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martes, 16 de mayo de 2017

Maldeojos. O no



O no
(Artículo publicado el jueves, 11 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Vaya, empieza con uno de sus sermoncillos con aspiraciones poéticas, las de un hombre que urde sus párrafos con ideas contrapuestas del tipo “quién soy para hablar de amor si la última vez que hice algo por alguien fue dejarlo, si siempre he acumulado más fracasos que éxitos, igual no debería hacerlo, y menos a unos meses escasos de decirle al mundo que por fin la encontré, no, yo no soy nadie para hablar de amor, pero todos somos alguien para intentarlo… o no”. Ohhhh. Quien habla, con sus gafas de taparse puestas, es Risto Mejide, como las grandes folclóricas que se tapaban la papada, las arrugas y el cuello amojamado con grandes, enormes pañuelos, o poniendo la mano cerrada debajo de la barbilla, un recurso el de las gafas que va resultando ridículo y tontín. Don Risto, o sea, Ricardo Mejide, estrenó anoche programa. Que no idea nueva. Es más, por mucho que All you need is love… o no, se envuelva en palabrería inglesa es el Lo que necesitas es amor de toda la vida.

     Era la época dorada de la gran Isabel Gemio, ay, que se desmaya, ay, que le da, que la divina, ELLA, hacía audiencias para parar los planetas, y el público del plató acudía a los directos para poder tocarla, y ELLA, medio turulata por la emoción de conocerse, se dejaba rozar mientras ponía unas caras del copón. Era 1993. Luego la sustituyó Jesús Puente, y así hasta 1999, cuando Antena 3 encerró la carreta del amor. Y hasta hoy, que la desempolva Telecinco para seguir arreglando parejas. O no, como ahora recalca el señor Mejide, la nueva alcahueta. ¿Qué puedo decir? Que me interesa lo mínimo. Y que tanto Risto, es demasiado. Y que el amor es otra cosa. Eso lo tengo claro. O no. ¿O no?

martes, 17 de enero de 2017

Maldeojos. La tele que los unió



La tele que los unió
(Artículo publicado el domingo, 15 de enero, en diarios de EPI PRESS)

     Proliferan en la tele los programas de citas como prolifera el mal rollo entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, que cada día dan un pasito más para que no decaiga el “reallity show” que se han montado para demostrar que la política es gloriosa y soñadora cuando no te dedicas a ella pero tramposa y fullera en cuanto alcanzas poder. Cada cadena tiene uno, o dos, o cinco. Los relamidos y acomplejados, o creyendo que están en la cresta de la ola de la vanguardia terminológica que copian de las cadenas que hablan inglés, los llaman programas “dating show”, o sea, programas de citas. Pero no los llaman así porque programa de citas es anodino y vulgar, y también para enturbiar el nombre y, con el inglés, pretender elevarlo a una categoría más elevada.  Paletos. Bien. Pues como el Fisrt dates de Cuatro, a espuertas, se llame como se llame el invento. Ya desde los tiempos de Jesús Puente, en la prehistoria televisiva de nuestras pantallas, se emitió Su media naranja, que estuvo en antena seis años. Se trataba de averiguar la compenetración entre las parejas, que unas veces era alta y otras parecía que ni vivían juntas. Memorable, y relamido, como todo lo que tocaba la señora, fue Lo que necesitas es amor, formato que emitió Antena 3 y presentó en su primera etapa la divina ególatra Isabel Gemio, que trataba de que personas anónimas consiguieran el amor o recuperar el que habían perdido. Era la década de 1990 del siglo pasado. La cosa no ha cambiado mucho. O sí. Tiene un matiz. En los programas de citas ya no es prioridad sacar de la cita una pareja. Es más, puede ser lo último que se busque. Se busca, ante todo, brillo social, que te conozcan, quizá impulsar tu carrera, hacer bolos por las discotecas del extrarradio, tener los putos famosos quince minutos de gloria de los que habló un hacha para esto de la fama, don Andy Warhol, o por mera necesidad, que hay que tener lentejas en la despensa para poder comer.  

¿Eso es amor?
     Una tal Yurena, antes Ámbar, antes Tamara, y antes, al principio del tiempo, cuando su madre la parió en setiembre de 1966, María del Mar Cuena Seisdedos, pasó por First Dates y al conocer al pretendiente que le tocó dijo que “hacía tiempo que no sentía tanta química”. Le moló el chorbo que le había tocado en suerte en el especial que el programa hizo el sábado pasado con famosos de talla monumental como Yola Berrocal, otra imprescindible con las tetas bien puestas, a reventar. Ninguna ha tenido suerte en el amor, pero Carlos Sobera está dispuesto a remediarlo. Se ve que hay tanta necesidad de emparejarse, tanta hambre de amor catódico, y fama esquinera y fungible, que la semana nos deja dos estrenos que se unen a formatos de amor bajo los focos ya existentes, y en distintas cadenas. Cuatro es la reina, es la Celestina coronada, la alcahueta postinera, la niña del exorcista que expele sus vomitonas por la pantalla, la más friki, la friki entre las frikis. No tiene bastante con Granjero busca esposa, donde rudos señores han de pelear desde el establo o con el arado por señoritas finísimas, algunas como si salieran de la barra del puticlub, relaciones de chichinabo bendecidas ahora por Carlos Lozano, él mismo con olor a naftalina, caduco y machista, sino que la cadena ha recuperado a la gran Luján Argüelles para presentar un revolucionario sistema de conquista, así lo dice la cadena en sus promociones, con Tú, yo y mi avatar. Enamórate a ciegas, pretende el programa. Deja a un lado las apariencias y busca el amor de tu vida sin ver el cuerpo del otro. El pretendiente permanece en el anonimato y tendrá que conquistar al candidato a través de su avatar. Es la mecánica, lo que da lugar a confusiones, dobles sentidos, lío, o sea, todo un circo en nombre del amor pero donde el amor es lo de menos.

Trump y el gitano
     Sí, vi la primera entrega. Me aburrí a la cuarta chorrada. Muy bien montado, muy buena postproducción, muy colorista, y Luján, como siempre, con su toque irónico, pretendían que Tú, yo y mi avatar entrara en casa para quedarse. No se quedó. Nada de lo que veía me concernía. Me resbalaba. La selección de candidatos y pretendientes, la selección de avatares, con Patricia Conde como avatar conocido, y las cosas que les hacían hacer, me resultaban de una estupidez cansina. Tiene el toque que da Cuatro a estos formatos, el toque de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Un príncipe para… Cansa. El surrealismo choni, poligonero y fabricado, que banaliza los sentimientos en nombre del espectáculo, está fenomenal, pero que no lo llamen amor cuando quieren decir circo. El mismo día, pero en Antena 3, irrumpió de nuevo la tercera temporada de Casados a primera vista. Otro cachondeo. Un equipo de sicólogos, sexólogos, y otras disciplinas, estudian cada caso, cada aspirante a casarse, hasta dar con su media naranja. Se conocerán cuando la “lisensiada” mejicana, dentro del hotel, con ofertas todo incluido, se acerque para leer el acta matrimonial. En la primera entrega destacó la boda entre un gitano de 24 años y un peluquero de 36. A la boda gitana gay en Méjico sólo le faltó, como esturreaban las redes, que la organización hubiera invitado a Donald Trump. Es verdad que Casados a primera vista es mero entretenimiento, pero hay un matiz. Quienes van ahí es gente de la calle, no son ni aspirantes a modelos, ni cantantes frustrados, ni putillas o putitos con gana de promoción, ni hormonados no admitidos en Mujeres y hombres y otras berzas –otro de citas donde el amor es de coña-. Pero el clásico de los programas de citas es La tarde, en Canal Sur, donde Juan y Medio y su bigote son la alcahueta de toda la vida, nada de Fisrt dates ni puñetas. Aquí la Rosi, aquí el Manolo. Sin mariconadas. Señor con señora. Lo de siempre, sin “modernuras”. Y sin avatares ni chuminadas. Sin efectos ni posproducción de vídeo clip. Que ningún andaluz o andaluza, ningún amigo o amiga, dice Susana Díaz, ningún novio o novia, ningún marido o marida, se quede sin amor, calla, coño, Susi, que se te va la olla. En fin, que lo que la tele una no lo separe la tele.

La guinda
Raíces
El guapísimo Malachi Kirby es Kunta Quite en la nueva e impresionante versión de Raíces, la mítica serie de los 70, que enfrentó al espectador a la tragedia de la esclavitud más descarnada gracias a la durísima historia de este esclavo que luchó por su libertad. La historia es la misma, pero la narración es arrebatadora, cargada de un poderío visual que te deja pegado al asiento.  En cuatro entregas, Raíces vuelve a hacer historia.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Maldeojos. Podría ser peor



Podría ser peor
(Artículo publicado el domingo, 8 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

      Cuando hoy vemos a Wyoming sentado en el pico de la mesa para enfatizar las grandes ideas, las noticias a destacar, hemos de saber que José María Carrascal, el hombre de las corbatas de colorines, ya lo hacía hace 25 años. Cuando creíamos que el tótem Iñaki Gabilondo se inventó lo que conocemos por informativo de autor, hay que recordar que hace 25 años ya lo hacía el periodista aquel que, lo recuerdo como si fuera hoy, hacía que me levantara del asiento, tan ultramontano, y tan tendencioso como Wyoming, pero sin su humor. Estos días lo han paseado por algunos programas de la casa como se saca  cada equis tiempo una reliquia, desempolvada para la ocasión y venerada con respeto, y con nostalgia en el caso de este hombre ya retirado. Ahora lo veo y me resulta un señor entrañable al que le ponen imágenes de entonces y él mismo, más calmado, quizá más sabio, reconoce que se pasaba de vehemente. Un cascarrabias venido a menos. También le sacan el archivo y se lo tiran al pescuezo a Javier Cárdenas, el tío que se come más sílabas por segundo que Susana Griso, que se las come como chuches. Tenía 20 años cuando lo mandaban a hacer reportajes con los friquis de la época, con el mítico Carlos Jesús, con Javi el mariquita, un cocinero jovencillo que decía que la cocina con amor es como los hombres, que si los tocas, atemperas, y los calientas, te lo dan todo, el Niño del Mechero al que la Sole le tiró un huevo mientras lo entrevistaban y, colgado como un mono, desdentado y ojeroso, soltó su “Sole, que te meto un guantazo, mierda..”. La semana pasada, con píldoras rescatadas de un olvido no del todo olvidado, con el poder que tiene la imagen, Antena 3 emitió joyitas en sus diferentes programas para recordar sus series, sus concursos, sus magacines, sus estrellas, sus momentos de gloria.

Toma, Wyoming, hace 25 años que este menda, que conseguía ponerme de mala leche con su descaro ideológico, vendiendo como información lo que sólo era manipulación y opinión al peso, se sentaba en "el pico de la mesa" para largar sus sermones, que siempre loaban a la derecha y castigaban a la izquierda. Siempre. Se me dirá que Wyoming hace lo mismo, pero al revés. Y es verdad. Pero hay una definitiva diferencia. Los de El intermedio no engañan, no hacen un programa de información al uso, es un programa de humor, no hay trampa ni cartón. Lo bueno de todo esto es que aquella primera Antena 3 y esta moderna La Sexta viven hoy bajo la misma batuta empresarial.


Líneas rojas

       25 años de una tele dan mucho juego para escarbar en su archivo. Cuando los reyes asistieron en el Palacio de Cibeles madrileño a la fiesta del 25 cumpleaños de la joven pero ya experta cadena, Felipe VI destacó que fue la primera privada que rompió con el monopolio de la tele pública, y que apostó por la información, el entretenimiento, y la emoción. Lo mismo dicen de sí mismas las cadenas que llegaron después. Y cada una interpretó a su modo lo que significa informar, entretener, y emocionar. Depende de cada espectador el reconocerse en esas premisas o en considerarlas vejatorias, alejadas de tu idea de información, entretenimiento y emoción. Yo, por ejemplo, no consigo creerme la información que me da Pedro Piqueras en Telecinco porque estoy tenso, sabiendo que en cuanto me descuide, zas, me colará una retahíla de tonterías, cebos, y trampas informativas que tienen que ver con el entretenimiento sensacionalista, pero no con el periodismo riguroso. Ni me reconozco en lo que esa cadena entiende por pasar un rato entretenido o emocionante si eso significa estar pendiente de los alaridos de loca actriz de un tal Víctor Sandoval, que no conoce el ridículo. Antena 3, hoy por hoy, ha conseguido que su programación nada tenga que ver con la cadena de la chusma. Pero le ha costado. Ha ido dando palos a ver cómo, dónde, y por qué ponía el huevo así, y aquí, y no allí, y de la otra manera. Se ha ido quitando de en medio programas que pretendían parecerse a los que, con pestosa maestría, firma Telecinco, y por eso desapareció ¿Dónde estás, corazón?, o programas de convivencia, eso que se llama de realidad, ya que nunca supo sacarle punta a ese gran montón de mierda. Antena 3 no ha creado sus propios monstruos de barraca porque no ha sabido, o quizá porque desde el principio se trazó una línea roja que no debía pasar.

Vivan los reyes. Acudieron al cumple de la cadena, dijeron cosas muuuú bonicas, y hasta ayudaron al cámara a recomponer su figura después del trastazo ante sus majestades.


Nieves e Isabelita

      Sea lo que fuera, Antena 3 es hoy la cadena generalista con la oferta más variada en su parrilla, una oferta que apuesta por la producción nacional en series de calidad –atrás quedó el oscuro tiempo de Manos a la obra, que tanta rabia me daba, por zafia, estúpida y machista-, por los concursos, por magacines, por la información. Quizá fue 2009 el año en que Antena 3 dio el paso definitivo hacia la aceptable televisión que es hoy. Fue por ese tiempo cuando la cadena apostó de verdad por hacer frente, con otra parrilla, a la competencia con otro estilo de televisión menos vulgar y sensacionalista. Pero no quiero olvidar, porque las han paseado como sarcófagos de la primera época, truculenta y amarilla, a Nieves Herrero, que convirtió en nauseabundo espectáculo el crimen de tres  niñas en Alcásser, y a Isabel Gemio, que se creyó en serio que ELLA era la televisión en persona. Nieves fue Nieves Horrores en esta columna porque su forma de hacer televisión me daba repelús. Cada semana echaba mano de un sentimentalismo barato y de un periodismo esquinado y morboso. La extremeña es otra cosa. El mundo giraba a su alrededor. Y aún el otro día, cuando la sacaron para recordar Sorpresa, sorpresa, en vez de hacer un guiño cómplice a la audiencia, distante, como dando a entender que sus maneras trasnochadas jamás revivirán, qué va, la tía se tomó en serio, bajó por la grada con las manos abiertas para que el público, rendido ante semejante ELLA, pudiera rozar sus dedos. Tan gilipollas como siempre. Isabel fue en esta columna Isabel Gemío porque la señora no habla, se quiebra, se desmaya de arrobo, se lame su propio cuello, gime de placer por haberse conocido. Ni el tiempo ha conseguido dulcificar el rechazo que me producen ambas elementas. Representan la peor época de la cadena. El pasado. Hoy no es así Antena 3. Emite las mejores series, tiene variedad de concursos, apuesta por un humor quizá simplón pero no insultante, programa cine –eso sí, sólo yanqui- y, sobre todo, y esa es su grandeza, se dirige a un espectador que se tiene aprecio a sí mismo. ¿Nada que objetar? Muchísimo. Pero no ahora. Como espectador me alegro de lo que veo en Antena 3 no por todo lo que emite sino porque podría ser peor. Sus 25 años le han servido para centrarse, para darse cuenta de que hay negocio sin regodearse en la basura.


Si tienes unos minutos échale un vistazo. Es la intervención de ELLA en el especial que Antena 3 emitió en su 25 aniversario. El ego de esta paleta es tan gordo que se lo pisa. Hasta Mónica Naranjo, con educada cortesía, ha de reconducirla para que no se le vaya mucho la pinza. Sin duda, era mi musa, la señora de la que escribía con más gusto y rabia. 

https://www.youtube.com/watch?v=AqCUgLtD5WU


La guinda
Ave rara
Quién iba a decir que Jesús Calleja, y su Planeta Calleja, se convertirían en los bichos raros de Cuatro, y justo por no serlo en una cadena especializada en estrambotes. Calleja cerró el domingo pasado su segunda temporada con buena audiencia, con la cabeza alta ante El Objetivo de La Sexta. La idea es buena. Invita a Pedro Sánchez, Bisbal, o Eva Hache y, en lugares infrecuentes, el invitado trata de salir airoso del reto propuesto.  

martes, 16 de septiembre de 2014

Maldeojos. Divinas en el FesTVal de Vitoria



Divinas en el FesTVal de Vitoria
(Artículo publicasdo el domingo, 14 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)


       Mi primo Jorge Javier Vázquez, como siempre, haciendo amigos. Hace unos meses, como recordarán los morbosos lectores, estuvimos a punto de cerrar tratos y llegar a íntimos conocimientos, pero al final él hace su vida y yo la mía. Escribí aquí cosas muy feas de él, pero él, baqueteado de puyas y malas palabras, en vez de ignorar a este capullo va y dice que le doy morbo porque no soy tan feo como esperaba de alguien que escribe cosas tan horribles, las propias de un resentido amargado. Y aquí enlazo con mi otra prima, la eterna, la mítica, la momia arrumbada, la estulta extremeña, la mari que se creyó diosa, la cursi más cursi de la tele, la repipi idiotizada por su ego, ELLA, Isabel Gemio. A su cuello, por decir mucho menos de lo que yo dije, se ha tirado Jorjeja por si a la dama se le ocurriera volver a criticarlo por el premio del FesTVal de Vitoria, nada menos que el Joan Ramón Mainat. Que si está acabada, que si es un coñazo, que si está en decadencia, o que si no la quieren en ninguna televisión. Con estas perlas se despachó el presentador de Sálvame, cuyo premio, según la dirección del festival de Gasteiz, lo merece por “su espontaneidad ante la cámara, su dominio del plató, su carisma y la cercanía que transmite al televidente, la versatilidad de la que hace gala en distintos programas, y la arrolladora personalidad que lo hace único”. Cuando la semana pasada, en Vitoria, pisaba la alfombra naranja del festival con sus labios un poco apretados, como él tiene costumbre, pero sin llegar al gesto de divina devenida de Mario Vaquerizo, ese espantajo de criatura, tuve a Jorge a medio metro, pero ni me revelé ni se coscó. Él iba a recoger su premio. Yo, como miembro del jurado, a disfrutar de la gala, un año más, que escribe, dirige y presenta Luis Larrodera, un tipo que lleva el espectáculo en la taleguilla. Y en la cabeza. 

Luis Larrodera en un momento de la gala de clausura del FesTVal 2104. La cantante Angy se prestó a las locuras que le propuso el cerebro de un espectáculo que se consume sin respiro, sin darte cuenta. Gran Larrodera.
 



      Desde mi asiento veía las reacciones de asombro de gentes acostumbradas a ver galas, hacer ellas mismas programas de entretenimiento –Juan Ibáñez y Damián Mollá, Trancas y Barrancas-, y conocer muy bien las claves del espectáculo en directo. La televisión es más cosas, pero también espectáculo. La gente que va a Vitoria se entrega a la causa. He compartido con caras muy populares en el hotel Lakua el vestíbulo, bar, ascensor, comedor, misma planta, y hasta la pared medianera de nuestras habitaciones, y por tanto, desde ese observatorio anónimo de privilegio, certificas y compruebas que los gilipollas lo son en la tele y en la vida real, que el engreído lo es en el plató y tomándose un café, que los mediocres suelen ser los más afectados, y que los grandes apenas hacen ruido aunque su sola presencia es tan imponente que sólo necesitan estar. Lluis Homar es uno de ellos. Pedro Alonso –los dos, junto a Yon González y Blanca Romero, protagonizan la nueva ficción de Bambú para Antena 3, Bajo sospecha, con excelente pinta- no necesita ser la Ana Obregón de la farándula, la que acude a El hormiguero y, confundiendo ser graciosa con ser vulgar, suelta en cuanto tiene delante a Pablo Motos que “me he corrido nada más sentarme”. La megaestrella lo dijo con sus nuevos labios, rellenos de mantequilla de silicona, como sus mejillas, remozadas hasta las trancas, y barrancas, formando un todo repelente y asqueroso. Desde Alberto Chicote a Paloma Gómez Borrero, desde Loles León a Juan y Medio, desde Susana Griso, encantadora y elegante, a Jordi Évole, todos son estrellas pero casi nadie ejerce de divina. Es más, cuando se está en un comedor, de lo único que hay que ejercer es de comensal, como hizo el equipo de Águila roja, que se tiró al vino y a la cerveza, y a la merluza y al bacalao, como jamás lo hicieron en el mesón de mi tocayo Cipri –Santiago Molero-. Me callo por vergüenza los nombres, pocos, de algunos trastornados que ni ante un plato de jamón ibérico cuelgan el personaje.

 
Yon González, uno de los protagonistas de Bajo sospecha, que emitirá Antena 3 en este trimestre, firma autógrafos apoyándose en el cristal de las puertas del hotel Lakua.

Chabelita y Ana Botella


      Me llamó la atención ver a Francisco Javier Cuesta Ramos, el aficionado herpetólogo conocido en la tele como Frank Cuesta, hacerse la alfombra naranja disfrazado de Frank Cuesta, incluso de Wilkd Frank, -Discovery Max- es decir, gorrita con la visera hacia atrás, camisetita, y mochilita a la espaldita, y para que no faltara de nada, él, que lleva meses hablando de su ex mujer en una cárcel de Tailandia, se pone salvaje cuando los medios le preguntan cómo van las cosas de ella y él se retuerce como una bicha loca. Estos recién llegados dan mucho juego. Otro que se creyó que el mundo lo perseguiría hasta debajo de las piedras fue Antonio Orozco, esquivo, escondido detrás de sus gafas horteras y una sudadera imposible, con un pantalón corto que le hacía el culo cagado y fofo. O es tímido o gilipollas. Pero si hasta va con un chulazo para que le lleve la maleta y le espante a la chiquillería. ¿Estaré en la sétima edición del FesTVal hablando de María Isabel Pantoja Martín, Chabeli Pantoja, Isabel II, Isa, Chabelita o, como sería lógico, la hija de Isabel Pantoja, sin más? Lo digo porque esta señorita es fiel reflejo de nuestra sociedad, la del libre mercado salvaje. Esta niña es una perfecta ignorante, basta, inculta, tal vez excelente limpiadora de clínica dental, carne de polígono, pero una televisión con licencia de explotación nacional la premia con más de 7.000 euros al mes por salir en una payasada llamada Yo soy Isa, donde la hermana de Paquirrín demuestra que, como Ana Botella en la alcaldía de Madrid, no es la mejor, no se entiende lo que dice, la han puesto ahí para reírse y hacer audiencia, pero le conviene a Telecinco, que contrata a quien le da la gana, no al más preparado, como la del relaxing cup  of café con leche. A ambas las puso el mercado y el mercado se las llevará. Sin miramientos. Puede que Chabelita un día comparta ascensor conmigo en Vitoria, pero para entonces, como divinas, nos entenderemos con una mirada. Cuanto más mediocres, más altivas. 

Isabel Pantoja llama a 'Hable con ellas' para defender a Chabelita
Cuánto drama hay en esta foto, cuánta desgracia, y cuánta pamema. La señorita María Isabel Pantoja Martín se ha convertido en una estrella. Tal vez el año que viene, tras revolucionar la pantalla, nos encontremos en Vitoria, y entonces nos reconoceremos al instante.


La guinda
¿Pezqueñines? No
Supongo que recordarán aquella eficaz campaña institucional de mediados de los 80 cuyo objetivo era evitar la pesca, distribución y consumo del pescado sin tener, al menos, la talla adecuada. Sé que es difícil luchar contra cumbres televisivas como Pequeños gigantes –Telecinco, con Jesús Vázquez- y Tu cara me suena mini –Antena 3, Manel Fuentes-. Pero hay que intentarlo. ¿Pequeñines? No, gracias.