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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Maldeojos. Vivos y muertos



Vivos y muertos
(Artículo publicado el domingo, 5 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Empezó el mes recordando a quienes se fueron para nunca más volver. Qué fuerte suena eso. Sí, hay veces en una pérdida que por doler nos duele hasta el aliento, como te dolió a ti, Miguel, y eso se nota en la elegía a tu amigo Ramón Sijé. Pero ya sabemos que los vivos, para poder soportar el drama, tiramos hacia arriba aunque nos llueva el meado. La Sexta lo hace en su parcela. Desde que empezó el lío no ha parado de endilgarnos un especial detrás de otro, y con acierto, tal como hemos visto el pasado mes con los datos de audiencia, que casi se codean con los de La 1, a la que le roza el flequillo y le habla de tú, qué barbaridad. De ese machaque, conscientes de la matraca, han sacado punta. De ahí el anuncio de la nueva temporada de Salvados en el que se ve al director de la casa, Antonio García Ferreras, pidiéndole paciencia a Évole porque el periodismo manda, y que si hay hueco, pues eso, Salvados volverá, y que mientras tanto siga de niñero entreteniendo a los críos de Ferreras. Pobre niño, se dice con sorna en la redes. Sólo ve a papá y a mamá Ana Pastor en la tele, como si estuvieran pajaritos, fiambres, mártires del periodismo que nos asola. De verdad que empieza a dar miedo encender la tele y saber que, sea la hora que sea, verás la mano abierta de Ferreras frente a la cámara o su cara con grave expresión, paralizada en uno de sus teatrales y dramáticos silencios. ¿Está vivo o muerto? Tengo mis dudas. Pero no como el cadavérico ¿Cómo lo ves? que emite La 1. El zombi Carlos Herrera alucina pepinillos –dice Alberto Chicote por la esquina de la pantalla, incapaz de seguir descansando en su ataúd para descanso nuestro-  cada vez que asegura que se van sumando seguidores al programa. Pobre. Los pierde en cada entrega. Cada entrega pierde fuelle y camina de la vida arrogante del engreído a la fría muerte de la indiferencia catódica. Carlos Herrera es un muerto que aún cree estar entre los vivos de la tele.

También hay zombis
     Ni que decir tengo que está más viva la copia de Raúl Pérez que el original que anda por el plató de La 1. Verán. El magnífico imitador –ahora también en Antena 3 como concursante de Tu cara me suena- pasó por el Late motiv de Buenafuente en #0 y me dejó boquiabierto. Si el original Carlos Herrera me da grima y saca de mí lo peor como espectador, la copia hace que me descojone porque el tío no sólo borda sino que, de paso, como toda buena imitación, saca a flote las miserias de señor tan afectado. Vayan a Youtube y busquen el vídeo. Verán cómo la copia está vivísima y el original se queda oscuro, deslucido y marchito, muertecito en su engolado histrionismo. No salgamos de La 1, a donde ha llegado en su ataúd de lujo Operación Triunfo, nacida muerta desde que alguien le dio sus bendiciones. Es un cadáver que se cree en plenitud de forma, y por eso, como los pavos reales, despliega su plumaje tan vistoso. Sólo hay que ver el rastro hediondo de daños colaterales, y no me refiero sólo a la insufrible exhibición de cantantes con un corral de gallos en la garganta. ¿Han visto la imagen terrible de una señora como Rosario Mohedano, la tal Chayo, sentada junto a María Casado en el plató de La mañana hablando como experta de OT? ¿Quién es Chayo Mohedano? Su único mérito es ser sobrina de Rocío Jurado e hija de la absurda Rosa Benito. No, por favor, no insulte TVE alegando que esta muerta es cantante porque, de ser así, servidor es el cirujano que destrozó la cara de Bibiana Fernández, qué pena, expulsada esta semana de los humos de Masterchef. Otra divina, Ana Rosa Quintana, no está muerta, pero Susanna Griso le ha ido comiendo el calcañar y en audiencias la ha puesto en el sitio de los zombis, a un paso de los personajes de The walking dead, y quizá por ello cuando quería decir DUI catalán se le escapó un DIU intrauterino que por poco la deja a un tris de El club de la comedia, ay, en qué estaría pensando.

Soy un miserable
     Es lo que me pregunto cuando veo Dani y Flo. ¿En qué estarán pensando en Cuatro? He visto algunas tardes a Dani Martínez empezar el programa con un estruendoso “hoy tenemos un programón”, dicho con algarabía y contento seguido a ciegas por la chica de al lado, Lara Álvarez, que remacha la misma idea, “programón, Dani, programón”. No contentos con dos muertos que lo saben sacan a otro en Dani&Flo, sacan a Flo, la pata del nombre, a Florentino Fernández, que estos días hace el peor Puigdemont que imaginarse puedan, y eso que los tres se ríen a rabiar. No pillo las gracias de Dani&Flo, no las pillo. La audiencia tampoco. Apenas un tres por ciento escueto. Escuchar al trío de presentadores exagerar su contento con risas de lata produce un desasosiego en el espectador que te bloquea, o unos retortijones similares a la grima de ver al siguiente fiambre. Pillan a Ana Obregón inflada de silicona como una pepona con bultos en las mejillas que le llegan a la bolsa de los ojos, como esos cadáveres a los que arreglan como si en vez del último viaje estuvieran invitados a un baile de disfraces, y le tiran de la lengua para que suelte inventos, paridas, para que dé juego en los programas que se nutren de miserias y basura, y ella entra al trapo diciendo que “tengo proyectos para televisión, pero no los quiero y los voy dejando de lado”. No se lo cree ni ella, que es lista y sabe que a las muertas nadie las llama. Es la misma estrategia que tienen en Dani&Flo, que ellos mismos se jalean porque saben que al otro lado sólo hay vacío, indiferencia, y frío. Así que cuando Dani Martínez vocea “hoy tenemos un programón”, él sabe que vive en el reino del olvido y el espectador invisible se pregunta “¿un qué, bonico?”. Por cierto, y perdonen que termine hablando de mí y de otro extinto, finado, momia, occiso, don Arévalo. El martes volvió a Sálvame de pus. Y dijo que “Cipriano Torres es un miserable porque dice que yo vine aquí a vender la muerte de mi mujer”.  Qué cosas tienen los muertos. Normal, no saben ni leer.

La guinda
Acosos
Llevamos una racha de denuncias de acosos sexuales que no se las salta un galgo. Hay de todos los tamaños, en todos los campos, y a todo tipo de famosos, incluso a famosos de medio pelo. Vamos a acoso por día. El prescindible Rafa Mora, nacido en el purín de Mujeres y hombres se suma al relato de haber sido acosado que ya conocemos de otro zoquete como Antonio Tejado, ex de otra lerda mentada en esta página.

viernes, 23 de junio de 2017

Maldeojos. Fatua intensidad



Fatua intensidad
(Artículo publicado el domingo, 4 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Eres más intensa que la voz de Gloria Serra. Bueno, la voz y el gesto de Gloria Serra. Es la presentadora de Equipo de investigación, en La Sexta. Es la Jesús Hermida de nuestros días, para explicarme mejor, aunque sin cabeceo. Don Jesús parecía cuando hablaba un descoyuntado Salvador Sobral, el portugués de Eurovisión. ¿Recuerdan al periodista dando cabezazos como si de golpe los músculos del cuello entraran en huelga y zas, cabeza a la rodilla, como inane, y vuelta a empezar? Pues Gloria Serra no es así. Ella es más de cuello tieso pero de mano voladora, explicativa, pedagógica, ese tipo de personas que hablan con las manos para acotar, poniéndolas en paralelo, el tamaño de las cosas, como si trasladaran cajas imaginarias de un sitio a otro. Ella mira a cámara, se concentra en su monólogo, camina hacia el objetivo, es decir, hacia a ti, y para reafirmar lo que dice levanta las manos, las pone en paralelo, las mueve arriba y abajo, y suelta uno de sus requiebros de voz. También puede apuntarte con el dedo para señalar, como la última vez que la vi, la historia de La presidenta, de Francisca Pérez, una capo de la marihuana en Marbella. Gloria Serra no habla, parece que canta. Qué mujer. Dicho esto, me descoyunto de rabia al ver en la televisión pública la fatua intensidad de Javier Cárdenas, insoportable de veras. Igual que Hora punta, que se jacta de hacer buenos datos de audiencia pero, oh, una vez más, como lo hace la truculenta TVE, con malabarismos, con números de mago farsante. Cuando Hora punta hace buenos datos de audiencia lo hace con picos que suben minutos antes del programa con tirón que vaya después, por ejemplo, Cuéntame. Los días que La 1 tiene programa potente, Hora punta dura más de lo normal para que la gente que espera verlo se vaya sumando y así contabilizarla. Pero el resto de días, por mucha fatuidad, engolamiento y huera intensidad que le eche Cárdenas, pura basura, La 1 y el pimpollo se comen los mocos.

Fantoches
     Como hacía tiempo que no aparecía arengando a las tropas, a nuestro ejército, ni salía con traje de camuflaje, la memoria es ingrata y empezó a desdibujarla. Pero hete aquí que el otro día, por no sé qué motivo de partido, la vi en su esplendor. Nunca falla. La señora Mariloli Cospedal ocupa un lugar de privilegio entre las lumbreras de intensa fatuidad en cuanto abre su boquita y se desparrama en su hueca verborrea traicionada por sus dientecillos de vampira mala capaz de chuparte la sangre, y la vida entera. Y la compostura. Me pasa con ella igual que con un fantoche llamado Álex Gibaja. Cuento la cosa y ustedes, si quieren, averiguan quién es el nota este. De la órbita Mediaset. Lo veo, con mis ojos de empezar a dar crédito a cualquier cosa, en Dani&Flo, que sigue desangrándose como si La Generala Cospedal le hubiera hincado el diente al orondo Florentino Fernández y al zangón Dani Martínez, bobalicón y sin gracia. El tal Álex va de invitado al programa vespertino de Cuatro logrando el milagro de milagros. Es tan necio, tan absurdo, es un muñeco tan patético y tan ridículo, tan innecesario, repelente y cargante, que hace bueno y grande y natural y fresco y listo y sensato y admirable a, por dios por dios, Josie, el José Fernández de toda la vida de su pueblo manchego, ese que habla de rasé y cosas más gordas. Por cierto, rasé, qué coño es rasé. Casi prefiero no saberlo, igual que vivía feliz sin saber lo que era una choni y ahora que lo sé las veo por todas partes. Y en verdad en verdad os digo que es un castigo. Bien. Pues el Álex Gibaja este da consejos de moda en Dani&Flo. Sólo hay que ver el esperpento de criatura para tomárselo como hay que tomarse hoy la mayoría de cosas que vemos y escuchamos en la pantalla. A chufla. Por muy intensas que se pongan. Y el Josie es otro que se pone más intenso que Gloria Serra, o que Sandra Barneda en el debate de Supervivientes.

El plantígrado
     En el lado contrario, intenso pero en plan “déjame que estoy loco”, Frank Cuesta. Qué pesadito el hombre. Si para el espectador, para este espectador, lo es, no quiero pensar qué sentirán los animales en cuanto lo ven asomar con su traje de faena, pantalón corto, gorrita con la visera para atrás, y zuecos de colorines con calcetines más allá del tobillo. Un cromo. Ahora está ganándose la vida con Wild Frank, que emite Discovery Max, y hace lo de siempre, dar por culo a los pobres animales a los que se acerca sin tener culpa de nada, tío. En una de las últimas entregas, o en la primera, da igual, porque la tabarra es la misma, lo veo haciendo la croqueta –literal- para acercarse a un oso feliz que está tratando de comer lo que pilla en un bosque de California, creo recordar que era allí. Y el mentecato, cuando está a siete metros del plantígrado, se pone de pie. Como el que ve una colilla en el suelo, el oso empieza a caminar hacia el capullo, que sale cortando de allí gritándole al cámara, vamos, vamos, joder, vamos. ¿Qué pretendía el salvaje Frank? ¿Cuál era la razón del viaje? ¿Por qué coño molestas a esa criatura? A ver si en un rato libre Íker Jiménez, otro de los intensos de libro, de esos que se toman a sí mismos con la seriedad de un libro sagrado, desvela el misterio misterioso. Pero la nota que coronó al pelanas con zuecos de colorines y pantalón de japonés echando fotos por el Albaycín en agosto a las cuatro de la tarde, fue cuando lo vi dando explicaciones de lo que pasaría si una bicha de esas que inflan los carrillos, sacan los molares y te clavan los dientes con veneno, te mordiera. Ante el animal, crecido como un pavo real, Frank hablaba muy bajito, como si respirara mal, hacía musarañas con el gesto para dramatizar su sermón, y parecía entrar en éxtasis diciendo que te faltaría el aire, que el corazón se encogería, que tu cuerpo se quedaría agarrotado… Anda, tira pallá, tonto, pensaría la serpiente, que te voy a dar un bocado en el culo que te voy a poner la gorra derecha, pero sin voz intensa ni cosas por el estilo, que las pitones, o cobras, no son tan gilipollas.

La guinda
Maestros
Entre maestros anduvo el juego televisivo la noche del jueves con la vuelta a La 1 de la ansiada tercera temporada de El ministerio del tiempo. Perdonen la expresión, pero así me explico mejor. Capitulazo. Giraba en torno al maestro Alfred Hitchocock, es decir, que hubo tensión, suspense, intriga y trepidación, componentes a los que el británico llevó a la cumbre cinematográfica. El cine y la televisión los cría y ellos se juntan. 

domingo, 14 de mayo de 2017

Maldeojos. Yo también robo



Yo también robo
(Artículo publicado el domingo, 7 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     El que no roba es tonto, pero tonto de remate, más tonto que un chiste o un gag o lo que sea que hagan Dani Martínez y Florentino Fernández en Dani&Flo pretendiendo ser los más graciosos del bloque, porque esa es otra, los ve tan poca peña que toda cabría en el cerebro de Alba Carrillo, eso sí, la audiencia de Dani&Flo, por mucha que fuera, ni se rozaría si la metieran en la barriga de Juan Miguel Martínez, el peluquero feliz, ex de Karina, ambos, Alba y Juan Miguel, trabajando en Honduras en una de las pistas de Jorge Javier Vázquez. El que no roba en este país de pillos es tonto. Hasta la religión de más tirón ve al canalla, al afanador de lo ajeno, no negándole el saludo y el billete al paraíso sino dándole una palmadita, castigándole con la terrible condena de rezar unos cuantos padrenuestros y, para redondear, si el ladrón confeso llena la bolsa del templo, ni mancha queda. Perdón total. Llevamos unos años, unos meses, unas semanas, que el paseíllo a los juzgados, a las prisiones, los registros en casas y empresas, en despachos institucionales, y en cajas fuertes de peces gordos, es algo tan familiar como la sonrisa encalada de Jordi Hurtado en las siestas españolas con el runrún de Saber y ganar de fondo. De siempre, sin pasar por el concurso, el clan de don Jordi Pujol y doña Marta Ferrusola, dos pajarracos de patrias tomar, han demostrado saber y ganar. Qué puñetas. Los hijos, lo primero, que la pela es la pela, tú. Hay un chiste que corre en las redes que retrata muy bien la situación del que fuera considerado como un hombre de estado de maneras exquisitas, colaborador con las instituciones, aliado de los gobiernos tanto de unos –socialistas, González- como de otros –conservadores, Aznar-. Se ve al Jordi papá con la cara enfurruñada, cara del tipo,  “¿UDEF, qué coño es la UDEF?, y dice que va a pedir pruebas de ADN para saber si de verdad el hijo que no está imputado es o no suyo. Vamos, la oveja negra, la vergüenza de una familia que cada vez se parece más a una “organización criminal”, según el juez. 

Moneda y Timbre
     El martes de esta semana, ya que estamos en la harina del robo, de llevárselo más crudo que un guión de Cámbiame, más repetido que Pelayo y sus amiguitas de programa, llegó a Antena 3 el esperadísimo estreno de La casa de papel, que es como hacer un homenaje con reggaeton y todo, con perreo de chonis y melodías de una pachanga insondable, de un machismo a la altura de Pablo Motos –su deriva de machito molón con preguntitas de salido playero a las mujeres que lo visitan tiene el mismo tufillo atocinado que tiene su colega Norberto Osborne- y de una ordinariez avara, pues eso, que La casa de papel es como hacer un homenaje al corazón, a la atracción fatal, a la perdición de los Ignacio González, de los Rodrigo Rato, al papá dinero. Vamos, que los quinquis de la serie, liderados por el guapo Álvaro Morte, se van a la Casa de Moneda y Timbre, al corazón del sistema, pero no para dejarla tiritando sino para, encerrados en esa coraza de alta seguridad, fabricar billetes por valor de 2. 400 millones de euros –una minucia, es verdad, comparada con la extorsión rampante a la que nuestros delincuentes de la política someten a las cuentas públicas, o llevándoselo entre algodones o no pagando los impuestos que sí apoquinamos el resto, o dándoselo a espuertas a los pobres bancos a fondo perdido-. Rehenes, policía de élite, impacto mediático, frenesí narrativo, actores de una grandeza interpretativa sobresaliente –el mentado Morte, Pedro Alonso, Úrsula Corberó, Alba Flores, Kiti Mánver, Jaime Lorente…-, un tratamiento visual potente y cuidado, una puesta en escena de un realismo cautivador, es decir, una maquinaria que se pone a velocidad de cohete desde el minuto uno. Hace poco, unas semanas, parte del equipo viajó a Burgos para presentar el trabajo dentro de las actividades del FesTVal en su edición de primavera en la ciudad castellanoleonesa, y sí, como truhanes, me robaron el corazón. Creo que estamos ante un producto sobresaliente que también le ha robado el corazón a la audiencia –más de 4 millones vieron el primera capítulo de La casa de papel-.

Que me detengan
     Creo que en la mecánica de Supervivientes existe un castigo por el que se envía a alguien a la llamada Zona Muerta, como zombi. Y como tal tiene que tratar de afanar lo que pille para sobrevivir. Creo que una concursante, no sé el nombre, ni me importa, cayó en esa zona y comentó que no sabía cómo pillar alimentos ajenos. ¿Que es difícil robar?, pues vente a España, dijo desde el plató Jorge Javier, que dicen que pierde el oremus por el modelo Eliah Cohen, icono gay o algo así, un robacorazones con pechos modelados a cincel. Ay, recuerdo cuando Eduardo Zaplana, el cartagenero moreno, dorado con luz de luna, dorado con luz de luna, carta-genero moreno, salía y entraba como un donjuán ya de alcalde, ya de senador, ya de diputado, de portavoz del PP, de ministro de Aznar, de presidente valenciano, oh, qué tiempos de tibias noches de luna cuando le besaba la brisa el cascabel de su risa, don Eduardo, y nada, salía de aquí y se metía allí sin apenas roces, como un caballero, eso sí, con el bolsillo no caliente sino hirviendo, que Telefónica no se anda con chiquitas y da a sus empleados de postín un potosí, pero hete aquí que ahora anda en los papeles por mor de Ignacio González, uno de los batracios más pintureros de doña Espe Aguirre, imputado en la operación Lezo por la tontería esa de malversar fondos públicos –desfalcar, defraudar, vamos, lo que viene siendo el robo de toda la vida-. Don Eduardo no tendrá los pechitos del mentado icono gay, pero es otro superviviente. Y nada, estoy seguro de que entrará por aquí y saldrá por allí sin despeinarse ni tanto así ni perder su cascabelera sonrisa cuando le bese la brisa. Por cierto, yo también robo. En serio. No tengo jarrones para tanta rosa que pillo en mis caminatas. Que me detengan, que soy un mentiroso, malvado y peligroso...

La guinda
Por fin
Han mareado el asunto más de la cuenta. Pero parece que el lunes, 15 de mayo, vuelve la tercera temporada de El ministerio del tiempo, donde sus personajes van y vienen en unos viajes que evitan que nuestra historia, o la de Goya, Cervantes, y personajes de primer nivel, sea alterada tal como la conocemos.  Javier Olivares, creador junto a su hermano de la serie, le pone la guinda irónica y humorística que la caracteriza.

martes, 2 de mayo de 2017

Maldeojos. Ya ves, aquí sufriendo



Ya ves, aquí, sufriendo
(Artículo publicado el domingo, 30 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Quien no haya recibido una foto del primo, hermano, sobrino, vecino, colega, tía, amiga lejana o amiga cercana, o compañera de estudios en la que vemos al allegado tumbado en la playa, al borde de la piscina, o sentado en la mesa de un restaurante dejando claro que esa cerveza, esa copa de vino, esas cigalas o esa fritura de pescado es para el menda lerenda, es que vive en otra galaxia. La imagen, siempre, sin fallar, como la cereza que corona la tarta, va acompañada del mantra, “ya ves, aquí, sufriendo”. O sea, tócate la flor, que tú estás currando, o sin un céntimo, y yo, mira, como un marajá, despatarrado, en camiseta y chanclas, y poniéndome ciego de buena comida. Le suena, ¿verdad? Pues a pesar de haber perdido fuelle, aún hay gente que usa la idea como sinónimo de lo más. Todo lo que en nuestro país tiene que ver con la comida sigue despertando algún interés, incluso cuando deja de tener que ver con la comida y tiene que ver con otras cosas. A veces no importa tanto comer como fotografiar la comida o el descanso. Si el  “ya ves, aquí, sufriendo”, lo aplico a la pantalla, la cosa cambia. Veamos. Puede ser que sufras de verdad, que sufras lo que no está escrito –ni pagado-, o que lo digas como lo dice tu prima, tu cuñado, tu amiga, o tu vecino, con doble sentido, o sea, que de sufrir, nada. La otra noche vi y escuché lo siguiente. Voy a darlo todo, a demostrar las ganas que tengo, a hacer un platazo. Con estas ideas se van presentando los concursantes de Top Chef, que ya va por su quinta edición, aunque también podrían ser los de MasterChef en La 1. ¿Ensaladilla con cefalópodos? No me jodas. Mira, Montoro, la ensaladilla lleva calamares porque me lo dices, dice el jurado Paco Roncero. En Italia, en Francia, o en la Conchinchina, nuestros concursantes podrían concursar en cualquier sitio, suelta con su escasa naturalidad Alberto Chicote, cuya forma de hablar nunca sé si es el de un cínico, la de un autómata, un tímido, o la de un señor muy, pero que muy cabreado.

Qué mal rollo
     Lo anterior son frases sueltas dichas por unos y por otros. Un galimatías en el montaje que da a Top Chef el efecto buscado, lío, tensión, drama, competitividad desmesurada, un poquito de surrealismo, y un poquito de “reality” a lo Telecinco. ¿Cefalópodos en el coco de Chicote? No me jodas. Veo lo que puedo aguantar a los concursantes de Top Chef,  que no sé si cocinan o están para tirarse los cuchillos a la cara, a la cabeza o al puto hígado. Se miran como los vaqueros del viejo oeste en las películas de serie b. A ver quién dispara antes. Hay una tal Rakel, así, con k, que es una bruja con delantal. Claro que la tal Melissa –granaína malafollá- esconde en su corazón una nevera de mala leche. Qué tensión. Qué desagradable. No soy fan de este tipo de programas. Me han cansado. Todos. Lo que me faltaba es pasar un mal rato. Y se pasa. ¿No van a cocinar? Pues que cocinen, leche, como pedía Chicote, inflando los mofletes como un pez globo. Voces, malos modos, agresividad, mala hostia, bandos. Y por si faltara algo, cada vez que Chicote prueba algún plato, la escena no es un plato de buen gusto. ¿Cefalópodos en su gaznate? Algo parecido noto alguna que otra tarde cuando, por accidente, insisto, por accidente, he llegado a la puerta y he bajado al local de Gym Tony, que Cuatro ha vuelto a recuperar para mejor herir, maltratar, humillar y denigrar a la ficción patria. No sé si usted ha visto alguna vez semejante infamia. Sólo se puede decir, pero en sentido literal, “ya ves, aquí, sufriendo”. Las situaciones son de una grosería rampante, de una comicidad grasienta, de un estilo que hace años se superó en nuestra tele. Ver al cuadro de actores exagerar el gesto, vociferar porque sí, caricaturizar a los personajes, pero a todos, sin excepción, es una experiencia dolorosa. Para salir corriendo y no mirar atrás por si te topas con los guionistas o con Esperanza Aguirre dimitiendo otra vez, y van tres, o arrepentida, y llorosa, como sólo ella sabe llorar para descojonarse de nuevo de los que se la creen, anunciando su regreso inminente.

Bragas fashion
     Por si no hubiera bastante con Gym Tony, Cuatro emite antes Dani&Flo, uno de esos castigos que se echan a la audiencia sin contemplaciones, como si una mano sádica moviera el hilo en la distancia y disfrutara viendo cómo huyen los espectadores cada día un poco más y cómo la cadena hunde su hora vespertina en unos datos irrelevantes. Ver a Dani Martínez y a Florentino Fernández defendiendo sus puestos de trabajo sin rechistar, haciendo lo que les mandan, aunque sea humillante irrumpir en el plató de Sálvame, que está al lado del de ellos, y dejar que Paz Padilla, sin medida, sin control, sardesca, bruta y mal educada, le dé cucharaditas de yogur a un Martínez hecho un Juan Lanas, un mentecato, un pánfilo, es patético, como todo Dani&flo. En el fondo, estoy seguro, son ellos los que de verdad de la buena, en sus corazones, sienten que sí, que están ahí sufriendo. Ellos no son la famosa Rebe –Rebeca Jiménez de Plasencia- la hortera gitana que consiguió fama en Los Gipsy Kings apareciendo en el mercadillo donde sus padres venden “bragas fashion a 3 euros” como si fuera la Kim Kardashian española, un desenfreno visual, una extravagancia tronchante, y ni siquiera son Los Chunguitos, tan tristes y conmovedores que hacen la morsa con tal de seguir en el candelabro. Mariano Rajoy también es capaz de todo con tal de tocar las pelotas al personal. Desde el otro lado del charco, o desde Cuenca, el tipo está crecido, no cercado por la corrupción, como creen algunos. Y por eso, y con chulesca altanería, asegura que ganará las próximas elecciones, cuando las haya. Así será. Hablando de presuntuoso y patético ahí está Javier Cárdenas ocupando un lugar destacado. ¿Vieron la visita de Dani El Rojo a Hora punta? Recibido como una estrella el ex delincuente, atracador de bancos, dijo que “maté a una persona, pero ahora está prescrito”. Cárdenas arrastró de nuevo a la televisión pública por un fango que no merece. Y sí, viéndolo, quien lo vea, sólo puede decir, “ya ves, aquí, sufriendo”. Pero en sentido literal. Qué tormento.

La guinda
Milagro
Lo digo como de broma, pero no, detrás hay un drama enorme que sigue ahí a pesar de que para Rajoy y su clan, la crisis y sus efectos es cosa del pasado. El viernes, un señor amenazaba tirarse desde el balcón si se ejecutaba el desahucio previsto. Fue Ana Rosa Quintana la que, hablando con él por teléfono, con imágenes en directo, evitó que se lanzara al aire. Y consiguió que el desalojo se atrasara un mes. La España del milagrito.