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viernes, 4 de noviembre de 2016

Maldeojos. Águila



Águila
(Artículo publicado el sábado, 29 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     Hace unos meses parte del equipo de Águila roja pasó por el FesTVal de Vitoria. Se presentó la última temporada. Los actores estaban ya en otras cosas, en otros trabajos. Pero todos, a la hora de la presentación ante los medios, se emocionaron recordando los ocho años con un proyecto que desde el principio cautivó a la audiencia –llegó a tener casi seis millones de espectadores- y se convirtió en sello de TVE. El éxito no tiene fórmulas matemáticas, sólo podemos analizarlo cuando se convierte en realidad. Águila roja no ha sido una serie histórica como quizá al principio se pudo interpretar sino un cómic que se desarrolló durante el reinado de Felipe IV, hacia la segunda mitad del XVII, pero a modo de friso, de gran decorado.

     Aventura, personajes muy bien trazados, amores contrariados, villanos de tronío, un héroe, fantasía, y un diseño de producción que el tiempo sofisticó han hecho de este producto un entretenimiento de alto rendimiento y calidad. Estaba claro que el último capítulo sería el que descorriera la cortina y, además de quitarle la careta al héroe enmascarado, que siempre estuvo al lado del pueblo humilde y frente al poder perverso, tenía que cerrar las tramas. Yo sabía que el amor sellaría el final de la historia desde que puse el pie en su casa, amo, dijo Satur –Javier Gutiérrez- en el último capítulo, igual que yo lo pensé en el primero, que supe que el águila y Margarita comerían perdices. Lo mismo ocurriría con la pareja de malos. Te odio tanto que me voy contigo, le dijo la marquesa al comisario. Te odio tanto que dejo que te vengas, contestó Francis Lorenzo a Miryam Gallego. Genial. A TVE le hace falta ya otro héroe. Pero ya.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Maldeojos. Sexo



Sexo
(Artículo publicado el sábado, 17 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      No hay cebo más grande que aquello que tenga que ver con el sexo, con hacerlo, con enseñarlo, con el tamaño, con sus luces y sus sombras. En ceporros musculados que proceden de zahúrdas como Mujeres y hombres y viceversa es lógico que uno de los reclamos, quizá el único que tiene esta peña, sea quitarse la camiseta, bajarse el calzón, tocarse el trasto y ofrecerse a las discotecas como los borricos se exhiben en las ferias. Decía el otro día uno de estos gañanes, un tal José Labrador, de la cuna de Gandía Shore –qué lástima que pueblo tan bello esté unido a semejante detrito- y enseguida recogido en el hospicio de Telecinco, que él se entrega en los bolos porque se deja sobar y que si le dieran 10.000 euros –señor, señora- tendría sexo. A Mauricio Ochman, del mundo del culebrón mejicano –Amarte así, Friloito-, le robaron su cuenta de Twitter. ¿Qué enseñaron? El pajarito levantado del actor al entrar en sus fotos personales.

      Cuatro estrena la segunda temporada de Adán y Eva, un pestiño de se mire por donde se mire. El único reclamo, como el de los mendrugos de Emma García, es que van todo el rato con la fruta al aire. También TVE, que al fin parece remontar un poco, con estrenos en tromba de ficciones más que aceptables, echó a volar su Águila roja. Francis Lorenzo es el malvado Comisario, el amante ocasional de la Marquesa, y hablando hace días de la nueva temporada una de las cositas que ha destacado es que, atención, lo enseña todo por exigencias del guión. No será todo, eso ya lo digo yo, pero quizá se le vea el culo y tenga con Myriam Gallego, la divina marquesa, un revolcón subido de tono. Justifica la escena diciendo que “hay que darle vidilla a la serie”. Más claro, sexo.