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martes, 11 de febrero de 2020

Maldeojos. Aplausos


Aplausos
(Artículo publicado el sábado, 8 de febrero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Si la política lleva tiempo con el pescuezo salido, tratando de asomarse como sea por el balcón, tratando de llamar la atención con pirotecnias verbales, plantes de folclórica, con acciones que tienen más que ver con las performances teatrales que con la serenidad esperada, que tienen más de foto de consumo momentáneo cuyo brillo dura lo que dura un titular en el periódico o, peor, en un informativo, una especie de clínex que mientras se arruga ya empieza a destruirse en el olvido, si la política de nuestros partidos va por ahí dando codazos, pensando no en los problemas de la gente sino en llamar la atención de la gente para arañar, como un fatuo niñato con aspiraciones de fama, una atención que también es fungible, ni siquiera hay que ser muy espabilados, y de verdad que yo con esto de la política no lo soy, para ver cómo queda todo cuando se trata en la tele.

     En la tele la política se trata con apariencia de ser muy importante, dedicándole un tiempo a la altura de su trascendencia, y no hay programa, salvo excepciones, que no se acerque a la actividad parlamentaria, gubernamental y partidista, y por eso abundan las tertulias y los tertulianos, y en apariencia parece que se lo toman con seriedad, y sobre todo con rigor. Pero aquí es cuando servidor, perdonen la grosería, se orina vivo. Venga, me fijo sólo en algo que se arrastra desde el lunes de esta semana, es decir, desde el día en que echó a andar la XIV Legislatura con el discurso del Jefe de Estado, Felipe VI. Y hablo de los famosos aplausos de Podemos. Qué aburrimiento, de verdad. Llevan con el análisis de las palmitas, más suaves, menos suaves, cinco días. Lo del vestido de la reina e hijas, para otro día. Ah, y en todas las tertulias, sin excepción.



domingo, 12 de enero de 2020

Maldeojos. Lágrimas en el Congreso


Lágrimas en el Congreso
(Artículo publicado el jueves, 9 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Decía el diputado de Compromís Joan Baldoví el martes en el Congreso que se había equivocado, y que la derecha tan faltona y hooligan no necesita tila para tragarse el sapo del gobierno de coalición sino educación. Tampoco es moco de pava no menstruada la performance de Adolfo Suárez Illana girando su sillón en la tribuna cuando sube al estrado alguien con quien no está de acuerdo –como un jurado de La voz, decía Oskar Matute, de Bildu-. Pero el martes, además del nuevo Gobierno, que ya es en sí mismo motivo de emoción, se vivieron momentos de máxima sensibilidad que traspasaron la pantalla. Uno fue cuando parte del Congreso, de pie, aplaudía a Aina Vidal, En Comú Podem, que pese al cáncer agresivo que sufre acudió a votar, y entre lágrimas agradeció el gesto y abrazó el ramo de flores que le regaló Pablo Iglesias.

     Tampoco el líder de Podemos pudo aguantar, y cuando abrazó a su colega Echenique después de la votación lloró, pero lloró nivel Bustamante, le dijo luego por la noche, en su visita a El intermedio, Wyoming, con quien echó unas risas para rebajar la tensión del día. Ayer por la mañana fue El Sevilla, en su análisis diario sobre la actualidad en el programa matinal de Alfonso Arús en La Sexta, el que volvió a las lágrimas del día de la investidura de Pedro Sánchez. Destacó lo emotivo del aplauso a Aina, y sobre las de Iglesias dijo, “no sé si empezó a llorar por el ojo izquierdo o por el derecho”, dato que es muy importante.  Si empieza el derecho es felicidad, si es el izquierdo es como el cocodrilo, que mientras se come a su víctima -¿Sánchez?- no para de llorar. Yo lloré con los dos. De alegría. Ya habrá tiempo de decepciones, si llegan, para llorar de rabia.


martes, 17 de diciembre de 2019

Maldeojos. Sacra urna


Sacra urna
(Artículo publicado el jueves, 5 de diciembre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ha vuelto a tener momentos memorables el presidente circunstancial del Congreso en el arranque de la XIV legislatura. Hablo del diputado de más edad que organizó “el flujo de votantes” para formar la presidencia de las Cortes. Es Agustín Zamarrón, socialista, el de barbas blancas, abiertas, de algodón, barbas de profeta bíblico, con un puntito tan arcaico que está al otro lado de la modernidad, casi irreverente, estrafalario y sabio, el Valle-Inclán de la política. Así, con ese evidente y razonable calificativo saltó a la fama efímera de la anterior legislatura, tan corta, tan tonta, porque también entonces actuó en el mismo papel como presidente de la Mesa de edad de la Cámara Baja. Y es por esa y no otra razón por la que el diputado burgalés abrió el martes la sesión con un ataque de dignidad desconocido al pedir “perdón al pueblo español por el incumplimiento en la decimotercera legislatura de otorgar gobierno a la nación”. Impecable. Ejemplar.

     El martes seguí la solemne constitución de las Cortes –lo digo tratando de no parecer demasiado cínico- por La 1, aunque empecé con Antena 3 y Telecinco –no puedo, me supera Ana Rosa Quintana-, que abandoné al momento porque ambas conectaban con el Congreso sólo para contar las anécdotas de la mañana, alternadas con la carnaza de los sucesos, de la amenaza de tormentas. Xabier Fortes, TVE, desde las ocho y media de la mañana, con un frío helador, mantuvo el pulso informativo como ha de hacerlo la televisión pública. Entre las anécdotas, el esguince de la socialista Adriana Lastra, que pudo votar porque “la sacra urna” fue llevada hasta ella por el autor del florido término. Ojalá el refinado Zamarrón no tuviera que pedir perdón de nuevo. Sería el colmo.