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martes, 2 de mayo de 2017

Maldeojos. Ya ves, aquí sufriendo



Ya ves, aquí, sufriendo
(Artículo publicado el domingo, 30 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Quien no haya recibido una foto del primo, hermano, sobrino, vecino, colega, tía, amiga lejana o amiga cercana, o compañera de estudios en la que vemos al allegado tumbado en la playa, al borde de la piscina, o sentado en la mesa de un restaurante dejando claro que esa cerveza, esa copa de vino, esas cigalas o esa fritura de pescado es para el menda lerenda, es que vive en otra galaxia. La imagen, siempre, sin fallar, como la cereza que corona la tarta, va acompañada del mantra, “ya ves, aquí, sufriendo”. O sea, tócate la flor, que tú estás currando, o sin un céntimo, y yo, mira, como un marajá, despatarrado, en camiseta y chanclas, y poniéndome ciego de buena comida. Le suena, ¿verdad? Pues a pesar de haber perdido fuelle, aún hay gente que usa la idea como sinónimo de lo más. Todo lo que en nuestro país tiene que ver con la comida sigue despertando algún interés, incluso cuando deja de tener que ver con la comida y tiene que ver con otras cosas. A veces no importa tanto comer como fotografiar la comida o el descanso. Si el  “ya ves, aquí, sufriendo”, lo aplico a la pantalla, la cosa cambia. Veamos. Puede ser que sufras de verdad, que sufras lo que no está escrito –ni pagado-, o que lo digas como lo dice tu prima, tu cuñado, tu amiga, o tu vecino, con doble sentido, o sea, que de sufrir, nada. La otra noche vi y escuché lo siguiente. Voy a darlo todo, a demostrar las ganas que tengo, a hacer un platazo. Con estas ideas se van presentando los concursantes de Top Chef, que ya va por su quinta edición, aunque también podrían ser los de MasterChef en La 1. ¿Ensaladilla con cefalópodos? No me jodas. Mira, Montoro, la ensaladilla lleva calamares porque me lo dices, dice el jurado Paco Roncero. En Italia, en Francia, o en la Conchinchina, nuestros concursantes podrían concursar en cualquier sitio, suelta con su escasa naturalidad Alberto Chicote, cuya forma de hablar nunca sé si es el de un cínico, la de un autómata, un tímido, o la de un señor muy, pero que muy cabreado.

Qué mal rollo
     Lo anterior son frases sueltas dichas por unos y por otros. Un galimatías en el montaje que da a Top Chef el efecto buscado, lío, tensión, drama, competitividad desmesurada, un poquito de surrealismo, y un poquito de “reality” a lo Telecinco. ¿Cefalópodos en el coco de Chicote? No me jodas. Veo lo que puedo aguantar a los concursantes de Top Chef,  que no sé si cocinan o están para tirarse los cuchillos a la cara, a la cabeza o al puto hígado. Se miran como los vaqueros del viejo oeste en las películas de serie b. A ver quién dispara antes. Hay una tal Rakel, así, con k, que es una bruja con delantal. Claro que la tal Melissa –granaína malafollá- esconde en su corazón una nevera de mala leche. Qué tensión. Qué desagradable. No soy fan de este tipo de programas. Me han cansado. Todos. Lo que me faltaba es pasar un mal rato. Y se pasa. ¿No van a cocinar? Pues que cocinen, leche, como pedía Chicote, inflando los mofletes como un pez globo. Voces, malos modos, agresividad, mala hostia, bandos. Y por si faltara algo, cada vez que Chicote prueba algún plato, la escena no es un plato de buen gusto. ¿Cefalópodos en su gaznate? Algo parecido noto alguna que otra tarde cuando, por accidente, insisto, por accidente, he llegado a la puerta y he bajado al local de Gym Tony, que Cuatro ha vuelto a recuperar para mejor herir, maltratar, humillar y denigrar a la ficción patria. No sé si usted ha visto alguna vez semejante infamia. Sólo se puede decir, pero en sentido literal, “ya ves, aquí, sufriendo”. Las situaciones son de una grosería rampante, de una comicidad grasienta, de un estilo que hace años se superó en nuestra tele. Ver al cuadro de actores exagerar el gesto, vociferar porque sí, caricaturizar a los personajes, pero a todos, sin excepción, es una experiencia dolorosa. Para salir corriendo y no mirar atrás por si te topas con los guionistas o con Esperanza Aguirre dimitiendo otra vez, y van tres, o arrepentida, y llorosa, como sólo ella sabe llorar para descojonarse de nuevo de los que se la creen, anunciando su regreso inminente.

Bragas fashion
     Por si no hubiera bastante con Gym Tony, Cuatro emite antes Dani&Flo, uno de esos castigos que se echan a la audiencia sin contemplaciones, como si una mano sádica moviera el hilo en la distancia y disfrutara viendo cómo huyen los espectadores cada día un poco más y cómo la cadena hunde su hora vespertina en unos datos irrelevantes. Ver a Dani Martínez y a Florentino Fernández defendiendo sus puestos de trabajo sin rechistar, haciendo lo que les mandan, aunque sea humillante irrumpir en el plató de Sálvame, que está al lado del de ellos, y dejar que Paz Padilla, sin medida, sin control, sardesca, bruta y mal educada, le dé cucharaditas de yogur a un Martínez hecho un Juan Lanas, un mentecato, un pánfilo, es patético, como todo Dani&flo. En el fondo, estoy seguro, son ellos los que de verdad de la buena, en sus corazones, sienten que sí, que están ahí sufriendo. Ellos no son la famosa Rebe –Rebeca Jiménez de Plasencia- la hortera gitana que consiguió fama en Los Gipsy Kings apareciendo en el mercadillo donde sus padres venden “bragas fashion a 3 euros” como si fuera la Kim Kardashian española, un desenfreno visual, una extravagancia tronchante, y ni siquiera son Los Chunguitos, tan tristes y conmovedores que hacen la morsa con tal de seguir en el candelabro. Mariano Rajoy también es capaz de todo con tal de tocar las pelotas al personal. Desde el otro lado del charco, o desde Cuenca, el tipo está crecido, no cercado por la corrupción, como creen algunos. Y por eso, y con chulesca altanería, asegura que ganará las próximas elecciones, cuando las haya. Así será. Hablando de presuntuoso y patético ahí está Javier Cárdenas ocupando un lugar destacado. ¿Vieron la visita de Dani El Rojo a Hora punta? Recibido como una estrella el ex delincuente, atracador de bancos, dijo que “maté a una persona, pero ahora está prescrito”. Cárdenas arrastró de nuevo a la televisión pública por un fango que no merece. Y sí, viéndolo, quien lo vea, sólo puede decir, “ya ves, aquí, sufriendo”. Pero en sentido literal. Qué tormento.

La guinda
Milagro
Lo digo como de broma, pero no, detrás hay un drama enorme que sigue ahí a pesar de que para Rajoy y su clan, la crisis y sus efectos es cosa del pasado. El viernes, un señor amenazaba tirarse desde el balcón si se ejecutaba el desahucio previsto. Fue Ana Rosa Quintana la que, hablando con él por teléfono, con imágenes en directo, evitó que se lanzara al aire. Y consiguió que el desalojo se atrasara un mes. La España del milagrito.

sábado, 30 de enero de 2016

Maldeojos. La realidad inventada


La realidad inventada
(Artículo publicado el domingo, 24 de enero, en diarios de EPI PRESS)

       La veo un poco zorrita, de primera impresión, no quiero faltar a nadie. La escena sucede en los jardines de un monstruoso hotel de Méjico de los que te recogen en el aeropuerto, te llevan a la habitación, te ponen la pulsera del todo incluido, y te devuelven de nuevo al aeropuerto a los siete días y seis noches después de haber enlazado una cogorza tras otra. Creo yo, que nunca he estado en esos hotelitos sin encanto. Pero es allí donde se dan cita los novios que no conocen a las novias con las que están a punto de casarse. No sólo van los novios. Van las mamás, las hermanas, las amigas, un grupo de cinco o seis a gastos pagados. Y eso hay que rentabilizarlo. Es como lo de los pactos en política. Si yo te apoyo en esto, espero que tú me apoyes en lo otro. Pásame un senador, Pedro, que luego me haré el tonto y miraré para otro sitio. Pues lo mismo. Os llevo gratis, pero hay  que dar juego. En Casados a primera vista, que Antena 3 emite los lunes, se cumple esa ley. Las suegras dan vidilla. La veo un poco zorrita, dijo Marisa, la madre de Jonathan López, de Benidorm, al conocer a su futura nuera, Sabrina López. Frases así es lo que interesa al programa, Miradas así es lo que busca. Que esté todo el rato refunfuñando es lo ideal. Que mire a su consuegra con altivo desprecio es lo que da nivel. Que murmure durante la ceremonia que a la madre de ella le ha tocado la lotería casando a la hija es hacer bingo, y que al hijo, en el jardín del hotel, tras la boda, le diga que “no me gusta la nariz, pero todo, como las tetas, se puede operar”, es como si el guionista de Gym Tony le dictara los repentes al oído. Es perfecta. Marisa es ideal para el programa. Es la suegra bruja. Es la que sólo quiere para su hijo a alguien como ella, lástima que no pueda casarse con él, que si no…

Ya tenemos a la mala. Es la suegra bruja. Esa mirada vale el pastón que se gasta la productora en llevarlos a todos, gratis total, al hotel todo incluido en uno de esos horribles mastodontes mejicanos.
La boda gay

      El esquema del programa no ha variado con respecto a la primera edición. Un equipo de expertos –la tríada de la divinidad televisiva que pretende dar marchamo de calidad y rollo serio, es decir, la sicóloga, la sexóloga, y el experto en motivación, en este caso Marian Frías, Silvia Sanz, y Rubén Turienzo- analiza el perfil de los solteros, sus gustos, inquietudes, aspiraciones, hasta dar con el soltero compatible que conocerán justo el día en que lleguen al “altar”. En algunos casos te preguntas qué tipo de test han hecho para llegar a emparejar el agua y el aceite. Casados a primera vista es un espacio de tele realidad donde la ausencia de guión se suple con la elección de candidatos y allegados que garanticen el espectáculo. Si no, no hay programa. Por eso la elección esta temporada de dos chicos garantiza titulares como la “primera boda gay en Casados…” Así fue. Ahí están Alberto Garrido, sevillano, 32 años, bailarín –me gustan los chicos muy machos- y José Ramón Agüera, cartagenero, 32 años, auxiliar de enfermería –me gustan morenos, un chico normal, que no se preocupe tanto por la imagen como yo-. En un primer vistazo de Casados a primera vista descubro que apenas hay hombres que acompañen a la tropa casadera, es decir, me faltan más papás, más hermanos, más primos, más abuelos. Creo que no dan juego. Y por eso no son invitados. Mientras en Antena 3 se ve Casados a primera vista, en Cuatro tiene lugar otro programa con el amor como excusa, Un príncipe para tres princesas, que presenta con mucho salero e ironía Luján Argüelles, una Celestina rarita. Dicen que es otro programa de tele realidad. Veamos. En una mansión han metido a tres chicas, Marta, Rym, y Yiya –sí, sí, hay gente que se hace llamar así, qué pasa- para que escojan, entre la cuadra de maromos que les ofertan, a su príncipe.
Faltaban y ya está. Matrimonio entre hombres. ¿Y? Pues eso, lo mismo pero entre barbitas.

Marilyn de porcelana

      Es el planteamiento. Pero si en Casados a primera vista aún podemos encontrar algo que sepa, huela, recuerde y trate de sentimientos, de amor, en Un príncipe para tres princesas el tinglado se viene abajo y sólo hay truco, ambiciones personales, gente mona con aspiraciones de notoriedad, tal vez de fama efímera o de hacer carrera en los platós, quizá gente que acabó ahí porque no pasó las pruebas para sentarse en otro paripé sobre el amor como es Mujeres y hombres y otros berzas. Del contenido del programa, qué quieren que les diga, ni caso. Nada me interesa. Nada me conmueve. Nada es verdad. Destaco la postproducción, la agilidad del montaje, el uso de efectos gráficos y músicas, todo al servicio de la ironía y la complicidad con el espectador, pero se acabó. Esta pachanga no va conmigo. No es tele realidad. Es un teatro con un guión elaborado donde todo está medido, controlado, buscado. Venden como real lo que no es más que una ficción teledirigida. ¿Es malo que sea así? No, qué va. En televisión casi todo es así. Lo que ocurre es que la propuesta me aburre. Ni las princesas me dicen nada ni los príncipes me hacen tilín. Es, para resumir, otra basura brillante de Mediaset. La nada. Lo inane elevado a una potencia llamativa. No soy tan friqui como para tragarme semejante truño a pesar de su hilarante bizarría, ¿vale?, coletilla a lo Belén Esteban que usa otra princesa metida en la casa para revitalizar las situaciones, la sevillana Nuria. El nivel de los participantes se resume en este diálogo entre Jalal, madre marroquí y padre de Guinea Bissau, y la rubia princesita Marta, que pregunta como una Marilyn de hornacina y porcelana. ¿Entonces eres marroquí? Mixto, dice él. Mitad marroquí y mitad guineano, aclara Yim, la musulmana. ¿Es marroquí?, pregunta sorprendidísima, con los ojos como platos, la rubia, creía que era negro. Es negro, dice Yiya, la otra sevillana, que mira a la rubia como certificando que no tiene remedio, es negro, pero de Marruecos –Jalal sonríe como diciendo madre mía, madre mía-.Vale, vale, estalla la rubia, creí que era negro de África. Es que Guinea está en África, y Marruecos también, le responden a coro. Bien. Si quieren momentos como este, es su programa. A mí no me compensa. Ni Casados ni Un príncipe. Se me pasó el arroz para esta realidad trazada en los despachos.
Pues eso, yo tampoco tengo nada que decir.
La guinda
Que se vaya
Lo han vuelto a hacer. No pueden más. Y quieren que se sepa, que no decaiga su pelea. Son los periodistas de TVE, apoyados por su Consejo de Informativos, los que vuelven a pedir que José Antonio Sánchez, el presidente de RTVE, se largue, que sea destituido y nombrado “por consenso un nuevo responsable profesional e independiente”. Está claro que hoy no se dan esos requisitos en el perfil de los directivos de la tele pública.

lunes, 9 de febrero de 2015

Maldeojos. Todos tarados



Todos tarados
(Artículo publicado el sábado, 7 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Ojo por ojo, pene por pene. Es el nivel de Gym Tony. Se lo explico. Gym Tony es una serie diaria que pretende hacernos reír. Perdón, descojonarnos. La cosa sucede en un gimnasio en el que, viendo lo que se ve, van los tarados de la ciudad que interpretan los peores actores del país, y eso que son acreditados cómicos. ¿Dónde los han escogido? ¿Quién les da la pauta de actuación? ¿Quién está detrás de esa ridícula exhibición de gritos, gestos exagerados de principiante, voces deformadas, que molestan como un coro de gallinas? Hay que estar muy seguro de que el público al que te diriges está a la altura del truño que le has preparado, una estúpida pasarela de arquetipos. El gordo, el salido, la tonta, la salida, el plumero, el feo, el salido, la zorrilla, la ingenua, el salido, el embaucador, da igual, todos salidos, todos tarados.

       En el cuadro de artistas, Iván Massegué, Tony, el dueño del gimnasio, Antonia San Juan, Berta, la recepcionista y señora de la limpieza, Santi Rodríguez, Velasco, adicto al chismorreo, David Amor, Tito, entrenador guaperas y lelo, o Usun Yoon, encargada del yoga y otros orientalismos. Basten estos nombres para demostrar que no son ni desconocidos ni primerizos. Pues fatal. Abochornan. Da mucha rabia que cuando los guionistas firman una de humor recurran no al trazo grueso sino al salivazo tosco, al tortazo verbal. Tienes que pagar un impuesto de sudor, le dice Tony al cliente seboso del local. ¿Impuesto de sudor?, responde el gordo, pero si yo aquí sólo como y cago. Qué graciosos son los jodíos. El millón que ve Gym Tony disfrutará como un cochino. Yo no estoy en la lista.

Así es. Es lo que parece. Todos zumbados. Esas caras, esos gestos, esas poosturas. Y porque no se oyen. Cuando hablan, es decir, cuando chillan, es peor.