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miércoles, 24 de agosto de 2016

Maldeojos. No, Almodóvar



No, Almodóvar
(Artículo publicado el jueves, 11 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     No me lo creo. No creo que Pedro Almodóvar sea una cateta que hable sin conocer, o que hable de oído. O, peor, que tenga prejuicios de intelectual trasnochado. Sí, así, tal como suena, trasnochado. Digo todo esto porque el director manchego ha dicho en una entrevista al periódico británico The Guardian que la ficción televisiva española no es un referente, y cuando le preguntan su opinión por el trabajo de los actores españoles en televisión, digno, quizá con el testuz bien alto, mirando al vacío, responde que no puede juzgarlos porque ellos son… brrr, ¡pobrecillos! –así lo recoge el portal Formula TV- , no tienen tiempo para hacer bien su trabajo. O Almodóvar habla de oído, o es un cínico. O no ve televisión, no ve series españolas, lo cual le invalida para opinar sobre las series y sus actores, o ve series y es un hipócrita. Quizá hasta un envidioso, vete a saber.

     El directivo de Atresmedia Maurizio Carlotti, que leyó la entrevista, se sintió tocado, concernido. Muy discreto le contestó “me cuesta polemizar con un genio”. Pero eso no le impide recordarle algo que no admite discusión, que hay más espectadores de ficción televisiva española en una semana que 30 años de taquilla de su filmografía. Para no polemizar, don Maurizio las suelta con garbo. Yo, más atrevido, no polemizo, pero no me callo. Pedro Almodóvar no sabe lo que dice. Ha hecho bien Carlotti en salir a defender la ficción española, que crea industria, saca talentos de primer nivel, renueva el lenguaje, y ofrece series de una categoría que roza la excelencia. ¿Habrá que recordar el magisterio de Vis a vis? Si, por ejemplo, Najwa Nimri, sin “tiempo para hacer su trabajo”, hace un papelón, ¿qué haría si tuviera tiempo? No, Almodóvar, no.

jueves, 12 de febrero de 2015

Maldeojos. Los orcos



Los orcos
(Artículo publicado el martes, 10 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Seguro que desde el sábado han leído, visto, y escuchado algo no sólo sobre la gala de los premios Goya sino sobre los Goya y los orcos, en concreto los orcos del estado. Fue, como saben, una equivocación, o no, del presentador. Dani Rovira empezó a hablar como si disparara verbos, ideas, reproches, frases y gestos dirigidos al ministro presente en la sala, al del ramo de la cultura –Pedro Almodóvar, menos elegante, dijo que Juan Ignacio Wert no estaba incluido, y aquello sonó como un latigazo-, y le hizo ver que si el cine va bien, “los orcos del estado también lo notan”. Cambió orcos por arcas. Pero sonó muy bien. Ese orco irrumpió en el primer monólogo del cómico, que como actor se llevó el Goya al actor revelación por Ocho apellidos vascos, formando parte de uno de los comienzos más potentes de la gala de los premios del cine español.

      La irrupción en el escenario en riguroso playback de buenas voces combinando canciones de hoy con coplas de ayer fue vibrante, todo un alegato que acabó en uno de los momentos álgidos de la noche, el de todos cantando con la estática rotundidad de las reivindicaciones el clásico y siempre eficaz Resistiré del Dúo Dinámico. Impresionante. El público entendió el mensaje y se puso en pie. Creo que es la primera vez que pasa. En casa se vivió con idéntica emoción. Lo que no entiendo bien es qué pasó después para que la gala se precipitara de lo sublime hacia un abismo de lánguida grisura. Hasta el chispeante Álex O’Dogherty naufragó como un fardo pesado. Hasta Miguel Poveda estuvo fuera de lugar cuando faltaban los cuatro premios más importantes. A ver si los orcos de verdad hicieron de las suyas. Ah, Dani, soberbio. 

Ahí está. Quizá uno de los momentos más emocionantes de la gala de los Goya. Un arranque potente, con mensaje claro pero delicado y sutil. Resistiré. Sin embargo, todo fue cayendo hacia el precipicio donde habita la somnolencia y el desinterés. Y durante más de cuatro eternas horas.


lunes, 2 de febrero de 2015

Maldeojos. La republicana



La republicana 

(Artículo publicado el sábado, 31 de enero, en diarios de EPI PRESS)


      En las últimas generales votó al PP, pero a los pocos meses dijo en una entrevista que no volvería a votarlos, también que unas veces votó a unos y otras a otros, pero que estaba tan desencantada que tal vez no volvería a votar nunca más. Era Amparo Baró, ejemplo de ciudadana cuya vida iba por un sitio y la artista por otro. Yo creo que era un poco conservadora, en lo político y en lo social. Rechazó trabajar con “un chico muy gracioso que trabaja en Telefónica” cuando Pedro Almodóvar le envió el guión de Pepi, Luci, y Boom, porque le pareció una mamarrachada de mal gusto ya que tenía que mearle en la boca a alguien. Con el tiempo se arrepintió. Mujer de teatro, fue la tele, como la comunista republicana Sole Huete, la que le dio una popularidad extraordinaria. Nada más alejado a sus convicciones en la vida real. 

       Esa republicana fue uno de los pilares de la serie, que se grababa con público presente, un personaje muy querido que la gente redujo a la anécdota de las collejas que daba sobre todo a su hijo Paco, Javier Cámara. Baró siempre fue esquiva, alejada del brillo que otros necesitan para sentirse bien. Casi nunca recogía los premios que le dieron. Ni siquiera el Goya. Sí recogió el Premio Ceres de Mérida por una obra dirigida por Gerardo Vera porque supuso su vuelta a escena después de muchos años. El público tiende a confundir la persona con el personaje. Cuando el jueves supimos que moría a los 77 años todo el mundo habló de sus collejas. De ellas estaba hasta la flor. Pasó por El internado, por El club de la comedia, pero Amparo será la Sole de las collejas. Qué drama. 

Amparo Baró en Mérida, sobre el escenario de su bellísimo teatro romano, recogiendo el Premio Ceres, uno de los poquísimos que recogió la actriz, apartada de ese otro aspecto de una profesión muy dada al exhibicionismo.