Mostrando entradas con la etiqueta David Muñoz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Muñoz. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de abril de 2017

Maldeojos. Hasta el gorro



Hasta el gorro
(Artículo publicado el martes, 18 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Hasta el gorro de programas con aspirantes a cocineros, como hasta las amígdalas de los programas de aspirantes a cantantes, sean críos, jóvenes, o provectos señores y señoras que a la vejez, viruelas. El tribunal de la Inquisición de Masterchef ya se ha instalado, otra vez, en La 1, y sin apenas dar tiempo a ventilar las cocinas. Veo a sus miembros la noche del domingo sentados en taburetes para decidir a quiénes se les corta la cabeza y a quiénes se les echa al pescuezo el delantal que les abre las puertas de un futuro que todos desean repleto de estrellas, pero Michelín. En paralelo, a la misma hora, cambio de canal, me voy a Cuatro, y me estampo con la cresta de David Muñoz, que se mueve como una soprano, diva y zafia, entre los cocinillas de su restaurante en Londres. En la segunda edición de El Xef –es así, con equis, no hay que darle más vueltas- el joven cocinero ha empezado a hacerme gracia.

      Si lo descontextualizo, igual que ellos deconstruyen el potaje de lentejas o la tortilla de chipirones, me mondo. Porque cuando el tal David, seguido por la cámara, dice a grito pelado, “vamos, ya, la puta gamba, ya”, no veo a un cocinero sino a una folclórica muy honda metida en su papel dramático, siempre con su puntito de histriónica ordinariez. Él es un genio, “ostia, y estoy loco, esto es una puta locura, joder”. ¿Ven? Él quiere hacer cosas “que no se vean en ningún sitio del mundo para que sólo se parezcan a mí”. Vale. Suficiente. Vuelvo a Masterchef, donde ya están elegidos los 16 del patíbulo. El guapo, la vegana, el mongol, y Edurne, la abuela. Haciendo un plato fallido me da la palabra justa, “la hemos cagao”. Y otra cosa, Jordi tiene la borraja más larga que Pepe.

viernes, 7 de abril de 2017

Maldeojos. Jugando con las estrellas



Jugando con las estrellas
(Artículo publicado el domingo, 26 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Es la bomba, una algarabía que no cesa, es el Chiquito de la Calzada del humor, es el anuncio del dentífrico que te pone los piños más blancos que la cal, es la ternura en plan carne viva, es todo eso y mucho más, es La 1, es el sábado noche, es Jaime Cantizano y es Jugando con las estrellas, ay, qué risa más tonta. No lo estoy explicando bien. Que lo haga el presentador, que para eso le pagan. Jugando con la estrellas es famosos que se quedan con el culo al aire ante las verdades que cuentan los peques de la casa. Las intimidades, comportamientos, manías, lo cuentan todo, y ya sabemos que los niños siempre dicen la verdad. Pero, sigue el presentador con los dientes chorreando cal, ¿merece la pena tanto esfuerzo? Sí, se contesta, porque ellos vienen a conseguir dinero para la ONG que hayan elegido –o sea, que Jugando con las estrellas por tener tiene hasta su poquito de solidaridad-. Pueden ser… silencio dramático, expectación máxima, más de 10.000 euros para esa ONG, y mientras lo dice eleva el tono de la voz como el político eleva el tono de la voz para cerrar la frase –y beber agua- indicando al público que es ahí donde hay que aplaudir, gritar, quizá rugir. O votar. Como este domingo, ya sin tonterías del tipo “no toca”, “estoy en Andalucía y esa es mi prioridad”, “no tengo más ambición que la de mi tierra”, “quiero un PSOE unido –tras meterle cuchillitos en los ojos-”, como este domingo, digo, saldrá a la pista Susana Díaz para presentarse a las primarias de su partido, que también ha iniciado su particular Jugando con las estrellasPedro Sánchez, Patxi López, y la mentada, muñequita con su leco de andaluza que exagera el tono y los dejes como una tonadillera que mueve sus manitas y sus labios al son del viejo zorro Felipe González, esa señorona que fuma puros, pasea su vesania en yate y compite con Aznar a ver quién suelta la majadería antisocial más gorda, que las señoronas de derechas se ponen resabiadas a ver quién se lleva al catre al primer Vargas Llosa que se tercie-. Con estrellas así no hacen falta niños en el plató.

No, hombre, venga
     Una estrella que no puede faltar en esta página porque el tipo se lo curra con ardor más que guerrero es Mariano Rajoy. No me negarán que no es una criatura nacida para esto del entretenimiento. Lo mismo podía estar en lo de Jaime Cantizano que en lo nuevo de Jorge Javier, ese viejísimo producto que ahora emite Telecinco la noche del sábado diciéndole que es de Luxe. Ningún programa es de lujo si aparece Sánchez Dragó. No hay programa de lujo donde esté Jorgeja, lo produzca La fábrica de la tele, lo emita la cadena gorda de Paolo Vasile, y trate de resucitar a la momia pestosa de La noria, gran hermana del periodismo cutre que sustituye a Belén Esteban y a otras maris de Sálvame por polemistas profesionales, dispuestas a ocupar la trona de María Patiño y la de Mila Jiménez en nombre del debate serio si esas polemistas son Pilar Rahola y Paloma Zorrilla, las Eduardo Inda y el Paco Maruhenda del negocio sabatino. La feligresía más adicta de la casa quiere ginebra de garrafa, agarrones de verdad, sangre y vísceras, así que no me venga Lucía Bosé con sus pelos azules poniéndose intensa ya que no hay dios que aguante tanta hora de televisión que aspira a los buenos modales pero con los albañiles de siempre. Pero insisto, en cualquiera de los espacios mentados quedaría bien la presencia del presidente del Gobierno. Está tardando Javier Cárdenas en hacer del vídeo de Mariano contestándole al periodista de la BBC un vídeo viral. Es muy grande este hombre. En Hora punta daría el campanazo. En El Intermedio, y sin manipular ni puñetas, levantaría al público del plató y dejaría tirado en el sofá al de casa. Sólo a un lumbreras como a Rajoy se le ocurre contestar, cuando el periodista británico Nick Eardley le pregunta sobre el Brexit, “Bueno… No, hombre, no vamos a tener… venga”, saca media lengua, señala con la mano a otro periodista y hasta luego, Lucas. Este hombre sabe de qué va esto.

Yo, yo, y yo
     Y en este cielo estrellado de clásicas glorias irrumpe un niñato, el cocinero David Muñoz, marido de Cristina Pedroche. Se hace llamar Dabiz, con b y con z, qué pasa, tío, y no necesita a nadie para jugar con estrellas porque él es la estrella, la única del firmamento. Él sólo juega consigo mismo. Volvió a Cuatro esta semana con el El Xef  -no dice chef sino xef, no llama a su restaurante Diverso sino Diverxo, no firma como David sino como Dabiz- y demostró que su ego ha seguido engordando tanto como su negocio, que ha abierto sucursal en Londres, tal como se vio en el estreno de la segunda temporada. David Muñoz es tan original, tan dios, tan de todo, tiene un ego tan cebado porque así son los niños terribles, que se embola en un programa donde se ensalza la alta cocina, la cocina de autor, el refinamiento culinario, y luego te das cuenta de que tal programa está patrocinado por una marca reina de cocina basura, de cocina de rancho, puaff. Para promocionar su vuelta, el cocinero canalla, el cocinero malote, el niño divino, se pegó tatuajes en su lomo, se puso dientes postizos de metal dorado,  se pintó los ojos con maquillajes de bufón de barrio, en fin, que él no juega con otras estrellas porque la única de su firmamento es él. Reconociendo su capacidad de trabajo, sus arreos para la lucha, me empacha. El ego de algunos es más pesado que el hígado de pato en vena. Pero hay veces en que el ego está más que justificado. Vean si no el polvo levantado por Risto Mejide cuando el martes, ante la final de Got talent, abandonó el plató cuando vio que llegó hasta ella El Tekila, estrambótico señor que representa la entronización no del talento sino de la payasada, para humillación de los verdaderos talentos. Edurne, Jorge Javier Vázquez y Eva Hache son cómplices de esta burla. Se empieza así y tenemos a Rajoy como presidente, vino a decirle Risto a Santi Millán, presentador de Got talent, que lo persiguió por los pasillos al estilo Sálvame cuando sus divas dan la espantada. Hay juegos con estrellas que son muy peligrosos.

La guinda
Censura
Me da igual lo que haga un ciudadano con su vida privada siempre que no afecte a otras personas si éstas no quieren, faltaría más. Pero si el ciudadano es el rey de España, y en su momento el Jefe del Estado, como Juan Carlos de Borbón, los asuntos de cama son de interés público y TVE no puede ocultar esa información como viene haciendo con el último escándalo real de unas grabaciones amorosas del bragueta brava Borbón.

viernes, 22 de enero de 2016

Maldeojos. El xef



El xef
(Artículo publicado el martes, 12 de enero, en diarios de EPI PRESS)

      En las promociones que Cuatro venía haciendo para anunciar el estreno de su nuevo programa sacaba a un tipo con el torso al aire, así, como musculoso pero sin pasarse, y tatuado, así, muy tatuado pero sin ser un macarra integral sino sólo parecer un macarra que acude al gimnasio un rato, el mismo tipo que mira a cámara como enfadado, como retando, como el chulito del barrio que, seguro, no es tan fiero como lo pinta… la tele. El programa está dedicado a un joven tan heterodoxo y tan, tan transgresor que se llama David pero como es tan, tan genio hace escribir su nombre así, Dabid Muñoz, con b, ¿qué me dicen? ¿Acaba aquí la transgresión, la heterodoxia, su radical punto de vista sobre la vida y el negocio? Ni mucho menos. El programa se llama El xef. Ya, también tengo los ojos así, ójipláticos –no está en la RAE, pero es que soy muy transgresor-.

      Como Cuatro, transgresora que te cagas. Ahí está Adán y Eva –los del nardo al aire-, Un príncipe para.., ¿Quién quiere casarse con mi hijo? o Cuarto mileno. ¿De qué va El xef? ¿Saben de qué iba Alaska y Mario? Pues lo mismo, pero en serio. Es decir, va del día a día del reconocido cocinero en los fogones de, atención, más transgresión, DiverXo, su restaurante.  Jo, la pera. Es que es el niño terrible de la cocina española, y no, eso no se puede remediar, a ver si lo entienden. Fíjense si es malote y canalla y tiene un espíritu libre, como echarle o no chorizo a las lentejas, que en fin de año, por apoyar a su esposa Cristina Pedroche, la que apenas se tapó el alfajor con cristalitos, lo dio todo y casi enseña su flauta poniéndose las transparencias que se puso Cristi en las campanadas de 2014. Dicho esto, vean El xef. Es un buen programa que habla de esfuerzo y sueños.
Soy tan radical, tan malote, tan genio, que no puedo dejar de hacer estas cosas, es que tengo un bulle bulle que me tengo que pintarrajear falsos tatuajes para demostrar que soy un canalla, un niño terrible y eso, ya sabéis...

viernes, 17 de abril de 2015

Maldeojos. Cocina y amén



Cocina y amén
                           (Artículo publicado el domingo, 12 de abril, en diarios de EPI PRESS)

       Cuando los niños Mauro y Martina desfilaron por el patio de butacas del abarrotado teatro Romea de Murcia durante la gala de clausura del FesTVal, el público los aplaudió como si fueran actores de la serie más vista. Pero no. Mauro y Martina son, sólo, concursantes de MasterChef Junior 2. ¿Sólo? Los niños alcanzaron el escenario para hacer el número previsto junto al presentador, Luis Larrodera, y el cocinero murciano González-Conejero. Hicieron el paripé de cocinar una torta de chicharrones, delicia que parece dura y resulta ser un dulce con sabor a canela. Hace años este numerito no se hubiera producido porque nadie aplaudiría a dos críos que no hubieran pasado por los platós que buscan talentos musicales o cualquier otra aberración alimentada en los despachos sin alma con la febril colaboración de los papás, dispuestos a todo con tal de ganar el futuro, incluso negando el presente infantil de sus vástagos. Pero hoy sí. La cocina y sus circunstancias se han convertido en espectáculo. Así es desde hace varias temporadas. Antes, la cosa de los fogones era cosa de Karlos Arguiñano y sus colegas, que poblaron cada emisora con espacios en donde el cocinero, con más o menos gracia, elaboraba un plato para que tú lo hicieras en casa. Pero llegó a La 1 MasterChef y lo cambió todo. Fue un auténtico bombazo. De audiencia. De audacia. De entretenimiento fino y elegante. El público y la crítica coincidieron. Masterchef es un concurso para descubrir al mejor cocinero, pero no sólo eso. MasterChef crea valores, apuesta por el esfuerzo personal, por el trabajo en equipo, ensalza la comida sana, respeta la tradición culinaria de abuelas y mamás, y da un paso más para mejorar esas delicias.
Atrae o repele
El martes empezó la tercera temporada del programa, que mantiene a su jurado habitual. Pepe Rodríguez, la voz cantante y el ogro venido a menos pero llegado a más en empatía y credibilidad, Samanta Vallejo-Nájera, que se mantiene en un lugar que parece frío pero vas descubriendo una implicación sentimental muy notable, y Jordi Cruz, el niño de los huevos de oro que a veces saca una vena guerrera y seca que te deja patidifuso. Lo hacen bien. La elegante puesta en escena, el sabio montaje, los exteriores que airean el sofoco del plató, la llegada de invitados a la mesa, las pruebas, el discreto reflejo de las relaciones personales, que jamás llega a la vulgaridad del trato que da Telecinco a este tipo de convivencias, y ver desde casa cómo ese aspirante a mejor cocinero va creciendo hacen que aunque no tengas alma de chef lo veas sin prevenciones. Antena 3 sacó un gemelo, Top Chef, que, apostando por la misma idea, tiene un matiz. Importa mucho la selección de aspirantes porque en Top Chef hacen de las relaciones personales materia de programa. No es lo fundamental, pero importa, es parte del espectáculo –recuérdese en la pasada edición la trifulca, de mal gusto a veces, entre el valenciano engreído y maniático Carlos Medina y el catalán engreído y maniático Marc Joli-. También Top Chef tiene el apoyo del público. El tirón popular de Alberto Chicote, cabeza visible del jurado, con Susi Díez y Yayo Daporta, aporta al programa una chispa personalista con dos caras, o te atrae o te repele. A este chef panzón de camisolas de colores estridentes, y que tan bien imita Berto Romero en El aire, el nocturno de La Sexta, no sé si le dará tiempo a cocinar en su restaurante, pero viene a demostrar que la cocina y sus alrededores interesan a la audiencia en sus casi tres programas sobre ella.  
¿Emplatar?
Cuando Alberto Chicote visita un restaurante en su calidad de eminencia no sólo del fogón sino del negocio para presentar Pesadilla en la cocina es como viajar a la parte oscura, al lado salvaje, a la otra orilla, igual que si te pones a ver el programa de recetas Robin Food que presenta como un cascabel David de Jorge, que no le hace ascos a lo que él llama “guarrindongadas”, recetas que de vez en cuando traspasan la línea de la comida equilibrada para zambullirse en el reino de la hamburguesa pecaminosa capaz de hablarle de tú al colesterol, del bocadillo gigante con pancetas y chorizos grasientos, y venderte la moto como te la vende un cura, como si te hiciera un favor. Por si fuera poco Alberto Chicote, también alrededor de la comida, terminó la semana pasada las dos entregas previstas de El precio de los alimentos en La Sexta. En dos semanas trató de explicarnos los intereses, cambalaches, sucesos, manejos, casualidades o complejas relaciones de alta política que influyen en el precio del arroz, los huevos, el pan, las patatas o el café. Este universo culinario es una explosión reciente, una especie de burbuja catódica que si revienta será por cansancio, por agotamiento. Hoy ser cocinero o, mejor, chef, tiene connotaciones que hasta hace nada no tenía. Ser chef da un toque de distinción y talento, incluso un irresistible poder de atracción sexual, como lo tiene un futbolista, guapo o feo, y si no, fíjense en David Muñoz, un treintañero de pelo rapado y cresta de gallo peleón, de culo firme y hechuras de chulo de barrio, con tres estrellas Michelín y novio de Cristina Pedroche. ¿Todo es magnífico y rosita en el mundo chef? No. ¿Desde cuándo conocen la palabra emplatar? ¿Qué nombre es ese? La RAE ha tenido que reaccionar urgida por su uso y la tiene prevista para su vigésima tercera edición. Cuando en la tele usan la palabra emplatar se le está añadiendo a la comida, al plato, un toque teatral, operístico, a veces bufonesco y, en ocasiones, altas dosis de magia y truco, pura estafa. Se sirven, señores y señoras. Los platos se sirven, no se emplatan. En casa se echa más comida o se disimulan las verduras para los niños, pero por Santa Elena Santonja, nadie emplata. Se siente, Ferrán Adriá y Cía, pero el verbo emplatar es una aberración lingüística. Y una pedantería conceptual. Y ahora, hala, como diría Paco León, cocina y amén.

La guinda
La reina
En un tiempo de princesas del pueblo incultas, abotagadas, ordinarias y aviesas, llega Isabel Preysler y conquista de nuevo al pueblo que tanto la denostó. En El hormiguero enseñó su mejor cara –literal, recuérdese que pidió a Pablo Motos que le dejara su sitio para “que se vea mi lado bueno”, como hacía la pilla Sara Montiel-. La viuda de Boyer es la reina que todas las teles llevan años disputándose. Ella prefirió unas hormigas.