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jueves, 23 de mayo de 2019

Maldeojos. Viva la...


Viva la…
(Artículo publicado el martes, 14 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ya saben, y si no, se lo digo yo. La intensa, alegre Emma García, la que cogía el micro de Mujeres y hombres y otros berzas como un pene inalámbrico y no lo soltaba ni con agua hirviendo espatarrada en las gradas del plató dice ahora, desde que el programa choni lo hace Toñi Moreno en Cuatro, Viva la vida. Yo digo Viva la mierda. Lo siento. El sumario de este magacín de la tarde dominical de Telecinco –poco a poco se lo traga Cristina Pardo en su programa de La Sexta- da palos a todo, a la música, a la entrevista y al reportaje, al cotilleo y al famosillo labrado en las celdas de la cadena para usarlo hoy y dejarlo tirado mañana como un clínex pringado de orines, semen, o sangre. Una de sus secciones la conforma el cocinero y ex futbolista granadino Jorge Brazález, que ganó la quinta edición de Masterchef.

      Pero una buena tarde a la señora presentadora, creyendo estar en su antiguo dominio de chonis en acción preguntó al cocinero sobre su boda con su novia, pregunta que al señor no le sentó nada bien –hay que ser tiquismiquis y un poco desubicado para enfadarse en Telecinco por esas mamandurrias-. Pues bien, si esa pregunta fue hace dos domingos, el domingo día 12 el guapo cocinillas anunció que dejaba su colaboración en Viva la vida para dedicarse a las cocinas de su restaurante. ¿Causa y efecto? Ambas partes lo niegan. Ni entro ni salgo. Me deja témpano perdido, como cachondo la señora Ayuso, aspirante del PP a presidir Madrid. La misma tarde preguntaron a Julián Muñoz, el de Marbella, sobre su ex, la Pantoja, en Supervivientes. ¿Votaría para echarla o para salvarla? Huy, no puedo votar, estoy inhabilitado –dijo irónico-. Y siguieron chapoteando en la caca.

martes, 15 de agosto de 2017

Maldeojos. Haber estudiado



Haber estudiado
(Artículo publicado el 13 domingo, 13 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     Mamá, me han ofrecido trabajo en Telecinco. Haber estudiado, contesta la madre. Me gustaría que la idea fuese mía, pero no. La copio mientras me muero de la risa por la ocurrencia, y de la envidia por no habérseme ocurrido a mí. La leo en las redes sociales, a veces tan finas y puñeteras, tan acertadas como un puñal de hielo. Esta ingeniosa frase es algo más que una ocurrencia, es un retrato feroz, lapidario y certero de una cadena y del ganado que se embrutece dentro y fuera de su redil. Yo creo que cuando alguien le dice a su madre que ha encontrado trabajo en Telecinco, y la madre contesta, sin inmutarse, como si al hijo o hija le hubiera caído una desgracia, que eso pasa por no haber estudiado, se está pensando en uno de los mascarones de proa, en uno de los faros, en la bandera que hace reconocible a la cadena, en Mujeres y hombres y viceversa.

    
     Este programa sigue siendo uno de los grandes desconocidos para mí, y eso que llevo en esto del comentario televisivo más de una y dos décadas. Ni he querido ni quiero saber la mecánica de esa basura que gestiona a diario la sonriente Emma García, periodista al servicio de uno de los pudrideros intelectuales más activos y nocivos de la televisión porque, por desgracia, y aunque flipe uno más que el periodismo con Marhuenda, la fauna que se sienta en el plató del programa se convierte de inmediato en referente, en ejemplo a seguir, y vemos cómo la simpleza, la estulticia, la desgana intelectual, y la ignorancia premiada son valores que ensalza la cadena a través de ese esparcidor de los purines más infames. Algunos chicos y chicas del vertedero se jactan de su ignorancia diciendo, “mamá, mamá, no quiero estudiar. Trabajaré en Telecinco”.

miércoles, 6 de abril de 2016

Maldeojos. Niños, a la mesa



Niños, a la mesa
(Artículo publicado el domingo, 3 de abril, en diarios de EPI PRESS)

      Recuerdo la voz de mi madre llamándonos para comer. Al principio era algo rápido. Se asomaba a la calle, y casi sin mirarnos soltaba su reclamo. Ninguno le hacíamos caso, y seguíamos retozando en la tierra del bancal o correteando por el cerro. La segunda vez era de otra manera. Se apostaba en la esquina, miraba a uno, y sin decir nada señalaba la puerta de la casa con el dedo tieso. Al final, con la alpargata en la mano, empezaba la fiesta volando sobre nuestras cabezas un obús que a veces se podía esquivar y otras, las más, estallaba en la espalda o te ponía los muslos de salmonete. La comida era sagrada. La comida es sagrada. No es sólo alimentarse. Es algo más. En nuestro país, muchísimo más. Forma parte de nuestra vida, se piensa en comer aunque estés en la mesa, se planea la cena con delectación, se piden recetas que te han gustado, y sabes valorar si un plato está rico, o bien porque te sorprende la primera vez que lo pruebas o bien porque te recuerda a aquellos sabores de la infancia. El gusto y el olfato tienen un poder tan evocador que nos conforman. La televisión sabe eso, y por eso la cocina, las recetas, la alimentación, los consejos para comer bien, y barato, y fresco, salpican la programación de todas las cadenas. Perdón, menos Telecinco, que desde que dejó de contar con Carlos Arguiñano sólo sirve platos grasientos, tóxicos, vulgares, basura. Hubo un intento de contar con otro programa de cocina muy en la línea de la cadena, pero ni siquiera el cocinero vasco, el cachondo David de Jorge, que ofrecía verdaderos alardes de mal gusto, pudo remontar esa hora de la mañana, así que la cadena cortó el chorizo, el tocino, el morcón y la fritanga del cocinero de las “guarrindongadas” y puso otras vísceras, las que ahora trajina Emma García con el nombre de Mujeres y hombres, pero dejemos estos esputos alejados de nuestra mesa por ahora.

La BBC, en España
Que la cocina y sus alrededores interesan parece claro. La 1 siempre atendió estos menesteres. Incluso en exceso. En el magacín de la mañana, con sección propia, y en el magacín de la tarde, cuando los de España directo hacían la ruta del restaurante español allá por donde tocara –no sé si lo siguen haciendo porque ni siquiera sé si todavía hacen el programa, que acabó presentándolo Roberto Leal, programa que nació decadente y ahora es un símbolo del derrumbe de la tele pública al que no hace caso nadie-. Hablar hoy de programas de cocina en La 1 es hablar de Torres en la cocina, que presentan los gemelos Javier y Sergio Torres, un par de tipos que poco a poco han sabido sacarle chicha a la tele porque al principio, las primeras veces que salían en Cocina2, en un viaje gastronómico por las recetas más llamativas de cada zona del país, parecían no estar en su ambiente, como sobrepasados por lo que tenían alrededor. El programa se emitía después de Masterchef, otro de cocina que ha hecho mucho para que los fogones interesen a grandes y pequeños –con Masterchef junior-. Y como no hay cocinero catódico sin libro, los gemelos Torres también tienen ya el suyo. En Antena 3, para resumir, está Carlos Arguiñano, ese campeón que lleva años divulgando la buena alimentación, que no tiene que ver ni con lo caro ni con lo difícil. Pero la tele, lo digo una vez más, es espectáculo. Y aquí llega Alberto Chicote, el hombre orquesta. Lo mismo hace aspavientos, con el morro así, para abajo, como los toros antes de la embestida, mirando a cámara con ojos de morlaco exagerando el asco que le da lo que ha visto en el restaurante de Pesadilla en la cocina, que se deja hipnotizar en el teatrillo de 1, 2, 3, hipnotízame, presenta con maneras de gran show Superalimentos, como hizo el lunes para Antena 3, en la misma línea de Mitos de los alimentos, o lleva la batuta en Top Chef. El tío es listo, dice que su producto fetiche, ese que no puede faltarle, y que cuando viaja va con él, es el aceite de oliva virgen extra. Yo también lo hago. El aceite fue uno de los alimentos que se analizaron en el programa, quedando claro que tomar buen aceite es como si regaras tus arterias con agua de la sierra. Interesa tanto lo que ponemos en la mesa que hasta The trip, programa de BBC Two, grabará en España su tercera temporada, que cuenta con Steve Coogan y Rob Bridon, actores que recorrerán nuestro país para descubrir, entre risas, nuestros tesoros culinarios.

15.000 al mes
Hace unos días veíamos con horror al moranco César Cadaval muy sonriente sujetando un rifle de caza, sin ser Juan Carlos de Borbón, ante un guepardo abatido. ¿Piensa el humorista carnívoro zamparse unos lomos de ese cadáver, o sólo mata bellos ejemplares como un rey salvaje por amor a la caza? En El chiringuito de Pepe, lo más cercano en la cadena de Paolo Vasile a la gastronomía clásica, es decir, lo que entra por la boca para alimentar tu cuerpo, dejando al margen lo que entra por tu cabeza para intoxicar tu coco, no ponen lomos de guepardo, y hasta el aceite traspasa la pantalla y huele a fritanga, a grasa revenida, a tufo de rancho. Seguro que Dani Rovira habrá pensado en ese asco para quedarse hecho un fideo, tal como lo hemos vistos en fotos para adaptarse al nuevo personaje que interpreta en “100 metros”, Ramón, enfermo de esclerosis múltiple. No es que el malagueño tuviera lorzas como para repartir jamón a la puerta del cine, pero más de un kilo ha perdido, y se nota. Según hemos sabido, quienes no pasarán hambre conociendo lo que ganan al año es la gente de esta lista. Ana Rosa Quintana, unos 4 millones. Pablo Motos, otros tantos. Jesús Vázquez, 3, como Jorge Javier Vázquez. Y así hasta los 2 millones de Matías Prats o el millón y pico de Bertín Osborne en su salto a Telecinco. De modo que los 360. 000 euros de Wyoming son migajas. Para qué hablar de lo que gana la pobre Mariló Montero, que se conforma con poco más de 170.000. Qué injusta es la vida con Mariló ¿Quién puede vivir con 15.000 euros al mes? ¿Qué pones para comer? ¿Cómo les dices a tus hijos vamos, que la mesa está puesta?


La guinda
Évole&Rajoy
Choque de trenes. O ya veremos. Ya no es un aquí te pillo esquinero y aquí te mato sino un encuentro formal, con luces preparadas, con sonido controlado, con cita previa, o sea, “lo que viene siendo” –decían en Los Serrano- una entrevista en condiciones. Al fin lo consiguieron en Salvados, que regresa este domingo después del parón de las fiestas de primavera. Al fin consiguió Jordi Évole sentarse tranquilo frente a Mariano Rajoy.

martes, 15 de diciembre de 2015

Maldeojos. Que viene el coco




Que viene el coco
(Artículo publicado el domingo, 13 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

      Supongo que lo habrán leído, o escuchado. Surgió en Twitter, y ya no ha parado. Creo que resume una sensación. A ver si están de acuerdo con lo que dijo Dani Bordas en su cuenta. Tengo la tele apagada y está saliendo Albert Rivera. No me digan que no es de lo mejor que se ha escrito sobre la presencia de los candidatos en la tele. Incluso con la tele apagada puede asomar Pedro Sánchez –qué gritos en A Coruña, qué patético- sonriendo como un actor de dentífricos. Con la tele apagada podemos ver a Pablo Iglesias con su cuello adelantado, sus brazos extendidos haciendo palmas, sus dientes desparejos y su coleta cayendo como una pesada cruz sobre el hombro. Hasta con la tele apagada sale Mariano Rajoy, ahora que se ha soltado la lengua, salió del plasma, y ha descubierto que los ciudadanos preguntan –en La Sexta Noche-, pero no se comen a nadie, además, que a él le da igual lo que pregunten porque responde cantando por verdiales. La imagen de Pablo Iglesias tocándole la guitarra a Maritere Campos, perfumada de naftalina, resume este tiempo de chichinabo político. Mi adorada Mariloli Cospedal, siempre fina, esquiva, lianta, estricta, biliosa, vestida de luto aunque lleve leotardos de lentejuelas, lo ha dicho, “los políticos no somos ni artistas ni tertulianos”. Toma, Soraya. Los programas de la tele han sustituido al programa político. Una carrera con Jesús Calleja suple el plomo repipi de Rivera. Una visita a la cocina de Bertín Osborne, el vendedor de charcutería, desenmascara al Rajoy que sigue gritando, haga lo que haga y diga lo que diga, ¡Viva el vino! Los políticos se han convertido en el coco con el que asustar a los nenes. Cállate, o te siento delante de la tele. Cómete las acelgas, o pongo la cinta sinfín con el debate de Atresmedia.
Desde el minuto uno este yogurín -de nunca me gustó la leche cortada- sabía lo que quería. Y cómo conseguirlo. Las chonis de Mujeres y hombres y viceversa hacen lo mismo en Interviú. A día de hoy el señor Albert lo ha conseguido. Pones la tele, y está él. Y la quitas, y sigue ahí.


Pitingo no, por favor
No sé si algo así pensaron en el estreno de la tercera temporada de Masterchef Junior. Ay, que me da. Y eso que uno ya tiene los colmillos retorcidos. Pues no que van y sacan a Pitingo cuando los nenes cocinaban en la explanada de un parque temático. Qué miedo. Sus dientes de cal restañaban en su rostro maqueado casi a lo Antonio Machín. Anda, canta, le pidió Jordi Cruz en un momento de locura. Y cantó. Los críos, atónitos y paralizados por la visión, se miraban unos a otros como diciendo, “los mayores están zumbados, qué pinta aquí este tío”. Y el tío se echó a cantar y a hacer palmas, ole y ole, entornando sus ojillos de reptil en trance, demostrando que el flamenquito es una de las invenciones más dañinas y pedorras de las últimas décadas. Pitingo tiene un arte que no se puede aguantar. Literal. Es insoportable. No sé si antes, o después, vimos que a  Pablo, 12 años, de Madrid, se le resbaló un enorme cuenco donde su grupo preparaba la crema catalana del postre formando un berenjenal que apagó de su cara, y de golpe, las cinco estrellas Michelín de Jordi. Pablito, el niño manazas, lo dijo menos poético. “La he cagao”. Así que, padres, ya saben, de ahora en adelante, además de amenazar con dejar a los nenes encerrados en una habitación con la cara de los políticos en campaña, díganles que Pitingo puede aparecer cantando flamenquito en cualquier momento. Yo creo que funcionará. La cosa se está poniendo fea. No enciendas la tele, que aparecen. Lo de Bertín es un ejemplo. Antes se conformaba con llevar a casa a sus invitados de uno en uno, incluso se metía en la cama con algunos, como con Arturo Fernández, pero sin mariconadas, joder. Ahora hace tríos. La visita esta semana del jurado al completo de Masterchef a la cocina de Fabiola, más machista que el marido, es la demostración de que En la tuya o en la mía va sin control, es una factoría, una fábrica de churros, una fórmula, un esquema repetido que empieza haciendo el paripé de la llegada inesperada, oh, ¿cómo tú por aquí?, pasan a la escena del sofá, luego a la cocina, más tarde al epílogo del futbolín, y luego tú a tu casa y yo me quedo en la mía con la pasta, joder, joder, joder, qué chollo. 
Qué arte, ojú. Tiene un arte este menda que no se puede aguantar. De verdad. Vamos, que es insoportable. Ay, esos pelos, si es que..

Papilla homogénea
Algo así pensará Emma García, la señora espatarrada, la de las gradas de Mujeres y hombres y otros berzas, esa que no lleva micrófono de solapa sino micrófono de mano, como los de antes, esa que se ha hecho fuerte asustando no a los nenes sino a los padres. Mujeres y hombres y otros berzas es el coco, el terror de los papás con tres dedos de responsabilidad. Mira que si mi hijo me sale tronista de discoteca, mira que si mi hija es una choni encubierta que aspira a enseñar el chumino en una revista para camioneros. A Emma García le da igual. Lo que le echen. No es moco de pavo escuchar a la reina divina del amor de garrafa haciendo campaña por los niños pobres. La tía levanta una caja de cartón a modo de hucha y mirando a los berzas que la rodean les dice que todos están comprometidos con la pobreza infantil. El esturreo de risas va por dentro. Esta tropa está comprometida, sí, pero con el gimnasio y sus ombligos. Pones Antena 3 y te sale Albert Rivera, pones La Sexta y te sale Pablo Iglesias, pones La 1 y te sacan a Rajoy, pones Telecinco y te sale un choto pastoreado por Mercedes Milá o similar, pones Cuatro y te sale una ordinaria con el guacamole al aire. El otro día vi un vídeo de Adán y Eva en el que la Eva garrula hacía un examen de cultura a los adanes que la pretendían. “Pa mear y no echar gota”, diría Belén Esteban, otra que sale con la tele apagada. Dime el nombre de un escritor, inquiere la señorita. Antonio Machado, dice muy seguro un Adán con el grifo arrugado, que es “poeta y literatura”. Como suena. Poeta y literatura. Suficiente. Sólo falta que apagues la tele y siga ahí Rosa Benito, que ha vuelto al redil de Mediaset por la puerta de Sálvame. El coco tiene múltiples caras hoy en día, que homogeneizadas por la misma pantalla hace una papilla con políticos, tertulianos, cuentistas, concursantes, aspirantes, chulos, putos, y vedetes de burdel. 
Ojo, que esta absurda también aparece en cuento te descuides.


La guinda
Saben que…
Fue usted uno de los pocos espectadores que vio el miércoles por la noche, en La 1, el debate a 9? Dos cosas. La tele pública pensaba emitirlo como el que se quita un muerto de encima, hacia la 1 de la madrugada. Pero la Junta Electoral obligó a emitirlo en horario de máxima audiencia –qué vergüenza, qué sindiós-. ¿Saben que cuando Antonio Hernando, PSOE, habló de Bárcenas se fue el sonido?  Es tanta la humillación…

domingo, 20 de septiembre de 2015

Maldeojos. Sexo



Sexo
(Artículo publicado el sábado, 17 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      No hay cebo más grande que aquello que tenga que ver con el sexo, con hacerlo, con enseñarlo, con el tamaño, con sus luces y sus sombras. En ceporros musculados que proceden de zahúrdas como Mujeres y hombres y viceversa es lógico que uno de los reclamos, quizá el único que tiene esta peña, sea quitarse la camiseta, bajarse el calzón, tocarse el trasto y ofrecerse a las discotecas como los borricos se exhiben en las ferias. Decía el otro día uno de estos gañanes, un tal José Labrador, de la cuna de Gandía Shore –qué lástima que pueblo tan bello esté unido a semejante detrito- y enseguida recogido en el hospicio de Telecinco, que él se entrega en los bolos porque se deja sobar y que si le dieran 10.000 euros –señor, señora- tendría sexo. A Mauricio Ochman, del mundo del culebrón mejicano –Amarte así, Friloito-, le robaron su cuenta de Twitter. ¿Qué enseñaron? El pajarito levantado del actor al entrar en sus fotos personales.

      Cuatro estrena la segunda temporada de Adán y Eva, un pestiño de se mire por donde se mire. El único reclamo, como el de los mendrugos de Emma García, es que van todo el rato con la fruta al aire. También TVE, que al fin parece remontar un poco, con estrenos en tromba de ficciones más que aceptables, echó a volar su Águila roja. Francis Lorenzo es el malvado Comisario, el amante ocasional de la Marquesa, y hablando hace días de la nueva temporada una de las cositas que ha destacado es que, atención, lo enseña todo por exigencias del guión. No será todo, eso ya lo digo yo, pero quizá se le vea el culo y tenga con Myriam Gallego, la divina marquesa, un revolcón subido de tono. Justifica la escena diciendo que “hay que darle vidilla a la serie”. Más claro, sexo.