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martes, 17 de enero de 2017

Maldeojos. La tele que los unió



La tele que los unió
(Artículo publicado el domingo, 15 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Proliferan en la tele los programas de citas como prolifera el mal rollo entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que cada día dan un pasito más para que no decaiga el “reallity show” que se han montado para demostrar que la política es gloriosa y soñadora cuando no te dedicas a ella pero tramposa y fullera en cuanto alcanzas poder. Cada cadena tiene uno, o dos, o cinco. Los relamidos y acomplejados, o creyendo que están en la cresta de la ola de la vanguardia terminológica que copian de las cadenas que hablan inglés, los llaman programas “dating show”, o sea, programas de citas. Pero no los llaman así porque programa de citas es anodino y vulgar, y también para enturbiar el nombre y, con el inglés, pretender elevarlo a una categoría más elevada.  Paletos. Bien. Pues como el Fisrt dates de Cuatro, a espuertas, se llame como se llame el invento. Ya desde los tiempos de Jesús Puente, en la prehistoria televisiva de nuestras pantallas, se emitió Su media naranja, que estuvo en antena seis años. Se trataba de averiguar la compenetración entre las parejas, que unas veces era alta y otras parecía que ni vivían juntas. Memorable, y relamido, como todo lo que tocaba la señora, fue Lo que necesitas es amor, formato que emitió Antena 3 y presentó en su primera etapa la divina ególatra Isabel Gemio, que trataba de que personas anónimas consiguieran el amor o recuperar el que habían perdido. Era la década de 1990 del siglo pasado. La cosa no ha cambiado mucho. O sí. Tiene un matiz. En los programas de citas ya no es prioridad sacar de la cita una pareja. Es más, puede ser lo último que se busque. Se busca, ante todo, brillo social, que te conozcan, quizá impulsar tu carrera, hacer bolos por las discotecas del extrarradio, tener los putos famosos quince minutos de gloria de los que habló un hacha para esto de la fama, don Andy Warhol, o por mera necesidad, que hay que tener lentejas en la despensa para poder comer.  

¿Eso es amor?
     Una tal Yurena, antes Ámbar, antes Tamara, y antes, al principio del tiempo, cuando su madre la parió en setiembre de 1966, María del Mar Cuena Seisdedos, pasó por First Dates y al conocer al pretendiente que le tocó dijo que “hacía tiempo que no sentía tanta química”. Le moló el chorbo que le había tocado en suerte en el especial que el programa hizo el sábado pasado con famosos de talla monumental como Yola Berrocal, otra imprescindible con las tetas bien puestas, a reventar. Ninguna ha tenido suerte en el amor, pero Carlos Sobera está dispuesto a remediarlo. Se ve que hay tanta necesidad de emparejarse, tanta hambre de amor catódico, y fama esquinera y fungible, que la semana nos deja dos estrenos que se unen a formatos de amor bajo los focos ya existentes, y en distintas cadenas. Cuatro es la reina, es la Celestina coronada, la alcahueta postinera, la niña del exorcista que expele sus vomitonas por la pantalla, la más friki, la friki entre las frikis. No tiene bastante con Granjero busca esposa, donde rudos señores han de pelear desde el establo o con el arado por señoritas finísimas, algunas como si salieran de la barra del puticlub, relaciones de chichinabo bendecidas ahora por Carlos Lozano, él mismo con olor a naftalina, caduco y machista, sino que la cadena ha recuperado a la gran Luján Argüelles para presentar un revolucionario sistema de conquista, así lo dice la cadena en sus promociones, con Tú, yo y mi avatar. Enamórate a ciegas, pretende el programa. Deja a un lado las apariencias y busca el amor de tu vida sin ver el cuerpo del otro. El pretendiente permanece en el anonimato y tendrá que conquistar al candidato a través de su avatar. Es la mecánica, lo que da lugar a confusiones, dobles sentidos, lío, o sea, todo un circo en nombre del amor pero donde el amor es lo de menos.

Trump y el gitano
     Sí, vi la primera entrega. Me aburrí a la cuarta chorrada. Muy bien montado, muy buena postproducción, muy colorista, y Luján, como siempre, con su toque irónico, pretendían que Tú, yo y mi avatar entrara en casa para quedarse. No se quedó. Nada de lo que veía me concernía. Me resbalaba. La selección de candidatos y pretendientes, la selección de avatares, con Patricia Conde como avatar conocido, y las cosas que les hacían hacer, me resultaban de una estupidez cansina. Tiene el toque que da Cuatro a estos formatos, el toque de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Un príncipe para… Cansa. El surrealismo choni, poligonero y fabricado, que banaliza los sentimientos en nombre del espectáculo, está fenomenal, pero que no lo llamen amor cuando quieren decir circo. El mismo día, pero en Antena 3, irrumpió de nuevo la tercera temporada de Casados a primera vista. Otro cachondeo. Un equipo de sicólogos, sexólogos, y otras disciplinas, estudian cada caso, cada aspirante a casarse, hasta dar con su media naranja. Se conocerán cuando la “lisensiada” mejicana, dentro del hotel, con ofertas todo incluido, se acerque para leer el acta matrimonial. En la primera entrega destacó la boda entre un gitano de 24 años y un peluquero de 36. A la boda gitana gay en Méjico sólo le faltó, como esturreaban las redes, que la organización hubiera invitado a Donald Trump. Es verdad que Casados a primera vista es mero entretenimiento, pero hay un matiz. Quienes van ahí es gente de la calle, no son ni aspirantes a modelos, ni cantantes frustrados, ni putillas o putitos con gana de promoción, ni hormonados no admitidos en Mujeres y hombres y otras berzas –otro de citas donde el amor es de coña-. Pero el clásico de los programas de citas es La tarde, en Canal Sur, donde Juan y Medio y su bigote son la alcahueta de toda la vida, nada de Fisrt dates ni puñetas. Aquí la Rosi, aquí el Manolo. Sin mariconadas. Señor con señora. Lo de siempre, sin “modernuras”. Y sin avatares ni chuminadas. Sin efectos ni posproducción de vídeo clip. Que ningún andaluz o andaluza, ningún amigo o amiga, dice Susana Díaz, ningún novio o novia, ningún marido o marida, se quede sin amor, calla, coño, Susi, que se te va la olla. En fin, que lo que la tele una no lo separe la tele.

La guinda
Raíces
El guapísimo Malachi Kirby es Kunta Quite en la nueva e impresionante versión de Raíces, la mítica serie de los 70, que enfrentó al espectador a la tragedia de la esclavitud más descarnada gracias a la durísima historia de este esclavo que luchó por su libertad. La historia es la misma, pero la narración es arrebatadora, cargada de un poderío visual que te deja pegado al asiento.  En cuatro entregas, Raíces vuelve a hacer historia.

miércoles, 15 de abril de 2015

Maldeojos. La Toñi



La Toñi
(Artículo publicado el martes, 7 de abril, en diarios de EPI PRESS)

      No confundir con la Toñi, con Toñi Moreno, aquella andaluza salerosa que sabía que tenía entre sus espectadoras a la reina de España, a la otra, a Sofía de Grecia. Esta Toñi, la de Entre todos, vergüenza televisiva que quedará en el recuerdo de la infamia de la tele pública, como hace a diario Canal Sur con Tiene arreglo, se prepara como una mula para su regreso “si alguien me llama”. ¿Situados? Pues no hablo de esa Toñi. Hablo de la Toñi gaditana que le ha salido a Laurent como a cualquiera le sale una pústula en el culo gracias a Antena 3, que los juntó en Casados a primera vista. Que conserven la agudeza demostrada con esta pareja el trío de expertos, sicóloga, sexóloga, y siquiatra, que entiende la compatibilidad con bienvenido al infierno. Toñi es la tía más repelente que uno se pueda imaginar si es la señora con la que te has casado.

      En Casados a primera vista Antena 3 casa a la gente sin conocerse, confiando en que el test de afinidades funcione y el roce y el tiempo hagan que, tal vez, surja el amor. Y una mierda en el caso de la Toñi y el belga Laurent. Un santo, el belga es un santo. Si a mí me hace la Toñi dejar mi restaurante en Caravaca, marcharme a Cádiz a vivir con ella y a un palmo de la suegra, vamos a la compra, compro lo que la tía quiere pero pago yo, y mientras hago la comida me dice que si he lavado el pollo, que si me he lavado las manos, que por qué corto la cebolla tan grande, que le echo mucha sal, y si otro día que invita a sus amigas hago un guiso de pescado, y cuando lo saco la Toñi pone cara de asco, pero mucho asco, y me dice que huy, eso huele a pescado, me levanto de la mesa, hago la maleta, y le digo que a pescado olerá su mondongo, y ahí te quedas, cretina. 

La Toñi y Laurent. De verdad que no he tenido especial mala leche eligiendo la foto de la señora. Ella es un continuo chorro de gestos por el estilo, de sobrada, de desprecio, de asco, de a mí qué me dices, de pero qué te crees tú, de no sé lo que dices y me importa una mierda, vamos, lo que se dice una mujer tolerante, comprensiva, que sabe escuchar, que respeta lo que ocurre a dos palmos de su malafollá.


lunes, 9 de marzo de 2015

Maldeojos. Vámonos de boda



Vámonos de boda
(Artículo publicado el domingo, 8 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

       Mira que gusta una boda, un matrimonio, un jolgorio con su tarta y su todo. Que luego vengan los avemarías es otra cosa, pero emperifollarse como para un carnaval le gusta a mucha gente. A la tele también. Unas cadenas se lo toman con humor, otras también. No sé si recordarán una de las tontunas de Telecinco, que hizo de las bodas un atelier para ridiculizar los sentimientos, para banalizar estas cosas, para reírse de la gente, y de paso, como es normal en estas empresas, hacer caja –Mediaset cerró el pasado año con un beneficio de casi 60 millones de euros, y Atresmedia cerca de 50-. Si una boda está oficiada en el plató por Kiko Hernández, el programa se llama Las bodas de Sálvame, una de las casaderas es Chiqui, la mujer pequeña que concursó en Gran Marrano, y la madrina es Mercedes Milá, es fácil advertir la mamarrachada de boda. Que no, que no, que ni en nombre del espectáculo está justificada tanta payasada. Pero como diría la sabia Mafalda, bah, qué más da, en la televisión sólo hay televisión. Ahora, también con el matrimonio como excusa, Cuatro sigue con su éxito ¿Quién quiere casarse con mi hijo? y Antena 3 acaba de estrenar Casados a primera vista. Lo de Cuatro sabemos de qué va. La cadena busca por aire, cielo y tierra a cualquier mozo dispuesto a todo, sobre todo si tiene la lengua larga, la cabeza un poco hueca, y es capaz de decir frases que se puedan esculpir en cualquier Partenón erigido al dios de la fatuidad, la estulticia, la burricie y la falta de cochura ciudadana. Por ejemplo, si formas parte del cupo gay del programa es un punto a tu favor no sólo que seas guapo, estés dispuesto a jugar a ser fiel aunque tengas alma de puta salvaje, sino que seas capaz de decir frases como esta, “estamos en el norte, pero no sé si en Badajoz o dónde”. Bingo. Este vale, además se llama Ra, y folla todos los días con Vicente, uno de los pretendientes de Sandro, el hijo de Rosa, que le oculta sus devaneos. 

Madre mía. Punto. Se acabó el comentario.


Romantiquismo papal

      Si te llamas Noelia, tienes 30 años, pero tu mirada está como ida, hablas como flipada, te rodeas de budas y velitas, finges bien que el amor de tu vida puede ser David, el hijo de Rosa –hay dos Rosas, una con hijo homo, otra con hetero-, y dices que en cuanto te pones a pensar te duele la cabeza, y que no quieres encontrar tu yo porque ya tienes otro espíritu dentro, coño, genial, bingo, esta tía también vale. Mucho más si en una sesión de conocimiento interior –hay que decir que Rosa, la madre de David, es vidente-, y al momento de que un médium te toque el corazón tú, es decir, la sin par Noelia, fuera de sí, traspuesta, con los ojos turulatos, empiece a hablar cosas raras, meníala, meníala, meníala. De puta madre. Estás dentro, guapa. Hasta David, el hijo de la vidente, que al tener 30 años ya tiene callos en esto de las imposturas y las idas de olla, dijo haber perdido el hilo y que no entendía nada porque “Noelia ha empezado a decir cosas raras en hebreo, o en budista, o algo, y no había forma”. También vale un tal Rafa, un tipo perfecto, es decir, cuerpo de dios y cabeza de mosquito. Dice que le encanta Aviñón porque “es la ciudad del amor y del romantiquismo”. ¿Romantiquismo? Bah, pelillos al costal. Pero su amor por Aviñón tiene más explicaciones. “Me encanta porque se ven muchas monjas y muchos papas por las calles”. ¿Papas por las calles? A ver guapo, qué un papa para ti. “Pues un papa es el jefe de los curas, el que cría a los curas y es de la religión de los dioses”. Lector, lectora de esta columna, ¿a que también vale este zagal? Juan Ignacio Wert estará encantado con esta selección porque ni teniendo todo el oro del mundo mundial esta peña llegará a plantearse máster sí, máster no. Estos no salen a la calle a protestar por el destrozo que está haciendo el ministro en la educación. Otra cosa queda clara. Los concursantes de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? van a lo de Luján Argüelles a cualquier cosa, pero no me digas que van buscando pareja. 

Madre mía -ejemplares de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?-. Punto. Se acabó el comentario.

Divorcios a la vista
Y en este panorama de bodorrios falsarios y sin cuento irrumpe la que menos esperaba uno, Antena 3, que se ha vuelto majara estrenando esta semana Casados a primera vista, un grano purulento en su impecable culito de señora fina que se distingue del puticlub ordinario de Telecinco. ¿Era necesario incrustar en una programación casi impecable algo tan estúpido y necio? Casados a primera vista va de casarte sin conocer, hasta el momento del sí, quiero, a tu pareja. Tres expertos, sexóloga, siquiatra, y sicóloga, hacen las labores de celestino, escudriñan dosieres, y después del test de compatibilidad te buscan tu media naranja. Vamos, que te pueden arruinar la vida si te lo tomas en serio. En la primera entrega casaron al belga Laurent Charles, murcianico de adopción, con Toñi Muñoz, gaditana ella, como su madre, una perla que soltó alguna de las mejores frases de la noche y que vestía como se viste una suegra cuando la llevan de boda a Cancún con la pulserita del todo incluido en la muñeca. De Andalucía no es, dijo la madre de la novia de su yerno, tiene acento de más lejos de Murcia. Hala, si es capaz de decir estas cosas serena, ¿qué no soltará por su boquita un poco piripi? Lo mejor del programa, en el lado de los colegas y familiares, es que te llevan a Cancún por la patilla. Gratis total. Así las cosas, yo, por mis colegas, me-ca-so. Lo bueno de las bodas es que al día siguiente te puedes divorciar. Es lo que ha hecho al cabo de unos años Risto Mejide con Cuatro. Se casó por amor con Viajando con Chester y se ha separado por dinero cuando todos, incluida Cuatro, la suegra, vivían en una balsa. Muerto el marido, repuesto el sitio. Se pensó en un primer momento en casar Viajando con Chester con Mercedes Milá, descartada enseguida por a) estar más quemada que el pito de un mono, y b) encontrar a alguien de verdad con prestigio periodístico, Pepa Bueno. Será un buen matrimonio. Y si no, como en las bodas de arriba, a divorciarse, que la ley aún lo permite. Pero todo se andará para que lo que ha unido la tele no lo separe un divorcio.

Imagen de la primera entrega de Casados a primera vista -Antena 3, lunes-. ¿Es necesario que la candena apueste por este tipo de basuras? Ahí lo dejo.



La guinda
Larga vida
La semana que viene La ruleta de la suerte celebra con especiales sus 9 años en antena, en Antena 3. Con Jorge Fernández, que visitó El hormiguero demostrando que es un tío transparente y simpático, el concurso ha alcanzado prestigio, reconocimiento, y el premio de la audiencia. La ruleta de la suerte corona la programación de la mañana de esta cadena, diversificada y amena. El concurso es ya un clásico. Larga vida