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miércoles, 18 de abril de 2018

Maldeojos. Los misterios de Íker


Los misterios de Íker
(Artículo publicado el domingo, 15 de abril, en diarios del grupo EPI PRESS)

     Siempre que pienso en él, pienso en ellos, en el tándem, en la pareja, en la sociedad anónima del estrambote del misterio misterioso, en las risas que se echarán a costa de lo que “no tiene explicación”, que en la pantalla queda monísimo a poco que montes un plató a medio gas de luz, los carpinteros del programa te hagan con dos contrachapados un ataúd y los pintores le den una mano de tinte para envejecer, metan unas calaveras compradas en el chino, pongan unas telas de araña enredadas a unos palos secos, y el presentador se ponga tieso, firme como la pata de una garza, ahueque la voz, invite a un experto en el más allá traído al más acá, y se líen a sacarle punta al cadáver de mentira que emula al de verdad de hace miles de años. Yo creo que se mean, perdonen la traca, se orinan vivos en casa mientras apuran el desayuno antes de llegar al despacho en Cuatro, o en la productora, o en la barra del bar donde se inventen los guiones de la siguiente entrega dominical de Cuarto milenio.  Íker Jménez y su esposa Carmen Porter, la señora de piños estentóreos para morder mejor las trolas que defiende en el programa que ya dio pistas del afán de la cadena por erigirse como representante del espíritu “friquista” de la misma, de la extravagancia que la define, se lo tienen que pasar pipa. En privado se descojonarán para luego sacar lo mejor de su registro dramático cuando graben el programa y no esturreen la carcajada al hablar de lo que hablan. Es decir, a Cuarto milenio, como el otro iba llorado o follado al plató, ellos van reídos. Yo también lo haría. Me tomaría muy en serio esta broma de programa que Íker Jiménez, todo un misterio en sí mismo, no duda en calificar casi de científico porque alardea de que a su llamada acuden no vulgares echadores de cartas, no chusma del esoterismo televisivo sino gente de investigación y ciencia.

Vestida de boda
     En la última entrega, para demostrar con hechos lo afirmado, llevaron al plató a un chico de Algeciras que contó su caso. Repantigado en el asiento contó con mucha pachorra que cuando una noche a las tres de la madrugada volvía a su casa, y parado en un semáforo, vio a unos metros a un par de niñas vestidas con ropas que no eran de esta época. Mientras contaba lo visto, el programa emitía un vídeo dramatizado. Y en efecto, allí estaba el chico en su coche, el semáforo, y dos niñas con blusones blancos del tipo la niña de la curva mirándolo fijo, con ojos neutros, una recreación infantil a la que Carmen Porter sacó leche de una vaca seca durante quince minutos de tontuna. Eso sí, ella iba vestida como para una boda con ambiciones en barrio obrero. Me encandiló su traje chaqueta de raso verde dominguero. No llegaba a madrina de la ceremonia pero la escena me arrobó porque vi ciencia por todas partes y ella manejó la situación como si trasegara con hallazgos de primer nivel lo que, seguro, sin género de duda, podía ser sólo el efecto de una noche de farra juvenil. Si vas hasta el culo de cosillas para la risa eres capaz de ver lo traspuesto. ¿Va Carmen así al curro? No, estoy seguro de que no. Lo cierto es que sin cambiar de traje, en una sección dedicada a las fotos que envía la gente, se aprecian dos cosas. Una, el traje de raso verde, en planos generales tomados desde atrás por el realizador, es matador. ¿Quién la viste? La nave del misterio tendría que tomarse en serio la investigación. Y dos. Ver a un extraterrestre en las fotos que la gente se hace en semana santa cuando las cofradías sacan sus estatuas a la calle no es ningún misterio. Todo es marciano ahí. Escuchar a la ayudanta de la nave elucubrar sobre el extraterrestre de la procesión es descacharrante, de verdad, estáis flipados.

Todos culpables
     Por su parte, el jefe de pista, don Íker Jiménez, viste como para una boda de colegas que pasan de las bodas, y por eso aparece con pantalón vaquero, zapatillas caras de deporte, chaqueta del montón, y camisa desabrochada, y eso que el piloto de la nave misteriosa se reserva no la farfolla del programa sino el corazón, el hígado y los riñones, temas donde da cabida a contenidos que podían ser de la sección científica de El hormiguero –habla con Santiago Camacho de realidad manipulada, de caretas digitales por las que personas anónimas pueden suplantar a personajes reales en acciones punibles de todo tipo- o de crónica rosa –habla con la escritora holandesa Hagar Peeters de Malva Marina, hija de Pablo Neruda, caso que Íker transforma en un expediente X, en un misterio sin serlo-, o da pábulo a escenas del tipo pareja periodística a lo Pimpiniela de buen rollo haciendo de Ana Pastor y Antonio García Ferreras pero en vez de política hablan de sus momias fetales, de momias normales, de fetos extraterrestres, y de que se toman con humor y sorpresa las críticas que hacen “los que no creen en el misterio”, en fin, escena muy tierna la de ambos ante un atril de metacrilato en tertulia profesional marital unidos por su amor al misterio. Me los como. Cuarto milenio derrocha medios. Tiene un plató que ya quisiera para sí Sálvame, versión de lujo o de mercadillo. Pero ni por esas, durante el programa no hay dios que se ría. En esa nave hay que tener un rictus apretado, vamos, seriedad de cementerio. El día que alguien los pille riendo será como el día que se encuentre el trabajito de fin de máster de Cristina Cifuentes, donde no, Íker, no mandes investigar que aquí todo está claro, en serio te lo digo. No hay misterio ni leches. En el PP lo saben. Hemos visto cómo en las últimas horas reciben a Cifuentes con aplausos. Pero no porque sea inocente sino porque ahí casi todos son culpables -¿es así, Pablo Casado, el último cazado? A estas alturas, de Cristina Cifuentes lo único verdadero y auténtico son sus vestidos y sus bolsos. Llegados a este punto, querido Íker, campeón, me bajo de la nave del misterio. Suficiente. En el fondo sé que sois unos tipos cachondos y os debéis a vuestro público, que entiende el juego. Hala, que no se mueva un misterio sin que vosotros le deis caza. Qué grandes.

La guinda
Obscenidad
La asesina confesa del niño Gabriel Cruz, Ana Julia Quezada, envía una carta a Ana Rosa Quintana –¿posterior al cuestionario que el programa envía a la encarcelada?-, carta de 58 líneas que el magacín usa de cebo durante la mañana dosificando la misiva, entresacando titulares, jugando con la audiencia y enviando el periodismo al último rincón del planeta. Sordidez, sensacionalismo barato, y obscenidad con el dolor ajeno.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Maldeojos. Cuatro y los freaks




Cuatro y los freaks
(Artículo publicado el domingo, 1 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     Que me meo, que me meo, niño, dónde hay un váter, que me meo vivo. La frase podría decirla cualquiera entre amigos, pero se la escucho a un Chunguito, cuya estela, como la de Mario Vaquerizo, parece no irse de nuestro lado pase lo que pase. Ahora vemos a estos tipos, a los hermanos Salazar, en Cuatro, en Los Gipsy Kings haciendo tontadas de tontos sin fuste, dejándose guiar por los guionistas, y ellos, en este ocaso dorado de su carrera finiquitada y patética hacen el payaso creyéndose el jaleo que provocan. Creo que está claro. Los Chunguitos forman parte de Los Gipsy King por gitanos, a los que la cadena de Mediaset, entregada a la causa de la igualdad y el respeto a la diferencia y la diversidad cultural y esas cosas, dedica la noche del domingo. ¿Haciendo reportajes que retraten la realidad de esta etnia, haciendo reportajes o entrevistas para denunciar que algunos reportajes y entrevistas y programas y magacines se fijan en los gitanos no para hablar de lo que nos puede unir sino de lo que nos separa, y además para reírnos de sus diferencias? No. Haciendo Los Gipsy King o reponiendo después, para que no decaiga la carcajada, Palabra de gitano. Es decir, puro Cuatro. Si me pongo el tanga se me sale el “miembro civil” porque lo tengo muy grande. Esta frase la podría haber dicho alguno de los zoquetes que la cadena explota en ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, en Gandía Shore, Adán y Eva, o en la serie de los tarados Gym Tony, donde no hay nadie que represente a la parte de la sociedad que no tenga “algún defectillo”. Pero no, si me pongo el tanga se me sale el miembro civil porque lo tengo muy grande lo dijo uno de los chungos. Y en verdad aquella imagen de aquel tipo en tanga era perturbadora. ¿Qué pintan estos gitanos en Los Gipsy King? Nada, carne de negocio. Puro escarnio. Gente bruta, zafia, barata, haciendo el ridículo por dinero.

Ay, payo, que con este tanga me se sale el miembrio civil por el lao, que lo tengo mú grande. Es el nivel, el top de los chistes de estos pájaros a los que se les premia su ignorancia. Cuatro se ha convertido en la aplicada aprendiz de su hermana mayor. Y lo hace como dios. ¿De verdad que alguien tiene agallas para aguantar este tipo de imágenes y a este tipo de elementos?



La Rebe y las otras

       Hay otras familias de gitanos en el programa, y cuanto más salen, más socaban su imagen, más hunden al pueblo gitano. En la última entrega de Los Gipsy King La Rebe, una adolescente de 15 años que parece una meretriz buscando clientes, asiste a una lección al aire libre, como hacían los filósofos griegos, donde las gitanas casadas la instruyen en el arte del matrimonio, es decir, sometimiento y punto en boca. Cuidar al macho para que el macho de la casa esté servido como un marajá y ella dispuesta a lo que haga falta, que para eso es mujer, y siempre arreglada, “que tu marido te vea guapa” y no busque en otras lo que tú tienes que darle. En fin, da asco. Claro que esto es así, pero el programa se mantiene en una equidistancia vomitiva. Ni una pizca de crítica, ni una sola gitana que piense de otra manera, nadie que advierta de que eso hay que cambiarlo, que es denigrante, que en este país, payos o gitanos, están amparados por la igualdad. No sacan el contrapunto de alguna asociación de gitanos con estudios, sí, lo digo así, con destacado, porque los que sacan son medio analfabetos, niñas que cuyo sueño es “ronear” y buscarse un buen partido, mocitos calavera a los que jamás se les ve yendo a clase o cogiendo un libro, pero sí ejerciendo de machos alfa del clan, putitos y chulos. Una pena. El resto de estos “reyes gitanos” de pandereta para diversión de payos es igual de lamentable. Forman parte de las trazas y sello de la cadena, de su apuesta por los personajes extravagantes, y como tales, y desde ese criterio, Cuatro se ha fijado en los gitanos como se podía haber fijado, o se fijará, en otros grupos, en otros monstruitos. Ustedes me dirán que hay que tomarse las cosas menos en serio, a broma, que estos programas no hacen daño a nadie, que tratan de acercar la realidad de una etnia, de un grupo, de un pueblo y sus costumbres, a los payos para comprenderlos. Ja. ¿Así? 


Es la Rebe. Gitana. 15 años. Es medio analfabeta, pero ya posa como una meretriz con aspiraciones. Es la imagen que Los Gipsy King da de los gitanos, una vergüenza sin paliativos.


El caloret

      Cambio de película. ¿Cambio de verdad? Veamos. Se ve un hombre que en vez de pies parece que tiene zarpas, a otras dos criaturas que comparten la misma cabeza, a una mujer que camina sobre cuatro brazos. Son diapositivas proyectadas en la pantalla. De repente irrumpe un señor en la oscuridad del plató que camina bien, erguido, y no parece que tenga dos cabezas, cola de león, o vomite espumarajos ni hable en lenguas. Dice que la luz del proyector rompe la oscuridad del entorno de este lugar donde se viaja en el tiempo en la nave del misterio para ver en la “vieja pantalla una historia nueva con códigos antiguos pero que revela elementos no conocidos”. Habla rápido, como atropellado, comiéndose las sílabas. Al final, como redondeando la escena, dice que todos hemos oído hablar de los freaks, es decir, cuando la naturaleza comete errores y se da una especie de aberración desconocida, fascinantes para muchos, se anima él solo, recuerden el caso del hombre elefante, aceptado por la gente de su tiempo, como ocurría aquí en España con los circos ambulantes que recogían a esta gente y así podían comer, gente considerada monstruos, como el hombre que vamos a ver, el hombre de las dos caras, que llegó a decir que tenía un diablo pegado a la nuca… Basta. Está claro. Cuarto Milenio va hoy de freaks, de monstruos, de gente zumbada, rara, charcutería propia de Mediaset, la especialidad de Cuatro. Quien habla es Íker Jiménez, que da paso a una señora, la suya, Carmen Porter, para que “amplíe los datos de esta historia real”. Y ponen la foto del pobre hombre, del monstruo, del freak. Acostumbrados los espectadores a un programa tan riguroso y cabal, uno, que es un recién llegado, echa en falta en la lista de freaks y gentes de la carreta al propio Íker, el hombre que se pone hasta el culo y flipa con una nave que no es nave y habla de majaderías sin cuento. Tampoco saca a santa Rita, Rita –Barberá-, monstrua fallera, lo que se bebe no se quita, le dijo Andréu Buenafuente, otro monstruo, ni a Rouco Varela, que se gasta 500.000 euros de nuestra saca para arreglarse su pisito de pobres en zona in de Madrid. Viva el caloret, vivan los freaks, viva Cuatro. 

Sin comentarios. Esta señora es la alcaldesa de Valencia. ¿Freak? Eso y algo más. Pero seguro que le lloverán los votos. Viva el caloret del votet del valencianet pa mi coñet


La guinda

3.000 millones
Lo hemos visto y leído. Endesa ganó el año pasado más de 3.000 millones de euros. Lleva razón Mariano Rajoy. Hay que hablar de la crisis en pasado, como hizo sin el más mínimo asomo de piedad en el debate del estado de la nación. En paralelo, lógico, algunos programas y tertulias recuerdan que millones de familias no pueden pagar el indecente y desorbitado recibo de la luz. ¿Eso es demagógico o patético, señor Rajoy?