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miércoles, 22 de febrero de 2017

Maldeojos. Las reinas y el Moreno



Las reinas y el Moreno
(Artículo publicado el domingo, 19 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Le han soplado dos millones de euros por capítulo al menda lerenda que todavía debe a Hacienda cerca de cuatro, dato que en sí mismo, según las leyes o lo que quiera que sea en RTVE, imposibilita a cualquiera para trabajar con la cadena pública, salvo que seas José Luis Moreno, te pases las normas y las críticas por el sobaco, y den por válidas ideas que no pasarían el tranco de la calle en otras cadenas que no son La 1. No sé si ha visto una serie llamada Reinas. No se apure. No es la única persona que no la ha visto. Es más, apenas la ve un millón de criaturas. No va de reinas del espectáculo y el cabaret o de reinonas de tacón alto, mucho rímel, y paquetazo, no, va de reinas de verdad. Pero serie, historia, reinas, tele pública, y José Luis Moreno es un sindiós. ¿Prejuicios? Los habidos y por haber en el orbe. A los 23 minutos exactos la reina Isabel I de Inglaterra ya se revolcaba en el pajar con el corpiño abierto de par en par, el miriñaque hasta la cintura, la tiara encasquetada, y el pandero bien atacado por Robert, su consejero, quien, como hombre que es, “sólo servís para copular, y no todos con el mismo acierto”. Antes de que terminara el capítulo María Estuardo se lo daba todo a Rizzio, su amante confidente, aunque la de Inglaterra ya había probado las embestidas de Robert por detrás, momento cumbre que el guionista aprovecha para hacerle ver que las manchas de la espalda son viruela. Es verdad que los primeros minutos de Reinas, incluso con todos los prejuicios por ser vos quien sois, querido Rockefeller, te sorprenden por el abrumador derroche de suntuoso vestuario, de localizaciones reales, de peinados como edificios jaspeados con ricas baratijas a modo de pedruscos cegadores, pero en cuanto te acostumbras y entras en detalles el castillo de naipes es eso, un castillo de fuegos fatuos y oropeles cegadores cuya huera exhibición no lleva a ningún sitio.

Más puta que Rita
     Hay frases que sólo una cabeza que entiende el entretenimiento como una cinta sin fin de Noche de fiesta o como una escena de cama entre Pepa y Avelino puede parir. Y las pare en Reinas. Cito unas cuantas, sin duda brillantes. Si negociaras igual que fornicas, le dice a Robert Dudley Isabel de Inglaterra, en el contexto de la permanente rivalidad entre ella y su prima, la reina María Estuardo de Escocia, yo dominaría el mundo, una frase pomposa, de culebrón, muy del Moreno. Otra. Los hombres usan la espada como el símbolo de su pene, largo, afilado e hiriente, y la mayoría de las veces, inútil. Genial. Y otra, también al consejero, que no acaba de envainarla cuando ya ha de sacársela de nuevo. Desnúdate, le dice justo cuando se entera de que su prima María Estuardo de Escocia conspira dejándose engatusar por el amor interesado de Carlos, el hijo sádico y cruel y enfermizo de Felipe II, que también forma parte de la trama. Desnúdate, pienso mejor después de desahogarme. Por si faltara algo hay hasta polvos gay en la corte de Escocia. David Rizzio, el consejero de María, el guapo Carlos Camino, se lo monta con Lord Darnley, futuro marido de la reina, Harry Harvis. En Reinas, el que no corre, se corre, perdonen la vulgaridad. Si te pones memorioso y tiras de obras del autor, don José Luis Moreno, te sale un referente sin darle muchas vueltas a la chola, Escenas de matrimonio. Quedémonos con él. Lo es todo en Reinas. Menos llevar la corona, lo demás es obra suya, o sea, la dirección, la producción, el guión. ¿El guión? La gente que sabe de esto y se fija en esas cosas lo ha destacado. ¿Quién ha escrito el guión? Nadie. Siendo cosa tan principal, en los créditos no aparece la figura del guionista. Qué más da, si se va a hacer lo que diga el Moreno, que ya en el primer capítulo, y como no era plan de sacar a los chulazos en calzoncillos, sacó un baile con negros medio en cueros que quítame de ahí La alfombra roja palace, otro churro de nuestro autor vendido a la tele pública, más puta que Rita, que se lo traga todo.

Coronadas y destronadas
     En este ambiente de viva el lujo y quien lo trujo, y por si faltara algo, Reinas –más de dos millones de euros por capítulo, no lo olvidemos- no se grabó en español sino en inglés, así que lo que escuchamos es un doblaje ortopédico, rarito. No es de extrañar, por tanto, que al saltar la liebre de lo que gana el presidente de RTVE, José Antonio Sánchez, se entiendan los millones por capítulo de José Luis, toma, Moreno, nada menos que un 30% más que en 2015, o sea, 200.000 euros, y sin puertas giratorias ni puñetas, a lo bestia, como la entrada en Red Eléctrica del repeinado, y bien colocado Arsenio Fernández de Mesa, ex director de la Guardia Civil, que por una reunión semanal se embolsa unos 150.000 papeles. Así lo ha querido su amiguito Mariano Rajoy, que dio el visto bueno al nombramiento sin que le temblara la vergüenza. Él puede. Para eso es la reina madre del PP, aclamado como el líder supremo, como la estrella Orión, como la proa de esa nave carcomida por el cinismo y la corrupción como forma de vida, pero sabiéndose impune porque el votante, haga lo que haga esa factoría, sigue apoyándola con su voto. Si en las Reinas de José Luis Moreno –la de Inglaterra es Rebecca Scott, la de Escocia Olivia Chenery, ambas perfectas desconocidas- sabemos quién gana porque la historia, aunque la maneje el ventrílocuo, fue lo que fue, en Podemos, también. Si la corona no era para la reina de la coleta, el mundo se hundiría en un cataclismo de proporciones bíblicas, así que Pablo Iglesias el mesías se alzó sobre la multitud, con su mentón adelantado, sus manos haciendo palmas, y sus labios y su ceño apretados con ese rigor de los que se saben elegidos por el universo, con una frase de las más graciosas de los últimos tiempos, unidad y humildad. La repito, unidad y humildad, decía a los fieles, mientras alzaba chorreante la cabeza de la reinita Íñigo Errejón. Por cierto, las reinas del Moreno se follan todo lo follable, pero la serie se llama Reinas. Virgen y mártir. Este tío es un crack. Lo digo en serio.

La guinda
Otro en bolas
Literal. Fernando Tejero, el de “un poquito de por favor”, el mala hostia de Masterchef de los famosos, el de La que se avecina, y el hombre que salió del armario y no sólo se quitó algunos complejos de encima sino que le dio por el gimnasio, he entrado en la lista de los que para celebrar cualquier chorrada se hacen una foto en cueros y la cuelgan en internet. El ex pescadero ha enseñado el culo por San Valentín. Así va la cosa.

jueves, 11 de agosto de 2016

Maldeojos. Chanchullos



Chanchullos
(Artículo publicado el jueves, 28 de julio, en diarios de EPI PRESS)

      Las leyes están para saltárselas, ¿o es que aún no lo hemos aprendido? Usted y yo no, por supuesto, pero quien maneja la barca, y sus allegados, sí, por supuesto también.  Se dice que TVE no puede contratar a nadie, quiero decir a productoras externas a la casa, que no esté al día con el fisco. Usted y yo no tenemos más salida que estar al día con el fisco, con su santa madre, y con los primos del ministro, que en esta época se llama don Cristóbal Ricardo Montoro, el humorista del Consejo. Usted y yo, pringaos de libro, tenemos sólo una salida, la que marca el embudo por el que sí o sí hemos de pasar y, en mi caso, encantado de hacerlo, por aquello de las escuelas, la sanidad pública, la ley de dependencia, en fin, tonterías que no tienen la entidad de algunos defraudadores que sí llevan España en su sangre, joder, aunque su dinero lo lleven a otros paraísos.

      Bien. Hemos sabido algunas cosas de José Luis Moreno. Hemos sabido que se casó, que tiene algunos hijos, que le dieron un hachazo en la cabeza cuando los cacos entraron a su casa, que es el padre de Rockefeller, que es el autor de bodrios insuperables como La alfombra roja Palace, que cuando le da por hacer de la noche una fiesta, y en TVE, saca a los chulos en calzoncillos y en un alarde de modernidad hace cantar algún himno rancio a Francisco, ese artista, que TVE le ha encargado una nueva serie, Reina, virgen y mártir –dios, me espero lo peor-, y que para que pueda vendérsela a TVE, el tal Moreno tiene que estar al día con el fisco, pero el tal Moreno, gracias a alguna de sus productoras, nos debe cerca de 4 millones de euros. Ahí va. ¿Entonces? Fácil. En vez de la productora A, deudora, hace el trabajito con la B. Y a reír, uh, uh, uh.

miércoles, 1 de julio de 2015

Maldeojos. Mediocre decadencia en TVE



Mediocre decadencia de TVE
(Artículo publicado el domingo, 28 de junio, en diarios de EPI PRESS)

      El mayor problema para solucionar un problema es no ver que hay un problema. Si tú reconoces que bebes más que los personajes de Amar es para siempre, que no paran de echarse al coleto hasta el agua de los floreros, ya estás encaminado, dispuesto a imponer una estricta ley seca en tu garganta o a engrosar el grupo de los alcohólicos anónimos. Todo el mundo sabe que esto es así. Sea el problema que sea y se dé en el campo en que se dé. En TVE también. Pero la tele y la radio públicas van muy atrasadas. Aún no han visto el problema, o dicen no verlo. Es decir, les falta mucho para solucionar el lío. Y lío, hay. Por si faltaran manos para embarullar el ambiente llegó con su simpleza y vaguería habitual para encarar los asuntos Mariano Rajoy, que despachó el problema de RTVE apoyando como un cretino ciego a su presidente, José Antonio Sánchez al decir que aunque el presidente de la corporación vote al PP no afecta a la independencia del medio público. Desde el propio José Antonio Sánchez al director de informativos de TVE, José Antonio Álvarez Gundín, se partirían el lomo retorcidos con la ocurrencia del jefe supremo. No hay más que ver el tratamiento informativo que se le está dando a los primeros días de gobierno de Manuela Carmena en el ayuntamiento de Madrid. El día que saltó la noticia del “tuit” de Guillermo Zapata y sus bromitas con la ceniza de 600 judíos se empezó a disparar a la cabeza de la alcaldesa con balas informativas de más de 10 minutos y con el honor de abrir sumario, lo nunca visto para casos de pestosa corrupción del PP. Hoy por hoy, el ayuntamiento de Madrid casi se ha convertido en sección del Telediario. Todo interesa, por muy nimio que sea si es para poner a caldo a Carmena. Pero esta es la cara evidente, la que se nota en cuanto pones La 1. Sabes que esa información está amañada, que no es independiente, que sí tiene que ver lo que vota el presidente del cortijo con el tufo a olla podrida que sale por la ventana de la casa.

 La tele de Zapatero
      Lo menos evidente, aunque sea su consecuencia, es otro tipo de dolor, es la constatación de la muerte lenta hasta una irrelevancia notoria, de la tele pública. Sólo hay que fijarse en los últimos programas puestos en marcha por La 1. Desde su concepción, apuntaban maneras. Ese tipo de televisión sólo se le ocurre al enemigo. Lo que ocurre es que quien imaginó que José Luis Moreno podría resucitar la noche del sábado resucitando la tele de hace décadas no es un enemigo de fuera sino un enemigo interior. Son los peores, y eso lo sufre el propio PP, que tiene dentro una cosa llamada Esperanza Aguirre. Como era de esperar La alfombra roja Palace –nombre alambicado, estúpido, trillado, rancio- no aguantó ni cuatro pases de modelos, aunque sí dio tiempo a sentir el sudor atroz del bochorno al ver al cantante Francisco encabezando una pantomima folclórica de valencianismo insultante. Otra apuesta que rodó por el despeñadero de los fracasos, como si alguien esperara otra cosa, es la apenas cancelada vuelta, cancelada también por baja audiencia, es decir, por indiferencia ciudadana, de Ernesto Sáez de Buruaga, que ni siquiera se preocupó por renovar el corte de sus trajes, de un clásico turbio, igual que su papel como moderador, de un vigilante vehemente para que nada escapara a su ojo y los testimoniales discrepantes de plató salieran por peteneras hablando mal del partido. Era todo tan grosero que Así de claro no lo veía ni la familia de los que lo hacían. A la calle. Otro fracaso. Esto hay que arreglarlo, decían. Decían, cuando irrumpieron en la radio y televisión públicas en tromba, que había que “arreglar el desaguisado de la tele de Zapatero”, la mejor época de la televisión pública jamás vista nunca en nuestro país, la más independiente y premiada por público, crítica, y organismos internacionales.

La tele de Rajoy
      Ver hoy las tardes de la televisión pública es un dolor. Ni siquiera trabajos decentes y dignos como las series de sobremesa Acacias 38 y Seis hermanas resaltan porque están en un medio, La 1, irrelevante, desmontado a conciencia por quien dice defenderlo. Sus tardes son un dolor. Mientras Más vale tarde le toma el pulso al país en La Sexta con Mamen Mendizábal y Manu Marlasca, y emiten en directo aquello que es de interés político y social, nuestra televisión pública orbita espacios muy imaginativos justo para lo contrario, y eso que su colega se llama España directo, con el simpático y molón Roberto Leal y la risueña Sandra Daviú, que se columpian hablando del tiempo, de fiestas, de escapadas, y de recetas. Un desatino. Tratando de levantar la tarde estrenó La 1 Jugamos en casa, el concurso de Los Morancos. Ya lo ha retirado. Otro fracaso. Esta semana, después de las series, cine. O sea, una tarde mortecina en la pública, sin chispa, grabada, sin vida. Son tan malos estos gestores que apenas sirven para servir al amo. En el PP lo saben, y en el Gobierno también. Les falla la comunicación, dicen. Lo demás, como dios, es decir, la decencia, la mano dura contra la corrupción, el paro, las ayudas a los que no tienen, todo eso va como la seda, así que falla la comunicación. Pues se pone al depredador con piel de cordero y ojitos de conquistador Pablo Casado –tuitero feliz que hizo chistes con las víctimas del franquismo, pero sigue en su puesto- y se quita al amojamado Floriano, se olvidan de TVE, y a ver si se cuece de verdad el gran grupo mediático de la derecha que sirva de una puta vez al Gobierno –Vocento, Cope, 13tv, y Unidad Editorial, publicaba el otro día El Confidencial- para contrarrestar el efecto de las teles desafectas. Ya se sabe que “donde hay una buena manipulación informativa no es necesario el fraude electoral”, decía El Roto en uno de sus certeros latigazos. Así es. Mientras, asistimos con un dolor no disimulado sino aireado a la mediocre decadencia de la televisión pública de Rajoy. Qué pena.

La guinda
Gran lección
Te voy a dar un consejo. Para que realmente sean útiles tus preguntas, hay que esperar a que te las pueda responder, le decía con su temple proverbial en este tiempo de calambres Manuela Carmena a una no impertinente Ana Pastor sino a una maleducada periodista que desprecia la respuesta de la invitada como si lo que de verdad importara es su pregunta, un ejercicio perverso y pervertido del periodismo.

domingo, 29 de marzo de 2015

Maldeojos. La España perfecta



La España perfecta
(Artículo publicado el domingo, 22 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      Vamos por buen camino. Y la tele es testigo de ese cambio portentoso. Los telediarios cuentan con un archivo que vale más que las operaciones hacia el travestismo mariquita de Maradona, esa señorona que ama la silicona y el botox sobre todas las cosas, que recoge los inicios, el desarrollo, y la conclusión de una legislatura trazada con previsión de futuro, con vocación de asentar sus desastres sociales. Primero fue la bronca, aquello de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades, estrategia para ladrar primero y, acobardada la gente, ocultar mejor que fueron los bancos, algunas empresas gordas, los propios políticos, la administración y sus delirantes despilfarros, los defraudadores tan profesionales como patriotas, los que habían esquilmado, robado, y dilapidado el tesoro como se esquila una oveja con mala faca, a trasquilones, a golpes de usura, a la fuerza. Ya teníamos la crisis ahí, en nuestras puertas, un río que fue creciendo como una vaca sin cencerro ante los ojos torpes de Zapatero y que eclosionó con el nuevo Gobierno, que desde el minuto uno sabía qué había que hacer. Se inició el segundo paso. Eso de a río revuelto ganancia de poderosos. Despidos por la cara, contratos vejatorios, miedo laboral, desahucios, sanidad pública asediada, ministros embravecidos por creencias privadas tratando de imponer sus crucifijos ya sea en las aulas, en los sexos ajenos, o en el vientre de las mujeres, leyes al servicio de los chiringuitos del IBEX, y una carrera contrarreloj porque la meta, el final del ataque a los derechos y libertades conseguidos durante décadas tenía una fecha de caducidad, este año, 2015, año electoral, unos meses cruciales para vender lo que ya se sabía de antemano porque todo estaba previsto, o sea, que los mismos que provocaron esta ruina económica, y de paso social, se presentan ahora como salvadores. ¿Cuántos años han de pasar para recuperar de nuevo derechos que creíamos inamovibles? Esa es la clave de este arco en un país descompuesto. 

Los telediarios cuentan con un archivo que vale más que las operaciones hacia el travestismo mariquita de Maradona. En esos archivos encontramos de todo, más de lo que los políticos bocazas quisieran. 



Las bárbaras


      Me dirán que exagero, pero la realidad es tozuda. ¿Cómo, si no, un nefasto presidente, una sombra, un fantasma, alguien sin alma ni sangre en las venas, alguien que no da explicaciones, que a lo largo de la legislatura se ha escudado en una pantalla de plasma, amparado por un partido de corrupción radial, Murcia, Valencia, Baleares, Alicante, Madrid, es capaz de hablar de transparencia, de recuperación, de honradez sin que sus propios se le echen encima y lo acobarden dejándolo sin merienda en el último rincón de la casa? No sólo eso. El PP sigue siendo el partido más votado. Es como Telecinco. Es la cadena más criticada, la que más sanciones por diversos tipos de vulneración legal tiene, la que emite más programas de mal gusto, la que nadie quiere y la que nadie ve, pero es la cadena con más audiencia. Ni Íker Jiménez le mete mano a este misterio. Vivimos en un país donde una señora dice hoy que deja la política y que jamás luchará por la alcaldía de Madrid y mañana se mueve como una culebra para ser candidata, por eso Esperanza Aguirre, esa serpiente con sonrisa de mamífero, es una estrella que se rifarían en cualquier reallity, por rubia, por pizpireta, por falsa y maquiavélica, por ser capaz de rebanar la garganta de Mariano Rajoy en directo si la ocasión saliera a su camino sin dejar de sonreír. Este ejemplar dirigió desde su despacho de presidenta de la Comunidad de Madrid la televisión autonómica con mano de limpiadora de pueblo, de esas que nunca ven brillante el horno de quemar adversarios, manipulando, endeudando y desprestigiando tanto el medio que, grotesco y enclenque, ni siquiera sirve al interés del amo. Por el mismo camino, bárbara y cínica, se mueve Mariloli Cospedal en su tele castellana. Y se movieron en Valencia hasta arrasar Canal 9. Y en Murcia, con una tele de chirigota que de nuevo intentan poner en marcha a pesar de la orden de suspensión del concurso de adjudicación del gobierno murciano al Grupo Secuoya. Estos vaivenes, este derroche de dinero público, no los paga de su bolsillo el que delira sino nosotros.

Este trío representa a la perfección el cinismo, el engaño, la estafa política, la desvergüenza. Cospedal se indignaba en TVE acusándola de falta de libertad cuando Ana Pastor la entrevistaba en Los desayunos, la misma señora que ahora dirige su tele castellana en la que aparece las cuatro primeras noticias están dedicadas a ella, sin matices, sin discrepancias, sin oposición. Esperanza Aguirre miente antes de abrir la boca. Fue la que llevó a Telemadrid a la ruina económica y a la irrelevancia social. Y el señor del centro, bueno, ya sabéis, un inútil al servicio de las grandes empresas que se escuda en un plasma.



Vota y calla
La descomposición orquestada no puede ser perfecta si la televisión pública nacional no viaja a la misma velocidad que el poder político. La sincronía es conmovedora. Hace pocos días hablaba aquí de la vuelta a TVE de Bertín Osborne, y nada menos que con un género que es todo un tratado periodístico, la entrevista. Hace poco, en el Congreso de Periodismo Digital celebrado en Huesca, Soledad Gallego-Díaz, periodista lúcida y cabal, dijo que los que provocaron la crisis no son ni listos ni tontos sino tipos sin escrúpulos. Los que desde TVE viajan a la misma velocidad del Gobierno, enseñando a los votantes el mismo paisaje que ve el Ejecutivo y el partido que lo sustenta desde su interesada atalaya, no es gente ni más lista ni más tonta sino tipos sin escrúpulos. Gente que está apostando por el pasado enmascarado de presente o, más cruel y atrevido aún, de futuro. Como escribía el colega Pérez de Albéniz, “han llegado para quedarse, para recordarnos quiénes somos y de dónde venimos”. Bertín Osborne haciendo entrevistas En tu casa o en la mía para la televisión pública nacional es un agravio, y no es gratuito. No interesa el periodismo que investiga, analiza, pregunta y repregunta, no interesa el periodismo incómodo, ni el debate plural. Bertín Osborne en horario estelar en las noches de la pública será una fanfarria, un divertimento de moscas, sangre, escapularios, arena, golpes de pecho, penitentes, y putas. Para completar las trazas y el desbarre, la falta de escrúpulos de los tipos al servicio de la idea, la misma cadena vuelve a contar con José Luis Moreno, al que le pone La alfombra roja. O sea, machismo, represión sexual, estulticia a espuertas, músicas enlatadas, entretenimiento de saldo, chistes de mariquitas, de gangosos, las gracias de toda la vida, como dios manda, coño, la España perfecta, joder con tanta tontería. Vota, ríe, y calla, gilipollas.

Como no hay periodistas de prestigio y crédito, La 1, siempree tan atenta, tiene la solución para su programa de entrevistas en hora de máxima audiencia, contar con Bertín Osborne, el de arriba.
      

            
La guinda
Venezuela
Juro por Hugo Chávez, que todo lo ve y todo lo sabe, que detesto la gobernanza de su país, una Venezuela en manos de un acólito lunático. ¿Vieron En tierra hostil dedicado a Venezuela? Mamá, qué miedo. El retrato que hizo Alejandra Andrade y el equipo fue terrible, con una música de fondo espeluznante. Quisieron crear tanto clímax que ni se entendía lo que decían. ¿Todo en ese país es como nos lo enseñó Antena 3?