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viernes, 27 de octubre de 2017

Maldeojos. La bicha y TV3



La bicha y TV3
(Artículo publicado el jueves, 26 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

     No me gusta la tromba cachonda de opiniones sobre la decisión de Rajoy de hacerse con el control de TV3, la pública catalana, a raíz de la puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución. El Gobierno dice que lo hace para garantizar que allí, sometidos al albur de los comisarios políticos, los ciudadanos reciban una información objetiva, veraz, y rigurosa. Me descoyunto. Cuando Rajoy dice esto estoy seguro de que piensa en ese ejemplo claro e inequívoco de pluralidad e independencia informativa que es TVE. Los opinantes cachondos, que ven venir un mundo de oscuridad y tergiversación, de sometimiento al dictado del Gobierno, se ponen en lo peor y dan posibles nombres para dirigir la cadena catalana, y lo hacen a lo grande, es decir, poniendo en la quiniela a periodistas tan, tan entregados al PP que suenan a broma.

     En esas quinielas se habla de Paco Marhuenda, Eduardo Inda, Isabel San Sebastián, o Carmen Tomás, ejemplo de periodistas objetivos, rigurosos, independientes, con sentido del equilibrio y ganada credibilidad, como todos sabemos. Está claro que hablan de ellos con ironía, es decir, convencidos de que será imposible, de que a nadie en el Gobierno se le ocurriría semejante atrevimiento. Se habla de más nombres en tono simpático, desbarrado, delirante por lo mismo, por imposible, y se dice que Cárdenas, y su media lengua, se repartirán las noches echando basura en TVE y en TV3, y que don José Luis Moreno, que en la paz de su casa descanse, podría hacerse cargo de un programa de fino destornille como Polònia. ¿Disparates? No me gustan. Estas bromas las carga el diablo, y Alfredo Urdaci está sin curro ahora.

lunes, 24 de julio de 2017

Maldeojos. Alfredo y Nieves



Alfredo y Nieves
(Artículo publicado el domingo, 9 de julio, en diarios de EPI PRESS)

     Los curas no se andan con pamemas. La fe se gana con actos, con decisiones. La fe no es como don Mariano Rajoy, que se toma las cosas tan en calma que sólo ha recibido en Moncloa a Pedro Sánchez, según escucho a los que de todo saben en Las mañanas de Cuatro, cuando el Jefe de Estado lo ha hecho en Zarzuela. Rajoy es un huevón de libro, un tipo que se aparta así para que el aire que sopla no le mueva mucho la barba, con lo molesto que es tener que mover la mano y rascarse. Los curas no. Ni a los curas ni a los obispos les tiembla el pulso. Alfredo Urdaci y Nieves Herrero hacen sus cosas desde hace tiempo en 13tv, la tele del clero, la tele de la confesión que sustentamos todos, la que se gasta un pastizal en mantener el chiringuito con nuestro dinero.

     No tengo muy claro lo que hacían ambos periodistas en esa palangana de bilis. Poco me atrae el trabajo de uno y de otra sabiendo lo que hacían antes de recalar en ese puerto donde arde cada noche un túmulo a la mentira, la tergiversación y el sesgo bajo la protección clerical más rancia y beligerante. Alfredo Urdaci tiene en periodismo el prestigio necesario para que lo llamen, como hicieron y él rechazó porque ya tenía apalabrada su entrada en 13tv, de Supervivientes o para un papelito, quizá como Urdaci el manipulador en Torrente. Creo que en 13tv hacía algo de humor con las noticias. Nieves no tiene nada que envidiarle. Su periodismo engolado y cursi no ha cambiado con los años. En la nueva línea de 13tv, transubstanciada con la Cope, o sea, el padre, el hijo, y el espíritu santo, no caben Urdaci y Nieves, expulsados del paraíso. A los hambrientos de odio y bilis se los colmará de placer, aunque sea pecado.



jueves, 10 de noviembre de 2016

Maldeojos. 60 años de TVE



60 años de TVE
(Artículo publicado el domingo, 6 de noviembre, en diarios de EPI PRESS)

     Todas las tardes nos echábamos a la calle a jugar a los chinos, al escondite, a la regaña, y poco a poco iba oscureciendo sin darnos cuenta entre gritos de la chiquillería, y no tan chicos. En la plaza de la iglesia, de tierra roja traída del cerro colorao, nos juntábamos al salir de la escuela hasta la hora de la cena. Al lado de esa plaza, en la terraza en la que al final se convirtió la era donde se trillaba el trigo en el verano, Alfonsillo regaba a mano la tierra para asentar el polvo y empezó a sacar mesas del bar para que la gente, sentada el fresco, se tomara sus bebidas y sus tapas sin el rigor de aquellos veranos de infierno. En una de las paredes de la fachada, frente a la terraza, se había puesto un pedestal con sus escuadras sujetando la madera sobre la que cada tarde, sin falta, se sacaba, como se saca el santo y se coloca en la hornacina, un aparato de televisión que en las primeras horas antes del atardecer estaba apagado porque, primero, no se podía gastar tanta luz, y segundo, aunque se encendiera no se veía nada porque la claridad del día impedía ver aquellas imágenes en blanco y negro. Sólo al caer la tarde, con las primeras sombras de la noche, se encendía una de las primeras televisiones que llegaron al pueblo. Parecía que los nenes estábamos esperando el momento porque, de golpe, como guiados por la sintonía convertida en atracción irresistible, un corro de críos rodeaba el aparato, sin molestar a los clientes, cuando unos dibujos muy graciosos nos decían a los niños que ya está bien, que vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar. Mediaba la década del 60, y TVE, que apenas tenía 10 años –nació el 28 de octubre de 1956-  nos presentó a la familia Telerín y conseguía uno de sus primeros, perdurables, clásicos, y entrañables éxitos, esos que marcan a una generación, la mía.

La tele y la vida
     Desde entonces, programa arriba programa abajo, la tele, TVE, ha estado presente en mi vida, en nuestras vidas. Claro que recuerdo el día en que llegó a mi casa la primera tele, un acontecimiento casi prodigioso que cambió los ritmos de la familia porque, de un día para otro, al ser la primera casa de la calle que tenía televisor, el comedor se nos llenó de vecinos, grandes y pequeños, que venían a ver lo que salía por la pantalla, imágenes sin nitidez, con una calidad que hoy sería inaceptable pero entonces, como unidos por el milagro de aquel invento, nadie notaba. Era tan fascinante el prodigio que a veces, incluso después de terminar la emisión con la bandera de España al viento, me quedaba mirando la pantalla, donde sólo se veían unas chispas en blanco y negro que parecían copos de nieve. Si me dejo llevar no por las fechas sino por los primeros recuerdos, hoy me veo ante Historias de la frivolidad o Historias para no dormir, con la mano maestra de Chicho Ibáñez Serrador, del que recuerda Manuel Galiana, actor que protagonizó algunas entregas, su forma entusiasta de trabajar, y además que tenían que grabar en bloques de 20 minutos y que si te equivocabas había que empezar de nuevo todo el bloque. Me estremecía aquel grito que se escuchaba cuando las letras de la cabecera de la magistral serie temblaban como espantadas por el alarido y se iban desvaneciendo en nubes de humo hasta aquel portazo final que dejaba la pantalla en negro. Pero también, si me detengo y me callo, en mi cabeza suena la sintonía acuática de Viaje al fondo del mar, de Bonanza, la más moderna del Un, dos, tres, responda otra vez, y veo a las hermanas Hurtado como las Tacañonas, y a la adorable Mayra Gómez Kemp, y a la calabaza tan cachonda como perversa, por cierto, concurso y formato que fue el primer producto de la tele española que se vendió al extranjero.

Que vuelva V
     No se puede ser objetivo con la nostalgia. Por eso quizá usted tiene otros recuerdos, otros programas, otra selección. Era tan ingenuo, o tan ajeno a la otra cara de la pantalla,  que sólo hasta que empecé a escribir de televisión no advertí que la tele, además de un entretenimiento maravilloso y popular, tenía una fuerza casi endemoniada de influencia, creación de modelos, fomento de unos valores en detrimento de otros, y arma aliada del poder, y desde entonces ya no pude verla con los mismos ojos. Sobre todo la tele que estos días celebra su 60 aniversario convertida, de nuevo, en instrumento de propaganda en manos del Gobierno, como lo fue con María Antonia Iglesias al servicio de Felipe González y el PSOE, con el manipulador –según sentencia firme y la audiencia que lo padeció- Alfredo Urdaci al servicio de José María Aznar y del PP, y como es hoy la tele pública al rendido, descarado e indignante servicio de Mariano Rajoy. La vileza a la que han sometido hoy un clásico como Informe Semanal, parodia del ejemplar producto que fue, alcanza niveles de meticulosa perversión. Hoy la tele pública no arriesga ni en su ficción –salvo excepciones como El ministerio del tiempo-, ni en información, con productos trasnochados como un España directo que sigue recorriendo restaurantes con fruición que sonroja, ni en entretenimiento. Antes se hacía Estudio 1 en hora de máxima audiencia con obras de Shakespeare, Miller, Lope de Vega o Calderón. Hoy se hace Hora punta y se rellena con farfolla y escombros. ¿Todo lo pasado es bueno y lo actual es malo? Ni mucho menos. No es eso. Ya digo, una cosa es la nostalgia, que no analiza desde la razón sino desde los sentimientos personales, y otra la percepción razonada y fría de los programas que hoy se emiten. Y en general tenemos una televisión pública que da grima, y pereza, y a veces vergüenza, una tele que Mariano Rajoy deseaba que fuera la BBC con una mano y con la otra, la verdadera, trabajaba, y en ello está, para hundirla. Así que “la detengan, que es una mentirosa, malvada y peligrosa, que no se puede controlar” –se mueve por el Consejo de Ministros David Civera, guiñándole a Miss Cospedal, La Generala-. ¿Recuerdan V –estrenada en 1985- y la come ratas Diana, maravillosa Jane Badler? Tendría que volver, y comerse a más de uno.

La guinda
Sánchez&OT
Ganó la batalla como el Cid Campeador, muertecito. Eso sí, sólo de la audiencia. Fue el domingo pasado. Pedro Sánchez, ex del PSOE, apestado por la mora Susana Díaz, venció a los triunfitos de OT. El reencuentro. La Sexta contra La 1. Ganó la pequeña. Por goleada. De repente, el muerto Pedro revivió diciendo que se iba, y al vuelo lo cazó Jordi Évole y salvó a Salvados esa noche. Hoy, Sánchez, ha vuelto al olvido.

martes, 21 de octubre de 2014

Maldeojos. Los viernes, show



Los viernes, show
(Artículo publicado el domingo, 19 de octubre, en diarios de EPI PRESS)

       Es el día en que termina la semana y se abre una eternidad imaginada que luego la realidad coloca en su justa dimensión porque el viernes es lo que es y el fin de semana son dos días, no hay más. Sin  embargo, la televisión, como si fuese una tradición, nos suele echar los viernes por la noche uno de humor. Triunfó José Mota en La 1con La noche de José Mota, y lo hizo arrasando durante varias temporadas, tantas, que no nos podíamos imaginar una noche de viernes sin el humor a veces espeso del manchego. Luego el producto lo compró Telecinco pensado también en su fin de semana, pero su audiencia no admite muchos cambios y es muy exigente con la calidad del detritus que consume, y está claro que el ex Martes y Trece no alcanzó el nivel de basura requerido. Otra cadena, Antena 3, también ha puesto en fin de semana, en viernes, sus últimos éxitos en clave de humor. Véase Me resbala, una patochada con gags de instituto que presentaba Arturo Valls, maestro de ceremonias nada sofisticado porque su función era la de ser y aparentar el ganso mayor del plató, papel que siempre borda con soltura. Lo bueno de Me resbala, quizá lo único, que es muchísimo, fue que al menos en su estreno, le dobló el brazo nada menos que al gigante de los viernes, al vigoroso Sálvame de Luxe. Fue un espejismo, pero lo consiguió. Es decir, que de encontrar un producto de humor bueno, no tan cansino como el humor de la barraca de Jorge Javier, hay unos dos o tres millones de espectadores que están dispuestos a engancharse a la propuesta. ¿Y? Pues que Antena 3 no ha parado de darle vueltas a la noche del viernes, y al final, después de pensar cuando retiró Me resbala por agotamiento, porque los resbalones en el “Teatro de pendiente” ya no hacían sonreír ni a los propios, ha optado de nuevo por el humor y ha contado de nuevo con Arturo Valls y con Manel Fuentes, y ha nacido un buen nombre de programa remedando el de la película de Fernando León de Aranoa, Los viernes al show.

Arturo Valls y Manel Fuentes, los dos presentadores de Los viernes al show, una pareja perfecta para un programa que requiere el perfil de ambos, es decir, tipos sin complejos, decididos, irónicos, que saben tratar al público del plató y que en pantalla no resultan muy repelentes, que ya es mucho.


Pedroche y la serpiente
Que en el estreno del programa contaran con Santiago Segura es de traca. Este señor ha pasado por El hormiguero, por Tu cara me suena mini, por los informativos, por los magacines de Antena 3 con su uniforme de trabajo, por fuera la camiseta negra con el logo de su película y por dentro su proverbial inanidad. ¿Algo nuevo? Sí. Digo que pasó por Los viernes al Show el día del estreno, y los guionistas se lo montaron tan bien que metieron en cintura al repetitivo director de Torrente y consiguieron el milagro, que el pesadísimo señor no resultara cargante porque lo echaron del plató a los cuatro o cinco minutos. Digo todo esto para enseguida decir que hacía tiempo que no se estrenaba un programa con tanto ritmo, con tan bien hilvanados bloques, con tan excelente factura televisiva. Los viernes al Show es el único programa de máxima audiencia en España con dos presentadores, y ninguno gay, decían Manel y Arturo el día que visitaron El hormiguero promocionando el espacio. Hacen buenas migas, dan bien en pantalla, son dos piezas bien engrasadas, y consiguen darle al programa un aire de complicidad y cercanía con el espectador, que no llega a la vulgaridad de lo campechano mal aplicado.  Los presentadores, el director, los guionistas, todo el mundo trabaja desde el minuto uno para que no haya respiro, para que no dejemos de mirar. Los movimientos de cámara, los primeros planos, la iluminación, el jaleo del público, un ente vivo y participativo, la música, las coreografías, los invitados, todos forman parte de un espectáculo visual tan trepidante como ingenioso. Melendi fue crucificado como un Cristo que está dispuesto a morir por Los viernes al Show entre Manel y Arturo, que en sendas cruces, y ataviados con sus dodotis correspondientes, enseñaron sus cuerpos serranos, Mario Casas visitó a los reyes Sofía y Juan Carlos, que llevan una vida de zapatillas de felpa y tardes de plomo, Cristina Pedroche se quedó en tanga para bailar con la serpiente blanca como la Salma Hayek de Abierto hasta el amanecer, y no, ni mucho menos con el hipnótico y sensual baile de la mejicana, pero tuvo su gracia, y de eso se trataba.

La señorita Cristina Pedroche en su papel de Salma Hayek. Vale, nada que ver, es verdad, pero la chica tiene sentido del humor, y de hecho se ha quedado con una sección en el programa. No, no siempre aparecerá en tanga.

El pelanas del misterio

      Si no decae, el programa de variedades del viernes por la noche en Antena 3 se asentará como una oferta de entretenimiento más que digno que retendrá a mucha gente ante la pantalla disfrutando de un buen espectáculo sin salir de casa. ¿He dicho espectáculo? ¿Y he hablado de humor? TVE no se rinde. Piensa en nosotros no sólo la noche del viernes sino durante los meses que quedan de aquí a las elecciones generales. Esta semana se ha confirmado el desastre nombrando como nuevo presidente de RTVE a José Antonio Sánchez, viejo conocido de la época más oscura, babosa y entregada a la manipulación para servir al Gobierno de Aznar.  De 2002 a 2004 este obrero del PP, con conexiones en la trama Gürtel, fue conocido por sus trapacerías junto a Alfredo Urdaci, condenado en firme por manipulador. ¿Ha habido consenso en su nombramiento? Pero qué clase de pregunta es esa. ¿Qué será lo siguiente, que el público pida independencia y periodismo no servil en TVE? No tienen límite en el PP. Ahora sí que estará contenta Mariloli de Cospedal, reina de Castilla-La Mancha, con este aventajado. El año que les queda en el convento se cagarán dentro hasta que no podamos soportarlo. Así que la fiesta, como decía, no ha hecho más que comenzar. Y aquí se la contaremos. Otro que se apunta sin desmayo al show que no cesa es el infatigable Íker Jiménez en Cuarto milenio, aunque su reino es dominical. Recuperen su monólogo hablando de la existencia de Dios. Pa no echar gota. Se echa un pulso hasta con Stephen Hawking, así de sobrado va el pelanas del misterio. Que se crucifique junto a su señora Carmen Porter. Todo por el show, como decía Melendi. Si no, de qué. 
Este menda es José Antonio Sánchez, el nuevo presidente de RTVE. Hay que quedarse con la cara porque el PP, sin más apoyos parlamentarios, es decir, a las bravas, por cojones, no lo ha votado porque sea la monjita más noble del convento -pa tres días que me quedan en él, me cago dentro- sino porque conoce su eficacia manipuladora. Y sin complejos. En cuanto siente su culo en el despacho ya nos daremos cuenta. Las elecciones están cerca, no pueden andarse con equidistancias informativas, y no dejarán pasar ni una. Al tiempo.


La guinda
De la BBC a Telemadrid
1.500 firmas de trabajadores de TVE se han presentado en la Asociación de la Prensa de Madrid para protestar por la descarada manipulación de los Informativos de la cadena pública. Esta misma semana, Xabier Fortes, del Consejo de Informativos de TVE, dijo en Al rojo vivo que de ser los mejores informativos del mundo convergiendo hacia la BBC, ahora se converge a Telemadrid. Retrato descarnado y certero, doloroso.