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lunes, 13 de febrero de 2017

Maldeojos. Pérez de Arteaga



Pérez de Arteaga
(Artículo publicado el jueves, 9 de febrero, en diarios de EPI PRESS)
 
     Cada 1 de enero, recién nacido el año, sólo un bebé lleno de expectativas e ilusiones, nos saludaba la voz de un clásico que siempre habló de los clásicos, José Luis Pérez de Arteaga, en el Concierto de Año Nuevo en Viena. Este año también lo escuché en La 1 hablando del director venezolano Gustavo Dudamel, el más joven que lo ha dirigido. Ayer, escuchando Radio Clásica, de RNE, como hago muchas mañanas huyendo del ruido y la furia de las pantallas, me enteré de que había fallecido de madrugada. Suelo escuchar con delectación casi elitista Longitud de onda, un programa que aúna música y ciencia, que presentan Fernando Blázquez y Yolanda Criado, un programa civilizado y sutil que te hace sentir orgulloso de este servicio público porque sabes que un espacio así jamás tendría cabida en una cadena comercial.

     Relacionar ciencia, nuevas tecnologías, y música, y preguntarse, como hace la página web del programa, si se puede transcribir a una partitura una crisis epiléptica, o si hay música fuera de nuestro planeta es un plato que hay que degustar con calma. Ayer noté que algo pasaba, por la hora, por los contenidos, por los invitados. La radio, los oyentes, estaban de luto. El homenaje a José Luis estaba más que justificado. En El mundo de la fonografía, también en Radio Clásica, De Arteaga dejaba clara su sabiduría con la humildad de los grandes talentos. Su espacio trababa el mundo de los sonidos grabados, de las novedades, de los matices según qué orquesta, director o intérprete hiciera ese registro fonográfico. Se ha ido un grande de la radio pública. Ya no tomará más churros en el café Fútbol, como hacen los asistentes al Festival de Música de Granada.


jueves, 6 de agosto de 2015

Maldeojos. Lara López



Lara López
(Artículo publicado el martes, 4 de agosto, en periódicos de EPI PRESS)

     Hace una radio tranquila, elegante, reflexiva, sensible, una radio cuyo sitio natural es la radio pública. Es Lara López, es RNE. Vinculada hasta la locura a Radio 3, ahora la escuchamos cada tarde en la emisora madre haciendo He venido a hablar de lo mío, un título de referencias umbralianas para hablar de lo que se habla en una mesa camilla o, mejor, como en una mesa camilla, sin prisa, escuchando al otro, queriendo saber de él, no tratando de dejar claro que se sabe más que él. Lara López no hace una radio redicha. He venido a hablar de lo mío tiene la novedad de que, de los dos invitados por tarde –a las 5 en punto empieza la función- al menos uno es de la casa, de RNE o de TVE. Y eso está muy bien porque en esta gran casa hay grandes profesionales que tienen mucho que decir al margen del corsé por el que se les conoce.

     Estando Lara López ante el micrófono la música también es otro personaje –Músicas posibles, en Radio 3, es una de esas citas que nunca fallan porque desde el minuto uno Lara crea atmósferas de una belleza que sólo la radio puede crear-. En He venido a hablar de lo mío los invitados eligen sus músicas, que se intercalan en la conversación no como el que pega algo de relleno sino el que ha meditado su elección porque esa música, esa letra, ese artista forma parte de sus recuerdos, de su forma de pensar y sentir el mundo. Me gusta el programa porque nada es impostado, porque todo fluye con la suavidad de un arroyo claro. Es un tiempo de radio inteligente y de vida macerada con la dulce voz de Lara. Hay que darse prisa. Sólo hasta final de mes. Búsquenlo.