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viernes, 5 de mayo de 2017

Maldeojos. Plana y gris



Plana y gris
(Artículo publicado el jueves, 4 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

     Un bombón es un café con leche condensada, dice la aprendiza de camarera a la dueña del bar, Pepa Aniorte –murciana de adopción, Hospital Central, El comisario, o Águila roja-, que además le pregunta si sabe lo que es un “belmonte”. Sí, dice la aprendiza, es un bombón con un chorrito de coñac, modalidad cafetera de su tierra, y seguro que, al estilo de Paco Rabal, la actriz metió esas morcillas en el guión, quizá para justificar, o quizá como mero guiño, su acento murcianico en Servir y proteger, la serie diaria que ha estrenado TVE en su sobremesa. Además de Pepa están Luisa Martín como una jefa de la comisaría del barrio donde transcurre la acción, Andrea del Río, Juanjo Artero, Roberto Álvarez, o Juan José Ballesta, que no se puede desprender de El bola. El bar, la comisaría, la puerta de la comisaría, y los vecinos cercanos a la comisaría, con la vida de los propios policías, es el material con el que se trenza la trama de Servir y proteger.

     No me gusta el nombre. He visto varias entregas. Y no me atrapan. Servir y proteger es una serie, un planteamiento, un rollo, un decorado, una iluminación, unos diálogos y un tinglado mil veces visto. En los tiempos de la corrupción rampante, cuando a diario se abren informativos con ladronzuelos indecentes saliendo de sus madrigueras camino del juzgado o de los calabozos, salpicando a los más altos estamentos del Estado, esta serie le toma el pulso costumbrista de una forma plana, sin chispa, y sin tensión, a un barrio de clase media. Casi nada me cautiva. Ni el fondo ni la forma. Eso sí, nuestros actores se entregan por entero y defienden como mejor saben el secarral de una ficción que retrata una realidad de manera trillada y gris.


sábado, 26 de septiembre de 2015

Maldeojos. Mar de plástico



Mar de plástico
(Artículo publicado el jueves, 24 de setiembre, en periódicos de EPI PRESS)

      Desde el primer plano te agarra del cuello y no te suelta. Es Mar de plástico, que se mueve en la misma línea, en la línea de una calidad de nuestras series que ya va siendo habitual. Ni caso a los que siguen mirando sobre el hombro y poniendo caras estreñidas al hablar de Vis a vis, Bajo sospecha, El ministerio del tiempo o Mar de plástico. Es la última en irrumpir en la noche del martes de la mano de Antena 3, que se está cubriendo de un oro indiscutible apostando por la producción nacional. Mar de plástico cuenta la historia de un crimen, el de la hija de la alcaldesa de un pueblo sureño cuyo campo es un mar de plásticos de invernadero. El pueblo es -¿suena tópico, cursi?-. un crisol donde conviven marroquíes, negros, gitanos, rusos, y la gente del pueblo. El crimen puede haberlo cometido cualquiera.

      La fotografía en tonos solares, de un dorado asfixiante, el montaje, las duras y realistas localizaciones, la sintaxis puntillosa, la planificación, la música, los actores –soberbio, como siempre, Pedro Casablanc, el Luis Bárcenas llevado al cine por David Ilundain en B o Andrea del Río, que da vida a un personaje nazi, vomitivo, intolerante, y lo hace con tanto magisterio que acaba uno odiándolo desde el principio,-, todo ese engranaje que es una serie está al servicio de un thriller que no te da tregua como espectador. En el primer capítulo se presentaron los personajes –tremendos el de las rusas-, se hilvanó la situación social del pueblo, se apuntaron los posibles asesinos –todo está abierto-, y quedó constancia de la excelencia de este producto, con sus sombras, que sedujo a más de 4 millones de espectadores. La noche del martes es de Mar de plástico

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Imagen de un plano de la primera entrega de Mar de plástico