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domingo, 11 de diciembre de 2016

Maldeojos. Informe basura



Informe basura
(Artículo publicado el jueves, 8 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)
      No es la pena de Telediario sino qué pena de Telediario, y de Informe Semanal, y de TVE. Qué pena, y qué rabia, y qué impotencia como espectador, ver a la televisión pública convertida en lo que la están convirtiendo. Es como si la cúpula directiva no viera el final de su decadencia, aún no hubiera tocado fondo en los recovecos de la más burda manipulación, como si no les quedara un mañana y antes de que los cambien, si de una vez los partidos de la oposición se toman en serio la agonía de la tele pública, le aprietan más el cuello por ver si se muere de una puta vez. ¿Vieron el Informe Semanal de la semana pasada? Una pasada. Un descaro. Un asco. Una provocación, al estilo chulesco del portavoz del PP en el Congreso, eminente representante de la política más macarra, don Rafael Hernando. Esta lumbrera sin memoria, de un cinismo atroz, capaz de todo, con el cadáver de Rita Barberá aún tendido en la fría soledad del suelo del hotel de lujo donde acabó su vida, lanzó la torticera idea de que eran otros, sobre todo los medios de comunicación, quienes la habían llevado a la tumba por la conocida como pena de Telediario, sin presunción de inocencia ni leches. Presunción de inocencia. Es la excusa. Claro que nadie es culpable hasta que la justicia dictamina. ¿Pero eso impide hablar de corrupción, de señalar las malas praxis, de apuntar con el dedo, de investigar a los presuntos chorizos? No. El propio partido del macarra portavoz, pasándose la presunción de inocencia que ahora reivindica como un escupitajo de su mala conciencia, apartó a la senadora de su grupo. Pero para el PP, a la ex alcaldesa la “mataron” otros, sobre todo los medios, teoría de Informe Semanal. Periodismo basura.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Maldeojos. El debate



El debate
(Artículo publicado el sábado, 5 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Venga, me uno a la corriente. Seguro que ustedes, más de una lectora y más de un fiel lector, estarán ya del rollo este hasta la pezuña del cerebelo -¿existe?-. El lunes tuvo lugar en el Palau Sant Jordi el concierto de los concursantes de Operación Triunfo a los quince años de haber terminado el programa. Durante este tiempo ha dado lugar a que Rosa López pula su cuerpo afilando su figura sin apenas grasa a la vez que se dejó por el camino parte de su intensa voz. Ha dado tiempo a que David Bisbal haya cambiado de pareja unas cuantas veces, siendo la primera Chenoa, otra chica de OT. Y ha dado tiempo a que TVE se hunda en un barro espeso de descrédito. La idea de reunir a los triunfitos ha sido un triunfo en audiencia, en comentarios, y ha vuelto a colocar a la televisión pública en un peldaño del que se bajó hace años. Negocio redondo.

     Este país va tan a la deriva, su corazón está tan roto, necesita tanto mimo y cuidados de mamá entregada, que ha hecho de la anécdota un debate nacional en medios, redes, y ha sido tratado por el Telediario de la televisión pública como si de verdad el beso no beso de Chenoa a Bisbal, después de cantar “Escondidos” ante un auditorio embobado, fuese una noticia de alcance y como jamás trató ningún caso de corrupción del PP. Hasta las cadenas de la competencia han participado en esta pueril disquisición. Me pregunto si Hora punta, ya saben, el programa de Javier Cárdenas, el señor al que se le entiende sólo la mitad de lo que dice, seguirá llevando a Álex Casademunt, de 35 años, o sea, un tío hecho y derecho, para que siga contando tonterías del encuentro. Para cobra, la de Rajoy a Jorge Fernández –ex de Interior- y a su ángel Marcelo, el aparcacoches. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Maldeojos. Aparta de mí ese "selfie"



Aparta de mí ese “selfie”
(Artículo publicado el domingo, 11 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     En este río revuelto de la política, oxidado, cansino como una digestión de carnes empapadas en salsas de alto voltaje, en este hazmerreir y hazmellorar de sus señorías, que siguen cobrando como si el mundo alrededor no viviera con estupefacción lo que son capaces de hacer para no hablar de esa ofensa y agravio públicos al ciudadano, atónito, a punto de ser abatido, en este chape chape de diputados escondidos detrás de una nómina que no deberían de cobrar por ley, igual que no cobra el albañil que no hace nada en el tajo, no cobra el enfermero que no acude al hospital, no cobro yo si no mando mis artículos, en esa burla en la que, oh, milagro, todos participan como una Aramís Fuster que reconoce que ni es bruja ni es nada con tal de apurar sus últimos coletazos como farsante, en este abrevadero en el que un ministro dimite por mentiroso, pero al siguiente minuto, el Cid braceador Mariano Rajoy, el líder dispuesto a regenerar la política con un par de cojones, va y envía a José Manuel Soria al Banco Mundial para ganar 18.000 euros limpios de lodo, pero enfangados de vergüenza y adornados por el desprecio con que el Rajoy más emputecido y cínico retuerce la realidad, las palabras, y sus promesas. De nuevo, un engaño. Otro. Con la nómina entre las patas, antes de llegar a cobrarla, acosado por el escándalo de su nombramiento, Soria no ha dimitido.  Lo ha echado la hartura de la gente, y Rajoy, de vuelta de China, en el avión, dicen que se hizo unos largos dando trabancadas de rabia porque no entiende a este país. De este mar de ofensa TVE se ha visto en la tesitura desquiciante de tener que hablar de la dimisión del cargo de un tipo del que, para proteger al PP y al Gobierno, ni siquiera hablaron de su nombramiento en el Telediario. TVE se autorretrata en cada informativo.

Rojo y Echenique
     En este río nauseabundo de la política, de patos satisfechos y acobijados en el silencio cómplice, las teles se ponen flamencas y tratan de convertir el aparente rifirrafe en combustible del espectáculo. Estaba la otra mañana Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos, hablando en directo para Espejo público con Susana Griso, y se refería al escándalo de ese nombramiento, al triunfo ciudadano por no aceptarlo, a la nueva burla de Rajoy, a su desprecio por la verdad y a su amor por el truco, hasta que la presentadora dio paso a sus colaboradores. Adelante, dijo. Me quedé de piedra. Allí estaba Alfonso Rojo. Periodismo y Alfonso Rojo es como unir Rajoy y regeneración, salvo que la traiga, aprovechando su visita relámpago, comprada en un bazar chino. Que si tienes dado de alta a tu asistente –que trabajaba en casa del político-, quiso saber el intrépido cantamañanas. Desde el principio di explicaciones, contestó Echenique, y no sólo eso sino que no cometí irregularidad alguna, según la asesoría jurídica del caso. Eso sí, le soltó en toda la cara a Rojo, aquí tendría que venir con su trabajo hecho, y saber que esa persona hace meses que ya no trabaja conmigo. Rojo no se puso rojo. Se ponen rojos, cuando los pillan en estos tropezones, quienes tienen algo de decencia. Menos mal que esta semana, que he pasado en Vitoria yendo de estreno en estreno –octava edición del FesTVal, como miembro del jurado en nombre de este periódico y del grupo al que pertenece-, ha vuelto para explicar con humor, quizá la única forma de acercarte a ese fuego fatuo sin que te queme ni aniquile demasiado, el Gran Wyoming y su equipo. Ya era hora. En paralelo, un tal Suso Álvarez, cuadra Telecinco, saca mucho la lengua creyendo que saca el calabacín, y quizá por eso lo han sentado en el trono de Mujeres y hombres, sueño húmedo de miles de jóvenes. Supera eso, tito Wyo.

El diario de Uri
      Como de Wyoming seguro que hablaré más de un día, ahí lo dejo, citado, emplazado, tranquilo de tenerlo a mano cada noche como espectador. Como Suso, con calabacín o sin él, me da igual lo que haga, diga, calle, piense o excrete, corro corriendo antes de que Cuatro –si no lo ha hecho ya- retire Hazte un selfi, que pretendía hacerle cosquillas a Zapeando. Lo presenta Uri Sabat, un guapo de revista de los años 60, un joven que se esfuerza por ser uno más de la tribu de la generación nacida a finales del siglo pasado, a las puertas del nuevo milenio, y que se pone en mitad del plató dando paso, como hace la televisión de siempre, a los invitados, jóvenes que se distinguen de sus padres en que, digo yo, todo lo que hacen lo retratan y lo suben a las redes. Me puse a ver Hazte un selfi y lo tuve claro. Uri Sabat, que pone el dedo tieso, como si disparara, tic de muchos monitos de feria que se imitan unos a otros cuando se hacen la foto en el móvil, es la Patricia Gaztañaga de este principio de siglo, y Hazte un selfi el Diario de Patricia del siglo pasado enharinado en las redes, en las nuevas tecnologías, y por muy plagado de “youtubers”, “influencers” y otros artistas del nuevo tiempo, no deja de ser un programa rancio de testimonios que aburre a las amapolas. Cada día un tema, unos testimonios de invitados que hablan sobre ese tema, y el presentador, como hacía Patricia, en mitad del plató leyendo las fichas para dar pie al invitado a que cuenta su historia. O sea, el Diario de Uri. Esta gente se hace fotos sin cesar, de forma compulsiva, o sube vídeos a Internet con sus historias. No hay que animarlos a hacerse un autorretrato. No hacen otra cosa. Sin embargo, don Mariano, por si le faltara algo, hasta en eso es de otro tiempo. Le hablan de “selfie” y se le tiñe el pelo sin pasar por la peluquería, ve una cámara y se da la vuelta. Un objetivo es su peor enemigo. Ese ojo escruta, vigila, desenmascara. Y él vive en su mundo de tinieblas. Que no lo saquen de ahí. Que nadie le enseñe el palo para hacerse el autorretrato. Que nadie me ponga la tele para ver la antigualla de Uri Sabat en Cuatro. Así que, cada uno con sus razones, yo, igual que Rajoy, también digo aparta de mí ese “selfie”.

La guinda
Tu tiempo
Esta semana se han cumplido cinco años de Tu tiempo, el espacio que presenta a diario Roberto Brasero en Antena 3. Ha hecho de ese espacio de información meteorológica algo más que un simple tiempo para el tiempo. Ha hecho un espacio de entretenimiento. Él mismo se mueve por el plató con ese espíritu, con su forma de decir las cosas, con sus gestos, sus ojos, los reportajes, con las fotos que envía la gente. Enhorabuena.

lunes, 1 de agosto de 2016

Maldeojos. ¿Y Venezuela?



¿Y Venezuela?
Artículo publicado el sábado, 16 de julio, en diarios de EPI PRESS)

Hace nada, apenas unas semanas, los días previos a las elecciones del 26 de junio, en el Telediario de La 1 teníamos la sensación de que Venezuela era cosa nuestra, un pegote añadido a la patria, una provincia española. Cada día se hablaba de la situación del país, del desabastecimiento de las tiendas, de la imposibilidad de encontrar papel higiénico, de las chifladuras de su patético presidente, un Nicolás Maduro al que sacaban cada día como un payaso estrambótico y fanfarrón que ocultaba con sus provocaciones políticas la realidad de un país en descomposición. Venezuela era, tanto en TVE como en el resto de cadenas, un tema, una sección, un recuadro, un tiempo sin falta. Todo interesaba, por supuesto si era malo, que es de lo que se trataba, de enfatizar aquel drama, de destacar las penurias de un país en manos de los malos que, ahí está la razón, resultan ser amigos del español Pablo Iglesias y sus huestes.

A por ellos. Se hablaba, mal, de Venezuela, para hablar, peor, de Podemos, que era el fin. TVE, de nuevo, para bochorno de periodistas y agravio de espectadores, al servicio del partido en el Gobierno. Era la consigna. A por ellos. La cosa fue tan indignante, tan marrullera, y tan atrevida, que, reló en mano, y según el Consejo de Informativos de la casa, en mayo se dedicaron 71 minutos a Venezuela y sus cosas frente a los 31 del paro, o los raquíticos dedicados a la corrupción. Toda elección para conformar la escaleta de un informativo ya implica tendencia. Dime qué eliges y te diré a quién proteges, o a quién atacas –perdonen la simpleza-. Pues bien, han pasado las elecciones, Podemos está donde está, pero Venezuela, que está como estaba, ya no es noticia. Milagro.

martes, 31 de mayo de 2016

Maldeojos. Nuestro dinero



Nuestro dinero
(Artículo publicado el sábado, 28 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Este fin de semana TVE vuelve a demostrar su descaro, su desprecio por el rigor económico y su desvergüenza al trasladar a un equipo considerable a Milán para rendir pleitesía al dios fútbol, o qué puñetas, para tirarse un fin de semana de puta madre a costa de usted y de mí, que costeamos la juerga. Lo curioso, lo llamativo, lo que te deja con un ojo echando fuego y el otro pendiente de la cartera, es que ni siquiera el partido entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid lo emite La 1 sino Antena 3. Pero eso no importa. Desde Milán se hace el Telediario con Pedro Carreño al frente gracias a una decisión suya, que para eso es presentador, editor y director del noticiario de fin de semana. Con él, hasta 20 personas. Un pastizal. Pero qué leche, no lo pagan ellos. ¿Hay necesidad de semejante dispendio en una RTVE que cerró el ejercicio anterior con un déficit de más 50 millones? Y eso qué importa.

     También nos enteramos ahora de que la ultraliberal Esperanza Aguirre, esa que cree en el sagrado sector privado, en la privatización, en el libre comercio, en acogotar lo público para fortalecer el negocio individual, esa misma que va por ahí repartiendo sermones sobre la maldad del Estado y la bondad sin fisuras de la iniciativa privada, coge el dinero de las arcas públicas para apoyar causas e ideologías cercanas en forma de chiringuitos privados –chorro de euros a cuevas de ponzoña como Intereconomía- y chorros millonarios desde empresas públicas –Canal de Isabel II- a medios públicos a su servicio, como Telemadrid. Es la misma historia. Desprecio por el dinero de todos en beneficio propio con excusas desvergonzadas. O sin ellas. Porque ellos lo valen.