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lunes, 10 de junio de 2019

Maldeojos. Brigadita


Brigadita
(Artículo publicado el sábado, 8 de mayo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Va por el capítulo seis. Y me topé con la cosa por mera casualidad, sin buscarlo, y por aquello de tener sentido de la responsabilidad como otros tienen de estado, pues eso, que me quedé. No tuve que esperar mucho rato para darme cuenta de qué iba lo que veía. Y no, no me tengo por un lumbreras en esto de las series. Hablo de Brigada Costa del Sol, que tiene a bien emitir Telecinco los lunes, quizá con la higiénica intención de no llenar de caquitas hondureñas la programación de toda la semana, ya le vale. Lo primero que escucho me respinga la oreja porque los actores hablan un andaluz muy raro –no tendrían ni que intentarlo porque esa brigada puede ser de la Conchinchina aunque alunice en Torremolinos y, por tanto, esos polis que buscan a los malos no tienen que hablar como si fuesen de Cádiz, o de la misma Málaga-.

     Y lo primero que veo me deja con los ojos en plan tiro al plato. La cara de Hugo Silva, hasta las trancas de gestos tontos, de muecas de lerdo, me da pistas, y todas conducen al precipicio que, oh, confirma el colega Jesús Castro, que sí, es de la zona, del gaditano Vejer de la Frontera y habla un andaluz reconocible, pero tiene el mismo defecto que el maduro poli, que sus gestos son muecas, la misma mueca, la misma mirada, los mismos morritos, o sea, lo que viene siendo la máscara de Jesús Castro, que sirve para Brigada Costa del Sol o para La serpiente lunática. Esta brigadilla es enviada a Torremolinos en 1977 para luchar contra el incipiente narcotráfico, y no, no todo es regulero, hay buena ambientación, neones por un tubo, discotecas para el trapicheo, pero el olor a testículos en acción de los machos alfa deja rastros que llevan a Paolo Vasile, la eminencia gris.

viernes, 3 de agosto de 2018

Maldeojos. Sabuesos


Sabuesos
(Artículo publicado el jueves, 2 de agosto, de 2018 en diarios del grupo EPI PRESS)

     Me pregunto si Miguel Ángel Revilla es un sabueso que olfatea como nadie dónde puede brillar, y sobre todo a qué programa le falta ir para tirarse en plancha y decirle sí a la productora y dejarse caer como el que quiere la cosa. Ansia viva de fama, diría el personaje de José Mota. No hay plató que se le resista. No hay formato que ignore. ¿Se imaginan a un presidente autonómico en Ven a cenar conmigo? Si el presidente o la presidenta no son Revilla, no, pero si son Revilla, ahí está él anchoa en mano, verbo florido, y receta económica, social, política y mediopensionista repartida para todo. Y así es. Don Miguel Ángel Revilla el televisivo parece que dirige Cantabria bajo los focos de un plató de televisión. No le va mal. Empezó en la tele, en el mundo del espectáculo, yendo a Madrid en taxi y regalando sardinas. Hoy es una estrella.

     Otros sabuesos, los Sabuesos de La 1, serie que la televisión pública estrenó el martes, también tienen gana de fama. Por si no lo saben, la serie cuenta la bonita historia de un aspirante a detective, el actor Salva Reina, que tiene un aliado, digamos, raro, un poco marciano. Seamos claros, un perro que habla. Eso sí, el perro es la leche. No sólo le da a la lengua sino que tiene un olfato detectivesco la mar de acentuado. La parte del amor y el deseo no resuelto la suple Sabuesos con María Esteve, cuñada del protagonista. No hay que buscarle cinco patas al perro, no, ni mucho menos. Y así me dispuse a verla en la calurosa noche de verano. Pero se ve que la inoportuna llamada de teléfono me paró en seco. Cuando a los pocos minutos volví a Sabuesos sólo veía a un chucho haciendo el canelo y a unos humanos que actuaban muy pasados de rosca. Y me fui a la cama.


lunes, 4 de junio de 2018

Maldeojos. Catedrales


Catedrales
(Artículo publicado el sábado, 26 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)
     Una obra fenomenal frente a un truño espectacular. Dos formas de hacer televisión. Dos maneras de entender el entretenimiento. La catedral del mar frente a Supervivientes. La noche y el día. La luz y la tiniebla. La primera en Antena 3, la segunda en Telecinco. La inteligencia, el arte, la creación y el esfuerzo, la belleza y la noble emoción frente a lo chabacano, vulgar, la simpleza y lo primario, lo grotesco y lo turbio. Ambos productos enfrentados la noche del miércoles, el primero dignificando la televisión como medio de entretenimiento, el segundo arrastrándola por el fango de la infamia y la degradación. La catedral del mar –Barcelona, siglo XIV, basada en la novela de Ildefonso Falcones, serie dirigida por Jordi Frades, con Aitor Luna, Michelle Jener, Ginés García Millán, o Josep María Pou, cuenta la construcción de Santa María del Mar en paralelo a las penurias de la familia de Arnau Estanyol, que simboliza al resto de miserables de una época tan oscura para pobres y mujeres-, La catedral del mar representa el talento. Supervivientes, la entronización de la necedad y el triunfo de lo mediocre como valor.
     Desde el primer capítulo –se agradece la sensatez de los 50 minutos de duración, tiempo que debería de generalizarse- se nota el mimo, la fotografía cuidadísima, la construcción ambiental de una época sucia, tenebrosa, la producción a lo grande que parece huir, al menos de forma evidente, del exceso de cartón piedra, de forma que La catedral del mar hay que enmarcarla en la misma carpeta de series como Vis a vis, La casa de papel o la más reciente, explosiva y adictiva Fariña. La catedral del mar es eso, una catedral que se alza en Antena 3 al trabajo bien hecho. Supervivientes, una catedral al mal gusto.