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viernes, 26 de mayo de 2017

Maldeojos.Qué vida



Qué vida
(Artículo publicado el jueves, 25 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Telecinco lo llama Viva la vida. Toñi Moreno, la presentadora, dice que es un programa de actualidad, y que tiene entrevistas, debates, música, y periodistas en cartera. La cosa se estrenó el sábado, no sé si con María Teresa Campos, desde el hospital, viendo con el rabillo del ojo cómo la Toñi le burló el puesto. Si un programa se dice de actualidad, y cuando te dan el listado de periodistas, o tienes la desgracia de verlo, y descubres que Antonio Rossi o Carmen Ro tienen asiento asegurado, lo tienes claro. Ahí huele a algo raro, rarísimo. ¿Actualidad? ¿De qué? Coño, de qué va a ser, gilipollas, si estamos en Telecinco. Por si hubiera duda, por si durante la semana no se hubiera hablado bastante de Supervivientes, en Viva la vida también tiene sitio la analista Belén Rodríguez, que da cuenta del último minuto de la inenarrable Gloria Camila y su Kiko, otro Kiko. Vi, que es a lo que voy, el programa. Bueno, un poco, un rato. Vale. No lo he visto. Sólo he visto algunos vídeos. Y juro por las zapatillas voladoras de la Toñi que no deseo a nadie que pase por semejante trago.

    Claro que es un programa de entretenimiento –como si En portada o La noche temática no lo fueran-, pero eso no es un salvoconducto para achantar la cabeza o preparar el gaznate y tragarte todo, todito lo que te echen. Que se case Risto Mejide, como él diría, me la trae al pairo. Que cante un etcétera que hace música -¿música?- salido de un espacio como La voz, que es a la música lo que una hamburguesa a la comida sana, no sólo me la trae al pairo sino que me saca de quicio. Eso sí, si usted vio Viva la vida, si se identificó con ese tipo de diversión, y se sintió feliz, usted es de Telecinco hasta la médula. Y no pasa nada. Bueno, salvo que se le va la tarde del sábado por el sumidero.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Maldeojos. Niños desechables



Niños desechables
(Artículo publicado el martes, 22 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Viendo el sábado en La 2 La noche temática no tenía cuenca para que mis ojos no se salieran desorbitados. No creo que tenga que ver con mi edad, que me pone sensible. En EEUU es posible adoptar un niño y más tarde poner un anuncio y deshacerse de él, o sea, traspasarlo como una mesa que no gusta, un sofá envejecido, una lavadora antigua. La cosa tiene un nombre rimbombante, yo creo que para que las cabezas no estallen de vergüenza y los legisladores puedan seguir a lo suyo, mirando sin remordimientos a otro sitio. La cosa se llama reasignación de hogar, es decir, la re adopción. La transacción es fácil. Un cortijo tiene más trámites para pasar de usted a mí que si me traspasara a un nene. Con que un abogado firme la transferencia parental es suficiente. Su hijo es mío al instante. Todo legal. En cuestión de minutos.

     La entrega de La noche temática se llamó, con toda crudeza y razón del mundo, “Niños desechables”.  Ver a estos críos de diferentes edades, incluso adolescentes de 15 ó 16 años, contar a cámara su experiencia, su dolor, su desolación y desesperanza porque hay algunos que han estado en tres, incluso en cuatro familias distintas, transferidos gracias a anuncios en Facebook o mediante empresas dedicadas a este mercado, te deja en un estado de perplejidad del que te cuesta salir. Uno de los momentos más dramáticos, más delirantes y más turbios vividos por los asistentes como se vive un día de feria fue la organización de un desfile, con pasarela y todo, de chicos y chicas a transferir ante las familias interesadas en ellos. Hay catálogos con el material expuesto. Todo legal. Todo inhumano.