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viernes, 23 de junio de 2017

Maldeojos. Fatua intensidad



Fatua intensidad
(Artículo publicado el domingo, 4 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Eres más intensa que la voz de Gloria Serra. Bueno, la voz y el gesto de Gloria Serra. Es la presentadora de Equipo de investigación, en La Sexta. Es la Jesús Hermida de nuestros días, para explicarme mejor, aunque sin cabeceo. Don Jesús parecía cuando hablaba un descoyuntado Salvador Sobral, el portugués de Eurovisión. ¿Recuerdan al periodista dando cabezazos como si de golpe los músculos del cuello entraran en huelga y zas, cabeza a la rodilla, como inane, y vuelta a empezar? Pues Gloria Serra no es así. Ella es más de cuello tieso pero de mano voladora, explicativa, pedagógica, ese tipo de personas que hablan con las manos para acotar, poniéndolas en paralelo, el tamaño de las cosas, como si trasladaran cajas imaginarias de un sitio a otro. Ella mira a cámara, se concentra en su monólogo, camina hacia el objetivo, es decir, hacia a ti, y para reafirmar lo que dice levanta las manos, las pone en paralelo, las mueve arriba y abajo, y suelta uno de sus requiebros de voz. También puede apuntarte con el dedo para señalar, como la última vez que la vi, la historia de La presidenta, de Francisca Pérez, una capo de la marihuana en Marbella. Gloria Serra no habla, parece que canta. Qué mujer. Dicho esto, me descoyunto de rabia al ver en la televisión pública la fatua intensidad de Javier Cárdenas, insoportable de veras. Igual que Hora punta, que se jacta de hacer buenos datos de audiencia pero, oh, una vez más, como lo hace la truculenta TVE, con malabarismos, con números de mago farsante. Cuando Hora punta hace buenos datos de audiencia lo hace con picos que suben minutos antes del programa con tirón que vaya después, por ejemplo, Cuéntame. Los días que La 1 tiene programa potente, Hora punta dura más de lo normal para que la gente que espera verlo se vaya sumando y así contabilizarla. Pero el resto de días, por mucha fatuidad, engolamiento y huera intensidad que le eche Cárdenas, pura basura, La 1 y el pimpollo se comen los mocos.

Fantoches
     Como hacía tiempo que no aparecía arengando a las tropas, a nuestro ejército, ni salía con traje de camuflaje, la memoria es ingrata y empezó a desdibujarla. Pero hete aquí que el otro día, por no sé qué motivo de partido, la vi en su esplendor. Nunca falla. La señora Mariloli Cospedal ocupa un lugar de privilegio entre las lumbreras de intensa fatuidad en cuanto abre su boquita y se desparrama en su hueca verborrea traicionada por sus dientecillos de vampira mala capaz de chuparte la sangre, y la vida entera. Y la compostura. Me pasa con ella igual que con un fantoche llamado Álex Gibaja. Cuento la cosa y ustedes, si quieren, averiguan quién es el nota este. De la órbita Mediaset. Lo veo, con mis ojos de empezar a dar crédito a cualquier cosa, en Dani&Flo, que sigue desangrándose como si La Generala Cospedal le hubiera hincado el diente al orondo Florentino Fernández y al zangón Dani Martínez, bobalicón y sin gracia. El tal Álex va de invitado al programa vespertino de Cuatro logrando el milagro de milagros. Es tan necio, tan absurdo, es un muñeco tan patético y tan ridículo, tan innecesario, repelente y cargante, que hace bueno y grande y natural y fresco y listo y sensato y admirable a, por dios por dios, Josie, el José Fernández de toda la vida de su pueblo manchego, ese que habla de rasé y cosas más gordas. Por cierto, rasé, qué coño es rasé. Casi prefiero no saberlo, igual que vivía feliz sin saber lo que era una choni y ahora que lo sé las veo por todas partes. Y en verdad en verdad os digo que es un castigo. Bien. Pues el Álex Gibaja este da consejos de moda en Dani&Flo. Sólo hay que ver el esperpento de criatura para tomárselo como hay que tomarse hoy la mayoría de cosas que vemos y escuchamos en la pantalla. A chufla. Por muy intensas que se pongan. Y el Josie es otro que se pone más intenso que Gloria Serra, o que Sandra Barneda en el debate de Supervivientes.

El plantígrado
     En el lado contrario, intenso pero en plan “déjame que estoy loco”, Frank Cuesta. Qué pesadito el hombre. Si para el espectador, para este espectador, lo es, no quiero pensar qué sentirán los animales en cuanto lo ven asomar con su traje de faena, pantalón corto, gorrita con la visera para atrás, y zuecos de colorines con calcetines más allá del tobillo. Un cromo. Ahora está ganándose la vida con Wild Frank, que emite Discovery Max, y hace lo de siempre, dar por culo a los pobres animales a los que se acerca sin tener culpa de nada, tío. En una de las últimas entregas, o en la primera, da igual, porque la tabarra es la misma, lo veo haciendo la croqueta –literal- para acercarse a un oso feliz que está tratando de comer lo que pilla en un bosque de California, creo recordar que era allí. Y el mentecato, cuando está a siete metros del plantígrado, se pone de pie. Como el que ve una colilla en el suelo, el oso empieza a caminar hacia el capullo, que sale cortando de allí gritándole al cámara, vamos, vamos, joder, vamos. ¿Qué pretendía el salvaje Frank? ¿Cuál era la razón del viaje? ¿Por qué coño molestas a esa criatura? A ver si en un rato libre Íker Jiménez, otro de los intensos de libro, de esos que se toman a sí mismos con la seriedad de un libro sagrado, desvela el misterio misterioso. Pero la nota que coronó al pelanas con zuecos de colorines y pantalón de japonés echando fotos por el Albaycín en agosto a las cuatro de la tarde, fue cuando lo vi dando explicaciones de lo que pasaría si una bicha de esas que inflan los carrillos, sacan los molares y te clavan los dientes con veneno, te mordiera. Ante el animal, crecido como un pavo real, Frank hablaba muy bajito, como si respirara mal, hacía musarañas con el gesto para dramatizar su sermón, y parecía entrar en éxtasis diciendo que te faltaría el aire, que el corazón se encogería, que tu cuerpo se quedaría agarrotado… Anda, tira pallá, tonto, pensaría la serpiente, que te voy a dar un bocado en el culo que te voy a poner la gorra derecha, pero sin voz intensa ni cosas por el estilo, que las pitones, o cobras, no son tan gilipollas.

La guinda
Maestros
Entre maestros anduvo el juego televisivo la noche del jueves con la vuelta a La 1 de la ansiada tercera temporada de El ministerio del tiempo. Perdonen la expresión, pero así me explico mejor. Capitulazo. Giraba en torno al maestro Alfred Hitchocock, es decir, que hubo tensión, suspense, intriga y trepidación, componentes a los que el británico llevó a la cumbre cinematográfica. El cine y la televisión los cría y ellos se juntan. 

jueves, 7 de abril de 2016

Maldeojos. Dietas



Dietas
(Artículo publicado el martes, 5 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Me tragué entero, sin pestañear, la entrega en La Sexta que el Equipo de investigación dedicó a las dietas, sometidas por el equipo a examen. Me sigue si no estorbando sí notándola un poco fuera de lugar la forma de narrar de Gloria Serra, que me resulta afectada, cantarina, intensa hasta la parodia. Pero es el mal menor. El resto del espacio es de una seriedad y rigor sin paliativos. El dedicado a las dietas lo traigo aquí porque demostró que se puede hacer buena televisión haciendo buen periodismo, que se puede entretener sin caer en el morbo, en la charlotada de los reportajes más amarillos. Ahí está Soy noticia, con Nacho Medina como especialista de un reporterismo de estruendo huero. En “Las dietas, a examen”, el equipo de investigación del programa de La Sexta entró en el proceloso charco de internet, escaparate ideal para milagros muy peligrosos.

     El reportaje se centró en cuatro dietas que, al parecer, son las reinas de moda. Dieta del sirope de savia, dieta hiperproteica, dieta de las 500 Kcal con la hormona HCG, y la dieta detox. ¿Por qué se ponen de moda estas dietas?, se pregunta el programa. Es fácil la respuesta. Todas tienen detrás, para su elaboración, un producto asociado con el que se hace el negocio, un negocio que genera cientos de millones de euros. En el tinglado, como el que mira para otra parte, hasta pueden intervenir médicos que las aconsejan. Lo que no dicen esos médicos es lo que cobran de las empresas madre por aconsejar esta u otra dieta. Sin embargo, cuidadito. El programa habló con especialistas en nutrición y todos advirtieron del peligro de este tipo de remedios sin control. Esta historia es, otra vez más, una de las caras más oscuras de esta sociedad tan enferma.

lunes, 14 de marzo de 2016

Maldeojos. Tienes talento, colega




Tienes talento, colega
 (Artículo publicado el domingo, 6 de marzo, en diarios de EPI PRESS)


      Volvió El príncipe a Telecinco. No defraudó. La serie la ven cuatro millones como el que canta una nana. Es su última temporada, y la cosa está en ver si Khaled Ashour, el personaje del actor francés Stany Coopet, será cazado como terrorista. Y en ver si al fin los personajes de Hiba Abouk y Álex González foguean los pinchazos del amor como está mandado, no como adolescentes que se pellizcan o retozan a quemarropa, por si los pillan. Hasta ahora, en cada capítulo, los guionistas han encontrado una razón de risa para justificar que Álex González se quite la camisa y enseñe sus tetas, tan marcadas y gordas como las de un muñeco inflable. Sin embargo, Álex, además de tetas, posee otro talento. No es el que más destaca como actor, pero tampoco está a la cola. ¿Quién es el que tiene el incuestionable talento de ser el peor de la clase, el número uno por la cola? Si usted ve la serie convendrá conmigo que ni esos extras a los que hacen pasar una y otra vez como habitantes del barrio ceutí de el Príncipe son tan malos como el colega Jesús Castro, tío, qué horror, eres tan actor como Rita Barberá senadora o fiscal del Estado el fiscal Horrach, un gatito de terciopelo preguntando a Iñaki Urdangarín, el talentoso duque empalmado. Pues tú, Jesús, igual, tronco, qué malo eres, tío. La otra noche, viéndote en uno de los planos que eligió el director de ti, casi me atraganto, dios. ¿Conoces ese anuncio para Fiat de Ben Stiller que pone caritas, y mira a cámara una y otra vez con el morro apretado? Pues igual, colega, pero todo el rato. Cámara y acción, gritará el director, y tú, hala, morro apretado y mirada torva, la única que tienes. Una foto tuya en vez de tú sería un acierto, incluso se tomaría como algo humorístico. He llegado a la conclusión de que te llaman porque los directores saben que por muy malo que sea el elenco que te rodea siempre será mejor que tú. Te pones tan intenso, nene, como Gloria Serra narrando el guión de Equipo de investigación –5 años en antena, 200 programas en La Sexta, los viernes-.

El tío de la cabra
El jurado de Got talent es otro que se pone intenso, cardíaco, afrodisíaco, dionisíaco, juncal, pinturero, tontorrón, malote, pedorro, cursi, falso, compasivo, vamos, que hace lo que tenga que hacer un jurado que está ahí para lo que está, para hacer el paripé y elegir al tío de la cabra. Supongo que ese ritual, esa liturgia de la elección va en el guión, viene de fábrica. Como hemos visto en mil zapping conocemos la cara lela, la cara de asombro, los ojos abiertos o muy abiertos y brillantes, de los miembros del jurado del programa británico, los gestos de Simón Cowell, Amanda Holden, Alesha Dixón, y David Walliams, esas caras cuando encuentran diamantes en piedras brutas de apariencia ruda y desgarbada como Susan Boyle cantando hasta la lágrima “I drimed a dream” o a Paul Pott, el mofletudo, obeso, con pinta de camarero de chiringuito de playa, cantando como un ángel bajado de los cielos “Nessun Dorma”. Todo eso ya lo hemos visto. Por eso, ahora, cuando veo a Jorge Javier Vázquez con los ojos abiertos no puedo dejar de ver al Jorge Javier Vázquez que parodia con soberbio magisterio José Mota. No me lo creo. La verdad es que no me creo a ninguno de los miembros del jurado. Veo en Eva Hache, en Edurne y en Jesús Vázquez un jurado de pega, como si cada uno de ellos estuviera más pendiente de poner caritas para su cámara por si los pincha el realizador que de seguir a la mujer barbuda del escenario. Porque esa es otra característica del Got Talent español. ¿Tienen que ser los concursantes tan llamativos? ¿Por qué sacan a tanta chica rebozada en chicharrones, a niños en sillas de ruedas que hacen piruetas de ballet clásico, a tullidos simpáticos, a la tía que mueve las tetas como si tuvieran vida propia, ahora la izquierda, luego la derecha, ahora las dos, arriba, abajo, y vuelta a empezar? Y otra cosita. ¿Qué pinta ahí entre bambalinas Santi Millán? Ah, vale, nada, pero también pone caras raras y abre mucho los ojos mirando a cámara cuando huele el talento a distancia. Es un sabueso del talento.

A las urnas
Pero para talento natural, y sin pasar por Got talent ni puñetas, el de Nacho Villa. No es el tío de la picha con cabeza de serpiente ni canta por Antonio Molina como si fuera un eunuco. Es el ex director de la tele manchega, esa en la que Mariloli Cospedal vio la luz hecha carne y símbolo de la tele pública independiente. El amigo Nacho se fundió tirando de tarjeta unos 155.000 euros, según una auditoría , que dice que el menda se tiró a los puros caros, a la langosta, y al buen vino, como un pobre al comedor social. Para manipular hay que tener la barriga llena. Mientras esta gente se metía entre pecho y espalda un cochinillo, saboreaba las delicias de la langosta fresca, y bebía caldos de varios ceros, se esquilmaba la sanidad pública o se recortaba en educación. Hay que tener talento para hacer esas fechorías y decir lo contrario. Luego están los sindicalistas Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, esa pareja tan mona, tan mayores pero tan bien avenidos, pareja que demuestra una vez más que la convivencia sincroniza ritmos, gustos, y prioridades. Monísimos los dos enganchados a sus teléfonos mientras Pedro Sánchez soltaba su discurso de investidura con una convicción que al presidente valenciano Ximo Puig le parecía menos interesante que lo que veía en su móvil. La escena del aburrimiento en el gallinero del Congreso, completa con Amparo Rubiales recostada mientras se mira la mano, y García Page dormitando, puede resumir estos últimos días de trasiego político. Ya lo dijo Shakespeare, mucho ruido y pocas nueces. Viendo las sesiones de investidura me preguntaba si los diputados creían estar ante el jurado de Got talent. Gritos, chulerías, desplantes, sorderas, autismo, egos inflamados, gallos de corral, colegas. Al jurado casero de este Got talent político se le ha quedado cara de Jorgeja viendo a las chicas “XL de la oda al michelín” mientras da su veredicto. Venga, troncos, nos vemos en las urnas.

La guinda
Qué pesadilla
Es una plaga. ¿Creíamos que los programas caza talentos habían tocado fondo? Ni lo sueñe. Esto sigue. Ahora es Antena 3 la que anuncia nuevo peñazo. La cosa va de buscar al mejor bailarín, y por eso se llama Top Dance. ¿Tiene jurado? Eso ni se duda. Mónica Cruz, Rafael Amargo y David Bustamante. Ah, los danzantes mostrarán su vida en la academia donde reciben clases. Sólo de contarlo me aburre. Qué pesadilla.