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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Maldeojos. Que viva



Que viva
(Artículo publicado el martes, 19 de setiembre, en diarios de EPI PRESS)
     Qué bien sabe, por fin, hablar bien de algo que emite la cadena principal de la tele pública, qué ganas tenía. ¿Siguen Estoy vivo, La 1, los jueves? ¿No? Yo que ustedes lo haría. Es una gran serie, un producto redondo, ese tipo de trabajos que no sólo disfrutas como espectador sino que te enorgullecen como ciudadano al ser la tele de todos la que apuesta por ellos. Verán, la cosa es así. Un policía muere persiguiendo a un asesino en serie. Pero el otro lado de la realidad, en un más allá donde hay segundas oportunidades, lo devuelve a la vida con otro cuerpo. El nuevo policía donde se aloja el de antes es Javier Gutiérrez, que está enorme, perfecto en este personaje que nos hace que olvidemos otros del actor. Estoy vivo mezcla el género familiar, el policíaco, y lo sobrenatural, y lo hace sin olvidar el humor y la ironía gracias a El Enlace, personaje que encarna con soltura y buen tino un Alejo Sauras maduro y encantador.
     Verlo con un delantal como única vestimenta, dejando su apretado culo al aire mientras habla con el resucitado e inmortal Andrés Vargas, el policía que volvió a la vida, es una escena potente e hilarante. Estoy vivo, de Globomedia, sigue la línea de la vanguardia controlada y el riesgo que ya inició con Vis a vis. Fotografía cuidadísima, trucos digitales sobresalientes, elenco muy bien elegido, donde destacan los siempre solventes Anna Castillo, Alfonso Bassave, o Cristina Plazas, y un guión que promete momentos de gran altura. En Estoy vivo, con una audiencia que hasta ahora había dado la espalda a las producciones de La 1 –ridícula iFamily, olvidable Reinas, vergonzosa La pelu- abre una puerta a la esperanza que jamás debía de haber abandonado a La 1. Que siga la racha.

viernes, 17 de marzo de 2017

Maldeojos. ¿iFamily?



¿iFamily?
Artículo publicado el sábado, 11 de marzo, en diarios de EPI PRESS)

     A ver, ¿por qué será que la serie de los martes en La 1 no me concierne ni me convence, ni me hace gracia ni me enfurece, ni me conmueve ni me molesta? Creo que hay claras intenciones de divertir. De no aburrir y de entretener. Lo sé porque las escenas son muy cortitas, picadas, y se pasa de una secuencia a otra a un ritmo acelerado para que eso de la atención no se venga abajo, y por eso del bar del Curro, o sea, el tres gestos Antonio Resines, se pasa a la mansión del rico golfo Antonio Garrido, y como la cosa va de atraer a la familia, en medio hay escenitas con niños de todas las edades, dos en plan adolescente con pelillos de sobaco y dos con sus cosillas de niños, es decir, eso del espectro para que todo el clan se sienta reflejado. iFamily, resumo, es la historia de dos hermanos –el mentado Resines y Raúl Fernández- enfrentados por el amor de una mujer, de la misma mujer, de Marta, ya fallecida, aunque dio tiempo de dejarle a su marido truhán, el mentado Garrido, los cuatro nenes. Ya parió la señora, ya.

     A ver, ¿por qué iFamily ni me va ni me viene? No lo sé. Me dejé llevar para no cortar a medias aunque es cosa vista y añeja. Eso sí, sigo preguntándome con un asomo de intriga, rabia, y alucinante perplejidad, por qué se llama iFamily. Podría llamarse, sin más, Familia, o Ana y los siete. Y estaría bien. De eso va, de líos de familia, el hermano rico y fullero, y el hermano pícaro y buscavidas, con sus historias paralelas y cruzadas. Pero no, se llama iFamily. Lo de la i me puede. ¿Qué pinta ahí? ¿Por qué se recurre a esa tontería? ¿Por qué se recurre al inglés y familia se convierte en family? Ay, señor, llévame pronto.