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viernes, 5 de julio de 2019

Maldeojos. Ni el 10%


Ni el 10%
(Artículo publicado el jueves, 4 de julio, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ya sé que eso de las audiencias, los tantos por ciento, y otras cifras que ni siquiera hablan de calidad sino que tienen que ver con el negocio, al espectador medio no le dice nada. Aún así, imaginemos. Con el mes recién empezado, el lunes, según los expertos la noche de más consumo televisivo, ninguna cadena en el cómputo del día superó el 10% de audiencia y por supuesto ninguna hizo “millones de espectadores”, con la excepción de Antena 3 Noticias 1, que alcanzó el 18% y más de dos millones. El resto de programas en lucha nocturna apenas llegó al millón y ninguna superó el 10%. ¿Cuál era la oferta? En La 1, que ganó la noche por la mínima, La otra mirada. Antena 3 con Masters de la reforma, que emitió su semifinal con menos gloria que la venta de ventiladores en Groenlandia, y Telecinco, con Brigada Costa del Sol, tuvieron algo así como un empate técnico. Ni para ti ni para mí.

     Lo normal hubiera sido, hasta 24 horas antes, que se alzara con el laurel de la noche la oferta de Telecinco, es decir, el monotema, el único verso, la verdad verdadera, la luz hecha billetes, ni series ni telediarios, ni magacines ni leches, nada, a todo tren con las trifulcas de los isleños. Ya saben, Supervivientes es algo más que un concurso sucio y aburrido –ya sé que miles, millones de criaturas, se divierten con lo que allí sucede-. Es verdad que si paso por esa cadena me puedo quedar lelo y pillado con las broncas, la imagen desencajada de la Pantoja, o la ordinariez insoportable de una tal Dakota, pero enseguida me canso y cambio de canal. Supervivientes, digo, es para Telecinco algo más que un concurso. Es la vida, su maná. Una noche no lo emite y no llega al 10%.


lunes, 24 de junio de 2019

Maldeojos. La otra mirada


La otra mirada
(Artículo publicado el domingo, 23 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Poco a poco, o de golpe, te enganchas a La otra mirada, que emite los lunes La 1 de TVE alzándose, aunque ese dato es sólo anecdótico, sobre la oferta de las otras cadenas, que emiten Brigada Costa del Sol en Telecinco o Masters de la reforma en Antena 3. Me pasó en su primera temporada, y me pasó porque La otra mirada tiene pellizco, ese tipo de agarres que hacen del espectador, de este espectador, un fiel seguidor que acaba olvidándose de su faceta de comentarista para convertirse en mero interesado, en fiel de la trama, en apóstol de su dogma, y el dogma, el viento, la luz, la semilla, la propuesta de La otra mirada es de las que hacen grande, muy, muy grande a la televisión pública. Además de una serie feminista en una época, la de principios del siglo XX, donde una mujer no podía estudiar en la universidad salvo que tuviera una bula, un permiso, un plácet del mismísimo comandante en jefe del estado, La otra mirada habla de valores como solidaridad, igualdad o racismo, trama de la nueva temporada con la presencia de Inés, que interpreta la actriz canaria Dariam Coco, una chica mulata –en todo caso es negra, no morena, ni esa, sino una más, dice Manuela, Macarena García, la directora de la academia de señoritas donde transcurre la historia- que llega a la escuela poniendo patas arriba a alumnas, familias y financiadores de la institución de la sociedad sevillana de la época. La otra mirada es de un feminismo sin tapujos, sin complejos, ese tipo de actitud que tanto molesta a la ultraderecha, los amos del circo político que mueven los hilos del teatro con guiñoles como el simpático nuevo alcalde de Madrid, Almeida, manejado como un pelele por el capitán Smith según meme que salta de programa a programa, el tal Smith, el Rambo de Koz, club ultra de los Abascales. La otra mirada debería de ser un faro para la ficción en TVE, y no por su atrevimiento visual o su sintaxis vanguardista, en este caso porque lo que vemos tiene el andamiaje que una televisión pública ha de tener. La otra mirada está narrada por un grupo de directores como Mar Olid, Miguel del Arco, o el murciano Pablo Guerrero, todo un artesano detrás de la cámara capaz de resolver grabaciones con la eficacia que da el trabajo casi de metralleta que se requiere en series diarias como El secreto de Puente Viejo, con 10 temporadas y más de 2.100 capítulos, es decir, directores que conocen la técnica, que no hacen alarde de estrellas y que firman trabajos sólidos al servicio de la obra en conjunto. De las veteranas, como siempre, destaca Ana Wagener como doña Luisa, estirada y un poco sacristana en la primera entrega y más abierta y moderna en esta. Cuando la mujer lucha, influye en otras mujeres permitiéndose otras miradas sobre la misma realidad.

Hernia gitana
     Es lo que hace siempre Mikel Giménez sobre el teatro político, y advierte en Al rojo vivo que lo que le pasó a Ada Colau en su paseo por la plaza entre el ayuntamiento y el palacio de la Generalitat, recién nombrada otra vez alcaldesa de Barcelona, llamándola zorra, puta y guarra, se veía venir porque quien juguetea en una jaula con leones –los independentistas- es posible que reciba un zarpazo y luego, cuando vayas a la radio y te hagan una entrevista, te eches a llorar y saltes de nuevo a todos los programas de todas las cadenas porque la imagen de un político, de una política emocionada retirándose las lágrimas de los ojos, sí que es otra forma de verlos, una mirada que los humaniza y los acerca. Nada que ver con las miradas de perplejidad que caen sobre el diputado nacional del PP por Huelva, el pastor Juan José Cortés, jefe máximo, ole su ego y su cartera, de la Iglesia Evangélica Ministerio Juan José Cortes, el listo papá de la niña Mariluz, que fue asesinada en 2008. Este tipo, con una pensión por incapacidad permanente –ay, payo, esta vez no revisable- por hernias y cosillas de la depresión -¿depresión sin vuelta atrás, crónica?- se lleva crudos más de 25. 000 euros, o sea, más de 2.000 cucos al mes. Aleluya, aleluya, viva la hernia gitana. Esto sí que es integración, y no el guarreo de Los Gipsy kings, que han de hacer el mono en los mercadillos como los papás de La Rebe de Zaragoza. El pastor Cortés, deprimido y herniado pero sentadico en el escaño, ya no tiene que gritar más lo de “vamos, payas, que mu las quitan de las manos”. A ver si le echan otra mirada a su caso, ven que la política lo hunde más, le suben la pensión, y nos cuesta otro potosí. Señor, aleluya, aleluya, haz algo con tu misericordia sinfín.

Necios machistas
     Y si pudieras, ya puesto, señor del cielo, échale un ojo a tu siervo Eduardo Inda, la hiena de los panfletos digitales, que se ha revuelto como sólo lo hacen los acorralados y cobardes a raíz del reportaje especial, –regular, de escasa calidad, hay que recordar- Las cloacas del periodismo que emitió Todo es mentira el domingo pasado y donde, como era de esperar siempre que vayan juntas palabras como periodismo y cloaca, no se habló nada bien de este tipo. ¿Cómo ha reaccionado? Volcando su rabia sobre la colaboradora Marta Flich, atinada, aguda, manejando una ironía muy bien condimentada, al decir que está en televisión porque tuvo una relación con Jaime Martínez Bordiú, nieto del dictador Franco. Al risitas de dientes encalados le han llovido las críticas por machista, desde Carme ChaparroCuatro al día, Cuatro- Pepa Bueno –La Ser-, Paula Vázquez –Movistar- o Mamen Mendizábal –La Sexta-, a políticos de izquierda. Pero estoy más que seguro de que estas movidas se la ponen dura a este indecente. Sobre él no cabe más mirada que la del desprecio. Y la misma pregunta de siempre. ¿Por qué lo ampara Ana Rosa Quintana en su matinal de Telecinco y Ferreras en Al rojo vivo de La Sexta? Va a tener razón de ser el epílogo que se emite después de La otra mirada y que presenta Isabel Gemio, Retratos con alma, donde este lunes se invitó a Cristina Pedroche, que tiene que seguir demostrando que es algo más que un cuerpo y unas tetas. Ella dice que los tíos que piensan así le dan mucha pereza y no quiere darles protagonismo. Inda, cielo, desintégrate.
La guinda
Que renueven
Esta semana se ha marchado ¿hasta setiembre? Ese programa del que usted me habla,  y que presentan en La 2, y a diario, frente a gigantes consolidados como El intermedio y El hormiguero, María Gómez, Alberto Casado y Eva Soriano. Deberían renovarlo sin más y a pesar de su escasa audiencia. La ironía, el humor, y lo gamberro como concepto para tratar la política sin envaramientos son necesarios en la tele pública.

lunes, 21 de mayo de 2018

Maldeojos. La otra mirada


La otra mirada
(Artículo publicado el domingo, 13 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)

     No sé si la conocen, pero La 1 emite programas que pasan ante nuestras narices sin hacer siquiera un poquito de aire. ¿Saben que la primera cadena emite una serie donde sale Paz Vega y que se llama Fugitiva? Es tan fugitiva que apenas hace cosquillas. Fugitiva arranca contando que en Méjico las víctimas de los secuestros son empresarios, políticos, artistas, o los familiares de estos, y que algunos no se denuncian por miedo. De hecho, la señora Paz Vega, que interpreta a Magda, casada con un empresario de allá que ahora anda acá, en Madrid, cerrando un negocio, es secuestrada junto a sus hijos, dos ellas y un él. Los secuestradores hablan con el marido para que pague el rescate, pero le advierten de que no llame a la policía. Así empieza todo, con una advertencia en la página web de la serie en la que se recuerda que “no todo es lo que parece”. Vaya si es así. Parece una serie dramática, de sucesos y eso. Pero si se descuidan sus creadores –y cuenta con gente de peso como Joaquín Oristrell- les sale un churro cómico. Iré por partes. La cabecera, pasada por la última moda de echar mano de imágenes viradas en colores dorados, temblorosas, imágenes de una ciudad moderna, va adornada con una música que a los pocos segundos, ¿cómo diría?, escuece, es insufrible. La perpetra una tal Ana Guerra, a la que escucho en otra cumbre del mal gusto para ampliar sabiduría sobre la mentada y me da sarpullido. No es que desentone en Operación Triunfo, de cuya caldera sulfurosa nació, es que las ovejas de mi vecino salmodian mejor. Qué gran desatino. Luego está la propia Paz Vega. Lleva unos pelos mal tintados de un rubio muy desganado, y su rostro está siempre así, como intenso, y cuando habla con ese deje sevillano que quiere ser de Valladolid, no sabes si habla ella o la chica de las cuatro de la tarde ofreciéndote un televisor como una catedral para que te cambies de compañía. Paz Vega parece que habla apretando el culo. No sé si me explico.

Castrati sin harén
     En el reparto también está el mejicano Julio Bracho, su marido ricachón, los españoles Mercedes Sampietro, Roberto Álamo, o Charo López, y un desinterés que embarga al espectador, a este espectador, del que ya es muy difícil salir. Si en los momentos de máxima tensión –secuestro, interior del coche con los hijos, ella contando sus batallitas en ese tono entre ursulina y altiva manola, cambio de tornas pasando del secuestro a una fuga orquestada por la propia madre, Benidorm como jungla y final de trayecto-, si en los momentos más duros no te crees nada, y el desbarajuste parece que se apoderó del producto, lanzado al precipicio de unos diálogos descacharrantes, poco se puede hacer.   Si en el primer capítulo has claudicado, no hay otra mirada futura más benévola. Los datos de audiencia de Fugitiva parecen confirmar que la sensación es general. Por si faltara alguna guindita al pastel de este fracaso, Fugitiva, su protagonista, juega a los mensajes feministas de la mujer fuerte frente al varón cabrón, pero por dios, es todo muy lelo, muy de parvulario. Y esa Paz Vega que se perdió la clase en la escuela el día que dieron los apuntes de cómo ser dramática sin parecer que estás sentada en el trono que todos tenemos en el cuarto de baño. José Mota, de cuyo regreso tampoco se habla mucho aunque la audiencia está hablando dejándolo en la cuneta de forma injusta, pone caras más creíbles haciendo el chorra. Pasemos a otra cosa. No, sigamos con las caras. ¿Han visto la de la señorita Amaia y el señorito Alfred en ese despropósito llamado Tu canción que pretendió conquistar Portugal con muecas de arrobo por fascículos y voces en falsete de castrati sin harén a la vista? Ay, qué mal se está portando España con el mundo Eurovisión. Los jovenzuelos ni siquiera soportan otra mirada.

Gemio y el alma
     No es el caso de La otra mirada, que da título a esta pieza. Al fin algo bueno en TVE –déjenme que exagere un poco, ya sé que hay más cosas buenas en esa casa, la que debiera ser la de todos, y no, lleva tiempo que no lo es-. De La otra mirada, lo digo así de rápido, lo único que me echa para atrás es el propio título. La otra mirada tiene nombre de reportajes de actualidad, de periodismo de investigación que no se conforma con un primer análisis. Pero no, La otra mirada es una serie que cuenta, y muy bien narrada, la vida en Sevilla de un colegio de señoritas, así llamados a principios del siglo pasado, donde el mundo y las nuevas maneras de la recién llegada profesora –que oculta un plan secreto, además de otros secretos de su pasado, y que interpreta Patricia López Arnáiz- chocan con estrépito y perplejidad con las maneras de toda la vida que encarna la siempre grande, magnífica, adusta y severa cuando se lo pide el guión Ana Wagener, profesora de la vieja escuela. Apoyando a la primera, la directora, papel que recae en Macarena García, y a la segunda, la madre de la directora. En mitad, las señoritas, mujeres con toda la vida por delante y de cuya educación va a depender su futuro, o sea, lo de siempre, como ahora. Y si todavía ser es importante pero parecer aún más, antes, en la España de entreguerras, la cosa se multiplicaba. De todo eso, de lo que propone el capítulo del día, se habla en el programa que viene después, Retratos con alma, otra mirada al mismo tema, y de nuevo un nombre fallido, cursi. ¿A quién se le ocurrió semejante pastel? La única explicación es que lo presenta, al modo de presentar que tiene Gloria Sierra en Equipo de investigación, es decir, haciendo entradillas a cámara, la gran, la maestra de la afectación y la pedantería remilgada, la paleta ilustrada, doña Isabel Gemio, oh, que me desmayo. Sé que soy injusto, lo sé, y que volveré a ver este epílogo a La otra mirada con más atención y cariño, sin hacer comentarios que tienen más que ver con su trayectoria –Lo que necesitas es amor, Sorpresa, sorpresa, o Tengo una carta para ti, tele ochentera cuya reina era ella- que con Retratos con alma, pero… Soy como el escorpión, o como Paz Vega hablando, que aprieto el culo y me ciego.

La guinda
¿Rosarillo es así?
Vamos a ver, La voz kids es un pastelazo, como casi todos los programas que trafican con niños. Han leído bien. He dicho traficar, es decir, comerciar, según la RAE, y en La voz kids comercian con chiquillos. Pero si el programa es un biberón de miel, lo de la señora Rosarillo Flores es el colmo. ¿Esta mujer es así o se lo hace? ¿Cómo se puede ser más cursi, más simple, más empalagosa, más repetitiva, ay, más hueca?