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viernes, 15 de marzo de 2019

Maldeojos. Arranca en verde


Arranca en verde
(Artículo publicado el domingo, 3 de marzo, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Ni idea, ¿verdad? Se sitúa menos que el mesías con su caballo apatrullando la España en descomposición permanente en una reunión de mujeres con las ideas claras. Si hablo de Arranca en verde se sitúa menos que una preñada, que según el pollo Pablo Casado no tiene ni idea de lo que lleva dentro cuando el médico le dice, señora, cuídese, está usted preñada, no sé si me entiende. Pues bien. Allá vamos. Arranca en verde no es un programa cualquiera, ni siquiera es el programa de un partido ecologista, Arranca en verde es un programa de televisión que emite La 1 los domingos por la mañana casi al mismo tiempo que La 2 se pone la casulla y el cura, a ser posible asilvestrado, un pelín anticonstitucional, un pavo con ropajes dorados y boca tronante y envenenada, hace el publirreportaje de su negocio en El día del Señor, que el señor los perdone por hacer del domingo un aquelarre de poder y ambición en nombre del dios de los católicos, judíos y musulmanes a los que la tele pública les cede un espacio que no tienen ateos, agnósticos ni el tío de la cabra. Arranca en verde, aunque no lo parezca, en un concurso, así, como lo lee. Igual que Informativos Telecinco es un telediario presentado, entre otros, por el señor Pedro Piqueras, periodista, aunque no lo parezca, aunque parezca más bien un hombre espectáculo que presenta un magacín de sucesos y curiosidades –ahora está malito, con laringitis, haciendo de Piqueras Roberto Fernández-. Aunque no se lo crea, Arranca en verde lleva en las mañanas dominicales de La 1 tres temporadas, la primera y la segunda presentadas por Sara Escudero. ¿Quién, se preguntará usted? Sí, Sara Escudero, que formaba tándem ideal en Zapeando con sus colegas Anna Simón, Quique Peinado, o Cristina Pedroche, y que cada tarde, con su buen hacer, deleitaba a la audiencia, pero pareció esfumarse de la pantalla al abandonar el formato de La Sexta, caros errores sin apenas vuelta atrás.

Cotino y 13tv
     En su lugar, esta temporada de Arranca en verde la presenta Leonor Lavado, actriz, humorista e imitadora de personajes cuanto más cutres mejor, porque mejor los borda –véase por las mañanas en Arusitys, lo de Alfonso Arús en el despertador de La Sexta-.  Leonor Lavado, con su desparpajo natural, conduce el coche del programa que recorre las calles de la ciudad que visita con un concursante que responde a sus preguntas sobre seguridad vial y normas de circulación al tiempo que se fomenta la conducción cívica y el respeto al medioambiente. El domingo pasado Arranca en verde visitó Zamora. Sí, le puedo asegurar que existe. Es más, yo la visité de jovencito. Sin embargo hay quien no arranca ni en verde ni en rojo ni en negro sino con una rápida pasada por la jeta mientras se persigna en nombre del alto mandatario delos cielos, que siempre, siempre, está de su lado, y para que siga estándolo, nada mejor que echar leña al fuego en forma de espuerta generosa llenita de dinero. Hasta dos millones de euros invirtió en 13tv, la cadena de los pobres obispos, Juan Cotino, hombre de fe, de mucha fe y más cinismo e hipocresía, el valenciano de sonrisa beatífica, ex jefe de la policía con Aznar -¿le queda a este pelanas alguien que lo rozara y que no esté pillado, imputado, manchado?-  y ex presidente de las Cortes Valencianas. Según la OCU, y en torno al dédalo de la Operación Erial, el dinero metido en la tele de extrema derecha era más negro que el alma de este sepulcro blanqueado con sonrisita de muñecona lela. Y como ahora Todo es mentira arranca cada tarde en Cuatro con un Risto Mejide metido a Ferreras a ver si pita el nuevo intento, lo mismo confirma que va a ser padre que cuenta que los documentos originales de la caja B del PP acorralan, y quizá congelan, la sonrisa de rana de Esperanza Aguirre y la de hielo picado de Cristina Cifuentes, a la que la fiscalía pide tres años de cárcel por el caso de su falso máster, palabra horrible y endiablada de la que huye Pablo Casado en cuanto le preguntan los reporteros. Es escuchar máster, y el aprendiz de reconquistador sale cortando por la pantalla dejando una estela que de verde y ecológica no tiene nada.

Adiós a dos
     Por su parte, el desinformado Ramón Moreno, el hooligan del PP en la comisión mixta para el  control de RTVE, vuelve a hacer el ridículo. TVE manipula y se rinde a Pedro Sánchez, dijo cuando en la tele y radio públicas entrevistaron al presidente sin saber o, lo que es peor, a pesar de saber que el lunes, y también la misma “tele que manipula”, y el mismo entrevistador, Carlos Franganillo, presentador del Telediario de la noche, entrevistaba a Casado, quien llamó a los maltratadores “esas personas que no se portan bien”. Tócate la flor, Maripuri. Cada vez que sonríe el líder del PP se resquebraja un poquito la capa de ozono, un gatito muere, un hormonado de Mujeres y hombres se salta un semáforo, un concursante de Arranca en verde falla la pregunta sobre seguridad vial y Leonor Lavado no le da los 500 euros del premio. No es     extraño que ante personaje tan inmoderado y rancio y alejado de su forma de pensar, Celia Villalobos haya dicho hasta aquí y se haya bajado del coche con chófer gratis –vamos, Manolo, coño, que no eres más tonto porque no te entrenas- y ahora, fuera de la política, la política malagueña pueda jugar al Candy Crush sin abrir el sumario de El intermedio. Pero no, hay criaturas que nacieron para estar siempre ahí. Hemos perdido a una política que lleva en la cosa pública media vida, pero la tele ha ganado a una tertuliana, a una humorista, a una mari bocazas, pizpireta, pelín ordinaria que tiene asiento reservado en Espejo público con Susana Griso y quisiera tenerlo en Liarla Pardo, lo de Cristina Pardo en La Sexta, tal como se postuló ella misma en el último programa. ¿Será el último programa el que se emitió hace dos semanas de Samanta Villar en Cuatro? La cadena retiró la pamema La vida con Samanta por baja audiencia. Y de repente el cielo se hizo más respirable, como si Arranca en verde fuera el programa de cabecera de millones de conductores.

La guinda
Mamen y el periodismo
Este miércoles pasó por El hormiguero Mamen Mendizábal, y sí, además de divertirse, como hacen los invitados del programa de Pablo Motos, habló de lo que no debería de tratarse porque tendría que estar claro. Malos tiempos para el periodismo, podríamos resumir, porque hay políticos y medios, dijo, que hacen de la mentira, el bulo, y la media verdad una verdad repetida. La guerra en televisión es aún más encarnizada.

jueves, 26 de mayo de 2016

Maldeojos. Documental, género variable



Documental, género variable
(Artículo publicado el domingo, 22 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

      A veces me dan ganas de reír, y eso que el programa –atención, se llama docurreality, o docuserie, o docudrama- es de una seriedad que pretende ser pedagógica, aleccionadora. Pero a mí me da la risa. O una pena penita muy grande, tan grande como el ridículo de la satisfecha Barei, la señora que dijo en Estocolmo, segundos después de quedarse en el puesto 22, a cuatro puestos de la última, que era la enviada de dios y que sentía “el calorcito de la gente”. Si yo fuera ese dios la metía en el horno del infierno para saber lo que es el calorcito. En el plató, apoyando el fracaso, como quien ve un cosa que nadie ha visto, Anne Igartiburu la saludaba como habría que saludar a los médicos del Hospital General de Massachusetts, que le han trasplantado a Thomas Manning, de 64 años, el pene de otro varón ya que perdió el suyo por enfermedad. Pero no, saludaron a la perdedora Barei echando al suelo la alfombra de una adulación patética, como esos jurados que animan a la niñería a seguir así, “siendo como eres, no cambies”, que te espera un futuro brutal, decía Edurne, la que perdió el pasado año, o “no te preocupes, el futuro empieza ahora”, remachaba Ruth Lorenzo, que tampoco salió a hombros en Eurovisión. Hasta Chikilicuatre, sin el juego de pies a lo Lina Morgan de Barei, logró mejor puesto. Estas escenitas patrioteras me recuerdan, por lo falsas, al programa que me refería, Centro médico. Lo emite La 1 a diario ante unos 650.000 espectadores. No importa, si el producto tuviera un mínimo de calidad. No lo tiene. Al Centro médico lo llaman docuficción, pero no es ni documental ni ficción. Eso sí, te enteras de lo que es un antavirus –provocado por el virus del antas, transmitida por los ratones de campo a través de las heces, saliva y orina-. En España se han dado sólo un par de casos, dice el actor que hace de médico, cogido del mercadillo de los jueves de los actores en formación. ¿Sólo dos casos y ya tiene su docuficción el puto virus?

El perfecto facha
Sobreactuado, con textos dichos de carrerilla a ver quién termina antes, con producción penosa, recreando un ambiente hospitalario que es puro invento, Centro médico va a ser renovado por otra temporada. La idea es recrear casos médicos reales, pero el resultado es tan estrambótico que uno no sabe si es un centro médico o una fábrica de longanizas. Cuantas más, mejor. Si los médicos y enfermeras ejecutan su papel sin credibilidad, el apartado de los que llegan tosiendo, con dolores, o con la tez demudada es para echarse a reír. ¿Malos? Sólo falta que se oiga por lo bajini la banda sonora de risas enlatadas. Al contrario, uno que va perdiéndole el respeto a la cámara, y cada vez es más natural, es don Julio Anguita, que dice que no está para mítines, que no es el baúl de la Piquer, de doña Concha Piquer, dice él, que tanto viaje y tanta plaza le vienen grandes, pero que sí está dispuesto a apoyar “la confluencia”, y por eso hará pequeños vídeos –¿Anguita Yotouber?-, concederá entrevistas, o aparecerá junto a Pablo Iglesias, el artista, joder, me has emocionado, le decía el Coletas al Califa apretando los ojos para contener las lágrimas, pero cuidando de no salirse de plano, rodeado de cámaras y flashes, su medio natural, cuando hace unos días coincidieron en Córdoba calentando el 26J. Los de La Sexta no quieren perder comba en este nuevo docudrama al que España está abocada, una cadena, y programas como Al rojo vivo, El objetivo, o La Sexta noche, culpables de la vuelta a la política de Esperanza Aguirre. Lo dijo en el documental sobre el perfecto facha, sobre el cinismo y la hipocresía, que vomitó Telecinco gracias al encuentro sideral en Tu casa es la mía entre Bertín Osborne, el amojamado campechano, y la ultraliberal, que no cree que la política tenga que ser una profesión, ole su flor, dicho por quien lleva en política desde que echó los dientes de leche, dicho por quien lleva en política más de una plaga bíblica, la mentirosa compulsiva, la que vive de lo público desde que echó el primer polvo con su marido –un tío cañón que conocí en un campeonato de golf y con quien acabé jugando yo, le dijo a Bertín, mirando desde sus ojillos chiquititos, esos ojos suyos de picarona de derechas, que son las mejores-.

Panecillo consagrado
Tampoco sé en qué tipo de documental colocar la actuación de Paco Camps, el dolido, el apesadumbrado, el compungido. Llegó con corbata negra como una víctima más del accidente del metro de Valencia a la comisión de investigación de Les Corts que trata de esclarecer lo que pasó hace 10 años. Y dijo, sin abrir los brazos como el mártir que es, que desde el minuto uno estuvo al lado de los familiares. El cielorraso no se hundió, pero dejó claro que podría ser un actor del carajo en Centro médico haciéndonos creer que es un doctor de toda la vida. Jamás recibió como presidente del gobierno valenciano a los familiares de ese terrible accidente a los que despreció, a los que se quitó de encima por la vía expeditiva de ignorarlos con un aliado incontestable, Juan Cotino, su conseller de Agricultura, un tipo siniestro al que imagino mirar con arrobo morboso al crucifijo y escupir con asco al semejante que se interpone en su santa carrera, un menda con cara de panecillo consagrado cuya sonrisa es frío veneno. Ambos celebraron ante la comisión un sainete nauseabundo, la vieja táctica política de añadir dolor al dolor bajo el género de la docuprovocación, que tan bien supo manejar Canal 9 en sus años de oprobio. Veo a Laura Ballester, colega de Levante EMV, entrar en directo en La Sexta, para recordar que el periódico, además de la gota que puso Jordi Évole y su mítico Salvados, no dejó que la llama de la justicia se apagara del todo. Como queda claro en Las primeras 48 horas, docuficción policial que recrea casos criminales, las primeras 48 horas son fundamentales. En lo del metro han pasado 10 años. A ver si al menos, de haberla, a alguien se le cae la cara de vergüenza. Eso sí que sería un caso clínico para ver en Centro médico.

La guinda
Sublime rareza
Carlos López Otín, bioquímico, catedrático en la universidad de Oviedo, eminencia en el estudio del cáncer, habla con Iñaki Gabilondo en #0, la cadena de Movistar, en una de esas sublimes rarezas de la televisión llamada Cuando yo no esté. Es una tribuna para el sosiego y la reflexión, para quedarte embobado escuchando a estas eminencias apenas conocidas fuera de su mundo que retratan el futuro de la mano de Gabilondo.