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domingo, 14 de agosto de 2016

Maldeojos. El nivel



El nivel
(Artículo publicado el martes, 2 de agosto, en diarios de EPI PRESS)

     Hasta el suave y a veces insulso Amigas y conocidas, esa tertulia en La 1 entre chicas que se interesan por asuntillos de baja potencia tiene un nivel, una cosa. El remedo que Telecinco se inventó hace algunas temporadas, con idas, venidas, quitadas, vuelta a poner y vuelta a quitar de Hable con ellas no llega ni a eso, a pesar de que lo anuncian y lo vive la cadena con la intensidad acostumbrada. De nuevo ha vuelto, como sabe el lector de esta pieza, y de nuevo con Sandra Barneda como única periodista. Detrás de  la castaña está La fábrica de la tele, la productora que mejor hace los truños que explota la cadena con excelentes resultados. Es difícil soportar tanta carroña televisiva, tanta mujer reunida sin otro cometido que revivir la enésima versión de Sálvame. Si un “pograma” lleva de invitada a Olvido Hormigos, la ex concejala que se hizo famosa con un vídeo en el que se vio masturbándose, todo está explicado, todo está dicho.

     Si para hablar con esta señora –se dice que estos meses, entre Hable con ellas, Sálvame, y su puesto fijo como “asesora del amor” en Mujeres y hombres y otros berzas, ganará unos 125.000 euros, deseando que no sea gracias a lectores como usted-, reúnen a una tropa de famosas de derribo, siendo la invitada otra petarda de mucho talento para este tipo de pachangas, no queda duda. Lo que ocurra en ese plató, lo que diga o calle la simplona Rocío Carrasco y lo que le puedan hacer decir a la lista ex política me pone el interés tan duro como saber que Mariano Rajoy se ha vuelto loco y quiere formar Gobierno –con lo bien que se vive de medio lado, en funciones, ni aquí ni allí-, piensa momificarse, o estudiar búlgaro. A este nivel de indiferencia y hastío he llegado.

martes, 3 de febrero de 2015

Maldeojos. Tocándose el choto



Tocándose el choto
(Artículo publicado el domingo, 1 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Yo dono todo lo que gano con el vídeo si vosotros donáis los 62.000 euros semanales que pagáis a Belén Esteban. ¿Trato? Sí señores, Belén Esteban está cobrando 60.000 euros semanales por estar en una casa tocándose todo lo que viene a ser el choto. Con 62.000 euros puedes financiar el tratamiento de miles de personas con VIH, tanto que os quejáis, hijos de puta. Quien habla con tanta vehemencia es AuronPlay, un youtuber que logró convertir en tendencia mundial la etiqueta #GHVIH en Twitter, que más tarde cambió, atendiendo la petición de algunas asociaciones de enfermos de sida, a otra más potente y ajustada a la realidad, #GHVIPesBasura. Es perfecta. El rifirrafe ocurrió hace un par de semanas, pero la de San Blas sigue encerrada en la casa tocándose el choto y ganando 62.000 euros. Hay más. El joven, de lengua bien amueblada, se dirige a cámara con un desparpajo de 24 quilates, y ya que está hablando de Gran Marrano VIP no se resiste a definir a los concursantes. Kiko Rivera. Es un gordo desagradable que es famoso por ser hijo de cantante mediocre. Olvido Hormigos. Una ex concejala del PSOE que lo enseñó todo por internet, que va por ahí tocándolo todo. Ylenia. Un putón verbenero. Sandro Rey. Un estafador, pero léeme los labios, es-ta-fa-dor. Es mi canal de Youtube, y desde que lo creé tengo la filosofía de no callarme nada, y hasta que este canal no se hunda yo no me voy a callar. Por cierto, todo lo que gane con este vídeo irá destinado a la asociación CESIDA, coordinadora estatal del VIH en este país. ¿Lo veis, Gran Hermano?, ya he hecho más por el VIH de lo que vosotros haréis jamás. Así cierra el vídeo AuronPlay. Poco más se puede añadir.

Sin comentarios. 60.000 euros a la semana gracias a ¿gente como tú que ve el programa?

Mira, el tonto

      Claro que se puede hacer otro tipo de análisis de ese vertedero. Pero no me veo yo hablando de la iluminación plana, de los colorines del mobiliario, del sonido, del movimiento de cámaras, del momento confesionario, ni me veo recogiendo, papel y lápiz en mano para no perder ripio, lo que puedan decir en el estudio los defensores de unos y de otros, es más, no sé si Jordi González, al estilo Milá, hace cada semana el payaso o se limita a hacerlo sin echarle leña al guión. Lo que quiero decir es que para hablar de esta mierda no hay ni que verla. Yo jamás la veo. Con gente como el joven de arriba tengo la columna hecha. Luego sólo tienes que darte un paseo por las redes, ver algún vídeo, y confirmar que el hedor sigue instalado en el programa y en la cadena. A ella, como el destino justo que merece alguien con un perfil tan zafio, de usuaria de polígono, y capaz de apostar por un futuro prometedor para reforzar su chabacanería, ha llegado Sonia Castedo, nada menos que la alcaldesa de Alicante hasta hace dos horas. No sabe uno quién merece más a quién. Una forma de empezar su carrera, quizá para en un tiempo corto acabar en Gran Marrano, es entrar a Un tiempo nuevo, lo que dice muchísimo de ese programa. Como dice otro tanto de la cadena y del programa contar entre sus culo opinantes con el señor de canas níveas Ramoncín, oh, Ramoncín, presentado como, atención, cantante. ¿Todavía canta el rey del pollo frito? Por coronar este tridente baste mentar a Francisco Nicolás, el chico que dice estar fascinado por el poder. Ya ha entrado en la órbita de Mediaset. Es otro más. El gran farsante es uno de los últimos abducidos. Es tan ridículo, cansino, repelente y fantoche que en poco tiempo alcanzó el punto de cocción que necesita Mediaset para usarlo como picadillo. Lo pasean de Telecinco a Cuatro, y de Un tiempo nuevo a Todo va bien, donde le hacen ponerse un bigote parodiando a Aznar, como se pasea al tonto del pueblo para que haga la gracia al señorito. 

Esta cosa ha salido del cubil de la casa pestosa. Da igual. Seguirá metiendo en su bolsillo una cantidad obscena de dinero cada semana sólo por "ser como soy". Y porque ¿gente como tú? lo ve.


Eres lo que ves

   Ya forma parte de la cadena de Los Chunguitos, de Ana Rosa, de Jorge Javier, de Lorena –“Kiko Rivera se tira peditos durmiendo”, o “yo siempre voy limpia aunque no vaya a follar”-, es la cadena de Rosa Benito, de Olvido Hormigos, de Revilla, de Pedro Piqueras y su noticiario de sucesos, del insoportable Sandro Rey. Esta parva de elementos está ahí porque hay espectadores que los ve, hay una audiencia que los sigue sin sentirse atropellada cuando el esperpento Esteban, ruina espantosa, dice que “no voy a dejar que Kiko coja una fregona y limpie porque aquí hay tías que lo pueden hacer”. Si usted escucha eso y sigue impasible, usted comulga con esa chusma que gana en una semana lo que quizá usted no gane ni en un año. El ceporro de la Pantoja, al que se le ve todo el santo día tirado como la grama en los sofás de esa insalubre pocilga, recoge cada siete días 50.000 euros por tocarse lo que viene siendo la flauta. Toma, ríale la gracia mientras su familia quizá no pueda pagar la luz o comer pescado fresco. Dicen los defensores de esta desgracia televisiva, de este abuso, de este insulto a la dignidad, que el programa entretiene, es cachondo y no hace daño a nadie. ¿En serio? El tiempo en que Gran Hermano podía interesar por aquello de ver cómo era la convivencia entre desconocidos, cuando los concursantes y la audiencia aún eran ingenuos, pasó. Ese formato hoy es una pupa degenerada y sucia, pestosa, manejada a golpe de guión, y eso no sería ni malo ni bueno porque hablamos de televisión, es decir, de control, donde nada es porque sí, donde todo ocurre para atrapar a la audiencia. Lo inaceptable es que el programa haya apostado por la exhibición de villanos, putones, racistas, machistas, agresivos, maleducados, patanes, gentuza que convierte en valor, en referente, en conducta a imitar lo chabacano, lo analfabeto, la ignorancia, el mínimo esfuerzo. Hace 400 años ya escribía Cervantes que el “deleite que en el alma se concibe ha de ser el de la hermosura… y toda cosa que tiene en sí fealdad y descompostura no nos puede causar contento alguno”. Pobre don Miguel si viera a esos patanes. Me tiene hasta el santo coño, grita la abotagada Belén tocándose el choto. Siga en su tumba, don Miguel.

La guinda
Hundido
Se hunde en la noche de Telecinco Las aventuras del capitán Alatriste, la historia de espadachines que no interesa ni al papá de las novelillas, que ha puesto su sonora voz en el cielo de Twitter para decir que es vergonzoso que la cadena emita la serie que protagoniza Aitor Luna después de una ración de ordinariez como Gran Hermano VIP. Esa ordinariez arrasa. Alatriste hace menos de un 7%. Esto es televisión, imbécil.

martes, 4 de noviembre de 2014

Maldeojos. Mangos, bacalaos, y chorizos



Mangos, bacalaos, y chorizos
(Artículo publicado el domingo, 2 de noviembrem en diarios de EPI PRESS)

      Nos invaden, nos comen por patas. Nunca mejor dicho. En todas las cadenas hay uno, dos, tres, o una decena de cocineros de cabecera. Unos como referentes de la cocina de toda la vida, otros como asilvestrados representantes de la cocina del bocazas. Hace unas semanas entró en las casas el cocinero David de Jorge como jamás hay que entrar en la cacharrería del dicho, llevándoselo todo por delante, porque pasa lo que tiene que pasar, que al principio hacen gracia sus maneras toscas, rudas, gruesas de palabrero sin frenos, pero luego empacha más que sus guarradas con beicon, mayonesa, y tomate frito al chorrete, palabra que adora el vasco que habla de chorrete de vino, de chorrete de aceite, de chorrete de, vale, vale, que ya mismo, sin darte cuenta, hablas de chorrete de mierda, bribón, que a veces le das a uno la comida, y tú estás en Telecinco para dar recetas, no la indigestión. El de David de Jorge es un programa de cocina heterodoxo, tan heterodoxo que a veces tira para atrás, me dice gente que ha intentado seguirlo como se sigue a una vaca sagrada pero al final desistió como se desiste de que en Estela, la concursante de Adán y Eva, pueda entrar algo que no sea el boquerón de Luis, el Adán pelirrojo que está orgulloso de su miembro. Iré por partes. Una cosa es lo de Robin Food, atracón a mano armada, y otro tipo de comidas es lo de Adán y Eva. David de Jorge te invita a veces a comerte el mango, literal, dejando que el chorrete te caiga por los labios, aunque esto suena fatal, se dice el mismo cocinero mientras se la pela al mango, que también suena regular. Los de Adán y Eva se van comiendo unos a otros lo que pueden, es decir, lo que tienen, es decir, lo único que enseñan, que por eso van en pelotas. Debajo de sus carnes no habita ni el olvido.
Estos ejemplares forman parte de la fauna de Adán y Eva, programa con el sello inconfundible de Cuatro, es decir, de Telecinco, es decir, televisión basura, televisión ignorante y analfabeta destinada a un público ¿similar?. Cuando a estos gatos les has visto el rabo, qué pueden ofrecer más. Eso es. Nada. Como no pueden enseñar otra cosa, enseñan lo que tienen, lo único que tienen. El resto es pura majadería.


25 euros al mes
Pero que no cunda el desánimo. Hay otros jóvenes que no nos sacan siempre los colores porque tal vez le hicieron caso a sus madres cuando les dijeron, hijo, no seas tarugo, hazte un módulo de cocina y te quitas de cani, que salir con la gorra ladeada en la guarrería de Mercedes Milá es pan para hoy y hambre para mañana. Verán, en Reino Unido, y en la BBC One, acaba de arrasar un concurso de cocina, pero no como aquí arrasa nuestro Masterchef de La 1 o nuestro Top Chef de Antena 3. Allí ha sido un concurso de cocineros, pero de postres. A la final llegó un hijo de emigrantes españoles, Luis Troyano, que hizo un roscón de reyes, pero no uno cualquiera sino de pimientos y aceitunas. Yo no sé si me comería un roscón así, pero tampoco digo un no rotundo, que uno no sabe sus límites. Vean a la ex concejala Olvido Hormigos, la que consiguió la fama con su chichi, que no puede probar el alcohol porque en cuanto se le encharca el hígado se deja que le coman el bacalao en plena calle, y luego, claro, tiene que hacerse un De Luxe para llorar sus ardores y pedir ayuda donde hay que pedirla, en un plató. Es lo que uno hubiera esperado del sociólogo Amando de Miguel, el escribidor de más de 150 libros y miles de fajos de artículos y miles de entrevistas en la radio. Lo que se dice el sociólogo de cabecera de este país, el de toda la vida. Tanta que le ha dado tiempo a todo. A ser de muy izquierdas, a viajar hasta ser de muy derechas, a hacerse rico y, para que no falte la guinda, a hacerse tan pobre que, según hemos sabido, su nevera está tiritando, y no es una licencia literaria, como supongo saben. Sólo puede gastarse al mes 25 euros en comida. Eso sí, tiene una mansión de dos millones de jureles. Yo que él llamaría a Ada Colau, la revolucionaria, la antisistema, la energúmena, la activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca a la que seguro el sociólogo habrá zurrado con su verbo más de una vez, y le pediría ayuda para que le pararan su desahucio. Y para comer, que es de lo que hablamos aquí hoy, que se vaya a la puerta donde graba Alberto Chicote, que algo pillará. 

Este señor es Amando de Miguel, el sociólogo de cabecera de este país, aquel tipo al que se llamaba para que lo explicara todo, el tipo que daba conferencias por toda España, el que no salía de la radio y de la tele... el que viajó de la izquierda más vibrante a la derecha más zoquete, el que arengaba contra los perrofalutas, los del 15M, el que viajó de la riqueza -chalé de dos millones de euros- a la pobreza -no puede pagar su casa por haber vivido por encima de sus posibilidades, y no puede cargar la nevera-. Ah, gran fallo. Esas cosas se cuentan en televisión, Miguelillo.


Televisión rápida
Los de Top Chef repiten cada semana que los víveres no usados en el programa se llevan a un banco de alimentos. Harían falta muchos programas para que sus alimentos sobrantes pudieran abastecer la nevera de Amando de Miguel y la de los pobres muy pobres en España. Ya veo a Mariano Rajoy retorcer el morro, y la jeta, como diciendo que eso es demagógico porque si algún país está soltando chispas de alegría por haber salido de la crisis ese es el nuestro. Pero los datos de Unicef en España son tozudos. Casi cuatro millones de niños viven bajo el umbral de la pobreza, es decir, España sí corre hacia los primeros puestos, pero por haber aumentado el número de niños en situación de pobreza dentro de la OCDE. Esta semana también hemos sabido gracias a Intermón Oxfam que aquí las 20 personas más ricas poseen tanto como tienen los 14 millones de los más pobres juntos. Y también, para que la provocación no tenga apenas matices, nos enteramos por la Operación Púnica que Francisco Granados, el intachable número dos del PP de Madrid con Esperanza Aguirre, el que daba lecciones de moral en las tertulias y se empavonaba hablando de transparencia, era el supuesto cabecilla de una red corrupta que trincaba dinero como el que se atiborra de pasteles de engorde. Hace unas semanas Jorge Javier Vázquez le decía a Risto Mejide en su sofá que él no hacía televisión basura sino, como algunas guarrerías de las que le gustan a David de Jorge en comida, fast tv, es decir, televisión rápida. Cuando los ricos llevan sus fortunas a niveles de tanta desigualdad, cuando la riqueza es tan obscena como la pobreza, y los políticos están al servicio o de sí mismos o de esas fortunas desmesuradas amasadas con leyes que los amparan, al resto solo nos queda, tras la estupefacción, el asco, y la desesperanza, comérnoslos a todos como se comen los chorizos, con gula, aunque nos dé indigestión, como da la comida rápida, como todo lo que es basura. 


Pero qué salero tiene el condenao, con su pose de caballero respetable, pensativo, con su gomina recién echada lustrando el suave rizo de sus cabellos, con esa mirada de tiburón seguro de sus actos, ay, lo recuerdo en algunas tertulias hablando con la boca llena de moral, de integridad, de que quien lo haga mal que lo pague, en fin, esas tontunas que dice esta chusma creyendo que de verdad son inmunes porque los demás somos gilipollas... A por ellos, coño, que los chorizos caen en la cazuela y apenas necesitan vuelta y vuelta para llevárnoslos al coleto.

La guinda
TVE insensible
Cuando termina una película, las televisiones no se andan con tonterías. Nunca dejan que veamos los créditos. Ya, pero eso pasa sólo en las privadas, dirá alguien que no ve mucho TVE. La pública, que tendría que dar ejemplo de sensibilidad, los corta sin piedad “porque los espectadores pueden ver esa información en internet”, dijo Gemma Sánchez, directora de programación de TVE, en RTVE responde. Y tan feliz.