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miércoles, 6 de mayo de 2015

Maldeojos. Ni Águila roja



Ni Águila roja
(Artículo publicado el martes, 5 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      Esto es la repera, no sé si patatera, pero sí la repera, con permiso de la cueva oscura que Montoro y los de Hacienda saben que hay en su cloaca. Vayamos a por todas. Digamos que el regreso de Águila roja a La 1 ha sido la repera patatera, pero por lo ocurrido, por su fría acogida, por su rácana audiencia. Lo nunca visto. En temporadas pasadas Águila roja te hacía con la punta de la pluma más de cuatro o cinco millones de audiencia, con cuotas de pantalla que alcanzaban el 24º o 25%, una barbaridad que se quedó la semana pasada en un flojo12% de audiencia que habla de catástrofe, de lío en la casa, de pérdida de credibilidad de la marca TVE. ¿Es que antes era un buen producto y ahora ha dejado de serlo? No, Águila roja es lo que es, una buena serie para echar un rato con sus tramas divertidas, con sus personajes de tebeo. ¿Qué ha pasado, entonces?

       Lo de siempre. Que a perro flaco todo son pulgas. El día del regreso, el miércoles, es un día potente en la competencia, con La voz en Telecinco y la cada vez más interesante en su final Sin identidad, en Antena 3. Enfrentar la producción de Globomedia a esos gigantes ese día no es muy acertado, pero tampoco lo sería cualquier otra noche, es decir, hay que buscar otras razones. No ha perdido fuelle el producto. Ha perdido comba La 1. La cadena pública cerró el mes pasado con un 9’9% de cuota de pantalla, el peor abril de su historia, apenas unos puntos por encima de cadenas jóvenes como Cuatro o La Sexta. Aún así, en la televisión pública lo importante no son los datos de audiencia, lo que ocurre es que si los malos datos de audiencia no tienen que ver con sus productos sino con la marca en sí, lo que hay que revisar es el concepto de televisión pública.

El equipo artístico de Águila roja casi al completo en la temporada pasada.

domingo, 8 de junio de 2014

Maldeojos. Son millonarios



Son millonarios
(Artículo publicado el sábado, 7 de junio, en diarios de EPI PRESS)

     El millonario que salió en Millonario anónimo tal vez lo sea porque ha trabajado muchísimo, y lo digo sin ironía, lo creo de verdad. El millonario Diego Suárez, el primero del programa del jueves en La Sexta, es el dueño de un emporio dedicado a las bebidas del lujo, un iluminado de clase humilde que entendió a la perfección el espíritu de los ricos, y a ellos se dedicó porque los ricos necesitan demostrarlo, sentirse únicos, elegantes, y por eso Diego se inventó un cebo sofisticado, extravagante y hortera, y salió Vin Doré 24K, es decir, vino espumoso espolvoreado de oro. Vaya tela. La broma puede costar cerca de 2.000 euros, así que a bebida exclusiva no le gana nadie. Sobre esta esperpéntica cara de la condición humana, Diego Suárez se hizo de oro con el oro. 

       En Millonario anónimo, el millonario desciende a la vida y necesidades más pedestres. Y convive con enfermos, dependientes, familias sin recursos, es decir, carne de ONG. El objetivo no es claro. ¿Es para que los millonarios descubran que sus negocios van bien, como dice Rajoy, pero esa miel no llega ni de lejos a la gente común? ¿Es para que los millonarios suelten la guita que el Gobierno no suelta y tapen agujeros antes de volver a sus vidas exclusivas? Da igual. Millonario anónimo apela al sentimiento, y aunque me ponga de mala leche, funciona. Seguro que estos millonarios, como decía, han trabajado muchísimo. Pero a mí me gustaría que estos programas no existieran. ¿Qué tal si las grandes fortunas pagaran en relación a lo que tienen? El informe de Intermon Oxfam es demoledor. Pero Montoro se parte de la risa.

Diego Suárez fue el primer millonario que apareció en Millonario anónimo, el formato que La Sexta emite adaptado del programa original yanqui. La fórmula es la misma. El millonario se quita el traje, sale del despacho o del yate, se codea con los problemas reales, y luego se quita la careta, descubre quién es a la gente -necesitada- con la que ha convivido, y en un último gesto de millonario suelta una caridad. Más bonicos.