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jueves, 15 de septiembre de 2016

Maldeojos. Aparta de mí ese "selfie"



Aparta de mí ese “selfie”
(Artículo publicado el domingo, 11 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     En este río revuelto de la política, oxidado, cansino como una digestión de carnes empapadas en salsas de alto voltaje, en este hazmerreir y hazmellorar de sus señorías, que siguen cobrando como si el mundo alrededor no viviera con estupefacción lo que son capaces de hacer para no hablar de esa ofensa y agravio públicos al ciudadano, atónito, a punto de ser abatido, en este chape chape de diputados escondidos detrás de una nómina que no deberían de cobrar por ley, igual que no cobra el albañil que no hace nada en el tajo, no cobra el enfermero que no acude al hospital, no cobro yo si no mando mis artículos, en esa burla en la que, oh, milagro, todos participan como una Aramís Fuster que reconoce que ni es bruja ni es nada con tal de apurar sus últimos coletazos como farsante, en este abrevadero en el que un ministro dimite por mentiroso, pero al siguiente minuto, el Cid braceador Mariano Rajoy, el líder dispuesto a regenerar la política con un par de cojones, va y envía a José Manuel Soria al Banco Mundial para ganar 18.000 euros limpios de lodo, pero enfangados de vergüenza y adornados por el desprecio con que el Rajoy más emputecido y cínico retuerce la realidad, las palabras, y sus promesas. De nuevo, un engaño. Otro. Con la nómina entre las patas, antes de llegar a cobrarla, acosado por el escándalo de su nombramiento, Soria no ha dimitido.  Lo ha echado la hartura de la gente, y Rajoy, de vuelta de China, en el avión, dicen que se hizo unos largos dando trabancadas de rabia porque no entiende a este país. De este mar de ofensa TVE se ha visto en la tesitura desquiciante de tener que hablar de la dimisión del cargo de un tipo del que, para proteger al PP y al Gobierno, ni siquiera hablaron de su nombramiento en el Telediario. TVE se autorretrata en cada informativo.

Rojo y Echenique
     En este río nauseabundo de la política, de patos satisfechos y acobijados en el silencio cómplice, las teles se ponen flamencas y tratan de convertir el aparente rifirrafe en combustible del espectáculo. Estaba la otra mañana Pablo Echenique, secretario de organización de Podemos, hablando en directo para Espejo público con Susana Griso, y se refería al escándalo de ese nombramiento, al triunfo ciudadano por no aceptarlo, a la nueva burla de Rajoy, a su desprecio por la verdad y a su amor por el truco, hasta que la presentadora dio paso a sus colaboradores. Adelante, dijo. Me quedé de piedra. Allí estaba Alfonso Rojo. Periodismo y Alfonso Rojo es como unir Rajoy y regeneración, salvo que la traiga, aprovechando su visita relámpago, comprada en un bazar chino. Que si tienes dado de alta a tu asistente –que trabajaba en casa del político-, quiso saber el intrépido cantamañanas. Desde el principio di explicaciones, contestó Echenique, y no sólo eso sino que no cometí irregularidad alguna, según la asesoría jurídica del caso. Eso sí, le soltó en toda la cara a Rojo, aquí tendría que venir con su trabajo hecho, y saber que esa persona hace meses que ya no trabaja conmigo. Rojo no se puso rojo. Se ponen rojos, cuando los pillan en estos tropezones, quienes tienen algo de decencia. Menos mal que esta semana, que he pasado en Vitoria yendo de estreno en estreno –octava edición del FesTVal, como miembro del jurado en nombre de este periódico y del grupo al que pertenece-, ha vuelto para explicar con humor, quizá la única forma de acercarte a ese fuego fatuo sin que te queme ni aniquile demasiado, el Gran Wyoming y su equipo. Ya era hora. En paralelo, un tal Suso Álvarez, cuadra Telecinco, saca mucho la lengua creyendo que saca el calabacín, y quizá por eso lo han sentado en el trono de Mujeres y hombres, sueño húmedo de miles de jóvenes. Supera eso, tito Wyo.

El diario de Uri
      Como de Wyoming seguro que hablaré más de un día, ahí lo dejo, citado, emplazado, tranquilo de tenerlo a mano cada noche como espectador. Como Suso, con calabacín o sin él, me da igual lo que haga, diga, calle, piense o excrete, corro corriendo antes de que Cuatro –si no lo ha hecho ya- retire Hazte un selfi, que pretendía hacerle cosquillas a Zapeando. Lo presenta Uri Sabat, un guapo de revista de los años 60, un joven que se esfuerza por ser uno más de la tribu de la generación nacida a finales del siglo pasado, a las puertas del nuevo milenio, y que se pone en mitad del plató dando paso, como hace la televisión de siempre, a los invitados, jóvenes que se distinguen de sus padres en que, digo yo, todo lo que hacen lo retratan y lo suben a las redes. Me puse a ver Hazte un selfi y lo tuve claro. Uri Sabat, que pone el dedo tieso, como si disparara, tic de muchos monitos de feria que se imitan unos a otros cuando se hacen la foto en el móvil, es la Patricia Gaztañaga de este principio de siglo, y Hazte un selfi el Diario de Patricia del siglo pasado enharinado en las redes, en las nuevas tecnologías, y por muy plagado de “youtubers”, “influencers” y otros artistas del nuevo tiempo, no deja de ser un programa rancio de testimonios que aburre a las amapolas. Cada día un tema, unos testimonios de invitados que hablan sobre ese tema, y el presentador, como hacía Patricia, en mitad del plató leyendo las fichas para dar pie al invitado a que cuenta su historia. O sea, el Diario de Uri. Esta gente se hace fotos sin cesar, de forma compulsiva, o sube vídeos a Internet con sus historias. No hay que animarlos a hacerse un autorretrato. No hacen otra cosa. Sin embargo, don Mariano, por si le faltara algo, hasta en eso es de otro tiempo. Le hablan de “selfie” y se le tiñe el pelo sin pasar por la peluquería, ve una cámara y se da la vuelta. Un objetivo es su peor enemigo. Ese ojo escruta, vigila, desenmascara. Y él vive en su mundo de tinieblas. Que no lo saquen de ahí. Que nadie le enseñe el palo para hacerse el autorretrato. Que nadie me ponga la tele para ver la antigualla de Uri Sabat en Cuatro. Así que, cada uno con sus razones, yo, igual que Rajoy, también digo aparta de mí ese “selfie”.

La guinda
Tu tiempo
Esta semana se han cumplido cinco años de Tu tiempo, el espacio que presenta a diario Roberto Brasero en Antena 3. Ha hecho de ese espacio de información meteorológica algo más que un simple tiempo para el tiempo. Ha hecho un espacio de entretenimiento. Él mismo se mueve por el plató con ese espíritu, con su forma de decir las cosas, con sus gestos, sus ojos, los reportajes, con las fotos que envía la gente. Enhorabuena.

jueves, 25 de agosto de 2016

Maldeojos. Timoneles



Timoneles
(Artículo publicado el sábado, 13 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     Igual que Telecinco flaquea en audiencia sin el “reality” de turno, a pesar de que las cacas que quedan se lo toman muy en serio y abanderan la maquinaria de la empresa esforzándose en rellenar sus contenidos suplentes con el mejor detrito, La Sexta está notando el bajón de audiencia sin sus mascarones de proa. A La Sexta le quitan la buena televisión que cada domingo hace Jordi Évole, con sus crónicas imprescindibles de este tiempo, y de repente se tambalea. A La Sexta le quitas la gotita que añade Ana Pastor con El Objetivo, que sin ser imprescindible aporta calorías al menú, y notas cómo parte del edificio se resquebraja. Pero, sobre todo, a La Sexta le quitas El intermedio, julio y agosto se llevan por delante a El Gran Wyoming y a su equipo, y el chiringuito entra en coma. Estos meses son terribles para la cadena, para la audiencia.

      Si te acostumbras a que te analicen el día a día desde ese prisma corrosivo y lúdico, si te acercas a El intermedio buscando el lado más canalla y, al final, más real de la política, y no lo tienes en la oferta, La Sexta no te vale a esa hora. Y te vas a otra pantalla o te vas de la tele. Así de radical es la relación con ese programa. La competencia, Cuatro, que no sabía qué hacer con esa hora, que lo ha probado todo, que ha estrenado espacios que ha clausurado a las pocas semanas, ha visto el cielo abierto, ha vuelto a creer en dios siendo Carlos Sobera su profeta con una biblia visual que se puede ver sin esputar demasiado. Hablo de First dates. Estas primeras citas le están dando muchas alegrías a la cadena pequeña de Mediaset. Hay días que hace un 12% de audiencia, es decir, lo que hacía El intermedio un día normal. Que vuelvan los timoneles, que La Sexta zozobra.

viernes, 31 de julio de 2015

Maldeojos. La Sexta se hunde



La Sexta se hunde
(Artículo publicado el jueves, 30 de julio, en periódicos de EPI PRESS)

      El titular de arriba no es real, pero es efectivo. Ha estado circulando y aún circula por las redes sociales. Quien lanzó la idea como información disfrazada de opinión parece que lo hacía preocupado por el momento “hundimiento”, es decir, que se propagó como una llamada de atención “a quien corresponda”. Nada más lejos de la realidad. El bulo sólo pretende verbalizar un deseo, como si viéndolo escrito llegara a producirse y La Sexta naufragara en los mares de verano tragada por el oleaje encrespado del resto de cadenas, que siguen a flote como bravas luchadoras. Detrás, como muchos lectores han advertido, vemos a los corifeos del Gobierno y el PP, con Rajoy al frente, que ven no en La Sexta como tal sino en figuras concretas como El Gran Wyoming o Antonio García Ferreras muchos de los quebraderos de cabeza de PP y Gobierno.

      Sin ellos, La Sexta se hunde –en audiencias-, alabado sea dios. No es así. Sí es cierto que sin El intermedio, que otros veranos emitía una selección de sus mejores momentos, ha bajado el cómputo general de la cadena, pero el programa vuelve en setiembre, así que ese “hundimiento” es como quien se da una ahogadilla en estos días tan tórridos. Yo sigo pensando que es bueno dar un respiro a los seguidores de uno de los espacios más ineludibles de la televisión nacional. Todos cogeremos con más gana la llegada de la nueva temporada. Otra cosa es que la cadena haya acertado con el programa que sustituye a El intermedio, un descanso que se suma al de El Objetivo y, sobre todo, al de Salvados, otro puntal de La Sexta, que no se hunde, así que tranquilos.

martes, 16 de junio de 2015

Maldeojos. Emilio Lledó



Emilio Lledó
(Artículo publicado el domingo, 14 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      Titular una columna cuyos contenidos giran en torno a la televisión con el nombre de un tipo del mundo del pensamiento como Emilio Lledó es tan extravagante como ver sentado al propio don Emilio junto a El Gran Wyoming para ser entrevistado en El intermedio. Primero fue la sorpresa, luego la satisfacción, el placer, el suspiro de alivio, el intenso disfrute de haber estado ahí para ser testigo del momento. Y luego la certeza de que la tele es lo que es, pero podría ser de otra manera, o sea, que nos dan gato por liebre. La presencia en El intermedio de Emilio Lledó, jovencísimo y coqueto  premio Princesa de Asturias de Humanidades –no, le dijo a Wyoming en su presentación, no tengo 88, aún tengo 87 años- me supo a poco, me supo a esos postres que dosificas con cucharitas de juguete para alargar el placer de degustarlos. Emilio Lledó demostró que al espectáculo y al entretenimiento, tal como se entienden en la televisión actual, o sea,  mezcla fatua de banalidad y carroña, infantilismo y dirigismo consumista, grosería y audaz erección de modelos sociales –está calculado el término-, se le puede dar la vuelta para que la reflexión y la lucidez, el amparo de la cordura, el estímulo para fomentar la actitud crítica del espectador ocupen el lugar que merece. Ya se ha hecho conocida la frase del académico cuando días antes de la elecciones del 24M decía que “ojalá regrese la cordura”. Hace un año el filósofo pasó por El objetivo, también en La Sexta, donde dijo, en el escaso y encorsetado ritmo al que está sometido el tiempo en el programa de Ana Pastor, que somos lo que hemos sido. La misma frase la repitió en El intermedio. La misma sensación de rapidez, de coito acelerado, de visto y no visto tuve escuchando al sabio zarandeado por los tiempos de la tele, que nada tienen que ver con el tempo del espectador. ¿Cómo justificar el corte grosero a don Emilio para irse a publicidad?
Emilio Lledó a su paso por El intermedio


Cállate, puto chino

      Eso demuestra que la propia televisión, como los escorpiones, es incapaz de dejar de ser televisión ni por un segundo. Cuando una cabeza como Emilio Lledó visita un programa informativo como El intermedio no se le dice al invitado que detenga su pensamiento y siga su reflexión después de la publicidad. Eso se le dice a Leticia Sabater cuando va a Sálvame de Luxe a hablar de su nuevo himen, de su ensanchada vagina, de su nuevo coño. A la Leticia esta se le puede cortar mil veces porque el flujo de su pensamiento es como el de Felipe Juan Froilán Marichalar y Borbón, adolescente bravucón, necio y absurdo, de sangre ignorante, que se cabrea en la fila del parque de atracciones para subirse a un artefacto y llama puto chino a un joven chino que le dijo que no se colara, a lo que el heredero a la Corona, –en cuarto lugar, pero heredero- contestó que no sabía “con quién estás hablando”. A estos mendas se les puede, y se les debe cortar. De raíz. Pues eso, que cortar a don Emilio es una bofetada, una provocación, un sacrilegio, como el polvo que echaron sobre el altar de la capilla de la cárcel privada Cruz del Sur la rubia protagonista Maggie Civantos y el moreno Roberto Henríquez… Pues se hizo. Por el pinganillo le dijeron a Wyoming que había que cortar, y justo cuando el invitado iba a hablar de la perversión del lenguaje por parte de los políticos, que lo adaptan a sus marrullerías, a su indecencia, y por eso nos enteramos de que Mariano Rajoy no tiene un problema de corrupción cuando quiere cambiar a Soraya Saéz por Alfonso Alonso sino un problema de comunicación para saber vender sus motos. Qué arte tiene mi niño. También lo dijo don Emilio, y muy clarito, la educación es la solución a todo lo que estamos viviendo.
Maggie Civantos, la rubia Macarena de Vis a vis, en Antena 3, y Berta Vázquez, La Rizos, en la cárcel de la serie, una producción que cada semana parece mejorar. Es un ejemplo -otro- del cambio en la ficción española.


Televisión de chichinabo

      Así es, salta desde La 1 Ernesto Sáez de Buruaga, convertido en las redes sociales en un Burundanga sin respeto ganado a pulso. Hubo quien pensó que Así de claro, la parodia de debate político en TVE, no se atrevería a tanto nivel de manipulación, a tan alto grado de sordidez tendenciosa, pero yo lo tengo escrito aquí. Van a por todas. El programa pertenecía –se lo han limpiado esta semana- al Grupo Secuoya, uno de cuyos altos ejecutivos es Jorge Sánchez Salazar, antiguo director de TVE en los tiempos de Aznar, el mismo grupo que está gestionando la autonómica de Murcia –el martes, 9, presentaron su programación, me temo que paleta, mortecina, y ensalzando unos valores caducos de una cretina e interesada identidad murciana o, mejor, murcianica-. Hay sitios a donde aún no sólo no llegó la cordura sino que se adhiere como una garrapata ver al espectador como gilipollas. Recuerdo las payasadas que tenía que hacer Aramís Fuster para mantenerse unos días más en algún plató. Ni sus propias videncias anunciaron su caída en desgracia. Claro que no hay que ser muy brujo para saber que si no pagas el alquiler, al cabo de unos meses te desahucian. Otro del submundo del espectáculo, Paco Porras, dijo lo que yo mismo sabía, que Aramís es una bruja de pacotilla. Siempre advertí en ella un lado turbio, soez y cínico, el mismo que advierto en algunos políticos, en algunos programadores, en algunas cadenas, en algunos que están ahí para trincar, en algunos a los que les importa una mierda la televisión de calidad, la que fomente la cultura como reflexión, no como payasada, no como burda exhibición de huertanos disfrazados –en el caso murciano-, una televisión de chichinabo, esa que hace de la salida y entrada de Isabel Pantoja un espectáculo indecente porque pone en valor justo lo que Lledó condena y detesta, una televisión que gangrena las neuronas hasta hacerlas útiles a quienes mueven el hilo desde despachos donde jamás ven sus propias cagadas. Ojalá el nuevo tiempo nos traiga la cordura necesaria para barrer sin miramiento a los que, sobre todo desde las públicas, hacen una televisión para ignorantes. Igual que Leticia, la ruda vedete de carretera, se ha puesto un coño nuevo, habrá que ir pensando en el cambio. Y que sea normal ver a los Emilios Lledós en los platós de la tele.

Pobre. Volvió como un Atila y ha salido de la pública, a donde jamás debió volver, como un conejito asustado. La audiencia se lo ha quitado de en medio en tres semanas por manipulador, dependiente del Gobierno, trasnochado, sectario y un sinfín de cosillas que hacían de Así de claro un bebedizo insoportable, dañino y tóxico.

La guinda
Censura
Me importa un truño lo que pase en Sálvame. Hace tiempo que no existe para mí como opción. Me da igual lo que hagan, digan, mientan, discutan o inventen sus trabajadores. Paz Padilla presenta a veces la ordinariez.  Pero resulta que a su novio, un tal Antonio Juan Vidal, lo imputan  por prevaricación –Operación Edu, en Andalucía-. Con otra gente se ha cebado el programa. Con éste callan por petición de la señora. Todo cuadra.