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jueves, 28 de septiembre de 2017

Maldeojos. Évole



Évole
(Artículo publicado el martes, 26 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     El estado de salud del joven de hermoso desaliño Salvador Sobral se agrava, y lo hace por minutos porque su corazón parece no aguantar más. La noticia sobre el estado del portugués ganador del pasado festival de Eurovisión va ocupando con lento interés el sumario de los contenidos de magacines, redes sociales, y medios en general. La voz y la canción Amar pelos dois son de las que te hacen tilín, de las que te avisan fuerte de que el milagro de la emoción se produce porque algo parecido a una descarga eléctrica te recorre desde las vísceras a la célula más alejada de tu piel. En contraposición, en la acera de enfrente del frío industrial, las respuestas que recibía Jordi Évole la noche del domingo de Carles Puigdemont, de sangre gélida y mueca helada, de convicciones pochas, de reptil cínico y acorralado.
    Van a faltar un par de Salvados para descuajaringar las altas torres de esa pamema de la derecha catalana aupada por una izquierda atroz, desnortada y estúpida que ampara un vodevil que de paso lo va destrozando todo. Ni siquiera las bobadas del inepto Mariano Rajoy ayudan en la misma dirección con tanto ahínco. Viendo Salvados comprobé una vez más que, perdonen la vulgaridad, me la sopla el “procés” y los chiriplitifláuticos de una bancada y otra. Así que termino deseando mejoría al portugués y preguntando lo que pregunta en un tuit  José Manuel de la Loma, La Opinión de Málaga, con oportuno cachondeo no exento de inquietantes consecuencias, ¿Os habéis fijado que desde que está lo del referéndum ya no ponen en la tele los anuncios de la Casa Tarradellas? Ahí lo dejo. Venga, Évole, invita ahora a Oriol Junqueras y acabas con esto en dos días.

viernes, 23 de junio de 2017

Maldeojos. Fatua intensidad



Fatua intensidad
(Artículo publicado el domingo, 4 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     Eres más intensa que la voz de Gloria Serra. Bueno, la voz y el gesto de Gloria Serra. Es la presentadora de Equipo de investigación, en La Sexta. Es la Jesús Hermida de nuestros días, para explicarme mejor, aunque sin cabeceo. Don Jesús parecía cuando hablaba un descoyuntado Salvador Sobral, el portugués de Eurovisión. ¿Recuerdan al periodista dando cabezazos como si de golpe los músculos del cuello entraran en huelga y zas, cabeza a la rodilla, como inane, y vuelta a empezar? Pues Gloria Serra no es así. Ella es más de cuello tieso pero de mano voladora, explicativa, pedagógica, ese tipo de personas que hablan con las manos para acotar, poniéndolas en paralelo, el tamaño de las cosas, como si trasladaran cajas imaginarias de un sitio a otro. Ella mira a cámara, se concentra en su monólogo, camina hacia el objetivo, es decir, hacia a ti, y para reafirmar lo que dice levanta las manos, las pone en paralelo, las mueve arriba y abajo, y suelta uno de sus requiebros de voz. También puede apuntarte con el dedo para señalar, como la última vez que la vi, la historia de La presidenta, de Francisca Pérez, una capo de la marihuana en Marbella. Gloria Serra no habla, parece que canta. Qué mujer. Dicho esto, me descoyunto de rabia al ver en la televisión pública la fatua intensidad de Javier Cárdenas, insoportable de veras. Igual que Hora punta, que se jacta de hacer buenos datos de audiencia pero, oh, una vez más, como lo hace la truculenta TVE, con malabarismos, con números de mago farsante. Cuando Hora punta hace buenos datos de audiencia lo hace con picos que suben minutos antes del programa con tirón que vaya después, por ejemplo, Cuéntame. Los días que La 1 tiene programa potente, Hora punta dura más de lo normal para que la gente que espera verlo se vaya sumando y así contabilizarla. Pero el resto de días, por mucha fatuidad, engolamiento y huera intensidad que le eche Cárdenas, pura basura, La 1 y el pimpollo se comen los mocos.

Fantoches
     Como hacía tiempo que no aparecía arengando a las tropas, a nuestro ejército, ni salía con traje de camuflaje, la memoria es ingrata y empezó a desdibujarla. Pero hete aquí que el otro día, por no sé qué motivo de partido, la vi en su esplendor. Nunca falla. La señora Mariloli Cospedal ocupa un lugar de privilegio entre las lumbreras de intensa fatuidad en cuanto abre su boquita y se desparrama en su hueca verborrea traicionada por sus dientecillos de vampira mala capaz de chuparte la sangre, y la vida entera. Y la compostura. Me pasa con ella igual que con un fantoche llamado Álex Gibaja. Cuento la cosa y ustedes, si quieren, averiguan quién es el nota este. De la órbita Mediaset. Lo veo, con mis ojos de empezar a dar crédito a cualquier cosa, en Dani&Flo, que sigue desangrándose como si La Generala Cospedal le hubiera hincado el diente al orondo Florentino Fernández y al zangón Dani Martínez, bobalicón y sin gracia. El tal Álex va de invitado al programa vespertino de Cuatro logrando el milagro de milagros. Es tan necio, tan absurdo, es un muñeco tan patético y tan ridículo, tan innecesario, repelente y cargante, que hace bueno y grande y natural y fresco y listo y sensato y admirable a, por dios por dios, Josie, el José Fernández de toda la vida de su pueblo manchego, ese que habla de rasé y cosas más gordas. Por cierto, rasé, qué coño es rasé. Casi prefiero no saberlo, igual que vivía feliz sin saber lo que era una choni y ahora que lo sé las veo por todas partes. Y en verdad en verdad os digo que es un castigo. Bien. Pues el Álex Gibaja este da consejos de moda en Dani&Flo. Sólo hay que ver el esperpento de criatura para tomárselo como hay que tomarse hoy la mayoría de cosas que vemos y escuchamos en la pantalla. A chufla. Por muy intensas que se pongan. Y el Josie es otro que se pone más intenso que Gloria Serra, o que Sandra Barneda en el debate de Supervivientes.

El plantígrado
     En el lado contrario, intenso pero en plan “déjame que estoy loco”, Frank Cuesta. Qué pesadito el hombre. Si para el espectador, para este espectador, lo es, no quiero pensar qué sentirán los animales en cuanto lo ven asomar con su traje de faena, pantalón corto, gorrita con la visera para atrás, y zuecos de colorines con calcetines más allá del tobillo. Un cromo. Ahora está ganándose la vida con Wild Frank, que emite Discovery Max, y hace lo de siempre, dar por culo a los pobres animales a los que se acerca sin tener culpa de nada, tío. En una de las últimas entregas, o en la primera, da igual, porque la tabarra es la misma, lo veo haciendo la croqueta –literal- para acercarse a un oso feliz que está tratando de comer lo que pilla en un bosque de California, creo recordar que era allí. Y el mentecato, cuando está a siete metros del plantígrado, se pone de pie. Como el que ve una colilla en el suelo, el oso empieza a caminar hacia el capullo, que sale cortando de allí gritándole al cámara, vamos, vamos, joder, vamos. ¿Qué pretendía el salvaje Frank? ¿Cuál era la razón del viaje? ¿Por qué coño molestas a esa criatura? A ver si en un rato libre Íker Jiménez, otro de los intensos de libro, de esos que se toman a sí mismos con la seriedad de un libro sagrado, desvela el misterio misterioso. Pero la nota que coronó al pelanas con zuecos de colorines y pantalón de japonés echando fotos por el Albaycín en agosto a las cuatro de la tarde, fue cuando lo vi dando explicaciones de lo que pasaría si una bicha de esas que inflan los carrillos, sacan los molares y te clavan los dientes con veneno, te mordiera. Ante el animal, crecido como un pavo real, Frank hablaba muy bajito, como si respirara mal, hacía musarañas con el gesto para dramatizar su sermón, y parecía entrar en éxtasis diciendo que te faltaría el aire, que el corazón se encogería, que tu cuerpo se quedaría agarrotado… Anda, tira pallá, tonto, pensaría la serpiente, que te voy a dar un bocado en el culo que te voy a poner la gorra derecha, pero sin voz intensa ni cosas por el estilo, que las pitones, o cobras, no son tan gilipollas.

La guinda
Maestros
Entre maestros anduvo el juego televisivo la noche del jueves con la vuelta a La 1 de la ansiada tercera temporada de El ministerio del tiempo. Perdonen la expresión, pero así me explico mejor. Capitulazo. Giraba en torno al maestro Alfred Hitchocock, es decir, que hubo tensión, suspense, intriga y trepidación, componentes a los que el británico llevó a la cumbre cinematográfica. El cine y la televisión los cría y ellos se juntan. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

Maldeojos. Vaya tela



Vaya tela
(Artículo publicado el domingo, 21 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Los de Canal Sur saben lo que se hacen. Que no decaiga la fiesta. El fin de semana llena su pantalla de aspirantes a recorrer las ferias andaluzas cantando uno de los tormentos que deberían estar penados por las leyes de la sensibilidad y por la letrista de Salvador Sobral, el ganador de Eurovisión. La matraca de las sevillanas es una pesadilla que maneja con un lenguaje engolado, solemne, salpicado de tópicos que me dan urticaria, María del Monte. La cosa que perpetra la cadena se llama Yo soy del sur. Cuando voy a casa de mi madre, que ya sabe la gente que lee esta pieza que está abonada al canal, como tantas personas mayores de por aquí, me pasmo al ver la imagen que la tele pública fomenta de los andaluces, devotos, una tierra de superchería y artistas de pacotilla, señoras con trajes de baile y señores con ternos de ir a comer “pescaíto” todo el rato, preñando con el semen del centro del mundo que se cree Sevilla al resto de capitales, una contaminación forzada, irreal, aburrida, decretada por el centrismo cateto de la tele, que convierte esa pantalla en una ventana a la que jamás elijo asomarme si depende de mí. No, no es mi tele. Antes era la copla, ahora son las sevillanas, mañana serán las sevillanas y la copla, y los toros, que no falten, y todos los días una virgen, una romería, un santo, un tipo hablando con lágrimas en el ojo por su amor por el manto de no sé qué imagen, un sindiós. Sin entrar en más detalles de la programación, pensada para una audiencia muy concreta a la que en verdad parece conocer y le da lo que quiere, descubro que el canal andaluz emite después de Canal Sur Noticias un subproducto llamado Vaya tela. Es televisión basura, impropio de una televisión pública, una guarrería de fondo y de forma. Presenta el mojón del llamado espacio de crónica social Mar Vega, una señora pasada de tuerca. No sé si se la toma antes o en el momento de encenderse el piloto rojo, o la tipa es así, de fábrica, pero su voz de pito, su ordinario desparpajo y su convencimiento de que frescura es sinónimo de chabacanería, da como resultado una presentación insultante al servicio de unos contenidos abyectos.

Cariño, no mientas
     ¿Recuerdan el aire de escasa educación, de matonismo de barrio, de chulería y gracejo de puticlub de Aquí hay tomate, el mítico túmulo a la televisión estiércol que erigió Telecinco de la mano de Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcaide? Pues igual. Vaya tela se emite a la misma hora, en el mismo tono, con el mismo material de derribo, y hasta los locutores que narran las crónicas sobre el famoso de turno usan ese deje de exagerada teatralidad, esos requiebros de voz, la misma pretendida ironía y el mismo aire sardesco que marca, desde el principio, tanto la presentadora como los corifeos. Qué daño ha hecho el estilo de la productora La fábrica de la tele –Aquí hay tomate,  Sálvame- a la tele, apostando por un entretenimiento zafio que confunde sarcasmo con mal gusto y diversión con vulgaridad. No sé qué pensará de estos truños Susana Díaz, que aspira a que la voten los socialistas para mandar aquí, allí, en medio y al lado. Creo que estará encantada con Canal Sur. Creo más, creo que dirá lo que dijo en la reunión de barones socialistas para elegir al secretario general del PSOE después de Rubalcaba. Este chico –o sea, Pedro Sánchez-, no vale, pero nos vale. Frase genial e idea perversa. Lo cuenta el periodista Jesús Maraña en El intermedio hablando con Gonzo sobre su libro Al fondo a la izquierda. Vaya tela. Este chico no vale, pero nos vale. Esta tele no vale, pero les vale. Lo malo, lo de verdad irónico, lo que de verdad inquieta y te hace descreer de todo, es que seguro que sigue habiendo barones, marquesas, cabecitas pensantes, barrigas satisfechas, y cerebros socialistas que sientan sus culos sebosos sobre sillones mullidos en consejos de administración de empresas del IBEX que de Susanita piensan igual. No vale, pero les vale. Por cierto, llámenme loco, pero tengo un pinchazo en el corazón que me dice que Canal Sur, no sé por qué, está con Susana Díaz en lo de las primarias de la señora y los otros en contienda socialista. La señora va sobrada, con el culito apretado, pero sobrada. Nadie que no se sienta la reina le dice al contendiente en un debate, de primarias o de BUP, “cariño, no mientas”, como le dijo la presidenta andaluza al señor No es no. Vaya tela.

Un palmo largo
     Es justo lo que dije el otro día viendo un vídeo de la charla entre el Señor Que No Sabe Manejar La Vitrocerámica –a vé, a vé, a vé, ¿esto onde es?, coño, macho, le decía esta semana a Pablo Motos en El hormiguero-  y Rosa López, que pasó por la casa del semental Osborne. ¿Qué tiene que tener un hombre para enamorarte?, preguntó Bertín. Cabeza, pero la de arriba… bueno, y la de abajo también, remata al final la granaína tapándose la boca como la chiquilla que ha dicho una palabrota. Rosa López dijo que llevaba dos años sin catar a varón. Se ve que no encontró a ninguno con la cabeza de arriba y la de abajo bien amuebladas. Enseguida, sin salir del zoo de Telecinco, Alba Carrillo, que seguro que cató las cabezas de Feliciano Ortiz antes de enfangarse en los purines de la televisión basura, destaca que uno de los concursantes de Supervivientes, Juan Miguel, tiene los huevos gigantes. Literal. La cosa se pone tan intensa, y el debate alcanza los niveles de interés de las primarias del PSOE, que un tal Alejandro Caracuel y otra del montón isleño indaga en las intimidades del peluquero que, según las crónicas, también cató Karina. Al barrigón Juan Miguel se le salen los testículos por el apretado bañador, así que es lógico pensar en el tamaño del resto del conjunto. ¿Y qué tal tienes la pilila?, inquiere Alejandro. Grande y gorda también, responde con firme seguridad el dueño del trabuco. Da más datos. “Me mide un palmo y tres dedos”. Ante semejante festival, Leticia Sabater, que se inspira en la realidad, dice que su próximo pepinazo irá dedicado a Juan Miguel. Ninguno de estos vale, pero me valen. Vaya tela. Vaya tele.

La guinda
Pues vale
Soy Toñi Moreno y estoy en Telecinco. Así promociona la periodista andaluza su nuevo programa, Viva la vida -sábado, a la misma hora que lo hacía ¡Qué tiempo tan feliz!, lo de la Campos, malita ahora-. Soy Toñi Moreno y estoy en Telecinco. Pues vale, guapa, tú sabrás por qué. Música, entrevistas, actualidad, vamos, lo de siempre, pero ella asegura que “es el magacín más vivo imaginable”. Pues vale.

sábado, 20 de mayo de 2017

Maldeojos. 5 puntos



5 puntos
(Artículo publicado el martes, 16 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Desgarbado, feúcho, enlazando sus dedos como el que los sujeta para que no se rompan, como el que no sabe qué hacer con ellos ni con sus manos, con una camisa más grande que su cuerpo y una chaqueta como prestada, con barbita de importarle un carajo el rollo de las barbitas perfiladas, con los pelos en greñas, con sus ojos tiernos y su voz de miel susurrada, con sus movimientos de cabeza descoyuntada, quieto en el sitio, en el centro del escenario, frágil y enfermizo, dulce y vulnerable, sensible, sin apenas artificio, así cautivó desde el segundo uno Salvador Sobral en Kiev, Ucrania, en el festival de Eurovisión, que el joven portugués dignificó en poco más de tres minutos con Amar pelos dois, una canción de letra, música y envoltorio que nada, pero nada, tiene que ver con la farfolla, fritanga, impostura, montaje, diseño, y esperpento que hasta ahora, incluida la presente edición, había visto una audiencia atónita.

     Como la canción portuguesa que se alzó por primera vez en la historia del festival con el primer premio no echa mano de trucos ni de ritmos al hilo de las modas, el realizador del programa se las ingenió para darle a la actuación de Salvador un toque de intimidad, un ritmo envolvente como la propia melodía, haciendo que la cámara girara alrededor del artista sin proyecciones espectaculares, luces cegadoras ni efectos especiales. Tanto el jurado como el público reconocieron el talento y premiaron la autenticidad frente a la mascarada y lo falso. Y cantada en portugués, el idioma del artista. ¿Y TVE? Sin rumbo ni criterio, despeñándose también por el acantilado de la música, llevó a la tele pública al ridículo y la humillación del último puesto. Gracias, eso sí, al pobre Manel Navarro.