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miércoles, 15 de marzo de 2017

Maldeojos. La Merche



La Merche
(Artículo publicado el jueves, 9 de marzo, en diarios de EPI PRESS)
     Parecía que no, que con su programa sobre lectores, libros, recomendaciones, amor a las letras y promoción de la hoy rara costumbre de leer –ConvénZeme, Be Mad- La Merche había dejado a La Merche de GH y volvía a ser la Mercedes Milá de antes de su paso por el basurero como reina de la mugre. Pero no. La cabra tira sin remedio a ese monte, tocada sin remisión, afectada a lo bestia, y en cuanto alguien la acorrala con datos y ciencia, con razones y no con fullerías y salidas de tono, ella, acostumbrada a trabajar con chatarra que dirime sus cuitas de esa forma, se vuelve la primera ordinaria así tenga delante a… así tenga delante a un bioquímico como José Miguel Mulet, de la universidad de Valencia.
     Resulta que ambos pasaron el domingo por el Chester in love de Risto Mejide en Cuatro. El doctor en bioquímica dijo que “las enzimas prodigiosas” no existen –La Merche defiende el libro La enzima prodigiosa como las tablas de la ley alimenticia-. Y razonó su exposición con argumentos pormenorizados, por supuesto desde la ciencia. Desde el principio –yo soy Mercedes, ¿y tú?, preguntó con sonrisita despectiva, interrumpiendo al invitado-, La Merche se mostró altiva para dejar claro que ella tiene su verdad, como Trump o Hazte Oír la suya, supongo, y que la ciencia puede decir misa. Ante los argumentos de peso, la señora atacó como las chonis de Gran Hermano. “Tienes que adelgazar, porque estás gordo”. Mulet la volvió a callar. “¿Qué pensarías si menosprecio tu palabra por ser mujer, o negra?”. La mala educación no es espectáculo, es mala educación. Y las enzimas prodigiosas no existen, palurda.

domingo, 23 de agosto de 2015

Maldeojos. La plasta



La plasta
(Artículo publicado el martes, 18 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

      Ya hubiera querido firmar un artículo de opinión tan rotundo y poderoso como firmó lo que pensaba de aquello el burro que llevaron a Telecinco para hacer sus gracias. Puso la pata en el plató y zas, se cagó. Echó una plasta morrocotuda, sin fisuras, sin andarse por las ramas, sin medias tintas. Echó una mierda así de grande. Burro listo. Uno lleva años dándole vuelta a las palabras para hablar de Telecinco, cuya programación es la misma sea la hora que sea, sea el día que sea, sea la semana que sea. No cambia. Todo pivota sobre la misma idea. Estrene lo que estrene, se llame como se llame, el programa es el mismo de siempre. Por ejemplo, terminó Gran Hermano VIP, pero apenas le quitaron el maquillaje a la ganadora y sin ventilar la cloaca donde convivieron, la cadena ya tenía lista otra yeguada para enviarla a la isla de los Supervivientes.

      Sé que hace nada terminó esa patochada, y que hubo un ganador –ni me molesto en ver su cara, en saber su nombre, en conocer su hazaña, en averiguar quién puede ser-, y que la cadena barrió en audiencia, y que esa audiencia tiene mono porque al quedarse sin la dosis de alto veneno es capaz de cualquier cosa, incluso de ver otra cadena o, peor aún, apagar la tele durante el verano. Telecinco no lo permitiría. Muerta la mierda gorda de los robinsones de pacotilla, repuesto idéntico estiércol. Se llama Pasaporte a la isla. 10 concursantes que sólo conocen los muy fieles de la factoría de mojones compiten por concursar en la próxima edición de Supervivientes encerrados en una casa. Es el premio. En vez de Jorgeja o La Merche, Jordi González es el presentador.  El burro que se cagó en el plató de ¡Vaya fauna! hizo la crítica más certera, la que uno siempre soñó. 
 
El burro opinó a los pocos minutos de entrar al plató. Dejó su opinión estampada en el suelo. Una mierda de cadena y de programa. Vaya fauna.