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jueves, 22 de agosto de 2019

Maldeojos. Poliodio


Poliodio
(Artículo publicado el jueves, 22 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Viendo el First dates de Carlos Sobera –es el Francisco Marhuenda de la pantalla, el tipo que no descansa, el que no falla, ese que siempre está ahí- aprende uno cosas, no sé si buenas, malas, o sólo eso, cosas. Aprende uno no sólo que hay gente que no tiene con una pareja sino que quiere tener más de una y llevarlas a todas adelante, y sin ocultar nada, es decir, que todo el mundo está en el ajo. No es, para explicarme, la traspasada y desleal puesta de cuernos ni la machista poligamia que se practica en algunas culturas. Ni la rancia, turbia y ofensiva existencia de “la otra”, de la querida con nidito de amor incluido. No, se trata del poliamor, de querer a una, a uno, y a otra u otro, y todos a la vez, y sabiendo unos de otros, pero sin camas redondas ni puñetas, parejas como dios manda, pero en casas y circunstancias distintas.

     En la otra orilla, y también en lo de Cuatro, hay parejas que se forman no unidas por el amor y el deseo, que también, sino por sus odios comunes. Pasó la otra noche. Eran dos chicas que se prendaron una de la otra por su odio a Rosalía, tra tra. ¿Increíble? Es lo que hay. Estoy seguro de que saldrían parejas como chinches si el criterio para formarse fuese odiar a Marcos de Quinto, ex directivo de Cocacola, ahora diputado por Cs, tipo con menos sensibilidad y empatía que una araña esquinera. A los migrantes del Open Arms –vergüenza y perplejidad causa lo que está pasando con ellos- los llama pasajeros bien comidos, y luego que la “piadosa teocracia izquierdista envía a la hoguera” a los que critiquen a esa ONG, además de llamar troll de mierda y cretino a un anónimo en Twitter. ¿Cuántas parejas unidas por odiar a Marquitos se formarían en First dates?


lunes, 19 de febrero de 2018

Maldeojos. Pastelazo



Pastelazo
(Artículo publicado el sábado, 17 de febrero, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Pues sí, tuve ¿la debilidad? de ver un poquito, sólo un poquito, de Volverte a ver, que Telecinco emite sin mucho éxito los jueves y que presenta Carlos Sobera, y eso que lo hace mejor, mucho mejor, que Jorge Javier Vázquez, que presentaba el mismo bodrio aunque se llamaba Hay una cosa que te quiero decir. Total, que pillo el caso de una chica con Síndrome de Down que adora hasta el delirio a David Bustamante. La carta se la entregó a la chica Sofía Cristo, no me pregunten por qué. Ya que estaba en faena, medio hipnotizado, me quedé a ver qué pasaba, aunque me esperaba lo peor. Y así fue. La voz del narrador derramaba sirope, melaza, almíbar, azúcar derretida, miel saturada. Era una voz engolada, truculenta, despaciosa, dando detalles que parecían formar parte de un capítulo de mucho drama y lágrima. 

     Ese es el efecto. Esa es la pretensión. Hacer un espectáculo lacrimoso de los encuentros, de los desencuentros, de los amores que se perdieron, de los desamores que quieren otra oportunidad. Pero en ese tono de emoción primaria que canta sus costuras sin disimulo. Por si faltaba algo, en mitad, en los anuncios, pusieron una promoción de La voz kids, que amenaza con su vuelta inminente. Y se vieron imágenes de un Antonio Orozco en estado de arrobo, sobrepasado, y de una Rosarillo Flores poniendo caras, con chispitas de lágrimas en sus ojos, con su boca torcida dejando asomar sus dientes encalados como la que entra en un éxtasis monacal al escuchar la voz de algún chiquillo. Demasiado. Es la puta verdad. Viendo estos excesos hablé conmigo mismo y volví a entender por qué nada de lo que ocurre en esas fábricas de crema pastelera me interesa.

lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Friquilandia



Friquilandia
(Artículo publicado el domingo, 16 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Los de First dates, en Cuatro, tienen que estar hasta la hipotenusa de la glotis –no se me pongan tiquismiquis por si la glotis, incluso la epiglotis, no tiene hipotenusa, que tengo que llegar al final de la columna como sea-, pues eso, que igual que yo tengo que llegar al final de la columna como sea, los de First dates tienen que rellenar cada día la hora larga del programa de citas y estarán hartitos, y tendrán que echar mano de lo que haya en el mercado. Y el mercado, como sabemos, está muy mal. Por eso cada día no sólo cuelan entre las posibles parejas a unos pájaros que sólo verlos sabemos que buscan el amor en la tele como yo la absolución de mis pecados viendo al monseñor de turno en la misa del domingo de La 2. A Carlos Sobera le da igual, esa es la verdad. Lo mismo se pone intenso, es decir, con ceja y ojos de pillo, presentando este juego de enamoraditos de chirigota en Cuatro que intenso presentando The wall, no La pared, no, qué va, sino The wall, donde dos equipos luchan por conseguir una pasta.

     Los de First dates son unos cachondos y tiran de lo que tienen a mano. Y por tanto, en muchas ocasiones, es decir, a diario, como formando parte del paisaje, se les va la mano porque lo que llevan al “restaurante más romántico de la televisión” como algún cursi alucinado llama al plató donde se graba el programa de entretenimiento, es casquería, son parejas de flipados, gente con gana de echar un rato ante las cámaras, divinos que se toman en serio y piensan que salir en First dates es comenzar como un cohete su carrera como celebridades, de quinta, todo hay que decirlo. O sea que según colijo en cuanto veo al personal que sacan lo tengo claro. First dates es más cada día friquilandia.

miércoles, 5 de abril de 2017

Maldeojos. El amor



El amor
(Artículo publicado el jueves, 23 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Con todas las prevenciones que genera el medio, y el medio es la tele, es decir, la caja de todas las guerras, de todas las trampas, de todos los montajes pero, por qué no, el lugar que propicia que la gente diga y haga cosas que no diría en otro sitio que no fuese ese, hemos conocido el bonito caso del hombre mujeriego, con tres hijos, que busca el amor en otro hombre. Veamos. Todo sucede en First dates, el busca amores de Carlos Sobera en Cuatro, programa que se puede ver con agrado porque siendo lo que es no ha derrapado hacia la grosería, el mal gusto ni la exagerada humillación de los que acuden para salir de ahí con una pareja o para salir en la tele sin más, que el diablo siempre anda tentando. José Antonio, el mujeriego, padre de tres hijos, tiene un bar. A ese bar acude todas las mañanas Carlos, también de unos 50 años.

     Y de repente, cosas del corazón, José Antonio se fija en Carlos pero con ojillos de qué me está pasando, esto qué es, pero cómo siento estas cosas, cómo le digo a Carlos que empieza a gustarme –sabía que Carlos sí es homosexual y que había pasado por First dates buscando pareja-. Así que decidió ir al programa y citar a su pretendiente en el restaurante a ver qué pasaba. Y pasó. Pasó que Carlos se quedó muerto al ver allí al dueño del bar, a José Antonio, con su fama de mujeriego pero, ahora, diciéndole que sentía algo por él que jamás había sentido… por un hombre. La guinda de esta historia es que José Antonio fue concejal en Alicante por el PP, pero cuando en 2012 pidió la dimisión de los imputados del partido fue a él a quien pusieron en la calle, por bocazas. Más razones para el amor porque Carlos es de izquierdas. Ay, los caminos del corazón.



miércoles, 4 de enero de 2017

Maldeojos. El vestido



El vestido
(Artículo publicado el martes, 3 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Ni la reafirmación del amor a Patricia de Carlos Sobera después de las campanadas en Mediaset, un Sobera que no apareció en tanga, ni con el pecho rejunto por el corsé, ni el último ni el primer anuncio del año, ni los descacharrantes gags de José Mota en La 1 y su brillante especial, ni la elegancia clásica de Anne Igartiburu con los cocineros más activos, ni por supuesto las brillantes frases que pasaban por el faldón de la pantalla de La 2 en su especial Cachitos de hierro y cromo, que volvió a ser la mejor “gala” de la oferta musical en Nochevieja, nada, nada de lo que sucedió la última noche del año tuvo al día siguiente ni en el momento en que se producía el efecto que tuvo el vestido o, mejor, El Vestido. Ya ha adquirido categoría de fenómeno social. El Vestido, como sé que sabe sin más explicaciones, es el vestido de Cristina Pedroche.

     Lleva tres años dando la campanada –perdón por la obvia reiteración- gracias no tanto a la tela de la vestimenta como a qué cantidad de carne enseñará este año. Empezó a jugar con las transparencias, una afición más peligrosa que la de Camilo Sesto por el bótox y la silicona, y cada Nochevieja, para mantener el interés y hacer de las campanadas ya de La Sexta ya de Antena 3 un titular y unos índices de audiencia memorables, debía de ir enseñando más jamón y pechuga y acortando la mancha de los encajes. Este año dicen que lo que llevaba puesto, un bañador cubierto con un tutú, se ponga como se ponga, lo ha diseñado Pronovias. No le quito mérito a la proeza, y la tiene inventarse algo para no dañar la escultura de un cuerpo glorioso sin que parezca que va en pelota picada. Que al lado estuviera Chicote es tan irrelevante como esta columna, dedicada a un no vestido.


martes, 30 de agosto de 2016

Maldeojos. Sí, Josie



Sí, Josie
(Artículo publicado el domingo, 21 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     El otro día hablaba de la notable pérdida de audiencia de La Sexta debido a que sus más populares programas, y presentadores, estaban de vacaciones. La ocasión la aprovecha Cuatro, que por la noche, con First dates, el programa de citas de Carlos Sobera, está consiguiendo mojarle la oreja a la cadena de Atresmedia. Sin embargo, la programación de tarde permanece intacta. El equipo de Zapeando, al margen de que algún miembro se tome algunos días, sigue ahí, dando la batalla, trabajando y sin bajar el ritmo. Tampoco se ha ido Más vale tarde, aunque estos días no esté Mamen Mendizábal –en su lugar, Adela González, que conoce la mecánica y lo defiende con soltura y poderío-. Vuelvo a Zapeando. Espero que no sirva de precedente y pueda seguir dando estacazos a ese tipo que me da sarpullido y que, no entiendo por qué, aparece de vez en cuando en el plató hablando de los trapitos que se ponen los famosos y de los famosos mismos.

     Hablo del tal Josie, al que conocí en carne mortal, y pedorra, en el FesTVal de Vitoria. Me dio la comida. Tenerlo enfrente, y por educación no llamarle cretino a la cara, fue una prueba de prudencia infinita. Un poco piripi, creyéndose la diva del salón, soltando plumas y esperando que el mundo temblara ante una presencia tan perturbadora, Josie en persona me confirmó que era más deleznable que en la tele. La otra tarde lo llevaron de nuevo a Zapeando. Tenía que comentar algunas fotos, algunas chorradas sobre el famoso de turno. Entre otros le pusieron al actor  Ben Affleck, al que uno tenía por un tipo sensato, uno de esos guapos que envejecen con dignidad y belleza. Pero en la foto de marras Ben Affleck aparece deformado, una muñeca a la que le han metido botox hasta por las orejas. Un minuto de silencio por él, dijo Josie. Y le doy la razón.