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lunes, 2 de octubre de 2017

Maldeojos. Bombazo



Bombazo
(Artículo publicado el sábado, 30 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Hablar de guerra y de bombas es obvio. Hablar de una serie de televisión que se llama Tiempos de guerra, que emite Antena 3, y que se está convirtiendo en un bombazo ya es menos corriente, puede pasar, pero también puede no pasar que ese bombazo sólo sea uno entre los muchos que se ven y escuchan en la pantalla y no el que se le da de forma popular. Es un bombazo porque la serie está funcionando muy bien. Digo más, como se esperaba, está funcionando como se esperaba y para el público al que va dirigido. ¿A qué público? Tiempos de guerra se dirige a todo bicho vidente, como es normal en un negocio que no hace distingos porque su objetivo es el consumo de grandes, peques y medianos. Pero Tiempos de guerra sabe que el producto está pensado para enganchar al público femenino. Y funciona. Bambú, la productora que lo firma, lo sabe porque así lo ha venido demostrando en anteriores trabajos como Velvet o Gran hotel.

     La serie parece que va de una cosa pero, como ocurre con las historias de Bambú, va de otra. Nos sitúa en la guerra del Rif, 1921, en lo que se conoce como desastre de Annual, donde los soldados españoles mueren a manos de los sublevados liderados por el líder rifeño Abdelkrim. Así que sí, se ven bombas y heridos pero como telón de fondo de las historias de amor y dramas personales de “las damas enfermeras” enviadas al frente por deseo de la reina Victoria Eugenia para que atiendan a soldados y mandos. Como siempre, la producción es impecable, cuidada y al servicio de la trama, que funciona como un reloj, eso sí, previsible. Chicos y chicas guapos –me vuelve a chirriar la cara inamovible de Amaia Salamanca- para una historia de amor y sangre.

sábado, 23 de enero de 2016

Maldeojos. Mucho mejor



Mucho mejor
(Artículo publicado el jueves, 14 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      El martes estrenó Antena 3 la segunda temporada de Bajo sospecha. Mucho mejor que la primera, así de rotundo lo afirmo. De nuevo, una repentina desaparición, una muerte, y un foco sospechoso que cae sobre el cogote de un colectivo. En este caso en el ámbito hospitalario del policlínico Montalbán. Al centrar las sospechas en un lugar cerrado, la trama se desarrolla en un permanente sofoco, se hace claustrofóbica. Un montaje vivo, una cuidada planificación, esa luz fría de los hospitales, y el juego de miradas suben una tensión que en su primer capítulo mantuvo muy viva la atención del espectador. Al ser una serie que cierra sus temporadas con los casos resueltos ayuda a corregir errores de la anterior, si los hubiere. En esta segunda temporada no está Blanca Romero. Y no, no se le echa en falta, tan tiesa, fría, inexpresiva. Estaba ahí por la cosa de la tensión sexual.

      Repiten el protagonista, el peculiar policía Yon González, que da pasos de gigante como actor, incluso con mejoras de su no siempre adecuada dicción. Ese toque personal entre canalla, pasota, y buen corazón hace creíble las pullitas de humor que se dan entre la policía española y la francesa, que investiga, infiltrada en el hospital, cómo desapareció la hija del embajador francés. Bajo sospecha tiene un reparto sólido. Por si fuera poco cuenta con una de mis debilidades, Concha Velasco –un valor seguro que la productora Bambú, Gran Hotel, Velvet, Gran reserva, ha hecho suyo-. Y con Lluis Homar, actores  de miradas y silencios que llenan de interés cada plano. En las producciones de Bambú la música es otra protagonista, y Federico Jusid es su profeta. Jorge Torregrosa firmó el primer capítulo, con guión de Ramón Campos y su equipo. ¿Quién da más?
Friso con imágenes de los más destacados protagonistas de la segunda temporada de Bajo sospecha, que emite los martes Antena 3.

viernes, 20 de febrero de 2015

Maldeojos. Advertencia



Advertencia
(Artículo publicado el martes, 17 de febrero, en diarios de EPI PRESS)

       Una producción modesta no tiene por qué ser una traba. Esta noche se estrena en Antena 3 Bajo sospecha, una serie modesta pero de factura y resultados más que aceptables. La vi cuando en el FesTVal de Vitoria se estrenó el primer capítulo, el que esta noche verá la audiencia. Es una producción de Bambú, dato importante porque si esta productora está detrás de una serie el resultado tiene que ver con el mimo y la calidad. La aclamada Velvet o Gran Hotel son productos de Bambú. Bajo sospecha cuenta la historia de cómo en un segundo la vida da un vuelco y todo cambia. Una familia celebra la comunión de una niña. Pero cuando se van a hacer la foto de grupo, la niña ha desaparecido. Ese es el dramático arranque. Cualquiera de los adultos de la ficción es sospechoso.

       También los padres, los tíos, los abuelos. Recuerda en este aspecto, como es lógico, a la excelente serie británica Broadchurch, que también emitió Antena 3. Para investigar el caso llegan al pequeño pueblo dos policías jóvenes, Víctor y Laura, quizá demasiado jóvenes, sobre todo en el caso de él, Yon González, que ni con barba disimula su carita de crío, y Blanca Romero, supongo que las concesiones “guapas” que hay que hacer para que un producto tenga tirón popular. En este aspecto Bajo sospecha nada tiene que ver con Broadchurch, que apostó por actores maduros, poco conocidos, sobrios, y de una excelencia apabullante. Al reparto se suma, entre otros, Lluis Homar en el papel de comisario, el único que sabe que Víctor y Laura son policías que se hacen pasar por una pareja de enamorados. Advertencia. Bajo sospecha engancha si te descuidas. 

Foto casi de familia de Bajo sospecha, que el FesTVal de Vitoria estrenó en primicia. El resultado es más que aceptable a pesar de ser una producción de mediano coste. Sin embargo, la señora de rojo, Blanca Romero, que hace de poli junto a Yon González, chirría más que la carreta del malo. Pero me quedo con lo positivo, y lo positivo es la apuesta de Antena 3 por la producción nacional, por el tejido laboral que se crea con series como la de Bambú Producciones. En el otro extremo ya sabemos lo que hay, una Telecinco volcada hacia el abismo más cutre y chabacano.