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lunes, 28 de octubre de 2019

Maldeojos. Vaya semanita


Vaya semanita
(Artículo publicado el domingo, 27 de octubre, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     La semana pasada, a eso de las 12 de la mañana, a las 12 y 25 con exactitud, Albert Rivera subió al altillo que habían levantado con algunas tablas en la Plaza de San Jaime de Barcelona rodeado por una pequeña pero enfervorecida clientela. Lo hizo después de que Inés Arrimadas, esa señora que sabe sonreír como si escupiera al mismo tiempo, caldeara el ambiente con una serie de consignas que suenan a incendio y hastío. A nada. Eso ocurría en uno de los huecos en que ahora los realizadores dividen la pantalla, y lo hacen hasta el abuso. Abren tantas pantallitas que el espectador se pierde con estímulos tan variados, moda que parece que llegó para quedarse. En otro hueco del especial informativo de La Sexta presentado por Cristina Villanueva la reportera contaba que la noche antes un grupo de radicales nacionalistas y sin duda delincuentes había robado móviles de alta gama, y que los empresarios, entre otros colectivos, estaban hasta el moño de abajo de vándalos y pillos. El orador Rivera, al que a veces volvía el directo para escuchar su arenga, tiene movimientos mecánicos, pinta de cuentachistes solemne, de concursante aplicado de algún programa de televisión, y de vendedor ambulante de crecepelo. Entre la semana pasada y esta que acaba ha viajado a Cataluña la cremita de la política nacional, incluyendo a Pedro Sánchez, que visitó los hospitales donde se van recuperando los policías heridos en los disturbios callejeros de Barcelona. Pero resulta llamativo que de esa visita, además de los sanitarios protestones independentistas, en la calle, a la puerta de los hospitales, con pancartas de rechazo al ogro español o a voces en los pasillos como una corte maleducada de trabajadores ociosos, se ha destacado en algunos magacines, y con pormenorizado primor, aspectos del despliegue de seguridad presidencial. Sobresale el llamado maletín antibalas y el subfusil de asalto, destacado en los reportajes de Espejo público y explicado con minuciosidad por el copresentador de la revista matinal de Antena 3 Alfonso Egea.

Quins collons
     Cuando emitían las imágenes a cámara ralentizada, un círculo blanco rodeaba el fusil del tipo que, dentro del coche, viajaba junto al presidente, y otro círculo del mismo color rodeaba el llamado maletín, un desplegable de urgencia con material antibalas, por si los presidentes de Gobierno son atacados. Por cierto, un coche tuneado hasta el delirio y al servicio no de Pedro Sánchez sino de cualquier presidente que haya de viajar a zonas poco estables como ahora Cataluña. Con dibujitos, como un cómic, contaban las gracias que tiene el coche. Además de cristales y carrocería blindada, el auto puede expulsar, como salta el piloto de un avión en apuros antes del desastre, las puertas para dejar expedita la salida, y puede sofocar con chorros de espuma posibles fuegos que rodearan al vehículo. Una monería. Como la del gag visual armado por TV3 que está haciendo las delicias de los programas de humor y de las redes sociales. Es el chiste ese en el que se ve a un señor llamar a una puerta, que al abrirse muestra al alucinante presidente catalán Quim Torra sentado en su despacho para ser informado de que el presidente español no quiere hablar con él. Collons, suelta el liante Torra, deben de tener cosas más importantes que hacer en días como este. La escena firmada por TV3 es tan burda, tan zafia y disparatada, que las risas enlatadas se han escuchado en la luna. Que el teatrillo se ha instalado en la política parece claro. ¿Han visto lo de la Diputación Permanente del Congreso? Es aquel que dice que de estos asientos, aunque sean de otras señorías, no nos levanta nadie porque no nos da la gana y se habla de lo que me salga del pandero. No se mueven los de VOX, que ocupan el sitio de Ciudadanos, y se habla de lo que le salga del chichi a la hooligan Macarena Olona, que tuvo su minuto de fama al ser expulsada de la sala por la presidenta del Congreso, Maritxell Batet, que recordó que aquello no era ni un plató ni el circo. Los del partido del tío de la mula lo consiguieron, consiguieron tener sus minutos de gloria en informativos y magacines.

Mingorrubio
     El hervidero de invitados de máximo cartel a los programas es incesante. Y les aseguro que la cosa se está convirtiendo en un género en sí. Antes lo era, pero con las elecciones a la vista, con lo de Cataluña, y en las últimas horas con lo del primo Frasquito sacado de su letargo eterno, el asunto alcanza niveles de excitación y tiene visos de mercadillo. Vicente Vallés habló la otra noche en su informativo de Antena 3 con el caballero de la barba española  no en su faceta campechana capaz de hablar con Trancas y Barrancas sino como el Santiago Abascal que conocemos, aún más cachondo que el otro, y como tal soltó una de sus bromas favoritas, “es evidente que no soy franquista”. Los ojos del presentador, verdes como el trigo verde, casi crían hortalizas para el pisto del almuerzo. El jueves por la mañana, y por accidente, casi siempre que veo a Ana Rosa Quintana es por accidente, no sólo la veo a ella sino a un lote que incluyó a Eduardo Inda, tan maleducado como siempre y tan liante como un prestidigitador indecente, y al mentado Rivera, que volvió a ejercer de charlatán de pueblo en una entrevista en la que dijo que él no va a ser “parte del problema del bloqueo de este país”. Los focos del plató no se cayeron con estrépito al suelo de milagro. ¿Faltan más? Bueno, siempre hay quien cae en la misma piedra e invita a animadores profesionales para amenizar la mañana, y la del jueves –tres jueves tiene el año que relumbran más que el sol, Jueves Santo, Corpus Cristi, y el día de la Exhumación, se ha leído en las redes- parecía una noche de fuegos artificiales en todas las televisiones. La cosa iba de ver quién tenía en la pantalla al más ridículo, del chino franquista al legionario faltón de fino bigotito, o al circunspecto Juan Chicharro, que dirige la fundación del dictador, esperado en el cementerio de Mingorrubio por la rancia clac fascista que tanto juego da en la tele. Vaya semanita.

La chispa
Volando va
Lo hace bien, ya está. Le ha tomado el pulso al formato. Y tiene detrás un equipo de altura, sí, nunca mejor dicho. Es Jesús Calleja. Es Volando voy. Es, quizá, lo único, o de lo poco salvable, en una cadena lerda como Cuatro. Volando voy llega a un lugar, habla con sus gentes Calleja, visita rincones de esos lugares y los pone en valor, y luego, entre risas, como en los cines de antes, el pueblo se divierte viéndose en la pantalla.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Maldeojos. Riguroso directo



Riguroso directo
(Artículo publicado el domingo, 18 de diciembre, en diarios de EPI PRESS)

     Si los planes no cambian, el próximo miércoles, 21 de diciembre, Velvet no sólo acaba sino que mantendrá en vilo a la audiencia con el anuncio de que parte del capítulo, es decir, algunas escenas, se harán en directo. Dice la cadena que ese capítulo quiere ser “un evento televisivo único”. Seguro que alguna de esas escenas, reservadas con un tratamiento tan espectacular, tan infrecuente, tan fuera de la norma, revela algo muy gordo en la historia, coronándola con una guinda que hará las delicias del espectador. Si hacemos memoria, y para eso tenemos a San Google, el capítulo 200 de 7 vidas, ficción mítica que emitía Telecinco antes de que se especializara en morcón triturado para el desayuno, la comida, y la cena, se hizo en directo, para el público que siempre asistía a las grabaciones, y para los espectadores de casa. La cadena, y Atresmedia en pleno, le está dando publicidad al final de Velvet con cortinillas, programas especiales, y llevando a los actores a sus magacines y programas. La casa por la ventana. ¿Habrá lío entre la modistilla que nació en humilde cuna, Paula Echevarría, y el apuesto galán, rico y por muchas damas de la época deseado, Miguel Ángel Silvestre, dueño de los almacenes donde trabaja el personaje de Echevarría? Recuerdo ahora que este año, cuando Velvet pasó por el FesTVal de Vitoria, los actores de la serie, incluyendo al circunspecto José Sacristán, y a la cascabelera Marta Hazas, lloraron ante los medios por la emoción de saber que la historia llegaba a su fin, que no habría otra temporada. Velvet le ha dado a Antena 3 momentos de gloria televisiva, con datos de audiencia envidiables. Es curioso que muchos medios, incluso la propia cadena, han destacado que Velvet hará historia en televisión al emitir “en riguroso directo” algunas escenas de su capítulo final. Queda mono, pero no es así. La mentada 7 vidas echa por tierra la afirmación. Mucho más si hacemos memoria y nos vamos al “riguroso directo” de Estudio 1, donde algunas obras se representaban en TVE así, en directo, a pelo.

Nadia y ¿sus padres?
     Casi en riguroso directo seguimos asistiendo al supino error de la tele, sobre todo la tele, que necesita carnaza para ir tirando en según qué programas, al hacer de la historia de Nadia un guión donde el drama, la esperanza, y unos padres corajudos que luchaban contra una enfermedad metabólica, la tricodiodistrofia, iban escribiendo capítulos sin advertir que el papá de la niña, Fernando Blanco, avispado fullero de corazón turbio, en realidad manejaba la enfermedad de su hija como una empresa en connivencia con la madre, Margalida Garau. Pasearon su dolor por todos los platós llevando a la criatura a que besara a las presentadoras estelares como se besa a la santa del pueblo, que se derretían en lágrimas al saber que la cría, si no conseguía el dinero necesario para sus operaciones, podía morir en un suspiro que, ahora, sabiendo lo que sabemos, ha sido un suspiro que ha durado años, los años del teatro de la compasión diseñada por estos, al parecer, estafadores profesionales, según el auto decretado por el juez, que metió al padre en prisión, a la madre la dejó en libertad, y a la niña fuera de su influencia, dada en custodia a una tía suya, según vi en La 1 en el Telediario, que dedica un bloque tan oscuro a los sucesos que tuve que mirar varias veces la mosca identificativa de la cadena para estar seguro de que no era Pedro Piqueras y su periodismo de semen y sangre, fuego y truco. Por cierto, en conexión con Lleida, Ana Blanco da paso a la crónica de Joana Sendra, a las puertas de la cárcel de Ponent, que añade un poco más de tensión y perplejidad a la historia al decir que el juez que lleva el caso duda de la paternidad de los padres de la cría, por lo que ha pedido pruebas que lo atestigüen. El monstruo se ha hecho inmenso, de nuevo, bajo los cálidos focos de los platós. Hasta Susana Griso, la otra mañana, con cara rígida de pillada como un corderillo, y Alfonso Egea, también de Espejo público, pasaron el vídeo privado, enviado por los ¿padres de Nadia? a Susana donde estos facinerosos le hacían hacer ¿a su hija? carantoñas para ablandar el corazón de la presentadora y ésta, conmovida, apoyar la causa de la niña.

¿Justicia o venganza?
     La historia chusca de Nadia, vista ahora en rigurosos lamentos de beatas compungidas, es como lo de la economía, cuyos analistas se ponen farrucos escrutando la situación a toro pasado, viendo indicios en él que en el presente no olfatean. Ahora, igual. Veo a Albert Castillón en Espejo público, igual que a otros colaboradores del programa de Ana Rosa, analizando paso a paso, con expertos en comunicación gestual, las evidencias de la trola de los padres que en su momento no advirtieron cuando eran llevados a los platós, colaborando, sin percatarse, con la estafa. No sé si alguna cadena se pondrá al frente para pedir justicia o venganza. De hecho, ya lo están haciendo. Una cosa y la otra. En televisión, todo vale. Antes ensalzaban al impostor. Hoy, leña al mono. Contado todo al segundo, sí, en riguroso directo subidos al carro del nuevo giro de la historia. Justicia o venganza, escribía. Eso es lo que ha de dilucidar antes del lunes la audiencia de Mar de plástico, que emite su último capítulo el 19, no en directo pero sí decidiendo una opción u otra. ¿Justicia para el asesino del martillo, o venganza para el mismo? Y ahí, de golpe, mientras escribo, aparece Rosa Villacastín. Sí, vive. Y la veo en Amigas y conocidas, lo de Inés Ballester en La 1, hablando de que el tamaño sí importa. Ojo, el tamaño de las cestas de navidad. Y de que Vargas Llosa recurre a la crema de caviar -420 euros el tarro- para parecer más joven. Por eso, aconsejado por Isabel Preysler, su gurú, se ha blanqueado las canas para ir acorde con el blanco de sus dientes. ¿Justicia o venganza de la vida con el Nobel? Y termino en riguroso directo, miren, miren, dejando caer una lagrimita por Raffaella Carrá, 73 años espléndidos, que deja la tele con la gala del 60 cumpleaños de TVE en unas horas. Va por ti, Raffaella. Salud y larga vida.

La guinda
MAM
Sin duda cocinará bien. No puede ser de otra manera si ha ganado un concurso de algo más que cocinillas como Masterchef en su versión para celebridades, que La 1 emitió durante seis semanas con mucho, mucho éxito, quizá el formato con el que la pública se quita las vergüenzas. Pero Miguel Ángel Muñoz, MAM, ha demostrado algo más, y si me apuran, mejor. Es una excelente persona, y eso  traspasa la pantalla. Y se nota.