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lunes, 4 de junio de 2018

Maldeojos. Catedrales


Catedrales
(Artículo publicado el sábado, 26 de mayo, en diarios del grupo EPI PRESS)
     Una obra fenomenal frente a un truño espectacular. Dos formas de hacer televisión. Dos maneras de entender el entretenimiento. La catedral del mar frente a Supervivientes. La noche y el día. La luz y la tiniebla. La primera en Antena 3, la segunda en Telecinco. La inteligencia, el arte, la creación y el esfuerzo, la belleza y la noble emoción frente a lo chabacano, vulgar, la simpleza y lo primario, lo grotesco y lo turbio. Ambos productos enfrentados la noche del miércoles, el primero dignificando la televisión como medio de entretenimiento, el segundo arrastrándola por el fango de la infamia y la degradación. La catedral del mar –Barcelona, siglo XIV, basada en la novela de Ildefonso Falcones, serie dirigida por Jordi Frades, con Aitor Luna, Michelle Jener, Ginés García Millán, o Josep María Pou, cuenta la construcción de Santa María del Mar en paralelo a las penurias de la familia de Arnau Estanyol, que simboliza al resto de miserables de una época tan oscura para pobres y mujeres-, La catedral del mar representa el talento. Supervivientes, la entronización de la necedad y el triunfo de lo mediocre como valor.
     Desde el primer capítulo –se agradece la sensatez de los 50 minutos de duración, tiempo que debería de generalizarse- se nota el mimo, la fotografía cuidadísima, la construcción ambiental de una época sucia, tenebrosa, la producción a lo grande que parece huir, al menos de forma evidente, del exceso de cartón piedra, de forma que La catedral del mar hay que enmarcarla en la misma carpeta de series como Vis a vis, La casa de papel o la más reciente, explosiva y adictiva Fariña. La catedral del mar es eso, una catedral que se alza en Antena 3 al trabajo bien hecho. Supervivientes, una catedral al mal gusto.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Maldeojos. Grandiosa Isabel



Grandiosa Isabel
(Artículo publicado el jueves, 4 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Acabó Isabel.  Han sido tres temporadas de éxitos indiscutibles. Éxito de audiencia y éxito de reconocimientos. La historia de la reina de Castilla recorre la segunda mitad del siglo XV, una época complicada, mucho más para resumirla en una serie para la tele, que aunque haya de tener como guía el hecho histórico no puede perder el norte del entretenimiento. Isabel lo ha conseguido con creces. Algunos colegas de la crítica se ponen tiquismiquis con la producción nacional, como si alabar algunos productos les partiera un poquito el cuello, siempre altivo, estirado, sólo adiestrado para rendirse a las series norteamericanas. No entro en ese estúpido juego. Isabel ha sido una gran serie, una serie grandiosa. Un ejemplo a seguir para la televisión pública, que ha de apostar por esta línea. El lunes, al finalizar el último capítulo, La 1 emitió un especial.

      Se agradece ver y escuchar a los actores caracterizados de sus personajes hablando de su trabajo, contando anécdotas, enseñándonos la fascinación de lo que hasta ahora no habíamos visto ni queríamos ver, claro. Vimos la trastienda de los decorados, vimos el jardín de focos, cables, y gente al otro lado de las cámaras y las jirafas de sonido, la minuciosidad de los suntuosos vestidos, la maravilla, la magia, la grandeza de un rodaje que empezó fuerte y ha acabado apoteósico. Jordi Frades ha dirigido una historia apasionante contando con un equipo artístico de primera, sobre todo en los personajes secundarios. Otro personaje a destacar es la música, que ha firmado Federico Jusid, llenando de épica y lirismo escenas de una belleza sin paliativos. Este es el camino.
¡Las mejores fotos de Isabel!
Un momento de Isabel -con Rodolfo Sancho y Michael Jenner-  la serie que acabó hace unos días en La 1. Seguro que encontramos cosas, detalles, incluso aspectos de importancia que no nos gustan, pero también es seguro que una producción así habla bien, muy bien, de la televisión pública