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lunes, 28 de octubre de 2019

Maldeojos. Buenas ideas fallidas


Buenas ideas fallidas
Artículo publicado el domingo, 13 de octubre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     No siempre, pero a veces pasa. Pasa que una buena idea, pensada, proyectada, vista y desarrollada sobre el papel, cuando revive con cuerpos y almas que les dan sentido, oh, algo pasa y ya no es tan buena. Pasa que en algún momento de la historia de la tele, un grupo de gente vislumbró como magnífica idea, como idea revolucionaria, escoger del montón de la calle a un puñado de anónimos, hombres y mujeres, desconocidos entre ellos, meterlos en una casa fabricada para la ocasión, y vigilar su convivencia con decenas de cámaras de televisión y focos que jamás descansaran y hacer partícipe del experimento a miles, millones de personas, que verían crecer sus incipientes amores, que serían testigos de rencillas creadas en cuatro días, que podríamos distinguir sin dificultad al pelota, al tocapelotas, a la dominanta, al liante, a la calientapollas, al hijo de puta, en fin, que Gran Hermano revolucionó los formatos televisivos y reventó en miles y miles de hogares como una buena idea, como una excelente idea que degeneró en una peste, en una idea fallida que sigue siendo extraordinaria en lo económico para quienes conforman la empresa que la cobija y que, hay que decirlo, hoy es un estercolero donde quienes entran perdieron la virginidad del concursante ingenuo en connivencia con unos espectadores recalcitrantes que también tienen el diente retorcido y les va el consumo de porno barato. Masterchef fue en su día otro ejemplo de buena idea que el tiempo ha ido llevando al lado oscuro de lo fallido. Se repite el perfil de concursantes y se repite hasta el empacho y se desvela el truco el trabajo del jurado, que sí, en un primer momento tenía su gracia ver como ogro a Pepe Rodríguez, como bomboncito con picardía a Jordi Cruz, y como una que pasaba por allí a Samanta Vallejo-Nájera, pero en el ecosistema de la supervivencia televisiva, a golpe de guionistas, Jordi es ahora un tío con un humor de malafollá recrecido, Samanta una estirada redicha y Masterchef un programa que de cocina tiene lo que Albert Rivera de tío estable.

Toy boy
     Me entero de que Andrés Pajares tuvo su primera experiencia sexual con 4 años, aunque habría que escribir con sólo 4 años. A los diez tuvo su primer orgasmo, pero no un orgasmo cualquiera, no, fue un “orgasmo telefónico” con una amiga de su madre que “confeccionaba fajas”. Hagamos cuentas. Pajares, todo un premio Goya por la excelente ¡Ay, Carmela!”, con Carmen Maura, nació en Madrid en 1940. Es decir, el orgasmo tuvo lugar en 1950 en una España en la que el teléfono era un objeto de lujo, caro para una familia del montón, así que menos lobos, Caperucita. Es una idea buena, pero creo yo que fallida por contarla como real en vez de desarrollarla en el apartado de la ficción. Sea lo que sea, está claro que Andrés Pajares con el sexo es como el Picasso de Genius: Picasso, la serie con Antonio Banderas –terminó la pasada semana en La 2 -en donde el malagueño es un picha brava que tiene el pito más a mano que un pincel y, por tanto, es otro ejemplo de buena idea –siempre lo es hablar del genio malagueño- que cuando el guión se hace carne en la realidad de la serie algo se estropea y no acaba de seducir. Y ahora sí, me remango y voy al meollo de esta pieza, cuya idea motriz nació viendo Toy boy , a la que aquí se le dedicó un apunte rápido que necesita una mirada más pormenorizada que ejemplifica el titular, Toy boy es una buena idea fallida. Toy boy cuenta la historia de un chico guapo, Jesús Mosquera, que se dedica a bailar enseñando el culo en un club para juergas de todo tipo al que le endilgan la muerte de un hombre, el marido de su amante, Macarena, Cristina Castaño, madura y poderosa. El stripper dice que no es el asesino sino una víctima. Entra en la cárcel y sale de ella a los siete años defendido por la joven abogada, y tan joven, María Pedraza. Juntos tratan ahora de averiguar quién hay detrás de aquel crimen. Perfecto. Suena bien. Chicos como dioses de bronce, guapos y morbosos, excelentes localizaciones en la Costa del Sol, en Málaga, fotografía cuidada, grandes creadores y productores como César Benítez, Emilio Pina o Rocío Martínez, una gran empresa audiovisual, que entiende mucho de todo esto, como Atresmedia, y actores de primera como la mentada Castaño, Pedro Casablanc, José Manuel Seda, María Pujalte o Elisa Matilla.

Irresponsable
     ¿Qué pasa, entonces? Algo se perdió en el camino que va de la oficina donde surgió la idea, la buena idea, y su desarrollo en la pantalla, donde lo más importante falla. Si a la cabeza pones a dos criaturas sin curtir, que se les nota la costura de su falta de cocción, malo. Jesús Mosquera, digo, es guapo, morboso,  llena la pantalla, pero… Podrá ser, o fue, un buen jugador de fútbol, pero no es suficiente para defender un personaje que no es sólo cuerpo. ¿Y la abogada? Pura insensatez. María Pedraza, a la que le han puesto gafitas, arreglado el pelo, y faldita de monja a ver si aparenta más edad, sólo la imagino saliendo del instituto con su carpeta repleta de fotos de sus cantantes favoritos. Y no hay dios que la entienda, coño, no vocaliza, no hay forma de llegar al final de sus frases porque a la mitad te has quedado bloqueado por si es la tele, tu oído, o la nena que se perdió la clase de vocalización. En fin, le daré una última oportunidad por si Toy boy, buena idea, no es tan fallida como la pinto aquí. También cabe el viaje al revés con la mimbre que venimos usando, es decir, que una idea fallida acabe en buena idea. La idea fallida es la de la pantomima que montó Risto Mejide y su tropa anunciando que se convertían en gallinas del patio político con nombre explicativo, Peor no lo haremos. Si esa es la idea fallida, ¿cuál es la buena idea? Pues retirarse de la contienda. Mejide lo explica con metralla sentimental de papá reciente, “mi proyecto más importante mide 50 centímetros y pesa 4 kilos”. Lo de Mario Vaquerizo diciendo a los niños de Vuelta al cole en Telemadrid que “el feminismo me da igual” lo dejo para la columna que dedique a los necios, a los irresponsables sin remedio.

La chispa
Zoco político
De nuevo, la peña política, en alza, convertidos unos y otras en mercancía de zoco de plató. Se los rifan. Si Pedro Sánchez habla con Vicente Vallés en Antena 3, el taxi espera a Íñigo Errejón para llevarlo a las puertas de Telecinco y hacer lo mismo mientras Pablo Iglesias se atusa la coleta para sentarse en la mesa de Marta Flich, e incluso, el no va más, Santi Abascal habla con las hormigas con el calzón por el suelo.

martes, 1 de octubre de 2019

Maldeojos. Toy boy


Toy boy
(Artículo publicado el sábado, 28 de setiembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Málaga y provincia están en la ola de la ficción nacional. Los lunes en La 1 con Malaka –la audiencia decae, la calidad no-, Genius: Picasso, también los lunes, pero en La 2. Y los miércoles en Antena 3 con Toy boy, trama que se urde en la Costa del Sol, entre Málaga y Marbella, símbolo de lujo, despiporre, y todo tipo de excesos. Toy boy tiene muchos ingredientes para ser una serie potente. Tiene una idea buena –a un stripper le endilgan un muerto, marido de la esposa con la que trabaja como chico de compañía-, tiene unas localizaciones que te dejan lelo, hay mucho chico de gimnasio, o sea, carne fresca, sexo, hay actores eficaces y solventes, pero… Pero a pesar de esos ingredientes hay otros que lastran hasta la perplejidad el desarrollo de la idea. ¿Quién ha hecho la selección de actores y actrices? No quiero ni escudriñar en los créditos para no tener que señalar a nadie porque, lo resumo, la cagó.

     Los protagonistas son el ex futbolista Jesús Mosquera, un bombón, ese tipo de chicos que van de la dulzura a lo tórrido en cuatro milisegundos, pero como actor le falta un hervor, y María Pedraza, que es la bomba. De mala. Insisto, ¿a quién se le ocurre que esta criatura, con pinta de llevar aún la cartera del instituto plagada de fotos de artistas que admira, puede ser creíble como la abogada que defiende al acusado de asesinato? Y luego, su vocalización. También la resumo. Vocaliza con el culo. Hay escenas en las que ni dándole al botón una y otra vez consigo saber lo que dice la nena. Luego están Pedro Casablanc, infalible, pero su poli de aspecto descuidado es un tópico cansino. Y Cristina Castaño, que sabe de qué va esto. Total, Toy boy es sí pero no.  


martes, 17 de mayo de 2016

Maldeojos. Nacidos para ganar



Nacidos para ganar
(Artículo publicado el domingo, 15 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

La divina, y a veces burra y divertida Victoria Abril, se ha dado un garbeo por España promocionando su última película. Victoria Abril es un cañón verbenero a la que no veo desde la edad del hielo de la Primavera Cinematográfica de Lorca en su décima edición. Era marzo de 2006, y la actriz presentaba en el Teatro Guerra uno de sus caprichos de consentida, su primer disco, “Putcheros de Brasil”. No, no es lo mejor que he escuchado en mi vida, pero tenía gracia su voz ronca dándole al portugués brasileiro y chispeante. Han pasado 10 años. 10 años de tantas cosas. En Likes, el programa de Raquel Sánchez Silva para el canal #0 de Movistar, producido por 7 y Acción, la de Pablo Motos, dicen que ven la vida “a través de las redes sociales”, y que quiere ser “entretenido, divertido, informativo y viral”. Pero va a ser que no, al menos el día que toca “si no quieres caldo, toma dos tazas”. Nada es así si en el plató está Mario Vaquerizo, ese ser estrambótico y patético. Y está. Este avispado habla en femenino, pero no como revulsivo, no para reivindicar eso del lenguaje igualitario –pamplina ridícula del todos y todas, españoles y españolas, obreros y obreras, o el lenguaje y la lenguaja, como circula por la red una coña sobre el asunto- sino porque ella, seguro que le gusta el femenino, es la más moderna, la más descarada, la más guarra y perdularia. Vamos, para vomitar. Sólo tienen que verla como jurado –o jurada- en Levántate. All start, el último mojón de Telecinco, copia china de Tu cara me suena. Pues bien, a Likes acudió Victoria Abril para hablar de “Nacida para ganar”, comedia de Vicente Villanueva, con Alexandra Jiménez y Cristina Castaño, pero donde más me gustó fue en su visita a Late Motiv, lo de Andréu Buenafuente.

Say yay, yay, yay…
Junto a la malagueña, que vive en Francia, donde trabaja en una serie de mucho éxito, se sentó la mujer de Buenafuente, Silvia Abril, parodiando a Victoria. Consiguieron unos minutos de televisión memorable, cómplice, inteligente, esa televisión que te deja buen sabor de boca, esa que de repente, sin darte cuenta, hace que te descubras en un ambiente plácido donde te dejas llevar sin estar tenso. Lo contrario a lo que sentí viendo lo poco que vi de la última entrega del mencionado Levántate. All stars. Hay que tener cuajo para soportar las caras de vieja desdentada y loca de Vaquerizo, para no esputar cuando oyes sus estúpidos comentarios. Hay que tener inmensas tragaderas para no salir cortando cada vez que Alaska se pone intensa evaluando la actuación de un tal Toño Sanchís, el que fuera representante de Belén Esteban, o para no llorar de incredulidad cuando aparecen Los Chunguitos dejando su rastro de premiada ignorancia, de estulticia alabada, su perfil de cromañones servidos como pasto de una audiencia conquistada, abducida y catequizada por los valores que fomenta con soltura Telecinco, nacida para ganar –50 millones este primer trimestre del año trasegando espectáculos basura-. Jamás volveré a sentarme delante del televisor para ver esa mamarrachada que presenta con alucinante naturalidad Jesús Vázquez, que ha dicho que está feliz porque, al fin, tiene un programa donde se siente más él que nunca, y que Vaquerizo es puro espectáculo, oro puro –de verdad que me pregunto si el equivocado soy yo, que seguro que sí-. No acaba mi drama ahí. Otra que nació para ganar –menos Eurovisión, seguro-, es Baréi, ya saben, la del festival. En realidad se llama Bárbara, pero ella es distinta, tiene edad de señora, pero hace cosas de niñata, pone caritas a la cámara, y abre sus deditos así, con la v de victoria, o se tapa la boquita así, como la enfermera del cartel que pide silencio, o baila liando sus pies como una trilera trasnochada. En el año del 400 aniversario de la muerte de Cervantes, TVE se pasa el español por el chichi y en Estocolmo permite que  Barbarita cante, Say yay,  yay, yay. Ni Los Chunguitos, nacidos para espantar.

El pujante Pujalte
Pero el que esta semana ha dicho aquí estoy yo, que lo tiro, ha sido Mariano Rajoy. No se ha ido la campaña electoral del 20D cuando ya tenemos encima la del 26J. Así que el vídeo de Rajoy, como el nuevo caso aislado diario de corrupción, blanqueo de dinero, o financiación ilegal del PP valenciano, que no falla, ha llegado a casa. Buff, la leche. Es ese tipo de vídeos que te hace vibrar, que te levantan del asiento, que si fueras público de Levántate. All Stars no te sentaba de nuevo ni tu madre a cogotazos. Es ese en que, maquillado como un travesti de burdel barato, habla desde la Moncloa –uso indebido de instituciones públicas, dicen desde el PSOE- para recordarnos que el fin del mundo está cerca si el personal, gilipollas, vota lo que no debe. Los ojos de Rajoy, que siguen con dificultad el texto que le han puesto delante, son un poema descarriado. Su lengua baila en la boca, y su gesto de permanente espanto y despiste acaban siendo el mensaje. El resultado, un hombre acabado, monocorde, tramposo, mortecino, frío, antiguo, cansino, gris, un tipo nacido para aburrir. Cuando el martes firmaban Pablo Iglesias y Alberto Garzón la alianza entre Podemos e IU el cielo se desgarró manando el veneno de la birra del pacto, y Rajoy el indecente, y Pedro Sánchez el ruiz y mezquino, se miraron con amor pensando en el yogurín Rivera para encamarse la misma noche del 26J. Oh, pero nadie contaba con el pujante Pujalte, don Vicente Martínez Pujalte, el payaso de la política, el tipo que iba en nombre del PP de plató en plató para hablar de decencia y honradez con su puntito chocarrero que ahora descubrimos como estrategia de despiste, para enmascarar sus tropelías, este tipo, este murciano choricero, es un pillo de libro. Investigado por presuntos delitos de falsedad documental y cohecho, el pájaro, ahora exdiputado, se contrataba a sí mismo gracias a ingenierías financieras de sinvergüenza que pone el cazo simulando que trabaja. Vamos, un perla. Nacido para estafar. Como el personaje de Victoria Abril en la peli mentada.

La guinda
Lujuria adolescente
Al cabo de los años nos enteramos de que los jovencillos de Física o Química, la mítica serie de Antena 3 para adolescentes carpeteros, era una bacanal después de la grabación. Todos con todos. Lo dijo hace tiempo Úrsula Corberó, que trabajó en la serie y ahora es la hija del embajador español en Tailandia –La Embajada, miércoles, Antena 3-. Pero ahora la noticia ha sido recuperada. Y arrasa en las redes. El sexo es un valor seguro.