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martes, 8 de diciembre de 2015

Maldeojos. Rajoy, hermano mayor



Rajoy, hermano mayor
(Artículo publicado el domingo, 6 de diciembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Perdonen que empiece estas letras hablando de mí. Es verdad que quienes escribimos, de alguna forma hablamos de nosotros mismos. Unos lo exageran más convirtiendo lo que escriben en un homenaje permanente a un ego siempre insatisfecho y voraz, pero el resto quizá no necesitemos tanta referencia ególatra. A mí mi padre jamás me puso una mano encima. Quiero decir que jamás me dio un zurriagazo, jamás me pegó. Mi padre ejercía una autoridad sutil que no necesitaba manifestarse con ningún tipo de evidencia –tortazo que te crió, castigos monumentales, reprimendas recurrentes-. No así mi madre, que nos corría por la calle con la zapatilla en la mano dando voces, y cuando nos pillaba nos llenaba de cardenales el brazo con sus pellizcos de monja viciosa. Cuántas veces lo hemos recordado en casa y cómo nos hemos reído, aunque mamá, amnésica de repente, dice no recordar nada de “esos inventos”. Recuerdo un día en que mi hermano y yo, en la calle, nos peleábamos dándonos guantazos. Mi padre apareció al fondo de la cuesta. Se nos cortó el rollo. Al llegar a casa, con la mirada nos dijo que entráramos. No tuvo que decirme nada. Me apretó un poco el brazo y me dijo que fuera la última vez que viera a dos hermanos pelearse. Punto. Me meé. Qué va, mi padre era un bendito, no crean que le temíamos como se teme a esos padres oscuros, agresivos y distantes. Con él también recordamos con ternura aquellos días de infancia y primeras marcas, es decir, educación en los límites, teniendo al lado a alguien que te dice hasta aquí puedes llegar pero hasta allí no, el respeto al otro es ley y la bondad no es debilidad sino fortaleza. La semana pasada vimos al presidente del Gobierno ejercer de padre por encima del cargo. Es una escena de apenas 20 segundos, pero encierra toda una lección para la vida en un tiempo en que la educación de los críos pasa por momentos de extrema tontería.

 Medicina baratísima

      A los críos no se les puede regañar mucho porque se traumatizan, ni dar un cachete porque pillan una depresión que te cagas. No se les puede decir no porque se les corta su espíritu libre y castraríamos su futuro. Muy bien. Y entonces llega el presidente y a su hijo Juan Rajoy, de 10 años, le da unas collejas en un estudio de radio por decir en directo que los comentarios del periodista Manolo Lama a un videojuego eran no sólo mejorables sino basura. Esas imágenes recogen una escena que para mí se ha convertido en reveladora. Es de las pocas veces que he visto a Mariano Rajoy sincronizado consigo mismo. Es decir, que el que piensa es igual que el que actúa. Le salió el padre que es por encima del presidente que lo domina. Fueron dos segundos apenas, los justos que no pudo controlar, lo que va de su mano al cogote del hijo, lo que tarda una colleja en inclinar la cabeza del otro. Se ha dicho que es la primera vez que un Rajoy dice la verdad, refiriéndose a que el niño acertó en su análisis sobre los comentarios de Lama al videojuego. No sé ni de qué videojuego hablan, pero eso no me importa. Hago otra lectura del cogotazo. Ese niño, Juan Rayoy, de unos diez años, recibió el aplauso de los presentes en el estudio de radio y le rieron la gracia, que la tenía, porque el crío habló con naturalidad, alentado por el buen ambiente del momento, pero allí estaba el padre, que cortó en seco la gloria del pequeño impertinente. No sólo le dio las famosas collejas sino que por lo bajini, como se hacen estas cosas, le reprendió y le sugirió que pidiera disculpas. Perfecto. Ejemplar. Ese crío podría confundirse en el futuro creyendo que ser hijo del presidente es un carné que le permite hacer y decir lo que le venga en gana, donde le venga en gana, y cuando le venga en gana caiga quien caiga porque está protegido por su padre, el mandamás.
Toma, nene, así aprendes


Las collejas del PP

      Pero el presidente, insisto, actuó como padre. Seguro, salvo que se les tuerza el nene, Juan Rajoy no será uno de los energúmenos que saca Cuatro en Hermano mayor, ahora en manos del boxeador Jero Martínez. Todo un fracaso televisivo, otro más en una cadena que Nuria Roca dice no reconocer porque no es la que era. Cuando el hermano mayor era Pedro García Aguado el programa conseguía audiencias razonables. Con Jero Martínez no. Pero no es culpa del nuevo consejero. El programa no ha variado nada. Las primeras imágenes muestran al hijo. La voz del narrador lo presenta más o menos así. Es Jose. 18 años. Soberbio, conflictivo, rabioso, le gusta el dinero fácil, presume de cerrar negocios ganando mucho dinero en internet, su comportamiento está destruyendo a los que más quiere. Y ahí pasa a la acción. Vemos al menda golpear puertas con el puño hasta romperlas, destrozar el jarrón que la madre tiene en la mesa con sus flores de plástico, llamarla zorra porque sale con un hombre que no es su padre, del que se separó hace años, tirar la comida al suelo y destrozar el espejo del baño, retar al mundo con miradas asesinas. El esquema es siempre el mismo. Pasan imágenes de una agresividad insoportable. Te dan ganas de retorcerle el pescuezo. El nene de mofletes de azúcar y sonrisa sanadora se ha convertido en un violento hijo, en un dictador desmedido, en un tipo que da miedo, y asco, en un perfecto gilipollas. Luego vienen los tratamientos de choque para encauzar su agresividad, y al final, cuando es consciente del daño que ha hecho, le pasan imágenes de sus escenas más salvajes. Besos, abrazos, lágrimas, y un imbécil arrepentido. Como programa, Hermano mayor cansa ya. Aunque sigue dejando claro que una colleja a tiempo, un no, evitaría la proliferación de niñatos malcriados y crueles. Rajoy puede castigar a su hijo para enderezarlo. Lo malo es que ha confundido a los ciudadanos con sus nenes. Y desde que llegó no ha dejado de darnos guantazos, recortarnos lo conseguido, culparnos de tarambanas por dilapidar la bolsa, y salir corriendo si le pedimos explicaciones. Eso sí, el arrogado padre castiga a la mayoría de sus hijos y premia a sus preferidos. Y eso no está bien, papi. Con amor te lo digo. 
Una cola de gente. ¿Al fútbol, al concierto de su estrella? Quiá. Hacen cola para comer porque "hay mucha gente que no sabe cocinar" -Maripuri Cospedal dixit-. Por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa.


La guinda
Lo de Piqueras
Esto es un vasco que entra en un bar y se encuentra a un amigo. Oye, Iñaki, me he enterado de que te has comprado un Seiscientos. La hostia, ¿cómo lo sabes? Me lo compré hace dos meses. Porque lo llevas de mochila. Hostia, que se me ha olvidado quitarme el cinturón. Fin del chiste. Lo cuenta Dani Rovira. No en El hormiguero sino en lo que sea que haga Pedro Piqueras que llama informativos. Qué nos quedará por ver.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Maldeojos. Fuck it. I quit



Fuck it. I quit
(Artículo publicado el domingo, 28 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

      A la mierda. Lo dejo. Así de tajante lo dijo Charlo Green, presentadora de una cadena local de Alaska, que salió de campo dejando el plano vacío, sin ella, sólo con la imagen de un plasma donde se veía una bandeja con marihuana. Presentaba un reportaje sobre la necesidad de legalizar el consumo de marihuana a afectos médicos, siendo ella misma dueña de un club de marihuana medicinal. La buena señora explicó luego que dejaba el trabajo en la tele para dedicarse con todas sus energías a la lucha “por la libertad y la justicia” que comienza por la legalización del hachís en Alaska. Hay que tener las ideas muy claras y los ovarios muy bien puestos. Esta misma semana Quique San Francisco, el actor de ojos saltones y voz de argamasa, se sentó en el sofá de las chicas de Hable con ellas, reunión de madrugada en la que también estaba el omnipresente Jorge Javier Vázquez, que está haciendo su particular periplo para rentabilizar la famosa llamada de Pedro Sánchez. ¿Enrique San Francisco? Pero si ese hombre ya estaba retirado. Pues por eso. Una entrevista en la revista Esquire lo ha vuelto a poner en órbita. ¿Razón? Que declaró que había estado enganchado a la heroína cuatro años. ¿Y por qué lo llamó la productora de Hable con ellas? Para hablar de lo mismo, tan morboso. Es lo que quería Sandra Barneda, que lo guiaba al redil de ese calvario para seguir sacando un poco de leche sensacionalista. Quique respondió, pero aclaró que el alcohol no es moco de pavo, y que él hoy se toma la cerveza como si fuera agua, “aunque la tengo dominada”. Pues entonces tienes otro problema con el alcohol, dijo Sandra. No, el problema lo he tenido con mujeres como tú, respondió Quique helando el plató. Pero no mandó a la mierda a nadie ni se marchó, una pena para los datos de audiencia y los programas de zapping.  

Charlo Green momentos antes de enviar a la mierda la televisión en la que trabajaba para dedicar todas sus energías, según dijo más tarde, a la legalización del consumo de marihuana.


¿Choriza yo?
Quien sí ha reaccionado como una leona frente a sus crías, en este caso como alguien que cree tener dignidad pero sólo cuando otro alguien se la niega, es Sonia Castedo, la muy alcaldesa de Alicante –PP-, pobres. Esta señora no dice a la mierda, lo dejo todo, así le echaran agua hirviendo en su lustroso sillón hasta chamuscarle el culo. Uno, sin duda un pardillo, ve un día sí y otro no, y sobre todo, escucha, las charlitas que mantuvo con el capo constructor Enrique Ortiz, charlas de una complicidad obscena, de un mercantilismo chulesco, de un desprecio por el ciudadano casi patológico, charlas que oigo cada dos por tres en Al rojo vivo y luego en La Sexta Noticias, y a mí me da una vergüenza del carajo, un asco estratosférico, un rechazo que me pone de mala leche, pero se ve que esta gente está hecha de otra pasta. Ay, he dicho pasta, qué tonto. Estas cosillas le resbalan a la vulgar alcaldesa, pero de lo que sí está muy pendiente la señora de la vara de mando es de lo que se dice de ella, y de hecho ha puesto a trabajar a los servicios jurídicos del Ayuntamiento –¿dinero público para uso privado?, según informa Formula TV-  para ver si le pueden meter mano judicial a Nùria Roca, la presentadora valenciana, que en su blog la llama “choriza sin paliativos”. Huy, eso sí que duele. Que te pillen con el carrito del helado y la justicia te impute, y deshonres a tu ayuntamiento, y Alicante esté cada dos por tres en las tertulias nacionales, y la gente de tu pueblo note el sudor frío del bochorno no te rascan la dignidad, la vergüenza, pero que una bloguera te llame choriza no, por ahí sí que no pasa la muy… alcaldesa de Alicante. 

Doña Sonia Castedo, alcaldesa de Alicante por la gracia de los votos. La señora, vulgar, ordinaria, sardesca y aprovechada, es una multiimputada, pero a ella esas tonterías sólo le producen una risa que te cagas...

Nunca se van
Del defensor de cigotos, san Alberto Ruiz Gallardón, poco se puede imitar, salvo su última actuación. Fuck it, it quit. A la mierda, lo dejo. Hombre, se veía venir. Pero si hasta tu jefe se fue a China dejándote a la intemperie como el que dice que se jodan los cigotos y esas mamandurrias, antes de que se jodan los votos que perderemos de seguir con esta cabezonería. Los de 13tv están que trinan. Echan pestes por sus boquitas, como es lógico. Quieren, les resumo la actitud, que el rosario no salga del ovario. Además, los grupos ultra católicos, ultra apostólicos, y ultra romanos ya se la han jurado a Mariano Rajoy, el ladino, el que no cumple ni con los suyos, y le están preparando un festival para el 22 de noviembre por haber dado marcha atrás en lo de los cigotos, indefensos como un chiquillo de cinco años cuyos padres, sin trabajo, no pueden alimentarlo. Yo no me pierdo a los sacristanes, curas, obispos, cardenales y gentes de bien vivir en esa manifestación así contrarreste La 1 con un programa en el que prometa independencia, rigor, e imparcialidad para ese día. Claro que eso será sin González-Echenique, el hasta hace un par de días presidente de RTVE, que ha dado una coz sobre la mesa al grito de “a la mierda, lo dejo”, al no recibir los 130 millones de euros que le pidió al Gobierno para sacar adelante los presupuestos de la tele y radio públicas. En la sombra, Cristóbal Ricardo, el de Hacienda, que le pedía un ERE a cambio de perras. Es decir, que terremoto político de altura por mucho que el presidente plasmado se haga el chino y TVE, como putita de alquiler, ni siquiera tenga la valentía de decir en el Telediario de ese día las verdaderas razones de la espantá. La redacción de informativos se levantó, literal, exigiendo una información veraz, y no que Leopoldo se marchaba “por razones personales”. Hay que ser gilipollas, don Julio Somoano,  para pretender tan bochornosa manipulación cuando la noticia la habían dado ya todos los medios. Una lástima que vocero tan servil no haya tenido un ataque de decencia y se haya marchado también. La que jamás dijo que se iba y algunos medios la dieron por ida fue Lina Morgan, que estuvo muerta en algunas portadas, y en Twitter y Faceboock algunas horas, aunque ella jamás dijo el “Fuck it. I quit” definitivo. Y otra cosa, Gallardón volverá. No sé cómo, pero volverá. Esta gente lo deja hoy todo y mañana se convierte en Fray Luis de León diciendo, como decíamos ayer…

Alberto Ruiz-Gallardón. EFE
Don Alberto. Un día lo deja todo y se queda en paro, pero antes de que llegue al INEM ya ha encontrado curro a más 8.000 papeles el mes. Esta gente es asín de lista.


La guinda
También se fueron
Cuatro emitía hasta el viernes Ciega a citas, una comedia ligera, divertida y fácil de ver, protagonizada por Octavi Pujades, Álex Gadea y, sobre todo, Teresa Hurtado de Ory, que encarnaba a una chica que tenía que lograr el reto de tener novio y adelgazar para cuando su hermana se casara. El verdadero reto ha sido mantener a diario un producto que se consumía bien, pero no pudo aguantar sus bajas audiencias.