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domingo, 12 de enero de 2020

Maldeojos. Rey Mago


Rey Mago
(Artículo publicado el martes, 7 de enero, en diarios del grupo Prensa Ibérica)

     Como es mejor vivirlo que contarlo, o para contarlo es mejor vivirlo, tal como decía la ególatra, y para mi insufrible Samanta Villar en 21 días, que presentó en Cuatro hace 10 años, a servidor le colocaron el domingo una corona, le pusieron barba larga, guantes y anillo de perla roja engastada en oro, túnica de seda con primores de plata, un cubre espaldas de armiño, y subió a la carroza real del rey Melchor como majestad por un día que recorrió las calles de Villanueva Mesía, su pueblo granadino. Observarán que esto de la realeza impone carácter porque en cuanto se descuida uno habla en tercera persona de sí mismo. Y es cierto, no es lo mismo vivirlo que contarlo. No es lo mismo vivirlo que verlo por televisión para contarlo. Fue una tarde emocionante. Llena de orgullo y satisfacción. Cómo entiendo ahora a los colegas Juan Carlos y Felipe.

     Ver la carita de los niños tirándote besitos desde la acera, ver cómo el papá se agacha para darle los caramelos que vas lanzando, ver cómo la mamá te señala para que el crío sepa que es a él a quien le regalas el balón, ver cómo hay sonrisas y miradas de asombro que no conocías, darte cuenta de que la ilusión es un estado pasajero y efímero que en apenas un suspiro se torna esquiva, oscura, e irreconocible, comprobar que al entrar al centro cultural donde se darán los regalos para “que no haya ningún niño del pueblo que no lo tenga”, ver cómo grandes y mayores nivelan sus estados emocionales, sonreír una y otra vez para la foto con la cría, con el crío que hace pucheros entre rechazo, miedo y la atracción que le dan esos raros personajes, en fin, La 1 y las autonómicas lo bordaron con sus cabalgatas, pero ser rey en tu pueblo no tiene igual.

viernes, 6 de mayo de 2016

Maldeojos. Un preñado



Un preñado
(Artículo publicado el jueves, 5 de mayo, en diarios de EPI PRESS)

Como no tuvimos bastante con 21 días, ahora Cuatro, en su afán de desprestigiar el casi nulo prestigio que le queda al periodismo en esa casa, tirado con más ahínco a la basura cada vez que la cadena emite un nuevo programa que llama de investigación, de reportajes, de crónicas, o como puñetas enmascare al periodismo para convertirlo en una payasada, ahora, Cuatro, como digo, nos endilga 9 meses con Samanta. Vamos, un preñado. El suyo. El de Samanta Villar, estrella del sensacionalismo, del morbo, del ego elevado a categoría noticiable donde cualquier excusa es buena para poner caras y contar memeces a tu cámara personal, que no falte. La señora cuenta su preñez desde el minuto en que la inseminan, y resume sus vivencias en entregas. Veremos cómo crece su pancita hasta soltar a sus dos criaturas –anoche, el estreno-.
Para que entendamos la envergadura de su programa, el nivel científico del experimento y la calidad de sus reflexiones, todo un tratado de la mujer preñada, de sus emociones y dudas, de sus angustias y miedos, Samanta Villar corrió el otro día a contárselo a María Teresa Campos, dejándose entrevistar por la propia jefa de planta y por reconocidas eminencias como Terelu Campos y Carlos Ferrando, acreditado zascandil, exagerado e histriónico, que siempre me recuerda a Víctor Sandoval, ese andobas del periodismo cutre, rancio, amoratado y gritón que ahora se gana la vida en taparrabos rebozando sus ijadas en la isla de los Supervivientes de Telecinco. Lo de Samanta Villar es, usando el estrambótico lenguaje de Rajoy, cosa notable. La cosa de estos 9 meses con Samanta, su mayor interés, es ver si en la última entrega enseña de una vez el conejo. Qué señora.

domingo, 24 de abril de 2016

Maldeojos. De pilinguis



De pilinguis
(Artículo publicado el martes, 19 de abril, en diarios de EPI PRESS)

     Nos vamos de putas. Cuatro se va de putas. Otra vez. En realidad la cadena no sale del prostíbulo, lo mires por donde lo mires. Así lleva un tiempo que ya cansa, chatos. Hay que cambiar, troncos. Hay que dejar a la audiencia que se cambie de gayumbos, que si no, huele. El semen retestinado apesta la casa. Cuatro huele a semen de puterío barato, a pilingui de esquina y nave al lado de la autovía con neones de corazoncitos y labios entreabiertos para atraer al barrigón de la zona, al inmigrante que acaba de cobrar 30 euros, al marido que echa un polvo antes de llegar a casa. En su estreno de la nueva temporada de 21 días se fue de putas. Pesaditos, ¿no? No sé muy bien qué podemos saber de un lupanar que no sepamos. Por si acaso, en uno de ellos hicieron el teatro porque “no es lo mismo contarlo que vivirlo”, decía la primera “lumi” del formato.

   Cuando se estrenó tuvo su gracia. Parecía algo rompedor, llegabas a creerte los apuros que vivía la reportera, y eso que tenía tendencia al histrionismo, pero enseguida cayó el telón y se desveló que los temas de interés de 21 días tenían un sello común, morbo por encima de cualquier otro aspecto. Cuatro ha activado de nuevo la maquinaria, y en su sétima temporada, para que nadie tenga dudas y se sienta como en casa, hala, todos de putas. ¿Nada ha cambiado? Sí, la presentadora. A la pobre Maritxell Martorell le han dado las mismas órdenes que le dieron a la pizpireta Samanta Villar y a Adela Úcar, traedme, decía el jefazo repantingado en su mesa, carne fresca, olor a pilingui barata. Por eso, en su estreno, Maritxell y su camarita fingieron vivir 21 días como putas el viernes. La basura, y la misma martingala, huelen fatal.