, y vínculos que existen entre las élites periodísticas y las políticas o económicas. En fin, nada que no se supiera. Se mencionó al comisario Villarejo, a Inda, a Alfonso Rojo, pero no, no se ha investigado nada. El programa sobre las cloacas del periodismo sigue por hacerse.


jueves, 21 de marzo de 2019

Maldeojos. Pablo Simón


Pablo Simón
(Artículo publicado el sábado, 16 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Tiene toda la pinta de ser un empollón, un insoportable redicho, un tipo sin vida más allá de sus datos, de su labia, de su rostro seco que no parece diseñado para algo más que para semejarse a un rastrojo abrasado por la flama del mediodía. Es Pablo Simón, un joven feo que acaba siendo guapo, o al revés. Pablo Simón es politólogo, y da clase en la universidad Carlos III de Madrid. Pero se lo rifan en las teles, en la radio. No, no es por su cuerpo, eso sólo le pasa a Wyoming el apuesto, que está donde está como una modelo que desea la paz en el mundo cuando le piden opinión. Pablo Simón parece que sólo tiene cabeza, y cabeza que pasma por sus afilados, sensatos, serenos y brillantes comentarios. Brillante, brillante es el calificativo que uno dice cuando escucha a Pablo Simón en el plató de un programa.

     Jamás levanta la voz, nunca se altera, y cuando hace un análisis político, algo de verdad inaudito, el resto de tertulianos lo escucha con provecho. Ha pasado por casi todos los programas de actualidad de Atresmedia, sobre todo los de La Sexta, incluso da su punto de vista en El intermedio, sí, sabiendo navegar entre el rigor y el humor. Y también asomó la otra tarde, con esos enormes ojos suyos de entender el mundo, en Todo es mentira –el de Risto se ha volcado en la política como rifirrafe, y ha puesto a Inda en el punto de mira por su capacidad para hacer del periodismo un charco de detritus-, es decir, ha puesto un pie en Mediaset. A partir de ahora, en una etapa de encuestas y estrategias partidistas, la presencia de Pablo Simón no sólo está asegurada sino que será necesaria. Por cierto, seguro que es un cachondo en la intimidad. ¿A que sí?

miércoles, 20 de febrero de 2019

Maldeojos. Qué pena, Risto, qué pena


Qué pena, Risto, qué pena
(Artículo publicado el domingo, 10 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Cuando llegó Todo es mentira a Cuatro vi el estreno con un asomo de gozo, luchando conmigo mismo para combatir el prejuicio que me despierta el nombre de La fábrica de la tele, la productora del formato que, en teoría, nació para desmontar noticias falsas con el acelerador del humor, productora que también firma programas basura como Sálvame o Socialité, chuminadas de mucho octanaje donde la exageración, el amaño, y la mentira organizada en un sumario atroz y circense mantiene a su audiencia con la dosis de toxicidad suficiente para seguir pidiendo más y más. La fábrica de la tele es maestra en fabricar espectadores basura. Así que al saber que Todo es mentira es de La fábrica de la tele, negocio que es a Telecinco como Casado a Aznar, se me erizó la testuz, se me nubló la dignidad, me afilé las uñas, y casi empecé a escribir antes de ver la función, pero no, me contuve y esperé a ver qué hacía Risto Mejide y su equipo. Y juro por san Paolo Vasile, que está en el cielo abriendo las puertas del chiringuito de Mediaset, que me gustó. Pero me gustó unas horas, apenas un suspiro. La audiencia de la cadena, acostumbrada a urdiembres pestosas y gruesas como un cuesco de los tócame la flor de Gran hermano,  o de Hombres y mujeres y viceversa, miró a otros estercoleros menos irónicos, menos exigentes, con menos necesidad de al menos estar al corriente de la actualidad social, política o económica, y empezó a perder la batalla contra Zapeando, su adversario natural, al segundo encontronazo. Malo. Esta empresa lo tiene claro. Cuando un programa no tira, toma un camino. El mismo camino. Echar mano de La fábrica de la tele en todo su esplendor, haciendo lo que sabe hacer, es decir, elevar el chisme y la información gruesa a categoría de entretenimiento facilón. Y entonces llegó la claudicación alucinante de Todo es mentira. Y no porque el formato se haya metido el rabo entre las patas sino porque Risto Mejide, tan quisquilloso, tan duro, tan farruco cuando habla con sus invitados en Chester –la ministra Margarita Robles, a su paso por el programa, dice la web de la cadena, esquiva las balas de Risto- se haya bajado los gayumbos como una Sonsoles Ónega cualquiera, que hizo lo propio con su Ya es mediodía, que de anunciarse en Telecinco como un programa serio de actualidad y debate político quedó en cuanto bajó la audiencia en la mierda que es hoy, otra memez que habla con la importancia que merece con chusma como una señora ordinaria llamada Alba Carrillo y otras criaturas fabricadas por Mediaset.

Revancha de Tania
     Si en el mismo instante en que Risto Mejide y sus colegas de Todo es mentira vieron en el guión que iban a tratar la salida de Íñigo Errejón de Podemos para meterse bajo las enaguas de la abuela Manuela Carmena y Más Madrid como lo tratan Ya es mediodía o Sálvame hubieran dado un salto, hubieran abandonado en bloque el plató, y hubieran hecho una monumental peineta, Todo es mentira quizá ya no estaría en antena, pero sin duda la dignidad de la cadena, del presentador, de los colaboradores, y de la audiencia hubieran alcanzado cotas de magia catódica nunca vistas. ¿Fue así? Está claro que no. ¿Y qué hizo el Sálvame versión Todo es mentira, el Socialité de una inenarrable María Patiño versión Todo es mentira?  Por cierto, ¿es que le interesa a Socialité, esa cita con el chisme de baja catadura, la política? Me parto. Le interesa la política como al nuevo  Todo es mentira hacer de sus guiones un formato con garra e ironía. El programa de la mari Patiño se entristeció al enterarse de que la familia de Zaplana –ya libre, con sus millones a resguardo, dice la jueza- no vive su mejor momento ya que, tocada por la desgracia, no sólo tiene leucemia él sino que la misma enfermedad se le ha detectado a su mujer, Rosa Barceló, reportaje que firmó con la felicidad de un carnívoro ante un filete de vaca, Javier de Hoyos. Vuelvo al tratamiento en Todo es mentira de la salida de Errejón de Podemos. Que ha sido por despecho de Tania Sánchez –anterior pareja de Pablo Iglesias-. Esta teoría, rancia, ridícula y machista, es una afrenta para cualquier espectador con un mínimo de dignidad. Esto se va pareciendo más a Betty la fea, decían, mezclado con la venganza del Conde de Montecristo. El cavernícola del periodismo bufo ultraconservador Jiménez Losantos apunta la misma idea, que otros medios digitales, sin prestigio pero rancios como un aceite pasado, llevaron en sus titulares.

No me toque
     Por si faltaba algo en la debacle, en el derrape hacia territorios de exageración, llevando el modelo de Sálvame, que hace de la nada un mundo, una impostura, al plató de Todo es mentira, intentan hacerse las víctimas y hablan de censura. De censura política. En el estudio se ponen tensos e intensos, con caras largas, como si fuera otro show de la gran actriz Mila Jiménez en uno de sus dramáticos diálogos con el insustancial Rafa Mora, y uno de los colaboradores da paso al vídeo diciendo que Natalia Lombardo, nuestra reportera, acude a Guadalajara donde Pablo Casado visita un centro de empresarios, pero hete aquí que alguien de su equipo impide que la periodista le pregunte “porque ya habéis tenido ocasión de hacerlo en la rueda de prensa y ahora tiene una conversación privada y no es momento”, pero la intrépida reportera insistía metiéndose con el micro como una culebra entre la gente al estilo de Caiga quien caiga, aunque, viendo la escena creo que buscaba eso, que alguien la frenara, y ocurrió, y entonces vino el consabido “no me toque, yo sólo hago mi trabajo”. Bingo. Ya está. Las preguntas al líder del PP a quién le importan ya. Tienen lo que querían, como cuando hace tiempo los de Aquí hay tomate perseguían y tocaban los cojones de los famosos hasta que estos, cabreados como monas, se revolvían y se cagaban en lo más sagrado. Esa era la noticia. ¿Qué productora estaba detrás de Aquí hay tomate? Nuevo bingo. La fábrica dela tele. La misma escena, con el mismo diálogo –sólo estoy realizando mi trabajo, no me toque, no me empuje- consiguió la misma reportera cuando trató de hablar con la alcaldesa Manuela Carmena. Risto, hombre, a ver si es verdad que todo es mentira.

La guinda
¿TVE libre?
Da gusto ver por la mañana la tertulia de Xavier Fortes, que ha dado a Los desayunos de La 1 la dignidad, pluralidad, y olfato periodístico que perdió con el mamporrero del PP Sergio Martín, que en olvidada vida viva. El otro día dio la enhorabuena a Jordi Évole por su exclusiva mundial con la entrevista a Nicolás Maduro. Pues bien, la Plataforma TVE libre se indigna por ello y pide nada menos que su dimisión o cese. Qué cínicos.

viernes, 8 de febrero de 2019

Maldeojos. Inda, patético


Inda, patético
(Artículo publicado el martes, 22 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Siento mucho traer de nuevo a esquina tan principal del periódico a un tipo tan, tan marginal como Eduardo Inda, y eso que se lo curra para no bajarse del candelabro. Un botarate de la peor prensa como el mentado no para de gritar para llamar la atención, y ni siquiera una trola lo frena, es más, le pone. De entrada, lo que este señor pueda decir o publicar en su panfleto hay que dejarlo ahí, hibernando, olvidado, o sea, nada, que no me creo nada, algo así como el programa de Risto Mejide en Cuatro, que dice que Todo es mentira. Ya tenemos las dos patas del banco que hoy urden esta pieza. El panfleto de Inda publicó una noticia que decía que el chalet de Pablo Iglesias se levantó en un sitio protegido. El equipo de Todo es mentira consultó con los organismos correspondientes y concluyeron que no, que ese sitio, hoy por hoy, es legal, y urbanizable. 

     La otra mañana, a las puertas de Mediaset, cuando el trolero de la prensa sin prestigio se dirigía a maquillarse para acudir como tertuliano al programa de Ana Rosa Quintana, una reportera y una cámara de Todo es mentira lo abordaron interesándose por el asunto para saber si iba a desmentir lo publicado. La cámara, que caminaba hacia atrás, se topó con una puerta, que al no abrirse “embistió” a Inda en el cuello. Oh. El teatrero cayó al suelo entre aspavientos. Al levantarse, echando mano al móvil hizo fotos de las mujeres diciendo “me has dado y te voy a denunciar”. En lo de AR ya habló de agresión, el muy necio, el muy canalla. En Todo es mentira, que emitió la secuencia entera, sin cortes, se ve cómo sucede todo, y no, no parece una agresión. Lo que sí parece es que a Inda no le gusta que alguien lo llame en su cara mentiroso. Risto habla del último delirio del tal.

martes, 22 de enero de 2019

Maldeojos. Buenas mentiras


Buenas mentiras
(Artículo publicado el jueves, 10 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)     


     Pedrete, Pedrete, si no sabes exhumar pa qué te metes, dijo con soltura Elsa Ruiz, la trans del pueblo, tal como ella se definió en el estreno de Todo es mentira, vespertino que Cuatro estrenó el martes con muy, pero que muy poco éxito de audiencia si lo comparamos, que hay que hacerlo, con Zapeando, su rival natural de La Sexta. Esta chica, la trans del pueblo, junto a Marta Flich, Miguel Lago, Antonio Castelo, y la actriz Itziar Castro, de gordura infinita, desmesura anatómica que ella misma usó como elemento de humor durante el programa sin asomo de complejo, forma parte del equipo del nuevo intento de la cadena por reflotar su hundida tarde, bueno, y hundida mañana, y hundida noche, pero esta es otra película. Al frente de Todo es mentira, el que intenta ser el Frank Blanco de la competencia, don Risto Mejide, casi ausente, en un papel a medio gas que no acaba de encajarle o no acaba de dominar, aunque algo raro observo.
     El programa, lo digo rápido, quiere ser un Zapeando pero no lo consigue. Y ese es su error. Igual que Ese programa del que usted me habla, La 2, crece a diario también con el humor como materia prima, Todo es mentira ha de afinar su apuesta y ahormar su desarrollo porque de los formatos en esta franja es de lo mejor que Cuatro ha estrenado. Cada colaborador tiene su sección, pero no todas funcionan igual. Vuelvo al principio. Me quedo con el descubrimiento –no sabía de su existencia- de Elsa Ruiz. Curiosa fue la entrevista que le hizo al último embalsamador vivo de Paquito Franco. Además le propuso al director del Museo de Cera de Madrid, con mordaz seguridad, cambiar al Franco de cera por el original del Valle de los Caídos. Pueden tener futuro. A ver.








lunes, 7 de enero de 2019

Maldeojos. Menos "influencer" y más referentes


Menos “influencer” y más referentes
(Artículo publicado el domingo, 30 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Lo dijo en directo un pensador moderno que tiene espíritu de bufón, y hasta sus maneras y su forma atrabiliaria de vestir, exagerada y divertida, con un gusto que apuesta por las mezclas más chocantes, parecen ir en esa dirección, incluso su nombre de guerra, Bop Pop, bajo el que Roberto Enríquez ha fabricado todo un personaje, es indicio de alma festivalera y cascabelera. Y al mismo tiempo, y ahí su grandeza, el brillante análisis que de la tele y la realidad y la cultura y la sociedad y la política, hace esta eminente figura de la televisión, casi siempre bajo el amparo de Andréu Buenafuente, con quien ahora comparte travesía en Late motiv. Fue ahí donde una noche soltó la verdad verdadera que leemos en el titular de esta página. En nuestra sociedad, dijo, sobran  “influencer” y faltan referentes. Hubo un silencio gélido, atroz, un zarpazo como de la ira de un dios noqueado, una hostia en la línea de flotación de tanto impostor, un bendito escupitajo sin despeinarse a tanta chuminada fruto de egos cuya megalomanía es sideral, torrencial y vertical, o sea, el tonto de arriba se mea en los tontos de abajo. Pues ahora resulta que muchos de esos “influencer” son un bluf, una estafa, una mentira gorda, es decir, los buscavidas de toda la vida. Lo decía la semana pasada La Sexta Noticias en un reportaje que daba datos escalofriantes, asoma la voz de Pedro Piqueras desde Telecinco dando a entender que hay calificativos que sólo a él le pertenecen. O sea, decía el reportaje que presentó  Helena Resano al mediodía, uno de cada cuatro seguidores de la tropa de “influencer” son falsos. Las casas comerciales, que se han gastado más de 35 millones de euros regalando productos e invirtiendo en publicidad en los perfiles de algunos de estos impostores con más jeta que los montajes de Sálvame han tirado por el retrete cerca de 12 millones porque detrás de esas abultadas filas de seguidores a los que el influyente de turno iba a influir era eso, nada, un hueco, un agujero negro, un perfil urdido por robots que multiplican los “followers” o se compran como se compra en la oscuridad el silencio entre Juan Manuel Moreno, PP, y Juan Marín, Cs, para subirse el sueldo como primera medida de Gobierno en Andalucía.

Menos desayunos
     Estos van a pasar una Nochevieja y entrada de Año Nuevo que flipas. Ni los escotes ni las transparencias de Cristina Pedroche, que apareció en Instagram en bolas –literal, porque se tapó con un montaje de bolas de navidad engarzadas, demostrando que su sentido del humor sigue intacto- los va a emocionar tanto como que sus votantes, perfectos “followers”, tragan lo que tengan que tragar. Resumiendo, y como dirá Risto Mejide en cuanto pasemos de este 2018 al 2019, todo es mentira. Así es. Todo es mentira es el nombre del nuevo intento de Cuatro para comerse un cachito de la tarta de la tarde que hasta ahora se tragan como leones, y auténticos reyes de la selva, los de Zapeando. La mayoría de los “influencer” son más falsos que las risas y los brindis que mañana se verán en el programa de Nochevieja –empacho de Roberto Leal en La 1, que por muy mono que sea el chico todo tiene un límite, que no nos dará tiempo de tragar la última uva desde la Puerta del Sol junto a la diosa y maestra Anne Igartiburu cuando nos esté pidiendo que soplemos el matasuegras para celebrar ¡Feliz 2019!, esa eterna y rancia gala con que las cadenas, todas las cadenas, meten sus ancas en el nuevo año-. En el mundo “influencer” hay mucho “postureo”. Pero indaguemos un poco más sobre lo mismo. Entre referente e influyente hay una delgadísima línea que une a las dos palabras por sus significados parentales, pero entre influyente e “influencer”, que parecen semejantes, hay un abismo. Más desayunos tenía el referente de Al rojo vivo, pero no ha conseguido ser influyente, y mucho menos “influencer”, así que Xabier Fortes se queda dentro de unos días sin esa cola rara que hasta ahora mantenía la dirección de TVE haciendo un puente entre Los desayunos, La mañana con María Casado, y vuelta a Más desayunos, tertulia política que ha enganchado menos que las Amigas y conocidas de Inés Ballester de la etapa anterior.

Pelo púbico
     Vuelvo a Andalucía, que esta semana ha estado en el candelabro de todas las teles que en el mundo son. Está claro que para la derecha más airosa, más vanagloriosa, y más por mis cojones, Andalucía se ha convertido en un espejo, en el norte, en el ejemplo de los ejemplos. Vamos, en una auténtica “influencer”. Si allí se han unido las derechas, se unen en el resto de España, sean elecciones municipales, europeas, o siderales. Es lo que deduje viendo y escuchando al líder del nuevo orden, un Pablo “Aznarín” Casado que se movía sobre una tarima como se mueven los charlatanes vendiendo el crecepelo de toda la vida, con despliegue de sonrisa triunfadora, y con el que conectó María Llapart en La Sexta para que la buena nueva que llegaba de “la gran tierra que es Andalucía” no se descarriara. Están felices. Ya sin caretas. No hay nada que ocultar. El “influencer” y el referente del PP es Vox. Si a mitad del siglo XX Carmen Martín Gaite escribía la vida provinciana de las chicas de Entre visillos, las reuniones de la derecha con la extrema derecha del vaquero Santi Abascal se hacen detrás de las cortinas, como decía Susana Díaz entre una nube de periodistas, confirmando La Sexta el comadreo. Qué pena que a José Mota, todo un referente del humor, no le haya dado tiempo a meter en su especial de Nochevieja Retratos salvajes para La 1 –Siete horas con Mariano, El inimitable, Okupas en la Moncloa, e Historia de la Munda, remedo de la película del argentino Damián Szifron- los pactos andaluces de PP, C´s y Vox, el auténtico macho alfa. Seguro que Mota sabría encontrar humor donde yo sólo veo preocupación. El vaquero Santi se ha convertido en el auténtico “influencer” de la derecha salvaje, un referente que me eriza el pelo del pubis, por lo menos. Bop Bop, ilumínanos.

La guinda
Spacey es Frank
En la nueva temporada de House of cards, y tras la acusación de acoso sexual a un chico, Kevin Spacey, el presidente de EEUU Frank Underwood, fue apartado de la serie. Ahora, en un vídeo colgado en redes sociales, el actor ha vuelto a usar el malvado y adictivo personaje para defenderse. Lo titula Let me be Frank, algo así como déjame ser Frank. Hablando a cámara, desafiante como Underwood, habla de su inocencia.