Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Gil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jesús Gil. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de agosto de 2019

Maldeojos. Gil y tal y tal


Gil y tal y tal
(Artículo publicado el martes, 13 de agosto, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     A la rica mierda. Perdonen que empiece así, pero es lo que me pide el corazón en cuanto se habla de Jesús Gil, que en hoguera eterna esté. Si sus fechorías como político no tienen perdón, sus guarradas como personaje de televisión no serán perdonadas por el que esto firma así viviera la misma eternidad de las brasas en las que espero se esté recociendo. El canal norteamericano HBO, que vende sus productos por suscripción, y en su negocio europeo, grabó una serie documental de cuatro episodios, El pionero, en los que Jesús Gil y sus cositas son el protagonista, la razón del trabajo, la estela infame que dejó en Marbella. Dirigida la serie por Enric Bach y producida por Justin Webster relata la vida del ex alcalde, empresario, fanfarrón, populista, y presentador televisivo de una cosa de notorio mal gusto llamada Las noches de tal y tal, de infausto recuerdo.

     Seguro que recuerdan al tipejo desparramando su grasiento cuerpo en el famoso jacuzzi donde Telecinco, la cadena perversa, metía a cuatro o cinco doncellitas espigadas, con mucho aparato de pechuga y lomo de primera, como decoración de semejante disparate. Hay muertos que están bien muertos, pero hay cadenas y medios que no dejan que los olvidemos. Lo digo porque al hilo de esta nueva resurrección catódica de Gil –aún no he visto El pionero- Telecinco, y por supuesto a través de Sálvame, y por supuesto gracias a la Fábrica de la tele, desde la semana pasada se ha creado una sección en el programa llamada, oh, Sálvame Marbella. A falta de grandes hermanos, supervivientes al peso, y otras cuadras de parecido hedor, el verano hay que rellenarlo con productos de similar aroma. A la rica mierda es la consigna. Pues hala, a disfrutarla.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Maldeojos. Esteban "for president"



Esteban “for president”
(Artículo publicado el domingo, 4 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     A los pocos días de la elección de Donald Trump como presidente de EEUU los jefes de Big Brother USA hicieron llegar a la casa de los encerrados el eco de esa actualidad. Reunieron a los concursantes en el salón. La voz de una mujer, supongo que similar al papel que cumple aquí la figura del conocido como El Súper, les dijo que les iba a decir algo muy importante que afectaba a la nación. Antes de soltar la bomba, La Súper USA mareó la perdiz tensionando el momento. Los concursantes se rebullían en sus asientos. Y clamaban, por favor, por favor, por el nombre, si Hillary Clinton o Donald Trump. Al final, abrió la espita y soltó el nombre, Donald Trump. Silencio. La cara de todos los encerrados se petrificó. Por unos momentos pensaban que era una broma, pero La Súper no dio opción. De repente, los ojos de los seis concursantes se abrieron como paraguas bajo la tormenta, y se buscaban entre ellos tratando de resguardarse del impacto. Nadie mostró alegría. Incluso uno de ellos preguntó, seguro que en nombre de todos, si era posible quedarse en la casa, encerrados, cuatro años más. Cuento todo esto porque esa sensación ha recorrido y recorre una parte del mundo, aquella que no se reconoce ni en Vladimir Putin, el jinete ruso que recorre las estepas heladas con el pecho al aire, ni en Marine Le Pen, envalentonada con los nuevos aires, esos que poco a poco dejarán de avergonzar aunque digas que los abrazas con tu voto con la quijada así, retadora, como una mula terca que no mira donde pisa porque sabe que tiene la fuerza, ni en Viktor Orban, el primer ministro húngaro, ese que escupe odio y levanta miedo con su verbo de fuego, ni se reconoce en esos partidos más allá de la derecha que apelan a un mundo en que el otro, el distinto, es el enemigo. El titular de arriba, Esteban for presidente, creo que está claro. Esteban es Belén, y Belén es Belén Esteban. Supongo que recordarán que hace apenas unos meses, quizá un año, y de forma recurrente algunas épocas, se jugaba con la posibilidad de que esa palurda endiosada por la televisión se presentara a las elecciones, comentario que se hacía dando a entender lo estrambótico, e imposible, de tal disparate.

La tele que lo cebó
     Hoy no sería tal disparate. No sólo que se presentara sino que las ganara, visto lo visto. Donald Trump es otro producto de la tele. De hecho, la prueba, y el honor de llevar a un pollino muy listo a una alcaldía principal que se metió en política como el que invierte en un negocio culebreando por los resquicios del sistema fue Jesús Gil, que su dios lo tenga alejado de la gloria, o que lo martirice con huríes de tetas endiabladas y sexos de ardiente ámbar y él, arrugado y enloquecido, note que su impotencia le ridiculiza y hasta su caballo, Imperioso, cocea como una liebre descojonándose del fanfarrón en su tumba. Decir Jesús Gil es decir Marbella, jacuzzi, mafia, Telecinco, jacas en bikini, oros, robos, chistes zafios, palmaditas al bufón popular, conexiones en directo, vergüenza, mucha y desoladora vergüenza, estafa, saqueo, y condena judicial por el robo del arca pública sin asomo de culpa, con la chulería del gánster acostumbrado a escupir de lado. Jesús Gil sabía engatusar al ignorante, y al preparado sin escrúpulos, con una verborrea que los políticos de profesión no usaban. Ya se sabe, usó el mantra que no falla en cada uno de los mil programas que le dedicaban, conceptos simples para problemas complejos. Y él, mientras, engordando. No sólo su buche de ogro peludo sino engordando su personaje. Como Trump, el primer presidente yanqui que lleva más maquillaje que la “First Lady of the United State”. Experto en “reallities shows” y organizador de Miss Universo, decía Antonio García Ferreras en la presentación de un reciente La sexta columna, Yes we Trump, un tipo mentiroso, egocéntrico, vanidoso, xenófobo, machista, ha conseguido seducir a millones de votantes. La ascensión de Donald Trump, decía el narrador en el reportaje, que se edita con una banda sonora de primera calidad, no se entiende sin su pasión por la tele. Y allá vamos. La tele cebó al monstruo. Hasta que tuvo vida propia. Cuando empezó a dar miedo a sus múltiples creadores ya era demasiado tarde.

Yes, we can
     Veamos parte de su historial catódico. En 1980 vendía en la pantalla su cara de tipo con éxito, un multimillonario que construyó una torre con su nombre como un faraón rubio, y las cadenas se lo rifaban. Pero Trump quería más, y como la realidad se le quedaba estrecha dio el salto a la ficción. Se codeó con Will Smith, cuando El Príncipe de Bel Air ni conocía a Pablo Motos, jugó a ser una estrella de Pressing Catch, donde hacen coreografías y teatro dos forzudos y Donald podía sacar al “showman” que lleva dentro, colaboró en el cine más de doscientas veces en cameos que hoy se devoran, Woody Allen contó con él en Celebrity, 1998, donde dijo que quería comprar la catedral de San Patricio, quizá para derribarla, decía con ironía, para levantar una estructura polivalente y audaz, pero su fama en televisión alcanzó tanto nivel que hasta tuvo su propio espacio, El aprendiz, un “reallity” donde él se convertía en modelo a seguir, y hasta tiene una estrella con su nombre en la Paseo de la Fama de Los Ángeles. Jimmy Fallon lo ha llevado muchas veces a The tonight show, de la NBC, aunque ahora se tendrá que conformar con su gran imitador, Alec Baldwin. En una de sus últimas visitas, ya en campaña, dejó que el cachondo presentador comprobara que el pelo de mazorca de Trump es de verdad, y lo removió con su mano, momento que dio la vuelta al mundo. Todo por el espectáculo. Yo soy el espectáculo, piensa Donald. Hasta hoy, cuando el gesto de medio mundo y de otros tantos estadounidenses se quedó congelado, como los concursantes de Big Brother USA al saber lo irremediable. Así que visto lo visto aún estamos a tiempo para que España fabrique su Trump. La tele, Aguirre y allegados se lo están currando. Y los partidos “normales” aún más. “Yes, we can”. Ánimo.

La guinda
A voces
Por casualidad, en casa de unos amigos, y como atrapado por educación en la red de Gran Hermano, que jamás veo por dignidad, asisto a un griterío de maleducados que se relacionan en la casa dando alaridos. Me pone muy tenso esas escenas de chabacanos. Luego, en La Sexta, aún colea Pesadilla en la cocina, donde Chicote trajina el fogón que llevan unos hermanos italianos que se hablan a voces, a grito pelado. No lo aguanto.

lunes, 1 de febrero de 2016

Maldeojos. Hostias



Hostias
(Artículo publicado el jueves, 28 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      Hace unos días vimos con triste y cada vez más frecuente estupor a Donald Trump, aspirante a candidato republicano para conseguir la Casa Blanca, poniendo esas caras que me repugnan tanto como sus ideas voladas, haciendo como que disparaba a los transeúntes de la Quinta Avenida, y diciendo que sus votantes son tan fieles que ni siquiera de esa forma bárbara le restarían votos. Estoy seguro de que eso sería así. Lo que pasa por esas cabezas, por el aspirante, y por sus votantes, es un misterio para mí. En España tenemos que lamentar tipos de ese cariz. La zafia popularidad de Jesús Gil olía a lo que hieden tipos como el temible payaso Trump. Cada época tiene a los suyos. De Valencia surgen algunos de probada excelencia. Alfonso Rus es uno de ellos, y con nota alta. Hasta hace nada levantaba al auditorio como vulgar chistoso de burdel.

      Trump está seguro de que aunque dispare al personal en la calle sus votantes seguirán votándolo. El de Xátiva dijo que prometió llevar al pueblo la playa y que la gente se lo creyó, llamando burros a sus votantes. Es el tipo que iba a darle una paliza a los que no votaran a Miguel Arias Cañete en las municipales y autonómicas de 2015, el que prometía un Ferrari, o celebrar la victoria con champán y mujeres. Asco. Mucho asco es lo que siento por estos oscuros payasos que se burlan de la gente con una impunidad recompensada con los votos. Rus daba coces de tarugo con una pata y con la otra amasaba el dinero contándolo como los jugadores de una timba. Hace unas horas lo veíamos en la tele tapándose mientras la policía se lo llevaba detenido por corrupción y blanqueo. Todo encaja. Es el perfil de estos gánsteres populistas, hostias.

PD. Y como la mierda, al final, sale, el caloret ha empezado a derribar el castillo pepero sobre el que erigía sus chanchullos valencianos esa banda a los que Mariano Rajoy, agudo, uno a uno, ensalzaba. Rita está absolutamente limpia, dijo el otro día. Yo que Rita me echaba al monte. Y me ponía un güiscazo que te cagas antes de que la policía tocara en mi puerta. 
El prenda y su esposa. No me canso de mirarla. Esta tía tiene una imagen adictiva. ¿O no?

jueves, 19 de marzo de 2015

Maldeojos. Un cuarto de siglo de basura



Un cuarto de siglo de basura
(Artículo publicado el domingo, 15 de marzo, en diarios de EPI PRESS)


(25 años resumidos en tres imágenes)
      

 Juntaron a un porrón de gente, la más puntera y puñetera, y les hicieron soplar velitas, oh, 25, los años que cumple la chica, que en la cronografía de la tele no es moco de pava sino miles y miles de horas de pasión, abulia, risas, llantos, informaciones, historias, mentiras, tergiversaciones, inventos, o buenas series, y en el caso concreto de Telecinco tiempo suficiente para crear perversiones de calado como Belén Esteban. Cumpla años su tele para alcanzar la gloria de ser la mamá catódica de un adefesio. He visto la foto, y he visto la cara inflada de quien toma aire para luego soltarlo y apagar las velas de la tarta. Estaban los grandes. Ana Rosa, Jorge Javier, Jesús Vázquez, Emma García, Mercedes Milá, Pedro Piqueras… vaya tela. Cada uno de ellos, hoy por hoy, es sinónimo de televisión nociva, pura basura. Maritere Campos, Jordi González, o la adusta Sandra Barneda, también ofrecen su jeta para la foto. Ni siquiera esta última redime su pasado de truños como De buena ley, La noria, o Secretos y mentiras, con ese remedo mal avenido de La Sexta Noche que es Un tiempo nuevo, un escorpión que, como tal, no puede dejar de serlo, y como la cabra tira al monte, Un tiempo nuevo tira a donde tenga que tirar –cotilleos, marranadas como GHVIP, sucesos o follones como el de Francisco Nicolás, que encaja como un guante en estos ambientes-. Hace unos días hablé del aniversario, del 25 cumpleaños, de Telecinco, que nacía un 3 de marzo de 1990. Pero una cadena que lleva un cuarto de siglo trasegando basura merece más atención. Aquella noche, la del 3 de marzo, con la gala Por fin juntos Telecinco se unía a Antena 3, que hacía poco tiempo que existía. La existencia de dos canales privados era un alegría para miles de ciudadanos porque suponía romper el monopolio no sólo en cuanto a programación sino ideológico, es decir, la llegada de los canales privados se vivió como quien recibe un chorro extra de aire fresco.

1


Etapa dorada

      Hasta que vimos a Jesús Gil desparramado en el jacuzzi con la pelambrera de su pecho ensortijada de oros. Aquella imagen certificaba la quebrancía del sueño y arrebataba de golpe la ingenuidad a la audiencia. Era la etapa de Valerio Lazarov, los inicios, la sarna programada que se disfrazaba con colorines y alocadas señoritas que formaban la tropa de Las chicas Chin-Chin, Las Mamachicho, o las Cacao Maravillao, vedetes de tres al cuarto con pompones en el culo y las tetas señaladas que representaban a la perfección lo que la cadena era y sería, un medio hostil para la dignidad de hombres, mujeres, y viceversa. Era la época de Bellezas al agua, Contacto con tacto, Tutti Frutti o ¡Ay, qué calor!, es decir, sinónimos de televisión machista donde la mujer es un mero cebo, un reclamo publicitario, el vagón de cola del que se engancha lo demás, televisión primaria que apuesta por un entretenimiento chabacano y zafio. Para que no hubiera duda, y visto ahora con la perspectiva del tiempo seguimos igual, el primer informativo, Entre hoy y mañana, era una presencia testimonial que se emitía en la madrugada en apenas quince minutos, cuando las Mamachicho habían plegado sus plumas hasta la dura jornada de mañana. Los informativos de Telecinco tuvieron sólo una etapa gloriosa que dirigió Juan Pedro Valentín cuando TVE, bajo el dominio feroz de José María Aznar, era tan irrespirable como lo es hoy bajo la mano tonta de Mariano Rajoy. Eran los tiempos de Mikel Lejarza, que intentó darle un vuelco a la parrilla apostando por programas que dignificaron la cadena, aupada a una cumbre de perfecto equilibrio entre programas de entretenimiento y programas y series que marcaron un hito en la historia de nuestra televisión como Caiga quien caiga, Médico de familia, 7 vidas, Hospital Central, Los Serrano o La mirada crítica.  Los informativos de Telecinco eran los informativos. Nada que ver con el chipichape amarillento y sensacionalista, un programa más de variedades, bajo la dirección actual de Pedro Piqueras, que si en un primer momento, cuando se hizo cargo de la tarea, dijo estar nervioso porque no sabía si lo haría bien, ahora, experto y sabio, entendió a la perfección lo que quería su mentor, Paolo Vasile.

2

Y llegó Vasile


       Y aquí estamos, en la actualidad. Con un maestro del cinismo y la perversión, con un mago de las finanzas, con un tipo capaz de decir que él no programa para ver lo que programa sino para que lo vean otros, y que seguro que él no dejaría a sus hijos ver lo que emite su cadena. Con la llegada al trono de Paolo Vasile, Telecinco dio el vuelvo definitivo para convertirse en la televisión más ordinaria del mercado. Su apuesta ciega por la llamada telerrealidad, con espacios como Gran Hermano o Supervivientes, han sido fábricas de creación de personajes elevados a categoría de referentes sociales cuya única virtud es el atrevimiento del ignorante, premiada con horas y horas de televisión, groseros peleles que van saltando de un programa a otro hasta infestar con su presencia una parrilla que prestigia la vulgaridad y la bronca, la zafiedad y lo falso, el ruido y el asco al conocimiento, arrinconado por la estulticia, prestigiado por lo necio. ¿Cómo le explico a mi hija que el modelo a seguir no es la choni medio analfabeta, la ex yonqui que se forra en la tele mostrando su rampante incultura sino la cirujana que, en el paro, malvive sirviendo hamburguesas los sábados hasta la madrugada? Y ahí estamos. Ahí está Telecinco. Hoy por hoy Belén Esteban es el símbolo cabal de los valores por los que apuesta el canal. Si esta señora se embolsa una cantidad indecente de dinero por vegetar ante las cámaras, tratada como una diosa, más conocida y con más influencia social que los investigadores que andan tras la vacuna del sida, más valorada que la maestra que enseña a nuestros hijos, esta sociedad es un poco peor por influencia de una cadena a la que le importa una mierda el rastro abyecto y tóxico que deja. Dicho lo cual, a seguir creyendo que la libertad es votar para echar de la casa a Belén, Chari, o Fede.

Y... 3


La guinda
Está en su casa
Despacho del jefe de TVE. Interior. Día. Toma 1. Primer plano del jefe. Jefe: esto hay que arreglarlo, hay que subir la audiencia, así no podemos seguir. Contraplano de uno que pasaba por allí. Primer plano. Uno que pasaba por allí: tengo una idea. Jefe: dime, dime, por dios. Uno que pasaba por allí: hay que llamar a José Luis Moreno, uh, uh, uh. El jefe: de puta madre, lo vamos a petar. Fin de la escena.