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lunes, 11 de septiembre de 2017

Maldeojos. ¿En serio?



¿En serio?
(Artículo publicado el jueves, 7 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

     Hoy en Vitoria, como desde el 4 y al 9, la ciudad acoge en calles, restaurantes, plazas o teatros a tanta gente de la tele que se diría que la novena edición del FesTVal vuelve a superar a la octava en interés, contenidos, y excelencia. Es uno de los días de TVE, que presenta la nueva temporada de La 2 y Traición, que emitirá La 1 y que protagoniza Ana Belén y Manuela Velasco, además de un extenso reparto en el que está Pedro Alonso, Carlos Bardem y Antonio Velázquez. Produce Bambú, así que la traición no será con el espectador ya que esta productora –que recibe uno de los premios de la crítica en el FesTVal por Lo que la verdad esconde: caso Asunta- mima lo que ofrece con productos redondos. Qué pena que La 1 no haya escogido el altavoz de este gran evento para presentar uno de los bombazos de la temporada.

    Se sabe que Juan de Dios Martínez, hasta hace unos segundos director de TVE en Murcia, ha sido catapultado al Canal 24 Horas con “importantes responsabilidades” que cumplir. Maravilloso. ¿Y quién es este señor, se preguntará usted con muchísima razón? Se lo resumo. Saltó a la fama catódica por jactarse de dar la información “como quiero darla, ahora soy un cabrón y más que lo voy ser”, es decir, que manipula las noticias para adaptarlas a su punto de vista que, oh, cielos, es idéntico al del PP. El señor Martínez es sólo un peón en el loco engranaje del descrédito de la tele pública, cuya deriva partidista, impune, parece no tener límite. Pero el bombazo que ha hecho saltar todas las alarmas se llama Carlos Herrera, periodista, este sí estrella, que moderará un debate político. Te cagas. Falete vigilando la fábrica de chocolate de Willy Wonka.



lunes, 21 de marzo de 2016

Maldeojos. Cagaditas



Cagaditas
(Artículo publicado el sábado, 12 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      En los encuentros menos formales es donde los invitados se relajan, y al no tener el chip de la defensa encendido se sueltan de manos y, a veces, la cagan. Literal. Le pasa al señor Coletas. Mucho. Don Pablo Iglesias va suelto, muy a lo loco, muy chistoso. Tan loco va, tan sobrado, que confunde el piloto rojo del micro del Congreso con el piloto rojo de la cámara de un plató, y por eso, como Dinio, confundido perdido, la caga. Hace unos meses, cuanto más salía en televisión, más crecía su poderío político y mediático. Ahora, cuanto más ejerce de diputado, más se le tambalea el sombrajo. Se ha relajado. Y dice cosas de apariencia banal que retratan con fiera descarnadura un interior que te deja, me deja, cada vez más perplejo. La tele es una jodida maga que te hipnotiza, pero también una estricta gobernanta que recoge hasta lo que no quieres que se vea.

     Hace unas noches, en distintos días, en El Hormiguero, acudieron como invitados la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y Antonio Velázquez, protagonista de la serie Buscando el norte, en Antena 3. Estaba Cifuentes tan relajada, tan divertida, tan suelta, que dijo que el nombramiento caciquil del nuevo director de TVE, don Eladio Jareño, responde a la tendencia de politización de las televisiones públicas porque los gobiernos han considerado que sus directores eran altos cargos. ¿Eran? No, guapa, son. Y en TVE, hasta el bochorno. Sin complejos, coño, sin complejos, dice altivo desde la esquina de la pantalla el dúo Pimpinella Aznar-Cospedal. Por su parte el joven actor, entre risa y risa, aseguró que una vez “hice mis cosas en un váter de mentira, era parte del decorado, y no había agua, claro”. O sea, que también la cagó.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Maldeojos. Vaya diálogos



Vaya diálogos
(Artículo publicado el martes, 10 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

      Me pongo a ver Los nuestros sin prejuicios. Lo tengo difícil tratándose de algo que sale en Telecinco. Lo dejo claro porque en esta cadena casi nunca me encuentro cómodo. Me pongo a ver Los nuestros, dicho lo anterior, olvidándome de quién la emite. No todo es desechable en la serie. Hay un excelente trabajo de localización –en Fuerteventura, para trasladarnos a Mali-, de ambientación –con la colaboración del Ejército y sus aviones, y vehículos, y bases militares-, buena fotografía, buena idea… Pero. Pero por dios y por los santos venidos a menos, ¿por qué han elegido a los que han elegido para soldados de élite? Todos pintureros, monísimos, cuerpazos, un festival para la vista. Lo que pasa es que en las series, gran putada, hay que escribir una cosa que se llama guión que, luego, el día de la grabación, los guapos han de decir.

      En Los nuestros se cuenta la historia del secuestro de dos niños españoles en Mali que serán rescatados por nuestros valerosos soldados, los boinas verdes, de las garras de los terroristas que tiran en Siria a homosexuales desde la terraza de los edificios, arrasan en Irak miles de años de historia en los museos con joyas de la antigua Nínive, o queman vivos a quienes no comulgan con su desviada interpretación del Corán. Bien. Igual que yo me estoy columpiando, en la serie marean el rescate con tramas de sexo y deseo, con restregones entre la increíble soldado Marina Salas y el fogoso teniente Antonio Velázquez. O hay escenas de jadeo y lascivia o Paolo Vasile dice no. Así de claro. Hay que tragar. Y en Los nuestros se traga. Resumo. Los nuestros tiene buena pinta. Lo que pasa es que hablan, y lo que dicen, y cómo lo dicen, es para salir corriendo. O correrse.  
Un, dos, tres, a la pasarela. Monísimos todos. La putada es que están en una serie, y en las series hay una cosa que se llama guión, y el guión, joder qué disparate, hay que decirlo, y entonces, si el guión con sus diálogos y sus cosas es una puta mierda, pues al espectador le da la risa y eso. Los nuestros podía haberse resuelto en un intenso capítulo. Pero no, se han sacado tres. Es decir, los dos que sobran se han rellenado de tontás.




martes, 14 de octubre de 2014

Maldeojos. Auryn en calzoncillos



Auryn en calzoncillos
(Artículo publicado el domingo, 13 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

      Yo no sé si hay gente tonta o gente que se lo hace, o gente muy lista que se hace la tonta para parecer ofendida. Cámbiese tonta por otro adjetivo y llegamos al caso de Auryn, un grupo juvenil que despierta pasiones. Están de gira por los platós, por todos los platós, con nuevo disco. Lo mismo los vemos en Todo va bien, que de nuevo cambió de hora –de las 9 a las 10´30 de la noche, pero no levanta cabeza- que se dan una vuelta por T con T, que tampoco está triunfando en la tarde de La 1. Aquí nos paramos, en lo de Toñi Moreno. No sé cómo fue ni por qué, creo que por imitar una foto de la revista Rolling Stone que en su día hizo otra banda para adolescentes gritonas como Backstreet Boys, que se bajaron los pantalones a la orden del fotógrafo, que les dijo que se quedaran en calzoncillos y que abrieran un poco las piernas “porque eso a las chicas las vuelve locas”. He visto el vídeo del momento, y es de una corrección conventual. La Toñi se desata, como es su costumbre, y va de un sitio a otro del plano contando hacia atrás para llegar al momento cumbre en que los cinco se bajan el pantalón, se oyen risas y gritos en el plató, se suben el vaquero en unos segundos, y se acabó. Eso es todo. Una tontería. Pues bien, hay espectadores que con esos escasos segundos de carne al aire tuvieron bastante y han protestado a TVE por hacerlo, ojo, en “horario de protección infantil”. Ya estamos. De nuevo los críos como tapadera de borricos. Como si lo único que pudiera escandalizar a un crío es verle a otra criatura las pantorrillas o, más pecaminoso e inmoral aún, el culo o el bulto del paquete. Atención, pregunta. ¿Es ofensivo, nocivo, tóxico y peligroso, y habría que proteger a la chiquillería de programas como Pequeños gigantes o Tu cara me suena mini, donde son los propios chiquillos los que se convierten en bocado voraz de intereses comerciales a un precio aún no cuantificado porque se someten a una presión, expectativas y espíritu competitivo impropias de su edad? Qué demagogo soy, mira que mezclar calzoncillos con el salero de esos infantes.

Esta es la imagen que tanto ha molestado a los espectadores de más alta moral, como si estos zinguangos fuesen el mismo diablo que subió de los infiernos para llevarnos a todos con ellos. Todo por los niños, que no pueden ver imágenes de tan nocivo contenido peligroso. 

Sin sexo no hay serie
La señora Mercedes Milá, tan fina y puntillosa, dice en En la caja, Cuatro, otro programa que empezó brioso y se va desinflando como las mentiras del PP que reflejan algunas encuestas, que no, que faltaría más, que ella no le da a cualquiera sus datos personales, como le piden en la entrega dedicada a la Cienciología, porque eso es como si la desnudaran, y que todo tiene un límite. Porque la entiendo, me descacharro con el cerebro de esta señora. Ella puede enseñar las tetas, el culo, llevar andrajos de última moda que dejan el chichi entre brumas y gasas, lo que quiera, pero ella sabe que eso es nada, es humo, que ahí no hay más que carne. Otra cosa es enseñar su interior, “datos personales que no enseña a cualquiera”. Y otra manejarse como se maneja en la casa de  Gran Marrano donde, creo, han seleccionado a lo más granado de los borricos. Esos, para gusto de quien sigue semejante tontería, enseñan lo único que pueden enseñar, revolcones, peleas, simpleza, y mal gusto. Pero no puedo hablar mucho porque sigo sin apetito y aún no he conseguido pararme más de cinco segundos cuando veo asomar sus caras en la pantalla. No me resulta ni ofensivo. Me resulta cargante, aburridísimo. La marca Telecinco se cumple hasta en sus series. ¿Han comprobado que en Hermanos, la serie de los martes, se echan varios polvos por capítulo con regularidad matemática? Recuerden que en El príncipe ocurría lo mismo. No hay capítulo en que un hermano, que suele ser el que interpreta Antonio Velázquez, no se baje el pantalón y se quede en cueros sobre alguna señora. Es la cuota que impone Paolo Vasile a los guionistas para dar vía libre a sus historias. O lo tomas o lo dejas. Compruébenlo y me dicen. Si no hay ñaca ñaca, aunque sea relamido, qué sentido tiene una serie en Telecinco. 
Virginia, Alberto y Juan, serie Hermanos
Esta imagen del trío, dos hermanos, Antonio Velázquez y Álvaro Cervantes, y la vecina, María Valverde, se puede repetir un par de veces en Hermanos, la serie de Telecinco. Para que una serie, digamos que no sea del tipo chabacano con gritos, risas, iluminación de feria, o sea, a toda pastilla, a fogonazo limpio, tipo La que se avecina, que no necesita nada más, para que una serie que no sea así se pueda emitir en Telecinco, o sea, una serie con ambiciones, tipo El príncipe o Hermanos, Paolo Vasile lo tiene claro, y es inflexible, y se puede comprobar. Durante el capítulo, venga o no a cuento, tiene que haber una o dos escenas de cama. No falla. A mí me da la risa porque es muy descarado.


Aparta de mí ese pene
Sin salir de Mediaset y sin abandonar el cinismo ya mismo veremos en Cuatro la versión española de Adán y Eva, el concurso de ligue que se hace en una isla con sus participantes en cueros. ¿Desnudos? Bueno, desnudos con sus cosas pixeladas, para que nadie se ofenda si ve un cuerpo como es un cuerpo, con su culo, sus nalgas, su pene si es chico, su vagina si es chica y, en fin, eso que tenemos los humanos. Es decir, una majadería. El reclamo, es decir, la verdadera inmoralidad, es que se dice que irán desnudos, pero a la hora de la emisión las imágenes se someterán a la censura de la postproducción tapando con nubes digitales los órganos, esa cosa tan peligrosa. Las teles juegan de nuevo con la hipocresía elevada a una potencia ofensiva. Si anuncias un concurso de citas con el frutal al aire, no tapes las peras ni las manzanas porque estás estafando a la audiencia. No pixeles, porque si lo haces qué le importa a nadie lo que digan los recauchutados que saquéis. Miré un vídeo de la versión que emite una tele yanqui y casi rompo el ordenador. Veo a una rubia pechugona y a un pelo rasta con más tetas que la señorita haciendo ejercicios de yoga, pero resulta que el escultural maromo es incontenible, y en cuanto toca a la hembra se le pone el pito como una tarjeta de crédito de los directivos de Bankia. El tío va por la selva con el rabo tieso. Y ella, una señorita que no sabía donde se metía, confiesa a cámara que es incómodo tener una polla en la cara todo el rato. Pero lo alucinante es que el espectador sólo ve el fruto de la censura. Es decir, no salimos de lo mismo. Nick Jonas, el menor de los Jonas Brothers, otro grupo para adolescentes encabritadas, ha lanzado su carrera en solitario echándose mano al paquete, y por todos los santos que tiene donde agarrarse, en unas fotos para una revista. Va en calzoncillos, como los Auryn, pero en más canalla. La etapa Disney y la infancia voló, y Nick lo sabe, por eso se agarra al pajarito, para que no se escape.  En resumen, que sí, que a la infancia hay que protegerla, pero no seamos falsarios viendo en unos calzoncillos al demonio. 
El momento del incidente, esta vez con censura
Esta ridícula e incomprensible imagen es la que se ve cuando se censura justo el reclamo con el que se hizo el programa, es decir, que los concursantes irían en bolas. Tú sabes a qué vas, tú sabes lo que verás si ves este tipo de productos. Cuatro ya prepara su particular Adán y Eva. No defraudará. Es decir, censurará los pitos y las almejillas de sus concursantes de la isla. Un puro disparate.



La guinda
Torrente en GH
Como Santiago Segura el insoportable ha pasado por todos los espacios de Atresmedia, sólo le quedaba entrar a una pocilga, y lo conseguirá la semana que viene entrando a las cuadras de Gran Marrano. Nada nuevo puedo decir alguien que apenas tiene nada que decir. Y ninguna gracia puede hacer alguien que no la tiene. Pero, como otros, están en todas partes. Qué cansino el hombre, qué poco chiste tiene. Qué pesado. 

domingo, 21 de septiembre de 2014

Maldeojos. Los Torres



Los Torres
(Artículo publicado el jueves, 18 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)

      Vi el estreno de Hermanos en Telecinco. Los hermanos son Antonio Velázquez, uno de los que enseñaba el lomo en Tierra de lobos, y Álvaro Cervantes, uno de los guapos de El corazón del océano-. Son los hermanos Torres, Juan y Alberto, en esta ficción de la noche del martes. Para que la tensión sexual exista, en la serie está Virginia, es decir, María ValverdeLa fuga, o la que hace dos horas era novia de Mario Casas-. Pero la historia de 6 capítulos, seis, es algo más que una historia de amor. Se desarrolla a lo largo de 20 años, dos décadas en las que los personajes viven luchas sociales, movidas madrileñas, y hasta la guerra de los Balcanes a través de Virginia, periodista. Eso lo sé porque he leído sobre Hermanos. Pero sólo hablaré del primer capítulo, el emitido.

      Si no te pones muy tonto con los detalles, de ambientación, música, guión, dirección de actores, incluso, lo más doloroso, de interpretación, es posible que te enganche una historia que tardó en arrancar. Cuando lo hizo, con el perfil de los personajes dibujado, un Torres boxeador que tiene que salir pitando del barrio, otro Torres que va para abogado, y ella periodista, que inician caminos separados tras una infancia y juventud de colegas a muerte, lo hizo con brío, insisto, sólo si te olvidas de los detalles y no eres muy tiquismiquis y no te preguntas tonterías como por qué a los pocos minutos de la serie ya le hemos visto los calzoncillos y el paquete a ellos y las braguitas y las tetas a ella. Menos mal que por ahí andaba Carlos Hipólito, de trágico final, que sólo enseñó su magisterio. Aún así, los Torres, estos Torres, seguro que nos pueden enseñar más. 

Esta escena, que recuerda a la de la película A tres metros sobre el suelo, esa adolescentada, se produjo a los pocos minutos de comenzar la serie. Son Antonio Velázquez y María Valverde. Si no te pones muy estirado te tragas la cosa, pero si te vas fijando mucho en el guión, en la interpretación, en la ambientación.... Bueno, me callo.

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